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Ciclismo antiguo

¿Qué sería hoy de la ONCE en el ciclismo?

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La ONCE aportó mucho al ciclismo y no sólo lo que muchos quieren recordar

Recupero esta pieza, viendo que estamos en once de la ONCE. una fecha que nos recuerda a fuego un equipo que nos sabe añejo, veinte años largos de los mejores momentos de la ONCE en el ciclismo..

Hablar de la ONCE no sale barato, pero quedarse en el bosque no permite ver el cielo y el contrapoder que supuso, la calidad que manejó, las innovaciones que introdujo, algunas se venden como tales hoy, todo eso, sencillamente no puede olvidarse.

No creo que la ONCE y sus mentores se movieran en terrenos muy diferentes a sus rivales, fue el tiempo que les tocó y ahí nadaron, en aguas que no bajaban limpias… para nadie.

Y eso no trata de blanquear a nadie, cada palo debe sujetar su vela, pero sí poner en valor qué aportaría un grupo como el que dirigió Manolo Saiz…

Permitidnos recordar esta pieza de hace tres años, que además se escribe en clave de dos ciclistas -Sebastián Mora y Albert Torres- que estarán en Tokio 2020 contra rivales que están perfectamente acomodados en equipos del máximo nivel…

ONCE ciclismo JoanSeguidor

Wikipedia

Leo este artículo de Fernando Llamas en su blog de Marca, de la necesidad de tener algún equipo más en España que dé salida al numeroso talento que hay a este lado de los Pirineos.

Habla de pistards españoles que no encuentran acomodo en casa, habla de los éxitos de Sebastián Mora y Albert Torres.

¿Por qué los pistards no tienen acomodo aquí?

Las opciones, queda dicho, no son muchas, aunque históricamente si miramos atrás tampoco es que fueran excesivas en tiempos más halagüeños. Eloy Teruel, que aún sigue en la cuarteta, y Sergi Escobar, pisaron chez Unzue efímeramente y ya.

 

Lo cierto es que mirando atrás, y sé que esto no va a ser popular para muchas personas, se extraña un equipo como la ONCE en el ciclismo, es más, se extraña mucho.

Dejando al margen los prejuicios, el periodo que va de 1989 a 2003 fue bueno para el ciclismo español, fue el periodo amarillo de la ONCE, antes de que entrara Liberty en un patrocinio que duraría dos años y medio por la Operación Puerto.

Casco Endura Pro SL: una experiencia «casi» religiosa

Con motivo del día que estamos y de la paupérrima situación del pelotón hispano, con Movistar arriba y Caja Rural en medio, he cogido ese libro que se hizo tras la desaparición del equipo que montó y gestionó Manolo Saiz para al menos recordar que por poco que fuera, el poder del ciclismo en España se repartía entre más manos que ahora.

Hojeo el libro y veo la ONCE de Peio Ruiz Cabestany, la primera ONCE, la que se llamó “pionera” por introducir las concentraciones en el ciclismo.

Pedro Muñoz, Johnny Weltz y la etapa de la Vuelta firmada por Herminio Díaz Zabala, recién llegado de ayudar a Perico en el Tour, marcan el paso de las páginas.

En el 90 aquel maillot verde, gris, amarillo, rayado,… en el Tour, los triunfos de Marino y Chozas en el Macizo Central. Casi ganan las tres grandes por equipos.

Al año siguiente la controvertida Vuelta de Mauri, la que quizá debió ganar Marino, la que tuvo en una nevada en Beret un momento clave,… el aterrizaje de Laurent Jalabert, que rápido gana, bajo el Atomium de Bruselas, escapado con Lemond y Chiapucci, la explosión de Alex Zulle que encadena triunfos y pierde la Vuelta con Rominger por un descenso de La Cobertoria, el adiós de Marino en una curva camino de Amorebieta,…

 

Aquellos años la Look de la ONCE de monocasco marcaba tendencia, la Klein que montaba un amigo mío y usaba Zulle en las cronoescaladas era una pluma blanca e hiriente. Cascos, ropa, monos,… todo transmitía modernidad.

