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Ciclismo antiguo

Superbagnères fue el mejor día de Pedro Delgado

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Pedro Delgado Superbagneres JoanSeguidor

La mejor carrera de Pedro Delgado fue aquella que no acabó ganando

Cuando hoy, año 2019, miramos atrás y vemos las emociones que nos deparó el Tour de hace treinta año, con Pedro Delgado al lado de la extraña pareja Fignon & Lemond, no sabemos si este invento ha mejorado.

Aquella fue la memorable carrera resuelta por ocho segundos, tras tres semanas, entre parisino y californiano, entre dos ciclismos, dos formas entender la vida, que colisionaron en su mejor esplendor.

Pero aquella fue también la carrera de Pedro Delgado, posiblemente, su mejor actuación de siempre y eso que acabó tercero.

Kern Pharma

Para ponernos en situación hay un nombre pequeño en el mapa, pero enorme de significado, Luxemburgo, aquella salida traicionera que dejo al campeón saliente, el dorsal uno, noqueado ya de inicio.

El retraso de Pedro Delgado en Luxemburgo explica buena parte de la carrera, para lo bueno y lo mano.

«Joder, siempre me recordáis lo mismo, sed un poco originales» nos comentó una vez Perico, inquirido por aquella experiencia.

Pero es que la historia te regala momentos singulares que treinta años después, en el ciclismo el milímetro, suenan a chanza.

 

Y así vemos que aquel arranque arruinó, finalmente, la carrera del campeón vigente, Lemond y Fignon eran muy buenos para andar regalándoles minutos, pero al mismo tiempo le espoleó a la mejor jornada de los llamados «periquistas».

Muy desplazado en la general, la crono por equipos acabó de hundirle en la general, Pedro Delgado sabía que los Pirineos tenían la llave de su regreso al frente.

Tras Cauterets, aquella jornada que presentó a Miguel Indurain en sociedad, dos años antes de hacer la carrera suya por cinco ediciones, en Reynolds, entonces ya con el copatrocinio de Banesto, trazaron la estrategia más agresiva para la jornada de Superbagneres.

Describen Superbagneres en la obra que Libros de Ruta ha traducido brillantemente de aquella edición –Tres semanas, ocho segundos– como una estación humilde, una recta en medio de la montaña, bloques pasados de moda y lugar desapacible.

Pero es que aquel ciclismo era así, más humilde, más humano, mucho más cercano.

 

Podríamos decir que Luxemburgo obligaba y la jornada con Tourmalet, Aspin, Peuyrerourde y final en la citada estación tenía que devolver a Delgado a donde le correspondía.

Y se puso manos a la obra, con un ataque de largo radio que tuvo dos compañeros que habla del nivel de las grandes gestas que hicieron el Tour lo que es.

El ciclista de la coleta, el mismo que cuatro años antes perdía inexplicablemente toda una Vuelta en la sierra de Segovia, a manos de Pedro Delgado, Robert Millar entró al trapo, y con ellos el tibio, Charly Mottet, de hecho el mejor clasificado de los tres y líder virtual durante muchos pasajes de la jornada.

 

 

Haciendo camino, los tres firmaron una memorable hoja de ciclismo y antología del esfuerzo.

Un monumento que sigue en nuestra mirada y en el recuerdo, el asidero que nos recuerda que este deporte es bello como ninguno, trasladando la locura por cimas y valles, pueblos, calles, virajes y en cada tramo de esos que la emoción se palma en la cuenta, incluso cuando lo ves por la televisión.

Un calambre de felicidad.

 

Perico se distinguía por un ataque feroz e incuestionable cerca de meta, no cuando las vallas, pero cerca, aquella jornada, obligado por una coyuntura tan adversa que lo tuvo fuera de carrera durante días, desterró aquellos ataques con la algarabía de meta ya sonando.

Fue sin duda el mejor día de su carrera, a nuestro juicio.

Le valió para conquistar el podio que finalmente haría suyo, una tercera plaza que pergeña en esa pequeña historia de cábalas sobre cuántos Tours debió ganar Perico.

