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Ciclismo antiguo

Ciclismo colombiano: el camino hasta Egan Bernal ha sido largo

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Egan Bernal Tour JoanSeguidor
DT – 2022 post

En el camino al éxito del ciclismo colombiano contribuyeron muchos nombres

Cualquier amante del ciclismo no puede pasar por alto lo que ha sido, es y amenaza ser el ciclismo colombiano.

Ésta es la historia de un éxito, un cuento de final feliz y la demostración de que al final lo que estaba por llegar, acaba llegando.

Porque la victoria de Egan Bernal es presente, pero sobretodo futuro y sin embargo nadie olvida las raíces de este ciclismo colombiano que llegó hace un tiempo, como nota exótica, para instalarse en plazas nobles.

Quien evite hablar de Fabio Parra, Lucho Herrera, Martín Farfán, Patrocinio Jiménez, Pacho Rodríguez, Oscar de Jesús Vargas y tantos otros que cogieron los primeros rescoldos de un ciclismo que hervía en talento y ganas de comerse el mundo no le hace un retrato completo al éxito de Egan Bernal.

2019: ¿Por qué el ciclismo colombiano puede seguir creciendo?

Porque Egan Bernal no conoció a los escarabajos, nació en el 97, como otros tantos, como Hodeg, Gaviria, Molano y Sosa, perlas de ese camino que tenemos la sensación de que no encuentra sombra y sin embargo lleva mucho tiempo haciéndose.

 

Como nos dijo un día, nuestro compañero Milo, desde la misma Colombia, Fabio Parra fue posiblemente la primera gran personalidad colombiana en el Tour de Francia.

No tuvo el lustre, ni los titulares del jardinerito, pero ganó plazas de éxito, aquel Tour tercero con Perico en lo más alto, un Tour que para muchos, allá del océano, debería ser de Parra.

Fabio Parra fue el gran rival de Perico, el hombre que casi reedita la Vuelta de Lucho Herrera, sólo dos años después, con aquel episodio de la Sierra de Madrid e Ivanov, el ruso que tuvo un precio.

Fabio Parra convivió, quizá algo en la sombra, con el vuelo del escalador que descubrió el papel de los escarabajos en suelo europeo, Lucho Herrera, un puñal, una daga en el corazón de ese viejo ciclismo que conquistaron la cima alpina de Lans-en-Vercors, Tour de 1985.

Herrera ganó la primera grande colombiana de siempre, aquella Vuelta del 87, pero fue Parra quien, sin saberlo, marcó el arquetípico ciclista colombiano que marcaría la senda del éxito.

Con ese estilo alargado sobre la bicicleta ligeramente chepudo, algo parecido al bueno de Egan, Fabio Parra se desenvolvió muy bien en las cronos para lo que eran los estandartes del ciclismo colombiano en aquella época.

Corredores menudos, ratoneros, indomables, como Martín Farfán, compañero de Parra en el Kelme, una auténtica guindilla sobre la bicicleta.

 

Ambos bebían del éxito de Alfonso Flores en el Tour del Provenir.

Eso fue en 1980.

Una victoria que supuso un antes y un después.

Tres años más tarde, el ciclismo colombiano corría uno de los mejores Tours de la historia, aquel de Fignon, el primero.

Luego el asalto de la Vuelta y el Giro, por medio, la victoria de Martín Ramírez, en los morros de Hinault, en el Dauphiné de 1984, año que vio la victoria de Lucho Herrera en la Cima del ciclismo, Alpe d´ Huez.

Aquel ciclismo, el ciclismo colombiano, se hacía hueco a golpe de riñón, calidad y ataques memorables.

Una explosión patrocinada por Café de Colombia, y su icónico mecenazgo de la montaña del Tour, por Postobón, lamentablemente fuera del ciclismo en estas fechas, y Pony Malta.

Una explosión que tuvo España como hub para entrar en Europa: Kelme, Zor, Teka y Reynolds confiaban en aquellos peleones colombianos.

 

En los noventa el ciclismo colombiano estabilizó el éxito y cinceló nuevos campeones que bebían de todas las fuentes.

Escaladores dotados de talento y clase a espuertas como Oliverio Rincón y ciclistas más completos tipo Hernán Buenahora y Álvaro Mejía, muy cerca de pisar un podio del Tour si no fuera por aquel polaco que hacía «la goma» como nadie, Zenon Jaskula.

