Ciclismo
Giro: Cuando Magnier tiene a Stuyven…
Pocos ciclistas son tan elegantes como valiosos como Jasper Stuyven
El Giro de Italia nos ha regalado otra jornada de esas que invitan a la libreta y al café, una jornada que sobre el papel se dibujaba como el enésimo cuerpo a cuerpo entre Jonathan Milan y Paul Magnier, pero que ha terminado por certificar una realidad aplastante.
Lo del joven velocista francés ya no es una racha, es un dominio que se salda, de momento, con un botín mínimo de tres etapas en esta edición.
En una jornada que escondía trampas, Magnier emergió con una claridad incontestable, consolidándose como el indiscutible mejor velocista de la carrera. Su éxito nos evoca de inmediato aquella tradición tricolor de velocistas franceses que profanaban con éxito la bota itálica, trayendo a la memoria los días de gloria de Arnaud Démare o Nacer Bouhanni.
Sin embargo, más allá de la tremenda exhibición de velocidad pura, el ciclismo que nos remueve por dentro y nos reconcilia con este deporte ha tenido otro nombre propio en este entremés dolomítico.
Hablo de Jasper Stuyven.
Comentaba Flecha la clase de ciclista que ha dejado escapar la estructura del Lidl, y no le faltaba razón.
Aunque la acción en el tramo final terminó por decantar la balanza a favor de la tercera victoria de Magnier, el belga nos volvió a recordar por qué merece la pena encender el televisor.
Ver rodar a Stuyven es un auténtico premio para el paladar ciclista, un corredor con una clase que le desborda y que posee el enorme mérito de sobrevivir competitivamente en una época donde las nuevas y voraces estrellas parecen venir para comérselo todo de golpe.
Es innegable que su palmarés es mucho más corto de lo que su calidad merece, pero al menos le quedará siempre el honor de lucir una Milán-San Remo en su hoja de servicios, conquistada además con ese mismo oportunismo que tantas otras veces ha tenido que padecer él en carnes propias por parte de terceros.
Ahora, en su nuevo rol dentro del Soudal, Stuyven emerge como el prototipo perfecto, un ciclista que encaja de manera ideal en el molde de la estructura belga.
Se ha convertido en el facilitador definitivo para un equipo que, históricamente acostumbrado a ganar de forma industrial, no ha parado de perder talento a raudales durante los últimos años.
En este escenario de reconstrucción, la figura de Stuyven se presenta como un nuevo y necesario asidero donde agarrarse.






