Al día siguiente, en la etapa 13, toca una contrarreloj en subida a Peyragudes.
Es una crono de montaña, de esas donde no puedes esconderte ni ahorrar fuerzas. Aquí se mide de verdad el estado de forma de cada uno.
Tiene historia: en 2012, Wiggins casi pierde los papeles porque Froome le dejó atrás, y en 2017 fue el propio Froome quien lo pasó mal, más cuando Landa ese día volaba.
Después, en la etapa 16, llega el Mont Ventoux, el “Gigante de la Provenza”.
Es un lugar mítico, duro, solitario y expuesto al viento.
Han pasado muchas cosas ahí: Merckx necesitó oxígeno en la cima en los 70, y Froome tuvo que correr a pie tras estamparse con una moto en 2016.
Esta vez marca el inicio del tramo final del Tour, así que puede ser clave.
Pero si hay una etapa dura, es la 18, con el Col de la Loze.
Es la reina del Tour, con más de 5.400 metros de desnivel acumulado y un puerto final de 26,4 km que no da tregua.
A 2.304 metros de altitud, es el punto más alto de la carrera. Pogačar explotó aquí en 2023 y dijo la famosa frase: “Estoy muerto”.
Y por último, la etapa 19 con llegada a La Plagne, otra subida larga (19 km) y constante, donde cualquier desfallecimiento se paga caro.
Aquí puede decidirse el podio final, aquí hace 30 años vimos la mayor exhibición de la historia.
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