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Ciclismo antiguo

Superbagnères fue el mejor día de Pedro Delgado

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Pedro Delgado Superbagneres JoanSeguidor
WorldTour 2022 – TopPost

La mejor carrera de Pedro Delgado fue aquella que no acabó ganando

Cuando hoy, año 2019, miramos atrás y vemos las emociones que nos deparó el Tour de hace treinta año, con Pedro Delgado al lado de la extraña pareja Fignon & Lemond, no sabemos si este invento ha mejorado.

Aquella fue la memorable carrera resuelta por ocho segundos, tras tres semanas, entre parisino y californiano, entre dos ciclismos, dos formas entender la vida, que colisionaron en su mejor esplendor.

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Pero aquella fue también la carrera de Pedro Delgado, posiblemente, su mejor actuación de siempre y eso que acabó tercero.

Para ponernos en situación hay un nombre pequeño en el mapa, pero enorme de significado, Luxemburgo, aquella salida traicionera que dejo al campeón saliente, el dorsal uno, noqueado ya de inicio.

El retraso de Pedro Delgado en Luxemburgo explica buena parte de la carrera, para lo bueno y lo mano.

«Joder, siempre me recordáis lo mismo, sed un poco originales» nos comentó una vez Perico, inquirido por aquella experiencia.

Pero es que la historia te regala momentos singulares que treinta años después, en el ciclismo el milímetro, suenan a chanza.

 

Y así vemos que aquel arranque arruinó, finalmente, la carrera del campeón vigente, Lemond y Fignon eran muy buenos para andar regalándoles minutos, pero al mismo tiempo le espoleó a la mejor jornada de los llamados «periquistas».

Muy desplazado en la general, la crono por equipos acabó de hundirle en la general, Pedro Delgado sabía que los Pirineos tenían la llave de su regreso al frente.

Tras Cauterets, aquella jornada que presentó a Miguel Indurain en sociedad, dos años antes de hacer la carrera suya por cinco ediciones, en Reynolds, entonces ya con el copatrocinio de Banesto, trazaron la estrategia más agresiva para la jornada de Superbagneres.

Describen Superbagneres en la obra que Libros de Ruta ha traducido brillantemente de aquella edición –Tres semanas, ocho segundos– como una estación humilde, una recta en medio de la montaña, bloques pasados de moda y lugar desapacible.

Pero es que aquel ciclismo era así, más humilde, más humano, mucho más cercano.

 

Podríamos decir que Luxemburgo obligaba y la jornada con Tourmalet, Aspin, Peuyrerourde y final en la citada estación tenía que devolver a Delgado a donde le correspondía.

Y se puso manos a la obra, con un ataque de largo radio que tuvo dos compañeros que habla del nivel de las grandes gestas que hicieron el Tour lo que es.

El ciclista de la coleta, el mismo que cuatro años antes perdía inexplicablemente toda una Vuelta en la sierra de Segovia, a manos de Pedro Delgado, Robert Millar entró al trapo, y con ellos el tibio, Charly Mottet, de hecho el mejor clasificado de los tres y líder virtual durante muchos pasajes de la jornada.

 

 

Haciendo camino, los tres firmaron una memorable hoja de ciclismo y antología del esfuerzo.

Un monumento que sigue en nuestra mirada y en el recuerdo, el asidero que nos recuerda que este deporte es bello como ninguno, trasladando la locura por cimas y valles, pueblos, calles, virajes y en cada tramo de esos que la emoción se palma en la cuenta, incluso cuando lo ves por la televisión.

Un calambre de felicidad.

 

Perico se distinguía por un ataque feroz e incuestionable cerca de meta, no cuando las vallas, pero cerca, aquella jornada, obligado por una coyuntura tan adversa que lo tuvo fuera de carrera durante días, desterró aquellos ataques con la algarabía de meta ya sonando.

Fue sin duda el mejor día de su carrera, a nuestro juicio.

Le valió para conquistar el podio que finalmente haría suyo, una tercera plaza que pergeña en esa pequeña historia de cábalas sobre cuántos Tours debió ganar Perico.

Eso se lo dejamos a quienes quieran jugar a hacer cuentas, por de pronto recordar aquella jornada es evocar el ciclismo que nos atrapó hasta el día de hoy.

Imagen: Parlamento Ciclista

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Ciclismo antiguo

Colombia, el ciclismo siempre presente

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WorldTour 2022 – TopPost

Incluso con este Giro, Colombia nunca deja de ser noticia en ciclismo

El Giro 2022 que camina por su segunda semana no acaba de resultar como se esperaba para el ciclismo de Colombia

Con Iván Sosa inédito y Fernando Gaviria, lamiendo el poste, la tricolor no está tocando pelo.

