Ciclismo
El recorrido de la Vuelta 2025 no se hace desde la nostalgia
La Vuelta mantendrá para 2025 sus prioridades y el recorrido es el reflejo
Esta tarde volvemos a hablar sobre el recorrido de La Vuelta 2025. Como sabéis, la carrera saldrá desde el Piamonte y, de paso, convertirá a Italia anfitrión de una grande en tener las tres, y además en un par de años.
A diferencia de otras ediciones, conoceremos el recorrido de La Vuelta antes que el del Giro, del cual, por cierto, aún tenemos información muy contradictoria sobre su salida, patrocinadores y demás.
Y es ahí donde quiero ir, porque, más allá del recorrido de La Vuelta 2025, creo que ya tenemos una perspectiva clara para analizar tanto el presente como el futuro cercano de la carrera.
La Vuelta a España se ha consolidado como un producto moderno y atractivo, que ha sabido crear su propia marca. Para los que llevamos años siguiendo este deporte, hemos visto cómo la carrera ha pasado por diferentes etapas.
La primera, la más nostálgica, nos lleva a los meses de abril y principios de mayo, cuando la carrera traía a las grandes estrellas locales, pero rara vez contaba con algún gran nombre internacional.
Eso cambió hace ya 30 años, cuando la carrera se trasladó a septiembre. Desde entonces, las estrellas internacionales comenzaron a interesarse por La Vuelta, y desde entonces, prácticamente todos los grandes ciclistas han competido aquí, y lo han hecho en serio.
Hoy, si hay algo que distingue al ciclismo actual del de hace tres décadas, es que ahora no se perdona ni una. Todos quieren disputar, todos quieren ganar puntos, todos hambrientos de lograr el mejor resultado posible.
Dicho esto, y volviendo a la marca Vuelta, que no olvidemos que el año que viene cumple 90 años, hay que reconocer que la carrera ha hecho un gran trabajo.
Ha sabido marcar su sello con esas llegadas y etapas más cortas, ha cambiado el maillot de líder a color rojo, y ha conseguido salir de lugares realmente pintorescos que han acompañado perfectamente el camino que siempre quiso tomar.
En repetidas ocasiones le hemos preguntado a Javier Guillén sobre la posibilidad de volver a etapas de más de 200 km, contrarrelojes más largas o un mayor encadenado de montañas, y su respuesta siempre ha sido la misma: “La fórmula está funcionando, se está consolidando, y la audiencia nos respalda“.
Y más allá de lo que algunos puedan pensar, La Vuelta es un producto gestionado por una empresa privada, que, aunque reciba algo de dinero público de ciudades, diputaciones y comunidades para que pase por sus territorios, tiene que dar resultados positivos.
Y eso pasa por ser coherentes con lo que han sido hasta ahora.
El otro día decíamos que hay cosas que probablemente no veremos más en el ciclismo moderno. Como por ejemplo, etapas de 250 km por los Alpes. Así que no esperemos que La Vuelta nos sorprenda con algo completamente diferente, porque ya tiene un guion claro y establecido.
Los que manejan la prueba saben perfectamente lo que significa sacar adelante una carrera de este estilo, y no están para experimentos.
Así que, aunque la historia y la nostalgia son herramientas útiles para vender el ciclismo como un deporte centenario, la realidad es que este deporte sigue los pasos de cualquier otro deporte de masas.
Y, aunque a algunos nostálgicos nos pese, eso no va a cambiar.





