Ciclismo
El sabor de una Roubaix de chocolate
Sensaciones de la Roubaix más singular que hemos visto
Cambiaremos de año mil veces, que la Roubaix, la París-Roubaix de 2021, ya quedará para siempre en el baúl de nuestras cosas hermosas.
Sí, fue un acto de incivismo y barbarie, era imposible no empatizar con los ciclistas haciendo equilibrios, ralentizando la marcha, pensando si mejor con o sin gafas, planteando la travesía más despacio para evitar una caída que si se esquivaba en un tramo, posiblemente llegara en el siguiente.
Y así el aficionado que bramaba por una Roubaix con lluvia la ha tenido, con lluvia y con barro, el perejil de toda carrera que queramos llamar épica.
Dijo Romain Bardet, un ciclista en las antípodas de lo que vimos hacia Roubaix, que en el pelotón hay dos tipos de ciclistas, los que corrieron esta edición y el resto…
Je crois qu’on peut dire désormais que le peloton se divise en deux catégories, ceux qui ont participé à ce @Paris_Roubaix et les autres. #Legends pic.twitter.com/nImkWXXNLr
— Romain Bardet (@romainbardet) October 3, 2021
No es sencillo ver tal reconocimiento de alguien que comparte oficio pero ni mucho menos la “enfermedad” por el adoquín y los extremos que ofrece la París-Roubaix.
Cuando hablas con profesionales de otro perfil, siempre te admiten el atractivo de la carrera, pero que la corran otros.
Es curioso oír a Alberto Contador comentarla, nunca la corrió y el adoquín que conoce fue por el Tour, como un placer saber de lo que tiene que decir Juan Antonio Flecha, una institución de varios podios en el lugar.
Nosotros en su día supimos de entresijos del infierno por el mismo Fran Ventoso.
Sea como fuere, volvemos sobre nuestros pasos, la Roubaix de 2021 es patrimonio del ciclismo, una carrera que incluso para los más incrédulos de la belleza de una carrera ciclista merecería un rato de su tiempo, aunque fuera por el morbo de verlos.
La campaña ciclista toca a su fin, dos años y medio de espera para Roubaix han merecido la pena, ha sido una carrera vibrante y un desenlace que divide la parroquia, pues el más resultón de la clase firmó el anticlímax de no ver a Mathieu ganar en su debut en los adoquines.
Cierto es que con chocolate, Roubaix sabe mejor, pero por favor que no la cambien de fecha, estos caminos de cuando Napoleón son de primavera y se transitan en Pascua.
La pandemia ha aplazado varias veces, pero vuelta a su enclave original.
La tradición es algo muy fuerte en el ciclismo, pero es que hay cosas que causan vértigo sólo plantearlas.
Lo mejor de una Roubaix en octubre es que queda menos para la siguiente.
Imagen: FB París-Roubaix