El año 1995 fue un antes y después con Jalabert desencadenado, amasando un palmarés de esos que se ve cada ciertos años, Zulle arrinconando a Indurain en el Tour.

Posiblemente el mejor año. Caería la Vuelta a España varias veces, con Zulle, dos, y Jalabert, otra. También quedó la sonrisa congelada de Mariano Rojas, esas historias que emocionan siempre que vienen a la memoria, y la de David Cañada, porca miseria.

Jalabert-Zulle, Zulle-Jalabert, pero también Roberto Sierra, Herminio, Leaniz, Aitor Garmendia, Marcelino García, Zarrabeitia, David Extebarria, Iñigo Cuesta,… los primeros pasos de Luis Pérez, de Purito, de Contador, de Carlos Sastre,… y las victorias y podios de Abraham Olano, Igor y Joseba Beloki.

Ya veis, jerarquía e historia, de cuando el ciclismo tenía algo de abundancia, eso que hoy echamos tanto en falta.

Foto tomada de https://echozas.wordpress.com/once/

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Francesco Moser, “signore Roubaix”

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En la leyenda de Moser, Roubaix es un lugar esencial

La historia es caprichosa, como muchas veces hemos dicho, y situamos a corredores en nuestro imaginario en una faceta que, aunque siendo cierta, no es la única que vistió su leyenda, sucede con Moser y Roubaix.
Por eso cuando la imagen más divulgada de Francesco Moser es la de ese ciclista ancho, profunda mirada, pelo negro, angulada cara y perfil corpulento, sobre la rompedora máquina con la que destrozó el récord de la hora en las altitudes de Ciudad de México, sólo es eso, una faceta, un perfil ideal, una forma de recordar un corredor que fue mucho más y logró mucho más.
Moser también tiene un Giro, el de 84, una carrera marcada por las múltiples influencias que concurrieron para que ganara un italiano ante la insolente juventud que despertaba de Laurent Fignon, que a todas luces fue el ganador moral de aquella carrera. Público hostil, helicópteros que empujaban en las cronos,… Moser tenía que ganar por lo civil o lo criminal. Así lo hizo.
Pero hay una tercera faceta, conocida aunque quizá menos por muchos, las clásicas, y es que Francesco Moser, ese ciclista de porte elegante, rodar agresivo y tremenda ambición, tiene en su palmarés nada menos que seis monumentos: tres Roubaix, dos Lombardías y una San Remo, un botín que le sitúa entre los mejores de siempre, especialmente en el Infierno del Norte, donde sólo le superan De Vlaeminck y Boonen.
De hecho Moser es el tercer mejor ciclista del mundo sobre los afilados adoquines encadenando, y eso sí que es difícil, por lo imprevisible de la carrera, tres triunfos consecutivos, logrados en un tiempo en el que las clásicas tenían grandes nombres de todos los tiempos, aunque especialmente uno, Roger De Vlaeminck, ese que llamaban el Gitano, que nunca tuvo amigos, ni siquiera en su propio equipo.

