Ciclismo
La Amstel Gold Race llega con el listón muy alto
Ya que hablamos de la Amstel Gold Race nos acordamos de Jan Raas
Echamos la vista atrás y resulta casi imposible no detenerse en lo que sucedió en las carreteras neerlandesas el año pasado.
La Amstel Gold Race de 2025 no fue solo una carrera de bicicletas; fue una de esas anomalías que decíamos el otro día.
Todavía tenemos fresca la imagen de Mattias Skjelmose levantando los brazos en Valkenburg, una estampa que resumió a la perfección la capacidad del danés para romper el tablero cuando todos los focos apuntaban a los sospechosos habituales.
Lo que hizo el corredor de Lidl-Trek aquel domingo de abril fue una lección magistral de cómo gestionar la agonía frente a dos gigantes que parecían imbatibles.
Danés y Remco Evenepoel son de la partida, no así Pogačar, que mira las vueltas por etapas suizas tras Ardenas y quiere recuperar.
Para entender la magnitud de lo que hoy analizamos con perspectiva, hay que recordar que esta carrera ha sido históricamente el jardín privado de hombres que no admitían réplicas.
El triunfo de Skjelmose el año pasado es un eco lejano de aquella tiranía que Jan Raas impuso en las colinas de Limburgo hace cuatro décadas.
El récord de cinco victorias del neerlandés —cuatro de ellas consecutivas entre 1977 y 1980, más la de 1982— sigue siendo la vara de medir para cualquier aspirante. Raas corría con una suficiencia que a veces rozaba lo impertinente, apoyado en un bloque que funcionaba como un rodillo, una solvencia que el año pasado volvimos a ver en el bloque de Skjelmose, manejando los tiempos de una clásica que no perdona el más mínimo error de cálculo.
Aquel desenlace de 2025 nos devolvió a la mística de 1979, aquel año en el que Raas se impuso rodeado de una polémica que todavía alimenta las tertulias más críticas.
Se decía entonces que el conocimiento del terreno y la pillería pesaban tanto como las piernas, algo que Skjelmose interpretó a la perfección para neutralizar a Pogačar y Evenepoel. El esprint final entre los tres fue, sencillamente, antológico.
Evenepoel mostró sus cartas, Pogačar respondió con la rabia del que no sabe perder, pero fue el danés quien, con una frialdad impropia de su edad, encontró el hueco necesario para superarles por un tubular. Fue una victoria decidida por una foto finish que hizo justicia a su tenacidad frente a la aristocracia del pedal.
Aquella edición del año pasado nos dejó un sabor de boca distinto porque no ganó el más fuerte de forma aislada, sino el más inteligente dentro de un grupo de elegidos.
Skjelmose derrotó la idea de que las grandes clásicas son cotos privados de caza.
Aunque fuera por un día
Al mirar atrás, la Amstel de 2025 queda registrada como el punto de inflexión definitivo de un corredor que honró el legado de campeones Raas: en este laberinto de muros y curvas, para entrar en la leyenda no basta con vatios, hace falta esa chispa de malicia que convierte a un buen ciclista en un campeón indiscutible.