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No sucedía lo mismo hace 35 años, cuando por estas fechas Colombia era un país incendiado de ciclismo.

Luis Herrera, un jardinerito que también llamaron Lucho, hacía historia mayúscula ganando aquella Vuelta influenciada a partes iguales entre los Lagos de Covadonga y la desgracia de Sean Kelly.

Era la culminación, el minuto cero de una historia de éxito que daría para largos episodios.

La década de los ochenta dejó huella por aquellos que llamaron escarabajos, ciclistas colombianos que subían irresistiblemente las mejores paredes del viejo continente, corredores que ni acostumbraban a ganar grandes vueltas, sí etapas y reinados de la montaña, pero que con Lucho dieron el paso adelante.

Afinado, moreno, elegante y de rauda arrancada, Herrera rápido se vio que sería el elegido de dar el paso adelante, de cruzar el Rubicón, en esa Vuelta logró lo que nadie había conseguido. Fue como un serpentín, el exclusivo dominio europeo amenazado en cadena: primero Greg Lemond que hace caer el telón del Tour, luego Lucho la Vuelta y al año Hampsten el Giro.

La globalización en su todo su esplendor.

Luis Herrera acuñó pocas pero grandes victorias, a la general de esa Vuelta, un par de éxitos en los Lagos de Covadonga y con los años el Terminillo en el Giro. La colección de grandes cimas por eso había tenido un antes y un después en Alpe d´ Huez.

En la retina queda su mano a mano con Perico en la cima capital de la Volta del 91, el Mont Caro, el pelado coloso de Tortosa, donde Lucho dio la medida de su clase.

 

35 años después, hoy mismo, los titulares siguen hablando de ciclismo en Colombia.

Más allá de la suerte en este Giro, mirad qué palmarés llevan los amigos, con Dani e Higuita dominando dos carrerones como Itzula y Volta.

Y eso que perdieron a Miguel Ángel López nada más llegar a Italia.

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Que se agarre a esta historia tan bella Fernando Gaviria, el ciclista que, incluso de mala hostia, sólo puedes mirar con ojos de empatía.

Nos gusta Gaviria por varios motivos, uno personal, viene de la pista y eso nos pone, y otra pasional, que es un ciclista que subyuga con ese sprint, ese cambio de velocidad, esa forma de imponerse.

Su vacío es brutal, tanto que cuando Dainese le superó al final, su derrota la sentimos como propia, mientras Santiago Buitrago se quedó a las puertas en Génova.

No siempre salen las cuentas, pero en Colombia el ciclismo sigue siendo noticia.

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Ciclismo antiguo

El Giro de Pantani, entre los recuerdos más preciados

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WorldTour 2022 – TopPost

Marco Pantani ganó el Giro de Italia de los mil ataques

Es cierto, y no es la primera vez que lo digo, que los homenajes a Marco Pantani me estomagan, por ser quién fue y cómo acabó, por la doble vara de medir que muchas veces utilizamos, pero hay que ser justo con el recuerdo y hablar de aquel Giro.

Porque el Giro que figura en el palmarés de Pantani es una de esas cosas que sólo pueden perdurar en la memoria, algo íntimo y personal, emociones que quedan incluso por encima del turbulento devenir que le aguardaba astro italiano.

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Sólo decir que el Giro de 1998 fue por muchos años la mejor edición que pudimos disfrutar merced a un ciclista, que quisimos recordar el día del aniversario de su pérdida, Marco Pantani, que con los tiempos sigue estando muy presente.

De esa época, tan solo un año se le pudo medir, la del 94 que los chalados de A Cola del Pelotón están recreando estos días.

Situémonos en contexto.

Finales de la década de los noventa, la que por muchos es considerada la de los abusos más flagrantes.

Dominan ciclistas de perfil atlético, completos, fuertes rodadores resistentes en la montaña.

Marco Pantani habría de convivir con Lance Amstrong al poco tiempo, pero antes, había asumido la vanguardia de la resistenca contra Miguel Indurain, Tony Rominger y cia.

Ciclistas que le desplazaban en la crono lo que él no podía recuperar en la montaña.

A ello se añadió también la forma díscola de correr del ciclista de Cesenatico.

Sin disciplina más allá del día, con la perspectiva de cazar etapas, sin el rigor que se exige en tres semanas, no optaba a generales absolutas.

Aquel Giro presentó muchos de los condimentos inicialmente descritos.

Un croner de postín, Alex Zulle, y un Marco Pantani, ajeno al sufrimiento sostenido en 21 días 

Michele Bartoli, recién llegado de las Ardenas donde había arrasado como nunca, empezí repartiendo a diestro y siniestro.

