Ciclistas
Ser gregario no te da para vivir toda la vida
Sabemos de Leaniz, Gastón y otros que no pudieron vivir de su sueldo de gregario
A veces cuando oigo a gente despotricar de la ONCE y todo lo malo que implicó, me entra tristeza, porque los amarillos también significaron cosas importantes e interesantes para el ciclismo, entre otras la tecnología, el valor del colectivo y la sublimación del ejercicio de gregario.
En este último capítulo, los que tenemos la memoria anclada en los ochenta pero sobretodo noventa, nos acordamos con nitidez de ese dúo de calvos formado por Herminio Díaz Zabala y Alberto Leanizbarrutia.
Sé que hubo más, muchos más, Stephens, Díaz de Otazu, Díaz Justo, Miguel Ángel Martínez, Mauleón, Sierra, Marcelino García… pero acordarse de estos dos es sencillo por algo que, os lo podéis suponer, comparto con ambos.
Cuando en los tiempos que corren vemos un gran servicio de Majka o McNulty por Pogacar o de Van Aert y Benoot por Vingegaard, cuando hablamos de un gran gregario, yo, al menos, menos, me acuerdo de Leaniz y Herminio.
Ambos eran kilómetros y kilómetros de incondicionalidad, de trepar por el grupo tras la primera andanada de los rivales, para recuperar la cabeza y mantener el tempo, bien fuera para Zulle o para Jalabert, o para cualquier otro, fuera en Itzulia, Tour o Vuelta, con frío o calor, lluvia o plomo sobre las cabezas… ambos eran corazón del equipo, dentro y fuera de la carrera.
Imágenes imborrables.
Hemos leído la entrevista que los amigos de Bicio le han hecho a Alberto Leanizbarrutia tanto tiempo después de colgar la bicicleta.
Hacer piezas, programas, darle minutos y líneas a Valverde, Contador, Indurain es lo fácil. Pero hay corredores que merecen tener más espacio. Humanizan este deporte, interesa más que lo que ya todos sabemos de un campeón. Leanizbarrutia es uno de ellos.https://t.co/YtBSPj8ip6
— Eneko Carrillo (@EnekoCarrillo) November 29, 2022
Dice cosas, muy interesantes todas, pero entra al trapo sobre una realidad que siempre nos preguntamos, ¿le dieron aquellos años lo suficiente como para vivir de rentas?
Él dice claro que no, que empezó cobrando poco, que con el tiempo subió el caché, pero que cuando dejó el ciclismo, hizo números y aquello no le daba hasta los 65 de la jubilación.
Desde hace tiempo trabaja, curiosamente por la relación amor odio que mantiene con los ciclistas, en el sector de la automoción y que hasta hace poco no le hicieron fijo.
Alberto Lenizbarrutia fue ciclista durante 14 años en equipos como Teka, Clas y ONCE, a su merced estuvieron líderes como Dietzen y Rominger junto a los mentados Zulle y Jalabert.
No logró muchas victorias, pero tiró muchos pelotones con la incondiconalidad que admiramos del gregario.
La suya es una historia que merece recuperar.
Hace poco hablamos con otro ciclista de aquellos años, un poco mayor que Alberto.
Hablo de Iñaki Gastón, un gregario con instinto ganador, pues a un palmarés curioso le añade grandes servicios a gente como Sean Kelly, Fabio Parra y también para Tony Rominger, siendo decisivo en la Vuelta 1993 que ganó el suizo a Zulle en aquella etapa de El Naranco.
Iñaki dice, al inicio de la conversación, algo así como que “aquellos años me dieron un buen dinero, pero no suficiente y eso que no he sido como dice mi apellido, gastón”.
Iñaki se dedicó a la industria farmacéutica el día después de colgar la bicicleta y ahí sigue, tanto tiempo después.
Ya lo veis, ciclistas que, esos que tenemos una edad, les procesamos valor casi legendario, no tuvieron suficiente para vivir de rentas, y eso que se lo curraron.
El valor de lo que hace esta gente está lejos de ser comprendido por quienes vivimos de “ciudadanos normales”.
Al menos quepan estas líneas para acordarnos de ellos.
Imagen: Bicio Sport




