Ciclismo
Ciclistas y conductores en la carretera, la guerra no es una opción
Los ciclistas y conductores no sacarían nada bueno de un enfrentamiento en la carretera
Un día, cenando con unos amigos, no hace mucho una amiga que frecuenta me dijo: “En serio que los ciclistas me caen fatal“.
No me esperaba, sinceramente, esa andanada sin previo aviso, sin control.
Pero fue así, y me hizo tomar conciencia, una vez más, de la imagen que se tiene de los ciclistas en la carretera, por parte de los conductores y también de otros actores de la vía.
Lo comentábamos el otro día en el podcast, en la charleta de “A cuchillo”, sobre cogerle la rueda a alguien en la carretera y acabamos hablando de ir de dos en dos en una grupeta bloqueando el paso de los coches al límite de su paciencia.
Sé que la normativa lo permite, que es legal y esas cosas, pero…
Han rulado por las redes vídeos de un impresentable -por ser educado- andorrano a los mandos de un Ferrari haciendo coña de su convivencia con los ciclistas en la carretera.
Su broma y “humor” llegó al hecho de llevar la cuenta de ciclistas atropellados en la carrocería de su coche, una caricatura de hasta dónde se están desmadrando las cosas para algunas mentes huecas con muchos seguidores.
Pensé, cuando veía su “coña” en familias, mujeres e hijos vinculados a esos palitos que él contaba con desdén y se me partía el corazón.
Leí el otro día que crece el odio a los ciclistas en las carreteras y entre los conductores, en especial.
Crece porque se hace viral.
Se da la circunstancia que el payo andorrano que está en boga estos días no deja de ser un meme, un chiste, pero corremos el riesgo de generalizar.
Y estaríamos equivocados, mucho, porque la guerra en las carreteras no es una opción, ni para los ciclistas, ni para los conductores.
Primero por pura y dura convivencia social de dos colectivos que entran en conflicto.
Segundo por que muchos de los conducen un coche son ciclistas en otros momentos o tienen algún conocido que sale en bicicleta.
Es tan sencillo como que se impone una convivencia que, aunque algunos se empeñen en echar por tierra, no ofrece otra salida.
Y eso es así en Andorra, Mallorca o donde quiera que pase uno con su bicicleta.
Ser educados, poner sentido común y tener toda la precaución del mundo son premisas indiscutibles, todo lo demás es buscarle la ruina a este colectivo que quiere pasar un rato sobre su flaca por la ruta.
Recordad tantos y tantos episodios que han acabado mal o cerca de la tragedia, no es de recibo salir con los nervios a flor de piel cada vez que se toma una ruta para el puro y duro disfrute de la bicicleta.




