Ciclismo antiguo
Perico & Indurain, el linaje que nos metió ciclismo en vena
Entre Perico e Indurain surgió la chispa para mucha afición ciclista
Uno, que ya ni siquiera peina canas, sabe que en el ciclismo de los ochenta flotan los motivos por los que este deporte nos sigue apasionando como el primer día, pues de aquella época guardamos recuerdos imborrables, cuya guinda la pone un tándem vestido con bella camisola del Reynolds, un tándem formado por Indurain y Perico, el mismo que nos metió el ciclismo por los ojos.
Y es que visto ahora, tomamos medida de la dimensión de lo que implica tener dos talentos y figuras de este calibre rellenando gran parte de una década del mejor ciclismo que anida en nuestro recuerdo.
Indurain, Lejarreta, Gorospe, Mayo, Armstrong, Contador, Ocaña, Freire, Bahamontes… quién os enganchó al ciclismo???https://t.co/H4dY72Coh7 pic.twitter.com/dzhPQPyFVu
— JoanSeguidor (@JoanSeguidor) February 18, 2021
Empezando por Perico, puso fin a un largo periodo de sequía española en el Tour, granjeándose un cariño que hoy sigue vigente por parte del aficionado medio.
Hablamos de un corredor con áurea popular, irresistible cuando la carrera miraba al cielo si el día le acompañaba y autor del retraso de Luxemburgo, el capítulo más inverosímil de la historia contemporánea del ciclismo.
Por todo, por su indudable carisma y perfil de antihéroe en otros momentos, Perico fue un extraordinario catalizador de un deporte medio moribundo en España pocos años antes.
La aportación de Perico, más o menos discutible para muchos, trajo como consecuencia el nacimiento e implosión de Miguel Indurain, otorgando al ciclismo español el nivel de consideración mediática que nunca más ha vuelto a disponer.
Cara y cruz, el mocetón navarro fue un ciclista mayúsculo e infalible durante mucho tiempo.
Su perfil sufridor fue tan inédito que España se encogió cuando lo vieron tumbado en el Valico de San Cristina o Les Arcs.
Miguel fue nuestro “primo de Zumosol”, la consecuencia de una generación dorada de ciclistas que engancharon como no imaginaríamos de la generación actual.
Porque no debemos quedarnos con ellos dos: Recordar al llorado Alberto Fernández, uno de los hombres más cariñosamente recordados por los buenos aficionados que no omiten esa Vuelta que perdió en manos de Caritoux.
Contemporáneo fue Angel Arroyo, protagonista de aquella Vuelta que perdió en los despachos.
Muchos sitúan en el abulense el inicio de esa primera edad de oro.
Ahí quedan otras opciones como Álvaro Pino, Angel Camarillo y José Luis Laguía, el “rey de la montaña” de nuestros corazones.
Un lugar, los Lagos, y un ciclista, Marino Lejarreta, también marcaron a fuego.
Echando la vista más allá de los ochenta se valora el arrojo, que sigue además intacto, de José Pérez Francés y los motivos de vecindad de Carlos Echevarria.
Incluso Luis Otaño se cifra entre los mentados en medio de nostálgicos recuerdos a pie de cuneta.
Otro Luis, Ocaña, y un asturiano, José Manuel Fuente completan el retrato más atrás de los ochenta.
Volviendo a tiempos recientes no podía faltar el Chava Jiménez, ni siquiera Fernando Escartín, ni Oscar Freire, ni el trío Valverde-Purito-Contador.
Del panorama foráneo la encuesta incluyó varios nombres y algunos fueron repetidos, como el de Sean Kelly, un ciclista humilde, humano y extraordinariamente versátil, un lujo hoy día rara vez visto. También Greg Lemond, el mejor especulador de los tiempos cuyo triunfo en 1989 abrió la pasión de muchos buenos aficionados.
En aquel batiburrillo de colombianos de los ochenta fue especialmente querido Fabio Parra.
En tiempos más recientes, la arrolladora forma de entender el ciclismo de Marco Pantani creó escuela, si bien no eclipsó la elegancia innata y fortaleza extrema transmitidas por Jan Ullrich, ni el tremendo carisma de VDB.
Y es que todos tenemos un kilómetro cero en la ruta del ciclismo… el mío estuvo en ese tiempo, entre Perico e Indurain.