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Así las cosas en la Roubaix del 78, Moser, arco iris a la espalda, arco iris que ganó en Venezuela, se presentó ante “Monsieur Roubaix” como alternativa ganadora a la mejor carrera del año.
El italiano, listo como el hambre, jugó sus bazas sin esperar instrucciones del gran jefe. Realizó dos ataques, primer a 23 de meta y luego a 18 para romper la resistencia de Maertens y Raas, mientras el influjo de De Vlaeminck se hacía notar.
Moser llegó solo al velódromo y De Vlaeminck echaba fuego. “Este tipo es un desagradecido” escupía por esa boca que no dejaba indiferente, como cuando dijo que las cuatro Roubaix de Boonen tenían menos mérito que las suyas.
Cabreado, el gitano cambió de equipo, a sabiendas que su tiempo, aunque glorioso, era caduco frente a las hechuras del joven Moser.
El belga al Gis, Moser en el Sanson.
En 1979 le ganaría por la mano otra Roubaix, dejándose segundo, sintomático.
Al año Francesco renovaría la corona en el infierno tras reaccionar a un ataque de largo radio protagonizado por Thurau. Moser arrastró a su sombra, De Vlaeminck, y a Duclos Lasalle. Les acabaría dejando. Era la tercera.
Pero si Roubaix fue el foco de su enemistad con De Vlaeminck, Lombardía fue otra de las cabezas de esa hidra de mil cabezas que fue su relación con Giuseppe Saronni.
En una rivalidad que para Italia era reverdecer los tiempos de Coppi y Bartali, Moser y Saronni entablaron su enemistad desde el momento que corrieron juntos el mundial haciendo de todo aquello que compitieran un corralillo de gallos enfermizos.
En ese clima se corría en la Italia a caballo entre los setenta y los ochenta y en ese clima Moser se llevó dos Lombardías, uno de ellos delante de Hinault, y San Remo, entrando solo en la Via Roma, tras desplegar toda su sabiduría en el descenso del Poggio.
Imagen tomada de www.sbs.com

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Ciclismo antiguo

Centrum De Ronde Van Vlaanderen: La caja que guarda la esencia

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Centrum De Ronde Van Vlaanderen
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En el Centrum De Ronde Van Vlaaderen hay una Tour de Flandes diario

Este primer domingo de abril, dicen que han corrido un Tour de Flandes virtual que cumplió con el deseo, disfrazado de pronóstico, que muchas veces hemos lanzando al aire, que Greg Van Avermaet ganara en Oudenaarde

Van Avermaet ha ganado la que esperamos que sea primera y última edición de Flandes virtual

Obviamente Greg Van Avermaet no entrará en el hall of fame que viste el epílogo de la vista al  Centrum Van Vlaanderen.

 

Oudenaarde es un típico pueblo flamenco, tranquilo, reposado, cerrado en las tardes de otoño, frío e inhóspito, que cae en la euforia cada primavera, presa de la pasión y calor que el ciclismo desierta en estas tierras.

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En el corazón de Oudenaarde, tenemos el Centrum Van Vlaanderen, la caja que guarda los secretos de la mejor carrera de Flandes y posiblemente una de las mejores del mundo.

Centrum De Ronde JoanSeguidor

Su visita es una inmersión en la atmósfera que fija ojos de medio mundo en este pequeño territorio encajado entre Francia, Valonia y el mar del norte.

Es la caja de las esencias, entrar en él, desde la gran plaza de Oudenaarde ofrece un Tour de Flandes diario.

Saborear una cerveza acompañada por las frites, mientras las imágenes de Tchmil, Bugno o Van Petegem en bucle llenan nuestra mirada y tocan los recuerdos.

Una sorpresa, y no es raro, cruzarse con un tal Johan Museeuw, inquirirle sobre el dominio que alcanzó en esta carrera, de las pasiones que desató, y sigue desatando, pues una marabunta se concita alrededor suyo, justo en la entrada de la exposición permanente.

Y aquí el Centrum Ronde Van Vlaanderen pone sobre la mesa los recortes de la historia, una historia que escribieron las leyendas del «hall of fame», pero también periodistas, gente, equipos y sobre todo lugares.

Y entre ellos el Kappelmur…

Lo cierto es que lo que nos cuenta Sander, responsable de marketing de Centrum Van Vlaanderen, lo compartimos al 100 x 100, creemos que aquel recorrido que empalmaba Kappelmur y Bosberg era mucho más atractivo, primero por el valor icónico de ese encadenado y segundo porque el circuito actual parece enfriar los ánimos a los ataques cargados de épica.

Y no es para menos, las pantallas de aquella edición de 2011, memorable carrera, no paran de poner en bucle el duelo Cancellara vs Chavanel que ganaría Nick Nuyens.

Antes habremos pasado por rotativas flamencas, por estudios de radio, por plazas flamencos y pululado entre kioskos de patatas y cervezas, viajando de esas ediciones que se salvaron del veto de los nazis a la carrera global que es hoy en día.

