Ciclismo
Gran Canaria en bicicleta: 10 motivos
En pocos sitios la bicicleta campa como en Gran Canaria
Gran Canaria no es un destino ciclista más, es un examen a conciencia sobre dos ruedas en mitad del Atlántico.
Tras varios viajes recorriendo en bicicleta la isla continente sabemos distinguir entre el decorado y la sustancia, y esta isla tiene de lo segundo para regalar.
El primer motivo para aterrizar aquí es la desconexión total del invierno europeo; mientras el continente se congela, la isla ofrece un microclima que permite rodar de corto sin que parezca un acto de fe.
Sin embargo, no hay que engañarse con la suavidad del termómetro, porque el segundo argumento es su orografía extrema.
Aquí no existen los llanos de cortesía; la isla es una pirámide de roca donde cada metro ganado se paga con sudor real, si quieres llanos, búscalos en Maspalomas, a ambos lados, pero sin salir de la costa.
Esa verticalidad nos lleva al tercer punto: la posibilidad de pasar del nivel del mar a casi dos mil metros de altitud en un solo esfuerzo continuado, algo que pocos lugares en el mundo permiten con esa fidelidad.
Seguimos por la red de carreteras secundarias, un laberinto de asfalto que serpentea por barrancos que parecen sacados de una película del oeste, ofreciendo una soledad que el ciclista siempre busca.
En quinto lugar, destaca el icónico Valle de las Lágrimas, una ascensión que es puro misticismo y dolor, un nombre que hace justicia a la agonía de sus rampas y que todo ciclista debería intentar al menos una vez para saber dónde están sus límites.
Como sexto punto, valoro la infraestructura especializada; la isla ha entendido que el ciclista no es un estorbo, sino un invitado que requiere servicios específicos, desde alquileres de gama alta hasta hoteles que no te miran raro por subir la bicicleta a la habitación.
Vamos con séptimo motivo: la luz, esa claridad atlántica que permite ver el Teide en el horizonte, recordándote lo pequeño que eres frente al océano.
Cómo no, la gastronomía local actúa como el combustible perfecto, lejos de las dietas de gimnasio, aportando esa energía necesaria para afrontar jornadas de cuatro mil metros de desnivel.
Todo ello ha creado la comunidad; rodar por Ayacata es cruzarse con profesionales y aficionados de medio mundo, compartiendo un código no escrito de respeto.
Finalmente, el décimo motivo es el regreso: uno no vuelve de Gran Canaria igual que fue, vuelve con las piernas más duras y la mente más limpia, convencido de que el ciclismo, cuando es difícil, es mucho más verdad.





