Opinión ciclista
La estatua de Bahamontes y el trato al ciclismo
Creo que la estatua de Bahamontes llega muy tarde
Federico Martín Bahamontes es la suma de varios personajes.
Todos confluyen un cuerpo, fino y afilado, casi como cuando ganó el Tour, de eso vamos camino de los sesenta años.
Y eso ha tardado la ciudad de Toledo en ponerle una escultura. Cerca de la Puerta del Sol, subiendo desde el Arrabal a Zocodover, con vistas al Hospital de Tavera, cerca de la oficina desde donde organiza la Vuelta a Toledo.
Como no podía ser de otra manera, la escultura de Bahamontes está en cuesta.
Las fotos que he visto le hacen justicia a aquel cuerpecito escurrido de un hijo de la guerra, que vio, encima de su tejado, temblar el Alcázar durante el asedio.
La estatua de Bahamontes hace justifica
Por lo que he leído Bahamontes no se cortó en recalcar el retraso con el que llega esta obra.
Es curioso porque un servidor piensa lo mismo.
Y aquí volvemos al principio, que en Bahamontes confluyen varios personajes y sólo hay que conocerle y pasear con él por Toledo para saber de qué hablamos.
Le paran, le saludan, le preguntan. Bahamontes, uno de esos ciclistas del hambre como Cañardo u Ocaña, es patrimonio aún vivo, milagrosamente vivo, porque rebosa vitalidad, en la Toledo del 2.0, de las redes sociales y todo lo que llevamos a la espalda.
Por eso, por la memoria que significa esta persona, que podrá caer mejor o peor, con su prosaica espontaneidad, creo que esta estatua llega muy tarde, tardísimo.
Bahamontes como dijimos le dio el gustazo que muchos querríamos para nosotros: hablarle a los políticos según lo pensaba.
Y tiene toda la razón.
El ciclismo en este lado de los Pirineos es el deporte con mayúsculas, el que ha dado grandes éxitos, a veces los primeros y sin embargo no es reconocido como debe.
Este homenaje a Bahamontes, lo tarde que llega, es otra muesca más de esa realidad. Una realidad que, y no queremos ser victimistas, nos entristece.
Imagen tomada de La Comarca de Puertollano
INFO
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