Ciclismo antiguo
Ediciones top del Tour: 1995 con Indurain
Aquel verano de 1995 el Tour tocó el cielo con Indurain
A veces no es solo la carrera, son las sensaciones, el momento y el recuerdo y yo del Tour de 1995 guardo grandes instantes.
Fue el año de la selectividad, verano limpio por delante, noches en vela y dormir rápido y al mediodía el Tour de Francia.
Para quienes crecimos con Indurain, Perico, la cultura del Reynolds, primero, Banesto, posteriormente, aquella edición fue mágica.
Indurain abordaba el Tour 1995 con la idea de equipararse al trío más grande de siempre, Anquetil, Merckx e Hinault en un recorrido que poco importaba en su caso, pues al final se demostró que todos le iban bien.
La carrera tuvo tres pasajes clave y para la eternidad.
El primero, Lieja…
Cómo recordar aquella etapa,
El ataque de Miguel, en las cotas de la Lieja, llevándose a rueda a Johan Bruyneel y volando él solo hasta meta.
Mantuvo el minuto de ventaja durante una persecución que se componía del susodicho por delante y varios equipos, en la retaguardia.
Muchos años después leí sobre el cabreo de muchos cuando vieron que Johan Bruyneel dio cuenta de la victoria en un ejercicio que no me atrevo a juzgar, pues al final las victorias pertenecen a quien se lo merece y las circunstancias apuntan, y ese día el belga estuvo donde debía.
El golpe de Lieja se combinó con la crono del día siguiente en Charleroi, más ajustada que otras, pero que complementada con la batida de Lieja le dio buena renta al nuevo maillot amarillo.
La maravilla de La Plagne
Ese día se fundieron los plomos.
Con Zulle escapado desde no sé dónde, Indurain se puso al frente al pie de puerto e inicio una gota malaya sobre sus rivales que cedían uno a uno, como gajos que salen de una mandarina.
Gotti, Pantani, Cubino, Rominger, Escartín, Lanfranchi… la carretera era un semillero de ciclistas impotentes ante la mejor exhibición que he visto nunca en un puerto de montaña.
Una exhibición que cerró el Tour o quizá no…
El desperfecto de Mende
Quedaban etapas de La Plagne a París para inquietar a Miguel Indurain y poner en entredicho su liderato.
La de Mende se volvió en su contra casi de inicio gracias al concierto que nos ofreció el equipo ONCE, desmelenado con Jalabert en punta de lanza y Mauri más Stephens tirando y tirando de él.
Aquel día Banesto sudó tinta para encontrar aliados que se sumaran a la caza de Jalabert, en uno de los mejores días que he visto de ciclismo.
Y es que ese Tour fue esa pieza que luce con luz propia en el corazón, una carrera que vivimos en toda intensidad en aquellos años en los que se empezaban a dar etapas en toda su integridad, permitiéndonos ver en directo el fatal desenlace para Fabio Casartelli en el Porte d´ Aspet.
Ya vamos camino de los 30 años de todo aquello.





Manel
24 de junio, 2024 at 22:00
El Tour del 95 estuvo a punto de perderlo Indurain en Ménde. Le fue de un pelo. Tal vez ya fuera un aviso de lo que sucedería en 1996.
Probablemente el Indurain del 95, ya no era el del 92, pero como seguía ganando….