Si queréis una experiencia ciclista basada en uno de los grandes símbolos de este deporte, si queréis partir hacia el Kwaremont o el Koppenberg, si queréis echar una cerveza con Johan Museeuw id al Centrum Ronde Van Vlaanderen, en Oudenaarde, donde la bicicleta y el ciclismo se plasman hasta en los pasillos de los hoteles.

 

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Ciclismo antiguo

El rampante león de la bandera de Flandes

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Flandes bandera JoanSeguidor
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El león llena la bandera amarilla de Flandes

Flandes, amarillo, por otro lado: Tres colores verticales visten la bandera belga: negro, amarillo y rojo.

Repartidos equitativamente, en tercios, cada color tiene su qué. El negro viene de la armadura, el amarillo por el color del león de las armas y el rojo procede de la lengua y dientes de ese león. No siempre fue así. Hasta hacer su enseña una réplica de la tricolor francesa, ésta era horizontal y con ésta combatieron el rodillo de los Austrias en el siglo XVIII.

Bélgica es un país que alcanzó la independencia en 1830. Sus colores vienen heredados de la heráldica de Bramante, la región central de un país polarizado por dos vertientes muy opuestas en todo: Flandes y Valonia.

En la primera la vida es rural y vecinal, la otra es industrial y afrancesada. Ni mejor, ni peor, diferentes.

Sin embargo son cuatro las grandes regiones belgas.

En medio, Bruselas, color púrpura y flor de lys en medio, flor amarilla por cierto.

Al sur, encajada en montañas, al final de las Árdenas, territorio hostil y bélico, la región alemana, también llamada Limburgo, con león desafiante, casi flamígero rojo y nueve rosas, tantas como ayuntamientos.

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Encima de ésta Valonia, la patria de la Lieja y la Flecha.

Su bandera es un gallo, semi protectorado francés.

La bandera de Flandes es otro cantar, harina de otro costal. La verán mucho estos días. Prácticamente sondeará el camino de los pelotones desgajados por estas carreras dibujadas por el demonio. Curva, viraje, giro, contra giro, pasarán mil veces por el mismo lugar, por el mismo cercado, primero bajando, luego en transversal, después subiendo.

Un laberinto en medio de la nada, de pequeñas colinas que fueron atravesadas por la metralla de dos guerras mundiales.

Ciclismo en Flandes Koppenberg JoanSeguidor

El león negro sobre fondo amarillo es la bandera de Flandes y casi diría que la del ciclismo.

Sólo algunas otras se podrían medir a ella, la ikurriña vasca, inspirada en la Union Jack, y la luxemburguesa –la civil, que es de franjas azules horizontales con león rampante coronado y con dos rabos- muy frecuente en los muros que van a Lieja cuando los Schleck guardaban opciones de victoria.

La bandera flamenca echa raíces en 1302 cuando Pieter de Coninck la desplegó en la batalla contra los franceses en la ciudad de Kortrijk. Hay dos versiones de esta bandera, adoptada como la oficial flamenca hace poco más de cuarenta años.

Una, la formalmente establecida en los libros, que es amarilla con un león negro y la lengua roja. La otra no diferencia la lengua del rampante animal, que también es negra, porque de esta manera se omite el vínculo con Bélgica.

Esta es la más usual en la Ronde, en Harelbeke, en la Kuurne, en la Het Nieuwsblad,… es la bandera independentista.

La categoría del león flamenco es tan grande que dos ciclistas fueron apodados con tan viril etiqueta. En los años cincuenta, mientras Italia se relamía las heridas de la guerra entre Coppi y Bartali, el tercer hombre, Fiorenzo Magni, hacía historia en Flandes. En la década pasada Johan Museeuw se ganó también el apodo. Ambos fueron leones, y no unos leones cualquiera, leones de Flandes.

