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Ciclismo antiguo

Aquí están las raíces del Movistar

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World Fondo WT – Epic

Para saber del Movistar y sus raíces hay que irse cuarenta años atrás

Navarra es tierra de ciclismo.

Es una obviedad.

Una afición que se remonta a la propia historia de la bici y que ha dado grandes clubes y corredores.

-Oye… ¿vosotros venís de Sevilla, no?

– No, no, ¿tú crees que con este acento somos andaluces? ¡Nosotros somos navarros!

Esta anécdota es la más repetida entre los integrantes del Club Ciclista Dos Hermanas cada vez que salen de su tierra en las diferentes marchas o excursiones en las que participan.

Hay que dejar claro que estos txirrindularis son de Navarra, concretamente de Irurtzun, a 20 km al noroeste de Pamplona, cruce de caminos, entre San Sebastián y Vitoria.

El nombre de la sociedad es debido al símbolo indiscutible irurtzundarra: el paso de las Peñas de Dos Hermanas (“Bi Aizpe”), en las estribaciones más orientales de la sierra de Aralar, una espectacular entalladura producida por el río Larraun sobre las calizas.

El club, bajo esta denominación, nace en el año 1990 cuando Félix Rubio, Pedro Goñi, Manolo Carrera y Ángel García, su primer presidente, con una pasión en común, el ciclismo, sientan las bases de la nueva sociedad y lo hacen para y por la gente del pueblo.

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Durante aquellos años prácticamente todos sus habitantes usaban la bici de un modo u otro.

Pero lo que parece la pequeña historia de un modesto club ciclista, como tantas otras, esconde tras de sí una gran herencia, un legado histórico, ya que la entidad recogía el relevo del desaparecido C.C. Irurtzun “Nuevo Legarra”.

Este club ciclista se gestó a primeros de la década de los años 70 dirigido por Jesús y José Legarra, y que, en sus orígenes, era un pequeño equipo de juveniles que fue evolucionando hasta lo que hoy en día conocemos todos como Movistar.

Pero antes fue Caisse d’Epargne, Illes Balears, Banesto y antes Reynolds y, mucho antes, Nuevo Legarra.

 

Así que os podéis imaginar la importancia que tuvo esta primera sociedad, cómo arraigó el ciclismo en esta tierra y en lo que se convirtió después con los éxitos del equipo profesional que surgió con los Perico, Indurain y compañía, al mando de José Miguel Echávarri y Eusebio Unzué.

Pero es que además Eusebio, antes de ponerse al volante en el juvenil del irurtzungo Nuevo Legarra, había corrido en sus filas durante algunos años, del 70 al 73.

Lo dejó de forma prematura y con sólo 18 años pasó directamente a dirigir el equipo.

Él fue quien “cazó” a Indurain para los juveniles, que ya seguía de cerca en el circuito navarro, allá por el año 82 y ya patrocinado por Reynolds.

 

Así que hablar de Irurtzun es hablar de historia viva del ciclismo navarro, aunque la afición por este deporte y en esta tierra se remonte a la propia historia de la bici.

Es a partir de la década de los 80 cuando adquiere una mayor dimensión, mostrando sus resultados con mucha presencia de ciclistas navarros en la carretera.

Es precisamente cuando Reynolds deja de patrocinar el equipo, llevándose entonces Banesto toda la estructura profesional, cuando el Dos Hermanas toma el relevo, pero ya fijando sus objetivos en el cicloturismo puro.

Aún estuvieron un par de años, al principio, formando equipos en infantiles y cadetes, pero que tuvieron que dejar en seguida por falta de patrocinador.

Además los socios de la entidad tuvieron que afrontar una fuerte deuda acumulada en años anteriores.

 

Algo más tarde, y de la mano de Álex Maya, su actual presidente, disfrutaron de la posibilidad de organizar pruebas Máster como la Vuelta a Navarra, satisfaciendo el deseo organizativo que tanto anhelaban.

