Ciclismo antiguo
¿Quién no se acuerda de Djamolidine Abdoujaparov?
Djamolidine Abdoujaparov, ciudadano global & pionero asiático
Hubo un tiempo que en el pelotón circuló un ciclista austero, de perfil afilado, atronadora cabellera morena, negra y mirada de profundidad infinita. Era uzbeko, cuando el pelotón aún no sabía de kazajos y abrió el camino. Djamolidine Abdoujaparov fue su nombre.
Desde su Tashken llegó encuadrado en la misión soviética del Alfa Lum.
Se desmembraba entonces el gigante comunista que había nacido setenta años por los empeños de Lenin y el brazo ejecutor de Stalin.
En 1991 Abdoujaparov se enroló en el Carrera del flamante Claudio Chiappucci.
A pesar del normal peso del italiano, del diablo, él se hizo un hueco abriendo un camino de éxitos en el Tour.
Un idilio de gloria, pues ganó nueve etapas, más por ejemplo que Van Looy y Populidor, y tres maillots verdes, pero también de sangre.
Varios hechos marcaron el camino del “califa” por Francia.
Nos vamos a 1991, 30 años ya, el Tour de Francia entraba sin saberlo en un ciclo: la era de Miguel Indurain.
El 28 de julio de 1991 ocurrió todo
Djamolidine Abdoujaparov había sido uno de los hombres del Tour. Sus ojos vivarachos, cara afilada y morenísima tez le definieron como un ciclista irrepetible, de esos que marcaron a fuego las llegadas de la primera mitad de los noventa. En esa edición llevaba dos etapas ganadas y el maillot verde asegurado, pero quería la bendición en la avenida más famosa de París.
El uzbeco lanzó el sprint y su rueda delantera dio contra la pata de una valla dándose uno de los costalazos más tristemente célebres de la historia reciente del ciclismo. Al poco rato, con la clavícula destrizada cruzó la meta a pie y la bicicleta en la mano para mantener el maillot de los puntos.
Con el tiempo le cabría el honor de ganar dos veces en tan preciado lugar.
A los tres años pasó la caída de Armentiéres, aquella que le destrozó la cara a Laurent Jalabert por culpa de un gilipollas, creo que gendarme, que se asomó a hacer una foto. Abdoujaparov ganó aquel embalaje trágico.
Esquivó el filo que siempre adulaba con su agresivo sprint.
Su último Tour fue en 1996, ganado una etapa de media montaña.
Insólito. Luego le vendría un positivo por clembuterol, esa substancia que tanto ha dado que hablar.
Con el tiempo supimos de él por sus labores con Astana.
Hoy que el ciclismo es global, que pisa muchas veces suelo asiático, cabe recordar que uno de sus moradores fue éste, el califa, el uzbeko, Djamolidine.