Imagen tomada de deronde1.wordpress.com

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Ciclismo antiguo

Tourmalet: Y si Bugno hubiera seguido a Chiapucci e Indurain

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Gianni Bugno JoanSeguidor
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Esa duda de Bugno ante Indurain y Chiapucci torció la historia

Qué tarde aquella de Val Louron en este mal anillado cuaderno varias veces recreada, con más pelos que señales, pues el recuerdo distorsiona los hechos reales, aunque tengamos una imagen más o menos fidedigna de lo que sucedió entre Indurain, Chiapucci y Bugno.
Lo habíamos dejado en la cima del Tourmalet, el relevo estaba en marcha, la generación del 64, con 27 años, comparado con los de ahora, estaba lista para pasar página: Indurain y Chiapucci, pero también Bugno habían dejado atrás de forma definitiva a los Lemond, Fignon y Perico.
Estos tres, aunque algún coletazo más darían, no volverían a tener el Tour en su radar.
La cosa estaba por delante, cuando Indurain saltó en el descenso, viendo que «Lemond y Leblanc están cortados y Bugno anda esperando el coche de equipo» dice Carlos Tigero en la «Estela de Miguel«, con Chiapucci haciendo de puente con Mottet.

El baile de nombres en la cumbre a la sombra del Pic du Mid habla de la trascendencia del momento

Luego, ya sabéis, Indurain alcanza Saint Marie de Campan, Chiapucci salta en el falso llano previo al Aspin y Bugno… Gianni vacila.

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Qué sencillo es verlo ahora, qué complicado entonces.
En esos momentos en el que el grupo nombre se recomponía por detrás, Indurain y Chiapucci empezaban a hacer camino, ¿por qué no siguió Bugno a su compatriota?
Hasta ese momento, Gianni Bugno era top en las quinielas para el Tour, había ido creciendo en jerarquía y resultados, en Francia ya sabían de él, había ganado nada menos que Alpe d´ Huez un año antes y sentado su primer top ten.
Sabía lo que implicaba ganar una grande, el Giro de 1990, algún monumento y era posiblemente la estrella más rutilante que había de aterrizar, pero dudó, Chiapucci se le fue, mientras Indurain camina solo, y Bugno nunca más volvería a tener opciones reales de ganar el Tour.
En la cima del Aspin la brecha real era enorme, Indurain espera a Chiapucci -«era el mejor que podía haber saltado» cuentan en el libro de referencia- pues Bugno se dejaba dos minutos en compañía de Fignon y Mottet.

Las bicis de Littium vendrán con asistencia RACC Bici


Esa ventaja iría a más, mientras los dos de cabeza caminan juntos como uno, Bugno se deshace de la compañía francesa pero sus 50 pedaladas por minuto son insuficientes, incluso para él, quien en el momento más oscuro de la agonía, nunca pierde la elegancia supina que rodea cada cosa que toca.
Ese minuto y medio que perdería en Val Louron fue una brecha que no haría otra cosa que ensancharse.
Gianni, el mismo Bugno que vaciló tras el Tourmalet, sería el que, un año después postrara irisado las armas frente al campeón navarro en el pie de Sestriere para nunca más optar a ganar el Tour.
De hecho días antes, en Luxemburgo fue consciente de la realidad, pero el derrumbe de Bugno en Sestriere fue muy gráfico, mientras Chiapucci volaba entre multitudes e Indurain ataba, medio apajarado el amarillo.
Es curioso, hablando de líneas y trayectorias lo alto que iba la de Bugno antes de ese momento en el que se cruzó con la de Miguel y se invirtieron las tornas, un singular hecho que traemos como fruto de lo que fue pero pudo haber sido…

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Este ciclismo ha superado a muchos y entre ellos creo que se encuentra Mikel Landa, quien ya no es referencia y la luz con sus ataques. Ahora se dedica a trabajar buenos puestos, trabajando desde atrás y persiguiendo.

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La Itzulia retrata el ingrato presente de Landa

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Este ciclismo ha superado a muchos y entre ellos creo que se encuentra Mikel Landa, quien ya no es referencia y la luz con sus ataques. Ahora se dedica a trabajar buenos puestos, trabajando desde atrás y persiguiendo

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"Crecí escuchando @lavuelta con JM García y el ciclismo me entró por el ojo" @m_marchante
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