Ciclistas
Se va Rigoberto Urán, se va un pionero
La retirada de Rigoberto Urán ahonda en el momento raro del ciclismo colombiano
¿Qué le hacemos al ciclismo cuando un tipo del carisma de Rigoberto Urán decide colgar la bicicleta?
Hay retiradas y retiradas, algunas se digieren mejor, otras no tanto, pero lo que está claro es que cada una deja un huequito que en el caso de Rigo no es pequeño.
Hace diez años, tanto que nos gusta mirar atrás, el ciclismo colombiano era una locura, cada año surgían nombres y nombres en todos los lados, en cada dirección, recordad a Betancur, Arredondo, los Henao, Gaviria desde el velódromo sumándose a Nairo, Chavez y cia.
Cuando todos estos empezaban, Rigo llevaba unos años “predicando en el desierto”, pues el ciclismo colombiano ya no brillaba como en la segunda mitad de los ochenta e inicios de los noventa.
Recordad aquel Tour 2009, cuando el chaval aquel de pelo largo del Caisse d´ Epargne, con los años Movistar, aguantaba en el grupo de Contador, los Schleck, Nibali, Lance Armstrong y Wiggins.
22 añitos le contemplaban y ya daba que hablar, como quince años después.
Por medio un legado deportivo incuestionable, con podios en Giro y Tour, con etapas en las tres grandes, con instantes icónicos, como el oro que le rebaña Vinokourov en Londres 2012 o la tremenda caída que protagonizó en el famoso Mundial de Florencia.
Pero más allá de esos resultados, de los podios y de las 17 victorias, su poso humano es incuestionable.
Rigoberto Urán ha sido un ciclista que ha excedido los límites naturales de su deporte, con un carisma que iluminaba y una inteligencia que ha sabido proyectar más allá del oficio, con negocios que creo y espero le vayan bien, pero que le definen como mucho más que un ciclista.
El ciclismo que deja Rigo no es tan proclive para los suyos como hace una década, con buenos ciclistas pero alejados de los grandes podios, con Nairo y Chavas, a estas alturas, sin haber firmado y con muchos interrogantes de cómo Colombia gestionó la continuidad de sus estrellas con nuevos jóvenes.
Pero eso ya es colateral para Rigo, ahora a vivir la vida de la que el ciclismo seguro le privó, sacando brillo a esa carrera que se ha sabido construir con su carisma y ambición y montado esos saraos a los que acuden, entre otros, Van Aert y Pogacar, testigos directos de lo que el ciclismo significa en aquellas tierras.
Seguro que seguiremos sabiendo de él.