Eso se lo dejamos a quienes quieran jugar a hacer cuentas, por de pronto recordar aquella jornada es evocar el ciclismo que nos atrapó hasta el día de hoy.

Imagen: Parlamento Ciclista

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Ciclismo antiguo

Aprica, Indurain y Pantani en la mejor etapa de nuestras vidas

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Aquella jornada de Aprica lanzó a Pantani y estrelló las opciones de Indurain en su tercer Giro

Estos días estoy oyendo y leyendo mucho de Pantani, mucho ese ciclista que, como dije hace pocos días, nos hizo sentir cosas que pocos nos transmitieron sensaciones que tuvieron un kilómetro cero, aquella etapa con Indurain en Aprica.

Lo que sucede con Pantani es esotérico, algo que escapa a la razón, una cosa loca.

Su final lo conocemos y el nudo de su vida estuvo vinculado al dopaje, pero se le perdona, se mira para otro lado, su magia lo puede todo y creedme lo he oído de viva voz de gente su su entorno, de romagnolos, gente que no lo admira lo idolatra.

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Todo al punto que la segunda etapa de este Tour de Francia, la que va de Cesenatico a Bolonia será la «etapa Marco Pantani».

Y todos lo entienden y justifican, lo aplauden.

Claro que fue tan fuerte lo que nos hicieron sentir aquella tarde el mentado Pantani, con Indurain camino de Aprica, que flota sobre todo lo demás.

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Permitidme recordarlo: Todo pasó un 5 de junio

El Giro de 1994 caminaba por la bota con el orden establecido en entredicho.

Un rubio, un ruso, llamado Eugeny Berzin dominaba la prueba desde sus capítulos iniciales. Golpe en Campitello Matese y golpe en la crono llana de Follonica.

Indurain, Miguel Indurain batido en un test en solitario. Alarma.

Las cosas podían volver a su sitio en una etapa que atravesaba el cogollo de los Dolomitas, de Merano, en donde el día anterior había ganado en solitario un ciclista joven pero calvo, Marco Pantani, a Aprica. Por medio tres colosos, de más a menos altitud.

Primero el Stelvio, entre pareces heladas e incipiente bruma sin más novedad que el desgaste invisible de los héores.

Luego en el Mortirolo, palabras mayores, estallaría todo.

Desde la base arrancaba Marco Pantani, el chico calvo del día anterior, el jovenzuelo que amenazaba con eclipsar a Claudio Chiapucci.

Con Pantani se fueron Armand De Las Cuevas, el boxeador frustrado, y Berzin, saltarín, rubio, maglia rosa.

Indurain, quieto atrás.

Pasan penosamente los metros, y el ritmo de Pantani es un rodillo.

Caía De las Cuevas, Indurain le superaba por detrás.

Cae Berzin, el yunke navarro le cazaría, lo maduraría y lo dejaría antes de la cima.

En el descenso Indurain va camino de encarrilar su tercer Giro, cogía a Pantani haciendo frente común, con Nelson “Cacaíto” Rodriguez como testigo de todo aquello. Quedaba la tercera subida, la más sencilla, un trámite llamado Valico di Santa Cristina antes de Aprica.

Pero el trámite se atragantó. Pantani arranca e Indurain se derrumbaba, muerto, maltrecho y seco.

La ventaja que le ponía en disposición de ganar el Giro se esfumaría.

Qué día aquel.

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Ciclismo antiguo

Pantani en 5 esenciales

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Nadie enchufó al personal como Marco Pantani

Cumplidos veinte años de su pérdida, es un buen momento para darle cinco brochazos al personaje de Marco Pantani, como nos dejaría Miguel Soro en una de las paredes del Cap Negret.

Ahí vamos a Marco, a la izquierda del Chaba, de perfil, mirando al horizonte en una de las mejores etapas que recuerdo de siempre, aquella que le encumbró en Les Deux Alpes.

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Ese Tour del 98 sólo tuvo una luz: Marco Pantani.

