Ciclismo
El increíble Lombardía de Quinn Simmons
Quinn Simmons, el último en ver a Pogacar en Lombardía
Hay días en los que un ciclista firma algo más que un resultado.
En Lombardía, Quinn Simmons no ganó, pero fue, sin discusión, el protagonista absoluto de la carrera.
Mientras todos esperaban el enésimo recital de Tadej Pogacar, el americano decidió que su nombre también quedaría grabado en esta edición: atacó desde el kilómetro cero, y no se bajó de la fuga hasta que el esloveno le pasó de largo, ya en los últimos kilómetros, rumbo a su quinta victoria consecutiva en el Giro de Lombardía.
Simmons hizo 241 kilómetros al frente, más de 4400 metros de desnivel positivo, con una media de 41,4 km/h y 350 vatios de potencia media durante casi seis horas de esfuerzo.
Cifras de otro planeta, que hablan del nivel físico y mental del corredor del Lidl-Trek.
En la bajada de Sormano tocó los 85 km/h, y aún así guardó lo justo para ser cuarto en meta, por delante de muchos nombres ilustres que apenas asomaron por televisión.
Fue, en cierto modo, el último hombre en resistir a Pogacar.
Cuando el campeón del UAE decidió que era su momento, Simmons fue el único que aún quedaba delante, el último testigo del paso del ciclón esloveno.
Se le vio retorcerse, apretar los dientes, vaciarse… pero también disfrutar.
Porque hay fugas que valen más que un podio, y ésta fue una de ellas.
En un ciclismo cada vez más calculado, Simmons representó la vieja escuela, la del que ataca porque sí, porque puede, porque no sabe correr de otro modo.
Su cuarto puesto vale como una victoria moral, el premio al coraje de quien decidió ponerle alma a una carrera que, por momentos, pareció escrita solo para Pogacar.
Y así, entre los muros de Lombardía, Simmons firmó su propia hazaña: el último en ver a Pogacar, el primero en ganarse el respeto de todos.
Imagen: FB Il Lombardia






