Ciclismo antiguo
Piotr Ugrumov resistió hasta donde muchos no llegaron
Conviene recordar la figura de Piotr Ugrumov, como ejemplo de resistencia y persistencia
Giro’93, etapa Pinerolo-Sestriere, cronoescalada de 55 kilómetros. Todos esperan un triunfo rotundo de Induráin para consolidar su segunda Corsa Rosa. Pero tras el segundo punto cronometrado, Induráin supera a Piotr Ugrumov por apenas una veintena de segundos.
La sorpresa es mayúscula, ya que Ugrumov ha estado corriendo todo el Giro fuera del radar y todos consideran a Chiappucci como el principal aspirante al segundo lugar del podio de Milán.
Pero el letón ha llegado a esta etapa a apenas 49 segundos en la general y su papel en la cronoescalada está siendo sobresaliente.
Algunos, no muchos, recordaban su paso por el SEUR, donde apenas tuvo grandes éxitos, Vuelta a Asturias del 91 aparte
Aún más lejano quedaba su paso por el Alfa Lum en 1989 y 90, el equipo que permitió el paso al profesionalismo de una generación de soviéticos de la que formaban parte nombres tan importantes como Konyshev, Poulnikov o Abdoujaparov.
Así que en 1993 pocos esperaban la destacada actuación en el Giro de un Ugrumov quien ya contaba entonces con 32 años.
Sin embargo, fue Manolo Saiz, presente en la cabina de corresponsales de Tele 5, quien pareció dar con la tecla de lo que estaba ocurriendo: “Los corredores rusos necesitan una adaptación al ciclismo profesional y Ugrumov ha sido un grandísimo amateur, ya sabe lo que es ganar un Girino y se adapta muy bien a las condiciones italianas”.
Ciertamente, Piotr Ugrumov había tenido una ilustre y larga trayectoria amateur
En la Unión Soviética las carreras deportivas eran generalmente cortas, porque la intensidad y dureza de los entrenamientos alcanzaban cotas de sadismo, y porque el concepto de éxito deportivo como resultado del esfuerzo colectivo apresuraba la retirada hacia el olvido de aquellos que no obtenían el rendimiento exigido.
En este marco, Ugrumov no sólo consiguió mantenerse como una pieza clave de la selección soviética durante dos cuatrienios olímpicos, sino que lo hizo obteniendo importantes éxitos: tres campeonatos nacionales de la URSS, etapas en Tour del Porvenir y Carrera de la Paz, en la que fue podio, el Giro amateur de 1984, y gran número de etapas o puestos altos en las principales carreras del calendario.
Debido a la separación radical entre amateurismo y profesionalismo como expresión de la Guerra Fría en el deporte, Ugrumov tuvo que esperar a la perestroika para pasar a pros.
Tenía ya 28 años.
Tras Sestriere, Ugrumov quedó 2º en la general a un minuto y medio del navarro
Pero al día siguiente consiguió lo que parecía imposible: dejar de rueda a Induráin en una etapa de montaña y poner a buena parte de la afición española al borde del infarto.
Fue en Oropa donde el letón recortó 36 segundos y terminó segundo de la general a apenas 58 segundos de Induráin, la distancia más corta con el segundo clasificado en sus 7 Grandes Vueltas.
Fue para muchos el descubrimiento de una nueva amenaza en la montaña.
Al año siguiente, en el Tour de 1994, llevó a cabo una auténtica proeza al remontar más de 8 minutos y saltar del 9º al 2º puesto de la general tras una espectacular tríada alpina: 2º en Val Thorens y primero en Cluses y la cronoescalada a Morzine-Avoriaz.
Pese a que gozó de gran libertad precisamente por estar a 14 minutos de la general tras Alpe d’Huez, el recital alpino de Ugrumov merece pasar a los anales como una de las actuaciones escaladoras más espectaculares de los 90.
En los años siguientes aún conseguiría tener una presencia notable como outsider en Grandes Vueltas, obteniendo un tercer y cuarto puesto en los Giro de 1995 y 1996, así como un 7º puesto en el Tour de 1996.
Tras ello iniciaría una lenta decadencia marcada por su avanzada edad, hasta retirarse en 1999 tras un decenio en el ciclismo profesional.
Por @LomakoPf
Foto: Le Dauphiné





