Ciclismo
Clásicas: Quick Step quiere respeto
¿Volveremos a ver los Quick Step, hoy Soudal, delante en las clásicas?
La mística en las clásicas del Soudal-Quick Step no se entiende sin el barniz de los años, sin esa pátina de éxito que se forjó cuando el equipo era una extensión natural del pavés.
Hablamos de una estructura que es heredera directa del Mapei, de aquel bloque que convertía el bosque de Arenberg en su patio con Museeuw, Tafi o Ballerini.
Durante décadas, el equipo de Patrick Lefevere no solo corría las clásicas, sino que las gobernaba bajo una dictadura de superioridad numérica y táctica que parecía inexpugnable.
Sin embargo, el ciclismo ha mutado en una dirección donde el peso de la historia ya no garantiza el podio.
La irrupción de figuras intergeneracionales como Tadej Pogačar y Mathieu van der Poel ha dinamitado el viejo orden, dejando al Quick-Step en una posición de vulnerabilidad inédita, obligándoles a mirar al espejo y reconocer que el brillo de los tiempos de Tom Boonen o Niki Terpstra queda ya demasiado lejos en el retrovisor.
Están todo el día persiguiendo.
El arranque de la campaña de clásicas con la Het Nieuwsblad supone para la escuadra belga algo más que el inicio del calendario; es una cuestión de orgullo herido.
Tras años de sequía en los monumentos de adoquín, donde apenas han podido ser actores secundarios frente al despliegue de fuerza bruta de los nuevos capos, el equipo busca una suerte de renacimiento interno.
La estrategia ya no pasa por el control absoluto, sino por recuperar esa agresividad coral que les permitía asfixiar a los rivales.
En el seno del equipo son conscientes de que el sábado empieza una reválida necesaria.
No se trata solo de volver a ganar, sino de recuperar la identidad perdida en un pelotón que vuela más rápido que nunca y que no espera a los que se quedan anclados en la nostalgia de los tres tripletes en Roubaix.
La transición hacia un equipo volcado en las grandes vueltas con Remco Evenepoel ha dejado cicatrices en su bloque de primavera.
Aun así, la estructura de Lefevere se resiste a claudicar en su terreno predilecto.
El plan para este fin de semana inaugural no admite medias tintas: deben golpear fuerte desde el inicio.
La historia del Quick Step es la historia de la ambición en el barro, y aunque sus nombres hoy parezcan menos rutilantes frente a las estrellas del momento, el peso del maillot sigue obligando a ser protagonistas.
En el ciclismo moderno, donde el talento individual parece devorarlo todo, el Soudal busca demostrar que el colectivo aún puede ser la respuesta al dominio de los elegidos.
Como antaño.
El sábado, en el camino hacia Ninove, sabremos si el gigante belga ha despertado de su letargo o si sigue cautivo de su propio pasado.





