Ciclismo
La fría e incontestable libreta de Jonas Vingegaard en el Giro
Es como si Vingegaard no ganara el Giro y sí cumpliera un plan
La primera semana del Giro de Italia se cierra bajo un esquema milimétricamente moldeado por Jonas Vingegaard, quien ha empezado a someter el devenir de la corsa rosa a su estricto antojo e interés particular.
No podía ser de otra manera para el ciclista con mayor cartel en la línea de salida, una condición que refrenda día tras día mostrándose como el más fuerte tanto en las ascensiones como en los descensos.
Lo más seguro es que también se postule como el mejor en la inminente contrarreloj para acabar de rematar una carrera que parece vista para sentencia antes incluso de afrontar la gran montaña.
En este escenario, solo Felix Gall se mantiene a una distancia prudencial, mientras que el resto de los competidores se encuentra lo suficientemente distanciado como para pensar que solo una desgracia podría apartar el triunfo de las manos del corredor danés.
Vingegaard compite de una manera marcadamente metódica y disciplinada, traicionando en cierto modo ese espíritu de espectáculo que hoy en día se exige a las grandes estrellas para, a cambio, ser mucho más efectivo y resultadista.
Esta actitud responde a una realidad insoslayable: la gran vuelta del corredor de Visma este año dura seis semanas y no tres, puesto que al concluir el Giro de Italia deberá enfocar de inmediato su preparación hacia el Tour de Francia.
En consecuencia, cualquier desgaste superfluo en las carreteras italianas va a ser omitido para intentar desembarcar en Francia en el mejor estado de forma posible.
Su primera semana se salda con dos victorias de etapa y un liderato virtual u oficioso que no real, dado que la maglia rosa recae de momento en las espaldas del portugués Alfonso Eulálio.
Cuando Vingegaard decide no entrar al relevo, lo deja completamente claro desde el principio; no engaña a nadie, dice que no y se mantiene firme en su posición.
Si Felix Gall quiso tirar del grupo fue por decisión propia, consciente de que estaba en juego abrir una brecha importante frente a otros rivales de la clasificación general.
El corredor austriaco se vació por completo en el intento y, aun así, no pudo batir al danés en el desenlace. Aunque Gall todavía se encuentra cerca en la tabla, habrá que ver cómo sale parado tras la etapa contrarreloj.
No es la primera vez que Vingegaard niega el relevo a otros corredores y, aunque esto alimente la mala fama que muchos aficionados y críticos le quieren atribuir, lo cierto es que revela a un ciclista con las ideas clarísimas, poseedor de un plan establecido que cumple de manera inflexible.
Dicha actitud no es criticable, sino admirable, ya que mantener una disciplina tan férrea en el fragor de la batalla resulta sumamente complejo. Vingegaard demuestra que su frialdad se traslada de forma directa a su actitud en carrera.
Por delante quedan ahora dos semanas en las que el danés tendrá que navegar con destreza entre la necesidad de asegurar el maillot rosa, evitando al mismo tiempo cualquier desgaste excesivo de cara al objetivo francés, donde el ciclismo espera verle medir sus fuerzas en una igualdad a tres bandas junto a Tadej Pogačar y Paul Seixas.
Imagen: FB Giro d´Italia