Memorable fue el duelo el del toscano con el propio Pantani por las cimas de la San Remo camino de Imperia, donde se impuso Angel Edo.

No obstante, la batalla de fondo era muy favorable a Alex Zulle.

De salida, en el prólogo de Niza el suizo, flamante fichaje de Festina, aquel que tan mal acabaría sólo unas semanas después en Dublín, golpeaba primero.

Doble ganador de la Vuelta, el excelente ciclista helvético lideraba la carrera encendido pues no sólo propinaba en las cronos, ganaría la de Trieste, pues también se mostraba sólido en montaña, en la cima de Lago Laceno donde también se impondría.

Mientras Mario Cipollini se empachaba a triunfos, el suizo de gafas de lente gruesa ataba todos los cabos hacia su primer Giro, tres años después del logrado por Tony Rominger.

Pero ¿estaba todo bien atado? ¿todo?. Pues no.

Camino de Val Gardena se armaba una escapada de larguísimo radio con Marco Pantani i Guiseppe Guerini a la cabeza

La jornada eliminaba a Alex Zulle pero a Pantani le quedaba Pavel Tonkov, ganador dos ediciones antes.

En Alpe di Pampeago el italiano daba en todas las teclas para descolgarle pero no hubo forma.

Al día siguiente en Pian di Montecampione volvió por la senda del ataque.

Uno, dos, tres, cuatro, … Pantani tensó una y otra vez el ritmo sobre el líder del Mapei.

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Superó los 25 kilómetros hora sobre pendientes del 8-9%.

No había manera, con la crono final, el calvo con el pañuelo en testa no se podía permitir tener al ruso solapado a su rueda trasera.

Cuando parecía que aquello no daba más de sí, pam, Tonkov cede metros.

La travesía hasta la cima fue un canto a la leyenda de este competidor único.

Con la carrera ya amarrada, Pantani incluso firmó mejor crono final que el propio Tonkov 48 horas después de que en Montecampione. 

El Giro era suyo…

Imagen: @giroditalia

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Ciclismo antiguo

Marino Lejarreta siempre viajó en la clase noble del Giro

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WorldTour 2022 – TopPost

En el Giro Marino Lejarreta hizo grande su historia

El marationano Marino Lejarreta, el bien llamado “junco de Berriz, ha sido una de las grandes personalidades del ciclismo español en el Giro de Italia. E

l ciclista vizcaíno firmó siete participaciones en la grande rosa y todas las concluyó entre los diez primeros.

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A esa benigna estadística, cabe añadirle que en cuatro de esas ediciones, Lejarreta concluyó las tres grandes el mismo año.

Su historia con Italia viene de dejos, del mismo momento que comprendió que allí podría tener una salida natural a su talento en una grande que le iba como anillo al dedo.

En ese tiempo conoció con monstruos como Saronni, Moser, Hinault, Roche y Visentini, entre otros.

 

Corría el año 83, el joven Marino debutaba en el Giro recién llegado de una Vuelta memorable en la que tuvo que declinar ante Hinault. Al fin, el de Berriz se veía en el Giro: “Llevaba cinco años de profesional pero hasta la fecha nunca había estado en el Giro, sí en alguna clásica italiana. Era una prueba que me apetecía mucho conocer”.

Con los colores del Alfa Lum, cierto sinsabor recorrió el cuerpo de Marino en su debut. Fue la edición que ganó Saronni y el recorrido dejó mucho que desear. “Fue una carrera muy suave –recuerda-. Se desvirtuó algo la idea que tenía de la carrera con esos grandes puertos de los que tanto había oído hablar”. En el balance, amén del sexto puesto, destaca la segunda plaza en Val Gardena donde perdió ante Mario Beccia, “me ganó al sprint tras haberlo intentado a 2 kilómetros” rememora. Un año después ganaría en ese mismo escenario, “mi día más feliz en Italia” admite. Allí vivió también uno de sus días más duros: “Bajábamos con frío y nieve y lo pasé muy mal. No controlas la bici, te duelen las manos y nunca ves el final”.

Para Marino “el ciclismo que se ve en el Giro es el típico italiano, muy de clásicas. Se ejerce un gran control por parte de los equipos de velocistas y uno se da cuenta que luchar contra eso es absurdo. La batalla suele platearse al final, sobretodo cuando la televisión entra en directo”.

