Ciclistas
La misión (im)posible de Vingegaard frente a Pogacar
Domina Pogacar, pero la París-Niza aún tiene que esperar a ver qué dice Vingegaard
El ciclismo tiene esas cosas que le hacen eterno, sitios que lucen las cuatro estaciones del año, pero que, en ciertos momentos, parecen sacados de uno de esos cuadros puntillisas del Orsay, una obra de luces y contrastes como el paraje en el que Tadej Pogacar ganó su primer duelo directo de la campaña ante Jonas Vingegaard.
Admito que esperaba más igualdad, incluso añado que, viendo la iniciativa que durante algún momento tomó el danés, pensé en una llegada a los puntos, a las bonificaciones.
Pero no, ahora mismo, Pogacar, en un codo a codo con Vingegaard, está más fuerte, lo que no quiere decir que en julio la cosa sea diferente.
Es así, una realidad, tangible y de disfrute para todos y cada uno de nosotros, que vemos este deporte sin favoristismos ni banderas, que lo queremos como nuestro, sin importar quién sea o quién corra.
Pogacar es un regalo universal, algo que trasciende gustos y banderas, sé que habrá quien hurgue en lo turbio, pero qué queréis que os diga, la vida es más sencilla que todo eso, y las sensaciones que nos regala el esloveno no van dopadas, son reales, pues nos dejan admiración y cierto grado de envidia.
Es único.
Eso sí, le ha salido un rival de mucho nivel.
Hoy mismo, en una comida con alguien que sabe un poco de todo esto, nos puso en valor de Jonas Vingegaard como contrapeso de Tadej Pogacar, como el hombre que sin llamar a la puerta interrumpió un dominio que creíamos seguro y que, ahora, en la París-Niza, no podemos dar por eterno.
Me cuesta creer que tras el meneo de la primera llegada en alto, ojo el valor de lo logrado por David Gaudu, desde la anticipación a ponerse en la mesa a comer con ambos, los Jumbo, que habían traído equipo para hacer más daño en la contrarreloj por equipos, se queden quietos.
Vingegaard sabe que lo suyo con Pogacar son episodios en los que nivel de ruido también tendrá que ver en el desenlace, por eso, no puede quedarse quieto sin, al menos, intentar equilibrar una balanza que, sinceramente ahora mismo me parece muy a favor del esloveno.
El lugar de La Loge des Gardes queda para los restos como el sitio que siguió a La Planche des Belles Filles, al Granon y a Hautacam en el duelo de nuestros días.
Dos ciclistas superlativos que llevan a la excelencia sus pulsos con imágenes que nunca olvidaremos como ese hueco que parecía dominar el danés y que al final se hizo eterno.
Este ciclismo mola, es el que queremos, el que nos hace pellizcarnos, ahora, hasta Niza, más tazas.
A.S.O./Aurélien Vialatte