De aquellos mimbres surgió un contrarrelojista de talla mundial, y así textualmente, Santiago Botero, el hombre de los desarrollos imposibles, y un buen velocista como Leonado Duque.

Pero el abanico se abrió.

Tras unos años de comparsa, el ciclismo colombiano volvió a florecer, de forma además irremisible, irremediable, casi abrumadora.

 

Porque ahora mismo el ciclismo colombiano pone un peón en cada partida y rara vez no saca algo en claro.

Año 2010, Nairo Quintana gana el Tour del Porvenir, es un aviso, un punto de inflexión: tres años después el pequeño y tostado escalador es segundo tras Chris Froome en el Tour de Francia, al año siguiente gana el Giro de Italia, con Rigoberto Urán, segundo.

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Nairo reúne desde entonces el mejor palmarés de siempre en un ciclista colombiano: Volta, Tirreno, Romandía y una Vuelta a España, como guinda a lo más destacado.

El ciclismo colombiano se hace usual en las grandes carreras y el extremo de su poder lo marca Fernando Gaviria, ganando etapas por donde pasa, incluido el Tour y Giro.

Un colombiano rápido y pistard, también existe.

Como Alvaro Hodeg, quien ganara enteros en su equipo.

Es la punta del iceberg, la prueba de que la especie mejora.

La desconocida historia del ciclismo colombiano

Una especie que tiene su origen, Milo también nos lo contó, Efraín Forero, el «Zipa» le llamaron, y su época son los años cincuenta.

Con él empezó la Vuelta a Colombia y posiblemente la parte más visible del romance colombiano con la bicicleta.

Él estuvo antes que el celebrado Cochise, el compañero de Gimondi.

Por cierto ¿sabéis de dónde era el Zipa?, de Zipaquirá, el mismo pueblo de Egan Bernal.

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Ciclismo antiguo

El amarillo no es un color cualquiera en el ciclismo

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DT – 2022 post

Alguien un día dijo que el amarillo fuera el color del ciclismo

Es aleccionador el recordar los orígenes que tuvo la denominada camiseta de color amarillo para distingue al líder del Tour de Francia, la máxima competición internacional con que cuenta el ciclismo.

Fue necesario que pasaran a la historia una docena de ediciones, las primeras, hasta que un personaje desconocido en el cuadro representativo de la organización de la citada prueba, llamado Alphonse Baugé, un ex campeón de medio fondo, le planteara al director de la carrera, Henri Desgrange, la idea de que el gran público pudiera distinguir de buenas a primeras al que era primero en la clasificación general de la carrera por etapas. Nada mejor que implantar una vestimenta distinta que pudiera ser vislumbrada o distinguida desde lejos, siquiera, aunque fugazmente, en el seno del gran pelotón.

Los aficionados, los espectadores de la contienda que se cuentan a miles y miles al borde de la carretera, desean distinguir, dilucidar con sus propios ojos de una manera un tanto obsesiva en dónde se encuentra el ciclista que luce la casaca amarilla de oro, que identifica al líder de la carrera, todo un símbolo que acapara una merecida popularidad. El vestir este color, una tradición ya lejana, suponía alcanzar un anhelado  honor que atraía con especial énfasis a las gentes; fuera su portador un ciclista  importante o no lo fuera.

El ser el primero en la tabla de una competición de esta índole, automáticamente es algo que siempre se ha bien valorado en su justa medida.

Era necesario, alguien dijo, que la prenda fuera de tonalidad lindando al amarillo real, un amarillo fuerte y un poco oscurecido”. ¿Y por qué motivo se exigía precisamente esta tonalidad? La decisión vino a raíz de que aquel color era el mismo que imperaba en las páginas del periódico fundador del Tour de Francia: el rotativo “L´Auto”.

También se determinó que se estamparan en la misma camiseta y en letras mayúsculas las siglas H.D., al objeto de rendir homenaje al fundador y director de la mencionada carrera por etapas, un hombre todo genio y figura en su época: el histórico protagonista Henri Desgrange.

Esta fórmula, aunque nueva, también fue imitada algo más tarde por los dirigentes organizadores del Giro de Italia. El líder de la carrera transalpina viene vistiendo de tiempo una camiseta de color rosa, al igual que las hojas del periódico fundador: “La Gazzetta dello Sport”.