Sentimientos contrariados

Este pequeño homenaje no persigue la grandilocuencia, ni la lágrima sencilla, como otros tantos recuerdos que le han llegado al Pirata de gente que, en su día, le giró la espalda.

Hablar de Marco Pantani no es sencillo, pocos ciclistas nos levantaron del sofá como él, pocos, muy pocos, nos hicieron soñar tan alto, pocos elevaron el arte de escalar de pie a su nivel.

Le tocó lidiar con la peor época de este deporte, lo más podrido y nauseabundo del ciclismo.

¿Él fue víctima? pues no sé hasta qué punto, pero aceptó jugar, es un hecho y jugar en aquellos años era ir muy duro.

Marco Pantani hizo todo lo «necesario» para ganar, y ahí van luces y muchas sombras, sin embargo ello no me impide admitir que como él no he visto a nadie más.

Aquella tarde en Madonna di Campiglio

Cuando le echaron de aquel Giro por hematocrito alto era obvio que levantar cabeza de aquello iba a resultar imposible.

Roto y fuera de la carrera que dominaba a placer, en su mejor instante de siempre, se fundió el talento del mejor escalador visto jamás.

Con el tiempo se supo que su hematocrito estuvo en el 60% tras aquel famoso atropello compitiendo en la Milán-Turín.

Jugó, como veis, muy fuerte y su vida acabó de forma prematura, sintiéndonos tentados de pensar y decir: «Un juguete roto«.

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Irresistible escalador

Pero reportadas las miserias quiero ir al fenómeno que nos dejó sin palabras tantas y tantas tardes.

Marco Pantani fue el ciclista más espectacular en mucho tiempo cada vez que la carretera miraba al cielo.

Tenía dos o tres machas más, que me niego a pensar que fueran solo por el dopaje y sí fruto de un talento brutal y arrollador.

Sus rivales miraban para otro lado cuando agarraba el manillar de abajo y se disponía a abrir gas.

El último doblete

Ahora que todos hablan de la opción de Giro-Tour de Pogacar, a Marco Pantani le cupo el privilegio de doblar un reto tan complicado como que nadie lo iguala desde entonces, y han pasado más de 25 años.

En su haber, conseguir aunar dos grandes así en un entorno hostil para su perfil de ciclista, pues se enfrentó a grandes croners, Zulle y Ullrich, en una época en que las cronos eran larguísimas.

¿Una carrera? Aquella etapa de Aprica

Ese día Marco Pantani dio el gran salto, el acceso directo a la fama, cuando se midió de tú a tú con Miguel Indurain y acabó por hacerle claudicar en una de esas etapas que quedan para siempre.

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Ciclismo antiguo

Esta Vuelta a Andalucía está en el precipicio

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Las quejas de los agricultores son legítimas y necesarias, pero la desprotección de la Vuelta a Andalucía es brutal

Ya sabéis, el ciclismo tiene la cancha más bella del mundo, un teatro sin puertas ni gradas, con pantallas fijas en meta, en salida y poco más, todo lo que quieras ver, tienes que coger, acomodarte en la cuenta y ver la vuelta pasar.

Estas palabras las escribo en la sobremesa de una día de enamorados en la que tendríamos que estar disfrutando de la primera etapa de la Vuelta a Andalucía, nuestra Ruta del Sol, desde cuando empezó a gustarme el ciclismo.

Una carrera que es un excelente embajador de su tierra, pues cada año escudriña ese terreno tan inmenso como cargado de belleza que es Andalucía, con una vuelta a sus maravillas muchas veces más ocultas.

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Esta etapa por la Alpujarraja granadina ya no podrá ser. 

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Pero el peligro no ha pasado, anulada la primera de las cinco etapas, se cierne la amenaza de una anulación mayor, pues no hay efectivos de la Guardia Civil que puedan mirar por su seguridad.

Es una catástrofe para la organización, cuyo apellido, Cuevas, conozco bien.

Un tsunami, como dijo el propio director, que nos tiene con el corazón en vilo, pues la Guardia Civil está dispersa por el territorio controlando las legítimas reivindicaciones de los agricultores.

