Ciclismo
Lo de Wout van Aert
La baja de Van Aert en Het Nieuwsblad obliga a un inicio de 2026 a contrapié
La mala suerte de Wout van Aert ha dejado de ser una estadística para convertirse en una narrativa persistente, casi estructural.
No hablamos de un pinchazo inoportuno o de un resfriado de última hora, sino de una concatenación de infortunios que obligan a plantearse si el azar tiene límites o si, por el contrario, existe una suerte de error táctico invisible que precede a cada caída.
La noticia de su baja para la Het Nieuwsblad no es solo un contratiempo para el Visma-Lease a Bike; es la confirmación de un patrón que persigue al belga en los momentos donde la gloria parece más cercana.
Una noticia que se suma al golpe que se llevó en el ciclocross…
Resulta complicado analizar su trayectoria reciente sin caer en la tentación de pensar que tantas casualidades, acumuladas con una precisión casi quirúrgica, dejan de ser fortuitas.
Van Aert es el ciclista total, capaz de ganar en el Ventoux y al sprint en los Campos Elíseos, pero esa misma omnipotencia parece atraer una fragilidad externa que boicotea sus grandes objetivos primaverales.
Mientras otros rivales fluyen a través de las clásicas con una limpieza mecánica, Wout se ve envuelto en una espiral de incidentes que nublan su palmarés en las piedras.
Hay algo de tragedia griega en su figura: la fuerza bruta contra el destino caprichoso.
Sin embargo, en un deporte donde la colocación y la lectura de carrera son la base del éxito, que los problemas se repitan siempre en el mismo lado de la balanza invita a una reflexión más profunda sobre su gestión del riesgo.
No se trata de dudar de su talento, que es inmenso, sino de cuestionar si esa supuesta “mala suerte” no es en realidad una consecuencia derivada de un exceso de exposición o de una toma de decisiones que le sitúa permanentemente en el ojo del huracán.
El ciclismo de primer nivel no perdona el error, pero castiga con especial dureza a quien no sabe blindarse ante lo imprevisto.
Verle fuera de la Omloop es un golpe al espectáculo, pero sobre todo es un recordatorio de que en el pavés la fortuna se entrena tanto como las piernas, y por ahora, a Van Aert las cuentas no le salen.