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El primero en enfundarse la camiseta amarilla en el Tour fue el francés Eugène Christophe, precisamente en el año 1919; es decir, dieciséis años más tarde con respecto a la primera edición, celebrada en 1903. Lo hizo a partir de la cuarta etapa, Brest-Les Sables d´Olonne, la cual conservó sobre sus espaldas hasta la penúltima jornada, en la Estrasburgo-Metz, pasando la elástica de líder a ser propiedad definitiva del belga Firmin Lambot, que fue el vencedor absoluto de aquel Tour.

El bravo ciclista galo Christopher no pudo defender su liderato y la valiosa prenda amarilla al sufrir un inesperado y contundente desfallecimiento. Debió contentarse con ocupar el tercer puesto en la clasificación final, en la apoteosis de París.

Sirva de curiosidad el saber que en el año 1948, el italiano Gino Bartali se adjudicó el Tour por segunda vez tras transcurrida una decena de años.

Hubo una firma de lanas denominada “Laines Sofil” que patrocinó su cometido aportando 10.000 francos por día al que fuera portador de la camiseta amarilla.

Fue a partir del año 1970, en el Tour que ganó con facilidad el belga Eddy Merckx, cuando se dio luz verde para que las empresas colaboradoras pudieran plasmar sus siglas de marca en la misma camiseta de líder, aportando una cantidad económica muy substancial.

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Por otra parte, cabe señalar aquí que precisamente el belga Eddy Merckx, vencedor por cinco veces de la ronda francesa (1969, 1970, 1971, 1972 y 1974), ha ostentado un récord muy particular: el vestir y lucir aquella camiseta durante 96 días. Con cinco Tours en su haber la cifra alcanzada fue fácil de conseguir.

A modo de distinción en torno a los ciclistas españoles, nos cabe el honor de mencionar al catalán Miguel Poblet, que fue el primero de nuestros representantes que se vistió de amarillo.

Hemos de retroceder al año 1955, tras adjudicarse la primera etapa que trasladó a los corredores de población de Le Havre, que posee un importante puerto marítimo, a la ciudad norteña de Dieppe, que linda con el Canal de la Mancha.

Poblet lució tal prenda durante un par de días, perdiéndola a manos del holandés Wout Wagtmans. Es curiosidad el exponer que Poblet cerró el mencionado Tour con otra victoria, vivida en el Parque de los Príncipes de París, término de la última etapa. Asistieron en su conclusión más de 70.000 espectadores que aplaudieron con entusiasmo a su ídolo, el francés de Bretaña Louison Bobet, que acababa de conquistar su tercer triunfo consecutivo en la ronda gala, algo que los aficionados de nuestro vecino país y nosotros no hemos olvidado.

Por Gerardo  Fuster

Imagen: A.S.O./Charly Lopez

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Ciclismo antiguo

Pocos ciclistas impactaron como Jan Ullrich

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DT – 2022 post

Jan Ullrich fue tan poderoso como efímero en lo más alto del podio

No hace mucho dijimos que Jan Ullrich fue lo más brutal que vimos desde Miguel Indurain y, 25 años después de su Tour, seguimos en las mismas.

Quiso el azar que a segunda mitad de los vilipendiados años noventa viera la colisión de los dos talentos más grandes que ha tenido este deporte en los últimos cuarenta años: Miguel Indurain y Jan Ullrich.

Fue un choque muy desigual, reducido al Tour de 1996, una de las ediciones que flotan en la polémica perenne con un danés sentenciando la carrera en Hautacam ¿Os suena la película?

Al margen de todo ello, aquella carrera tuvo un ganador real y otro moral.

En el declive de Indurain, emergió un corredor que podía hacerlo todo, tirar del grupo de los mejores por kilómetros y llegar con ellos hasta el final, un escalador potente y pesado, de desarrollo largo, una bruta bestia, que diría Ares, que en la contrarreloj no hacía presos.

Jan Ullrich explotó de tal manera, en esos días, que sigo pensando que fue uno de los motivos para que Miguel Indurain diera un paso al lado.

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¿Qué habría sido del Tour 1997 si ambos hubieran estado de dulce?

