Mathieu Van der Poel
París-Roubaix: Van der Poel se alinea los astros
Esta París-Roubaix pone a Van der Poel en el estadio de los muy elegidos
Alinear los astros no debería estar en la mano de nadie, pero hay gente que yo creo es capaz de cogerlos, domarlos y disponerlos a su favor, Mathieu Van der Poel lo ha demostrado en la París-Roubaix 2023.
Una victoria redonda, que lo tuvo todo a su favor, lo que le compete y le rodea, en una de esas carreras que seguro pasarán mil veces por su cabeza, pues todo resultó perfecto.
Y no fue sencillo, no lo podía ser, es la jodida París-Roubaix, pero este Mathieu Van der Poel lo es todo en carrera, es capo, es listo, tiene mentalidad, físico, una técnica que quita el sentido y la pizca de suerte que todo campeón necesita.
Cuando los Jumbo armaron el pifostio a más de 1o0 de meta, pocos podíamos imaginar como un tipo solo, vestido de azul con las bocamangas neerlandesas iba torcer las cosas a su favor de esa manera.
Laporte y Van Aert dieron primero, mucho antes de Arenberg.
Jumbo proponía como se le demandaba, a Van Aert le daba el aire.
Pero Roubaix es la carrera de supervivencia y los momentos clave y para Jumbo quedaron en la historia sendos instantes, dos averías clave, la de Laporte a la salida de Arenberg y la de Van Aert en el final de Carrefour de l´Arbre.
En ambos sitios se sentenció la carrera para los amarillos y el pedrusco empezó su camino hacia la estantería de Mathieu.
Tras el meneo de Arenberg, Van Aert se vio solo ante tres Alpecin, Mathieu más Jasper Philipsen y Giani Vermeersch.
La superioridad que todos imaginábamos para Jumbo, que además perdió a Van Baarle en el bosque, pasó al Alpecin.
VDP no quiso que eso parara y mando darle cera a la cabeza, más cuando los amarillos apretaban por detrás con Van Hooydonck y Laporte.
Van Aert tuvo excusa para no darlo todo y dedicarse a vigilar a un Van der Poel que sencillamente estaba incontenible.
Cada vez que tomaba la cabeza, cada vez que buscaba abrir gas, el grupo, con murlacos como Küng. Pedersen y Ganna, se estiraba hasta casi romperse.
Y llegó Carrefour de l´Arbre…
La salvada monumental de Van der Poel entre Degenkolb y Philipsen ya era una señal, la otra vino con la remontada a Van Aert, al ataque, y descolgarlo a la salida del tramo porque el belga, que para mí iba fundido, se quedó atrás con la bici rota.
Ganó el mejor, el de los cuatro monumentos, primero, segundo y primero en los celebrados este año, amasando la leyenda y alimentando un futuro que no tiene techo.
No, no nos hemos acordado de Pogacar, y es que lo de VDP va directo al olimpo ciclista.
Imagen: A.S.O./Pauline Ballet