Corazón dividido, sin saber qué decir, por un lado un evento deportivo, prescindible si se quiere, pero necesario por la gente que emplea, el territorio que muestra y las personas que entretiene y por otro, un colectivo hasta los cojones que se le tome a risa, cuando de sus manos, horas y esfuerzo sale mucho de lo que comemos cada día.

Ojalá las cosas se reconduzcan, ojalá la Guardia Civil pueda estar en ambos sitios mañana, pasado y al otro, pero nada en esta vida está exento de lo que le rodea, el ciclismo tampoco, huelgas, cortes e intervenciones express de las fuerzas de seguridad para abrir la carretera siempre han habido, pero esto es otra cosa, esto es dejar al organizador en una situación de desamparo similar a aquella del Covid, hace cuatro años por estas fechas.

Cruzo los dedos para que la carrera pueda retomarse desde de la segunda etapa, si no es así, va a hacer mucha buena voluntad por todas las partes para que esto se resuelva sin que nadie se haga daño de verdad.

Que Pogacar no quede como el último ganador de la Vuelta a Andalucía.

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Ciclismo antiguo

Olano en 5 esenciales

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Clase, trabajo y categoría rodearon el ciclismo de Abraham Olano

Así las cosas, leemos crónicas de la Vuelta a Colombia desde la misma Duitama, lugar que no nos puede pasar como si tal cosa, como tampoco el apellido Olano.

Allí, recordaréis, el ciclismo español tocó el cielo y vivió un cisma al mismo tiempo sobre lo pudo haber sido si Miguel Indurain no hubiera contemporizado para su compañero.

Pero claro, eso es material de lo que no pasó y del celebérrimo «y si», en todo caso valoramos lo que fue una de las carreras más fecundas, trabajadas y brillantes vistas en la historia del ciclismo español.

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Vamos, que ya querría este deporte en España tener ahora mismo un Abraham Olano en liza.

En cinco rasgos quería describiros mis recuerdos del ciclista nacido en Anoeta.

La constancia elevada a la máxima expresión

Abraham Olano pasó muchas etapas, mejores, peores, arriba y en medio, pero siempre estuvo, nunca eludió la lucha y dio lo mejor que pudo haber dado.

Convivió con una época muy mala, la que siguió a la retirada de Indurain, pero ello nunca le sacó del sitio que debía ocupar.

Pocos corredores me transmitieron la sensación de haberlo dado todo una vez cruzaba la línea de meta, al punto que si el resultado no era el apetecido, poco o nada se le podía reprochar.

Una sucesión problemática

Olano fue el primero que vino tras Indurain, desde el momento que se proclamó campeón del mundo en Duitama, las luces le buscaron, era el «sucesor» del mejor ciclista español y uno de los grandes siempre.

Ese peso no lo quisiera yo para mí, ni los míos.

Convivió con él lo que pudo, pero siempre me dio una sensación de injusta tristeza en todo lo que hizo, como si la expectativa que muchos se habían generado hubiera salido de su boca.

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Un croner excepcional…

En una contrarreloj Abraham Olano fue de los mejore en su época, y no había cojos.

Le ganó una crono en el Tour a Ullrich, por ejemplo, y consiguió enormes réditos en la lucha individual con una clase innata, fruto de una sapiencia labrada en los velódromos.

… que no desentonaba en montaña

Lo suyo con la montaña era amor-odio.

Se le veía fuera de su zona de confort, nunca destacó en especial, pero la montaña no le fue lo perjudicial que muchos habrían pensado por la sencilla razón que se sabía vaciar en ella.

Incluso con ese hándicap logró ganar una Vuelta, qué Vuelta, y pisar el podio del Giro, tras haber sido cuarto en un Tour.

Pocos pueden contar eso.

¿Un triunfo? El mundial de contrarreloj

Sé que muchos iríais a esa tarde-noche colombiana de octubre del 95, pero quiero avanzar tres años y recordar su éxito, por delante de Melcior Mauri, en Valkenburg.

Olano logró esa tarde ser el primer campeón de ruta y crono, cosa que igualó Remco Evenepoel el año pasado.

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