No lo sabremos, aunque una cosa es cierta, lo que vimos en aquella edición, hace 25 años de eso, pasó a los anales como una de las palizas más hirientes jamás vistas.

El tramo que va desde Andorra a Saint Etienne es un chorreo en toda regla, como yo creo que nunca he visto nunca más.

Con Riis lejos del nivel de antaño, ya en la primera de los Pirineos, Ullrich ejerce de patrón sin el uno a la espalda.

En Arcalis, se acabarían las bromas. el alemán, campeón de su país ese año, abrió gas y destrozó los sueños de Pantani y Virenque en su terreno: les envió más allá del minuto en una etapa concluida tras 250 kilómetros.

A los pocos días en Saint Etienne, «diferencias Indurain» con éste retirado

Ullrich le tomó más de tres minutos en 55 kilómetros a ambos escaladores en una exhibición en la que Olano, especialista total, estuvo casi en los cuatro minutos de pérdida.

Esas eran las carnicerías que dejaba Ullrich a su paso, golpes de efecto que a veces le jugaban malas pasadas, como cuando salía a rueda de Pantani, volando en Alpe d´Huez, para reventar y pasar a controlar los daños.

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Su reinado se presumía largo y duro, pero nada hubo de eso.

Ullrich quedó rápido apeado del trono, esa mala cabeza que mostró en etapas como en los Vosgos, la ineptitud de Virenque aquel día le salvó, le traería de cráneo durante toda su vida.

Ver a aquel ciclista de 1997 fue lo más parecido a Indurain que recuerdo, 25 años después lo sigo pensando.

Aunque no volvería a ganar el Tour, hizo pequeños los registros de Poulidor batallando hasta el final y de buena lid con Pantani -memorable su ataque en la Madeleine- y Armstrong, en los Tours que no salen en los libros.

Queríamos acordarnos de este monstruo que esperemos esté mucho mejor y muy alejado de los entornos en los que le hemos visto no hace tanto tiempo.

Imagen: NDR

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Ciclismo antiguo

«Monsieur Anquetil, no le pedimos que pierda, sólo que no despliegue todo su potencial»

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DT – 2022 post

A Jacques Anquetil le pidieron que no abusara de los rivales

Ese día a Anquetil le llegó una propuesta tremenda.

En Lugano cuando el cielo luce azul, el sol entra por entre las crestas del Ticino y el agua refleja una luz que no calienta, pero sí reconforta.

Una luz de esas que llena el alma e inspira.

Lugano, en el vértice italiano de la confederación helvética, acoge su gran premio, una suerte de mundial oficioso contra el crono que Jacques Anquetil tuvo a bien dominar durante más de media década.

Encantados, pero asustados, los organizadores del evento, no saben cómo aproximarse a la estrella normanda.

Jacques, maitre Jacques, el señor del reloj, el estilista que cinceló la imagen perfecta del hombre sembrado sobre la máquina, la perfección perenne que medio siglo después seguirá como los cánones clásicos, sin perturbarse por las modas.

Temor, como decimos en los garantes del evento.

Temor porque sospechan que el astro va a copar la clasificación.

Sinuosos se escurren ante Anquetil.

Le vienen a decir: “No decimos que pierda, sólo que no despliegue el potencial de su enrome talento”.

Eso tenía un precio, una media verdad que no mintiera al público, pero que le hiciera humano, que le diera emoción. Anquetil pacta un precio por su no victoria.

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El pacto de bambalinas no saldría de entre los firmantes, pero Anquetil riza el rizo.

Tiene en Ercole Baldini, italiano, elegante, querido en la zona y uno de los mejores bajadores de los tiempos, su posible gran rival.

Al final sería Gianni Motta el segundo.

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De cualquiera de las maneras, con Ercole pacta otra prima, parte del premio de éste por “no desplegar el potencial de su talento”.

Ya son dos bolos más el fijo de salida.Pero el día pinta fenomenal, la gente aclama a maitre Jacques y al final gana, porque no podía ser de otra manera, es el mejor y los arreglos, tan traídos en la época, no funcionan.

Le maitre se lo guisa y se lo come, se lleva el premio del primero, sin necesidad de ofender a la concurrencia, dándole pábulo a una cierta emoción.Todo queda como lo establecido, Jacques Anquetil es siete veces ganador en Lugano, esas marcas que nadie osaría igualar, porque como el tiempo demostró no son de este mundo.

