Ciclismo
Días muy complicados Giro de Italia
El fantasma de recortes y etapas canceladas sobrevuela el Giro más mojado que recuerdo
Cualquier declaración que leamos, cualquier rato que echemos en la televisión nos destapa una realidad brutal para el Giro de Italia, casi todos los días llueve, casi todos la temperatura baja y, ahora que afrontamos la gran montaña, la opción de ver etapas recortadas o canceladas toma relieve.
Dicen muchos que no recuerdan una carrera tan complicada, no es que llueva uno o dos días, es que casi todos ha caído alguna gota y en algunos de principio a fin, todo ello combinado con un frío que a ciertas altitudes supone un cocktail brutal de enfermedades y abandonos.
El martes pasado fue un poco la guinda y se destaparon las desavenencias entre corredores, equipos y organizador.
Cada uno tira para su lado y en este engranaje, el ciclista siempre es el eslabón frágil.
El organizador tiene múltiples compromisos pendientes de hacer o no la etapa, los equipos están ante un gran escaparate en el que cada minuto que no se corra cuenta en su contra.
En este panorama leo a Carlos Verona recordando que antes que ciclistas son personas y que en esas condiciones es muy complicado mantener la salud intacta.
Yo, por definición, tengo empatía con el ciclista y no dudo que están siendo muy jodidos estos días, pero al mismo tiempo desde hace unos años el aficionado tiene la sensación que el colectivo pide cancelar o recortar con más frecuencia de la normal, al menos de la que estábamos acostumbrados.
Como dice Verona, el ciclismo de hoy no es el de hace treinta años.
Es cierto que entonces se produjeron circunstancias que hoy serían impensables, etapas brutales que no fueron canceladas, como aquella del Giro en el Gavia, u otra de la Vuelta 91 camino de Andorra
En esas circunstancias se tiró adelante contra toda lógica, y aunque formen parte del imaginario colectivo, esos días se corrieron riesgos, riesgos reales para el ciclista.
Hoy por muchísimo menos se pone el grito en el cielo y se montan corrillos, debates y peticiones para recortar o cancelar etapas a tal punto que, cuando sucede lo del martes, el aficionado cree que la carrera debe seguir sí o sí pues ya está quemado de tanto cambio.
En el Giro de hace tres años se recortó una etapa maratoniana de la semana final por la lluvia, al año siguiente, se amputó la gran jornada dolomítica.
En todos los casos cundió la sensación que el pelotón había impuesto su voluntad sin margen de maniobra para el organizador, que es el que luego tiene que apaciguar a alcaldes y diputaciones.
El camino a Crans Montana también ha sido modificado.
Con estos mimbres, tenemos ahora una semana por delante en la que cada etapa puede ser un sin vivir, si el frío y la lluvia han tocado la carrera en el sur, imaginaros en el norte y los Dolomitas.
Casualidad o no, recordad que hace una década, el Giro subió al Galibier y Tres Cimas de Lavaredo, nevando.
No hace tanto de eso y no oí a nadie quejarse, sólo asumir que el ciclismo está sujeto a eso, y a los nervios, y a las caídas, y a las enfermedades…