Actualmente el club es una sociedad familiar, ciclistas que no se ajustan a ningún tipo de calendario de excursionismo como lo puedan conocer otros clubes, ni a estrictos horarios establecidos.

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Simplemente quedan y salen, todos los fines de semana, sábados o domingos, a disfrutar de la bici, haga frío o calor, llueva o nieva, se apañan sus chubasqueros y ¡a pedalear!

Dependiendo de la época del año no bajarán de sus 100-120 km de excursión, en hermosas salidas ya sea dando una vuelta por el bello Valle de Ultzama, “la Suiza navarra”, por sus verdes praderas, o bien por la Sierra de Aralar, sus prados y hayedos.

 

También pasando por pueblos encantadores como Iraizotz, Larraintzar, Lizaso, Gorrontz o Arraitz y escalando puertos como Madoz, Orokieta o el coloso Santuario de San Miguel de Aralar-Altxueta, de los más emblemáticos de Navarra.

Como ellos mismos explican, su espíritu es el homenaje permanente a aquellos pioneros de los años 70 “que de manera altruista, y sobre todo anónima, sacrificaron gran parte de sus recursos, a favor de una pasión, en este caso, deportiva y más concretamente en el ciclismo”.

 

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4 Comentarios

4 Comments

  1. Pedro

    5 de julio, 2019 En 9:30

    Un artículo sin pies ni cabeza. Que el club Dos Hermanas es el heredero del Irurtzungo/Reynolds? Eso lo dirán ellos que son los que les interesa esta publicidad. Un club que no sobrepasa las 4 licencias…. Se obvia toralmente a los que si estuvieraon dando el empujón definitivo al equipo para que fuese lo que es ahora…. Echavarri? Jose Antonio? Alzueta? Resulta que ahora se homenajea a este equipo, por 4 señores de ese club (por cierto, creo entender que en un principio el club Dos Hermanas no tenía nada que ver, lo iba a organizar otra sociedad del pueblo mucho más numerosa, así lo ponía en los dosieres que repartieron, pero esta sociedad les debió de decir que ellos solo colaboraban, tuvieron que buscarse otro club por el tema de permisos y tiraron de este club porque son parientes del organizador, que es una sola persona la que corta el bacalao) vamos que el pueblo de Irurzun no homenajea a nadie, porque institucionalmente ni en la presentación ni el día de la cicloturistas estaban invitados, incluso en la presentación no se invitó a los homenajeados, Jose Antonio (el chapas) Alzueta (su viuda) José Legarra, Martín Legarra y como digo ni alcalde ni concejal de deportes o cultura.
    El club Dos Hermanas es un club que le ha caido de rebote esto y está ahí porque sus 4 únicos miembros son parientes entre ellos, uno de ellos es el que figura como presidente y el hermano de uno de estos miembros es el único organizador de la marcha, que hace y desace a su antojo.

    • Jordi Escrihuela

      5 de julio, 2019 En 18:31

      Hola Pedro, gracias por tus comentarios, pero no entiendo tanta acritud hacia este artículo. ¿O quizás está dirigida hacia el Club Dos Hermanas? Lo primero, la intención no es darle ninguna publicidad, ni hacerles un homenaje ni levantarles un monumento. No se trata de ninguna de estas cosas.
      Conocimos a Álex Maya hace 10 años y tirando del hilo nos explicó esta historia, un poco los orígenes del entonces Caisse d’Epargne remontándonos hasta Irurzun.
      Por otro lado, en el texto, sí reconocemos de soslayo la labor de Unzúe y Echavarri, entre otros, porque nombrar a todos quizás nos llevaría para escribir un libro sobre esta historia.
      También nos dices que son 4 parientes, algo que tampoco escondemos en el relato porque bien que dejamos claro que es «un club muy, muy, familiar».
      A partir de aquí, sólo hemos pretendido hacer un pequeño guiño a una pequeña parte de la gran historia del ciclismo en Navarra.
      Saludos cordiales.