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Ese ciclismo a la italiana también se prolonga en las cuentas. Marino, muy querido siempre en Italia, no escatima elogios: “El público italiano es ciclista de toda la vida. No suele ser muy joven, pero sí muy entendido. Posiblemente sea el mejor que haya”. De sus siete Giros se declara admirado por “las Tres Cimas de Lavaredo. Estábamos a un kilómetro de meta y veía tanta gente montaña arriba que pensaba que habían subido más allá de meta”, para su desgracia el gentío se acaba en meta.

El Mortirolo es la subida más dura, pero fue en la Marmolada donde vivió un auténtico calvario en 1991. Ese día descubrió a uno de los corredores que más le ha impresionado: Franco Chioccioli. Lo mismo reconoce de Gianni Bugno, “ganó su Giro con una pierna” recuerda, y de Bernard Hinault.

Marino en el Giro

1983: 6º

1984 y 1987: 4º

1985 y 1991: 5º

1989: 10º

1990: 7º

Dos etapas ganadas

 

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Ciclismo antiguo

El casi pleno de Miguel Indurain en el Giro de Italia

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Indurain en el Giro: dos victorias y una tercera plaza 

Sólo con esa estadística tan apabullante, uno toma conciencia de la naturalidad con la que ganaba el mejor ciclista español de la historia. Una naturalidad, sea dicho, no exenta de sufrimiento y obstáculos.

Indurain tuvo su estreno en el Giro en 1992, llegaba como ganador del Tour y un saco de incógnitas sobre sus opciones.

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Preparar su segundo asalto a la Grande Boucle era su único objetivo en Italia pero, ganó: “Llegué con la incertidumbre propia de quien llega a una carrera que no conoce. Todos me comentaban que era una carrera muy a la italiana, donde los italianos atacaban mucho. Mi idea era preparar el Tour, aunque si la carrera se ponía tiro no se podía desaprovechar. Una vez salvamos la primera parte nos dimos cuenta de que podríamos luchar por la victoria”.

Se vistió de rosa en Arezzo y reforzó su liderato un día después en la crono de Sansepolcro.

Reconoce que “no fue una victoria fácil por que en definitiva no dejas de ser un rival para todos los italianos”, pese a ello reconoce haberse sentido “muy bien acogido por el público.

En alguna ocasión se oía hablar de alianzas entre corredores italianos –sobretodo en su segundo Giro- pero al final cada uno fue a lo suyo”.

Recuerda haberse sentido muy impresionado por los Dolomitas: “Son realmente impactantes por la cantidad de roca que se ve en las montañas y el gran ambiente que rodea la carrera. Son puertos que no tienen nada que envidiar a los del Tour”.

Un puerto, por encima del resto, es el más duro a su entender: el Mortirolo.

Pero no es el único: “El Stelvio no tiene tanto desnivel pero su longitud lo hace muy duro. La característica de las etapas de montaña del Giro es que los puertos se suceden casi sin descanso”.

Mortirolo y Stelvio son dos cimas que entraron en aquella fantástica jornada de ciclismo que fue la 15ª etapa del Giro de 1994 entre Merano y Aprica.

Un día extraordinario que hizo vivir a Miguel todos los estados del ciclismo, de la euforia del Mortirolo al calvario del Valico di Santa Cristina. Sobre aquel día ha sido peguntado mucho: “Fui muy bien, pero se me olvidó hidratarme y lo pagué caro”.

Indurain pasó de acariciar el rosa que vestía Berzin a despedirse de él, en espacio de media hora fruto de una tremenda pájara que sepultó sus opciones en el que podía haber sido su tercer Giro.

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Sobre lo que rodea a la carrera está totalmente de acuerdo con que nos contó Marino Lejarreta hace unos días: “Para Italia el Giro es una fiesta. En mi época veíamos pueblos enteros que dejaban de trabajar por ver la carrera. No obstante la gente no sólo vive el Giro, sino todo el calendario en general. Sea en el norte o sur, siempre hay mucho seguimiento”.

Miguel en el Giro

1992 y 1993: 1º

1994: 3º

Cuatro etapas

 

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"A mí me encantan las leyendas y aquí tenemos el Santuario de Vicoforte con una capilla dedicada a la escopeta que hizo sangrar una estatua de la virgen" @TuristaVuelta

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📢📢📢 "Veo a Pello siendo decisivo entrando en una fuga y poniendo en jaque en mismo Giro" @IgorAntonH

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#podcastJS #Giro2022 https://t.co/hU9ezYMH7j

Que un velocista top como Caleb Ewan venga al Giro con intención de abandonar x pensar en el Tour no puede ofender a nadie.
Esta gente se mueve x objetivos y su #Giro2022 acabó en Reggio Emilia, todo lo que le quedaba era penar para llegar a Verona

https://joanseguidor.com/giro-2022-caleb-ewan/

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