Ciclismo
Al ciclismo le sienta muy bien los niños
Que los niños pida un autógrafo o un bidón sigue siendo la esencia del ciclismo
Llamadme viejo, nostálgico… lo que queráis, pero cuando veo la foto que ilustra este artículo, un niño con varios ciclistas dibujados en un cuaderno, esperando que le firmen los protagonistas del retrato, recupero la fe en el ciclismo.
Porque sigo el ciclismo desde niño, desde muy niño y el crío apostado en la valla de la preciosa Morella con ese cuaderno, me recordaba a mí cuando perseguía a Pepe Recio, Peio Ruiz Cabestany o Perico Delgado, aún en el PDM, por las calles que rodeaban el mercado de Sants.
Hay cosas que no pueden cambiar, la tecnología, la vida en general, todo lo que queramos, pero la ilusión, esa llama que prende de no se sabe dónde, sigue siendo el motor de todo.
Hay mil motivos para acercarse a ver una carrera ciclista.
El tinglado que se monta es interesante, hay música, speakers, coches yendo y viniendo, policias, vallas…
Hay jaleo, mucho jaleo, y cualquiera puede acercase.
El otro día en Barcelona, bañistas de la Vila Olímpica salían en estampida ante la amenaza de lluvia entre los coches de los equipos.
Pasaban como si tal cosa por delante de los mejores ciclistas del mundo.
Al lado, en uno de los buses de la organización, el hijo de un ViP le decía a su madre, “mira el Alpecin, aquí corre Van der Poel”.
La madre se impresionaba por cuántos nombres de ciclistas sabía su retoño.
Niños en carreras, niños viendo ciclismo, hay que traerlos y cuidarlos, porque lo que les pase en esta experiencia en la carrera les marcará para siempre en su relación con el deporte más hermoso del mundo.
Ver a ese chaval en Morella, creo que le firmaron unos cuantos, con esos dibujos en un papel, pintados a mano, me conecta con aquellos años que volvía a casa emocionado con las firmas de Iñaki Gastón, Sean Kelly y José Luis Laguía.
Sin duda, la mejor foto de la etapa de ayer en #LaVuelta23 pic.twitter.com/1ce3HO0wst
— Alberto Marcos Gallego (@albermg) August 31, 2023
Hace unos años sacamos en este mal anillado cuaderno aquellos chavalillos que se saltaron un par de horas de clase para ir a ver salir la Volta de Mataró.
Uno iba con una lista escrita a mano con los ciclistas cuyo autógrafo quería.
Aquellas imágenes me dieron una alegría enorme, un soplo en medio de un deporte que se ha convertido en máquinas de rendimiento y ratios de esfuerzo.
Seguro que ese niño, como los otros niños, como yo cuando era crío, nunca olvidará el día que el ciclismo fue a verle a su pueblo.
Imagen: UNIPUBLIC / SPRINT CYCLING AGENCY