Ésta es una de las historias de «La soledad de Anquetil», el excepcional libro de Paul Fournel dedicado al primer quíntuple ganador del Tour de Francia.

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Ciclismo antiguo

La inédita y olímpica historia de Christa Luding y Clara Hughes

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DT – 2022 post

Christa Luding y Clara Hughes han sido campeonas olímpicas de ciclismo e invierno

La historia por poco sabida no merece ser omitida. El día que los Juegos Olímpicos coreanos echaron el cierre, hace ua cuatro años, con una fenomenal final de 50 kms de esquí nórdico, queríamos acordaros de dos campeonas olímpicas que las cuñas de Eurosport nos recordaron esos días porque lo fueron de invierno y verano, y en verano lo consiguieron en las pruebas de ciclismo. Hablamos de Christa Luding y Clara Hughes.

La primera era alemana del este, la antigua RDA, en tiempos en los que los mapas de geografía política en Europa borraron fronteras marcadas desde el mismo final de la Guerra Mundial.Christa Luding fue patinadora y ciclista de velocidad. Es una de nuestras campeonas olímpicas.

Christa Luding fue fija en los podios de los ochenta e inicios de los noventa

Su leyenda empieza como patinadora de velocidad. Medio kilómetro y kilómetro, medallas de oro en Sarajevo 1984 y Calgary 1988.Ese mismo año sería plata en la final de velocidad en Seúl 88, la primera olimpiada coreana y la anterior a la de Barcelona, en el 92, como la de Albertville, donde sería bronce de patinaje velocidad en 500 metros.

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Clara Hughes es una leyenda en Canadá

La otra protagonista es de Winnipeg. Es una leyenda, una celebridad en un país de honda tradición olímpica, como es Canadá.De hecho, Clara Hughes fue la abanderada en los juegos de Vancouver 2010.

Los juegos de casa, como Chris Hoy en Londres.Para tal honor, Hughes, subcampeona del mundo de contrarreloj en Tunja, año 1995, donde Indurain y Olano, ya había pisado podios olímpicos.

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En Atlanta, año 1996, se colgaría dos medallas de bronce en las carreras de carretera, crono y ruta, pero con el tiempo se pasaría a patinadora de distancias más largas que Luding.Hughes ganaría medallas desde Salt Lake City, año 2002, a Vancouver, año 2010.

Por medio, en Turín, 2006, entraría en la galería de campeonas olímpicas: oro en los 5000 metros.

Con la final de hockey hielo aún resonando, las emociones del frío y deslizante, hemos querido tener una esquinita de estos preciosos juegos en este mal anillado cuaderno que es El Velódromo.

Imagen: Olympics

 

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El Tour 83 queda lejos en el calendario, pero cerca en el recuerdo.
Una edición en la que las diferencias parecían un acordeón, con subidas, bajadas y petadas históricas
En ese caos , se creció Arroyo...

https://www.ivoox.com/angel-arroyo-el-tour-1983-audios-mp3_rf_90672277_1.html

#PodcastJS con @Tuvalum

Con el debut de Juan Ayuso en la Vuelta pasa lo mismo que con Carlos Rodríguez. Está integrado en un equipo top, con bazas y gente experimentada.
Lo que le llegue bien, pero por el momento es su primera grande y está en el sitio perfecto para aprender

https://joanseguidor.com/vuelta-2022-juan-ayuso/

Elia Viviani no es el mejor velocista de su época, pero lleva años batiéndose con los mejores, aunando un palmarés de + 80 victorias y mimando la pista, siendo puntal del éxito italiano.
Ayer fue campeón europeo de eliminación tras ser top10 en el fondo

https://joanseguidor.com/elia-viviani-europeo-eliminacion/

Egan Bernal ya está de vuelta, Dinamarca le espera.
Como si quisiera rendir visita al vigente ganador del Tour para volver a la casilla de salida

Gran Fondo Encamp Pas de la Casa 18 set. el mejor test previo a @QHyTR #quebrantahuesos
La suspensión de la QH ha apretado el calendario que pasa 24 set. El @granfondoepc  18 set. representa un test perfecto puesta punto final @granfondoepc @ComuEncamp @JoanSeguidor @ccvolata

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