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Ciclismo: No hay monumento malo
Cada monumento tiene elementos y tiempos para considerarse imprescindible
Que el Giro de Lombardía sea el quinto monumento de cada temporada, que haya que esperar a octubre para disfrutarlo, que pille a muchos grandes nombres sin la forma necesaria, le hace ser el patito feo de los cinco monumentos del ciclismo.
Fuera de la época natural de las grandes carreras de un día, Lombardía se ha identificado con otros valores e historias.
En estos últimos veinte años, ha pasado de ser una carrea muy atractiva a atravesar ciertas ediciones de tedio y sopor hasta la llegada de la generación actual y en especial de Tadej Pogacar, su gran dominador, encaramado en lo más alto con el mismísimo Fausto Coppi.
El dominio del esloveno en estos lares no es diferente al de otros escenarios, ejerciendo de martillo, a cada edición mejor, lo que ha implicado leer algún comentario peyorativo de la carrera en la previa de estos días.
Sin embargo no puedo estar de acierto, y ante la tesitura de qué monumento de ciclismo es el peor, no tendría respuesta.
Cada uno tiene lo suyo, cada uno su atractivo, su mística, leyenda y campeones…
Milán-San Remo es la primavera, también denostada muchas veces, sobretodo en una inútil comparación con la Strade Bianche.
Su dificultad radica en la aparente carencia de dureza que tiene, dándose el caso que el mejor ciclista de la actualidad no la ha ganado aún.
Aunque ha pasado por ediciones resueltas muy al final, estos últmoos años nos da los últimos mejores 20 kilóemtros de la campaña.
Tour de Flandes es un festorro que ha sobrevivido al cambio de recorrido con éxito.
Cada primer domingo de abril ofrece una carrera llena de matices, aunque el dominio de Mathieu Van der Poel, sólo superado por Pogacar de forma puntial, le ha quitado la incertidumbre de otras veces.
París-Roubaix ofrece un argumento similar al de Flandes con King Mathieu.
El machaque del neerlandés este año, sumado a lo del año pasado, hace muy difícil considerar otro favorito que no sea él.
Lieja-Bastogne-Lieja ha recuperado esplendor con Tadej Pogacar y Remco Evenepoel.
Ausente del guión muchas veces, el Col de la Redoute ha vuelto a ser decisivo en estas ediciones, con gente capaz de arriesgar desde el mismo hasta meta.
No hace tanto que Lieja se había consolidado como una carrera venida a menos en emoción, sobretodo en las llegadas de Ans, con todo muy centrado en el final.
Las tornas han cambiado.
Y llegamos a Lombardía que sí, acaba de ofrecernos una edición colapsada por Pogacar, pero que nos ha dado carreras excelentes, el año pasado con los eslovenos, hace dos con el mismo Pogacar frente a Mas y Landa o aquella persecución enorme de Pinot y Nibali.
Es cierto, no es el objetivo a priori de nadie, pero que la haya ganado el mejor ciclista del mundo estos años es el mejor exponente para explicar su imperecedera grandeza.