      • Pedro

        6 de julio, 2019 En 0:38

        Hola Jordi, acritud ninguna, titular vuestro, para saber del Movistar y sus raíces hay que irse cuarenta años atrás. Resulta que os centráis en un club que se formó como bien dices en 1990, porque se formó ese club?quizás eso Maya lo desconozca. La única acritud es el que se nombre heredero de algo histórico he irrepetible a alguien y aquí quizás es la confusión. Sois vosotros los que los habéis nombrado o son ellos… son ellos los que se auto nombran herederos?
        Otra de las razones de «crítica» sea la forma de hacer las cosas… me explico. Cuando hay que homenajear a alguien, como en este caso algo histórico, no tendría más sentido el que fuese un pueblo entero, como ponéis en el artículo, Irurzun, que un solo club que son 4, quiero decir, darle institucionalidad al evento? En este caso, quienes han homenajeado a quien? No crees que va más por aquí los tiros? En Pamplona y alrededores somos 4 más el gato y nos conocemos todos y los del mundillo de la bici. Maya, por lo que he oído, es una gran persona y siempre dispuesto a ayudar, pero los homenajes históricos se hacen con tacto.
        Resumiendo, titular erróneo, no?
        Quizás me dejé llevar por la melancolía y el recuerdo viendo que fueron tiempos hermosos y ya irrepetibles, que la buena intención siempre está allí, pero deseando que se haga algo no a nivel de unos pocos de Irurzun, sino algo grande de todo un pueblo como Irurzun, o quizás más grande, de Navarra, porque recordemos que ellos llevaron el nombre de Irurzun y Navarra por todo el mundo.

      • Pedro

        6 de julio, 2019 En 0:56

        Por cierto, Indurain corrió en juveniles en el Club Ciclista Villaves y fichó en aficionados por Reynolds.

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Ciclismo antiguo

Euskaltel-Euskadi: el mejor ocho de la historia

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World Fondo WT – Epic

Con este equipo, recordamos lo más granado de la primera etapa del Euskaltel-Euskadi

Hace un tiempo leímos un tweet sobre la suerte que correría un equipo vasco surgido de los corredores que un día corrieron en el Euskaltel-Euskadi, alguno de ellos aún en activo.

Bajo la dirección de Juanjo Oroz, técnico del Kern Pharma, y Jorge Azanza, hoy en la dirección del Euskaltel versión 2.0, tendríamos un ocho capitaneado por Mikel Landa (Bahrain), con la segunda baza de Ion Izagurre (Cofidis), la ayuda de Pello Bilbao (Bahrain) y Gorka Izagirre (Movistar) en las grandes montañas,  Jon Aberasturi (Trek) buscando opciones en las llegadas, y la labor impagable de Omar Fraile y Jonathan Castroviejo (Ineos) sin olvidar el valor infinito de Mikel Nieve, recién retirado. .

La calidad de ese 8 abre la puerta de la nostalgia y del recuerdo de aquel primer Euskaltel que acabara de forma triste y abrupta hace ya 10 años.

«Lo viví muy triste. Sé que había una presión enorme por los dichosos puntos UCI  y que la gente no acabó de entenderlo» nos contó Haimar Zubeldia en una charla del confinamiento.

Pero hasta entonces, el sueño que Miguel Madariaga materializó tras tantos y tantos Tours tramando sobre un equipo vasco en la mejor carrera del mundo tuvo un gran recorrido, veinte temporadas entre los mejores del mundo, con épocas muy crudas, antesala de otras que fueron increíbles.

Y de ese trayecto queremos daros nuestro 8 histórico del Euskaltel Euskadi, un ocho que, como el que podría correr ahora bajo esos colores, aúna un palmarés que lo tiene casi todo.

Sólo faltó una grande, la que tuvo a tocar Igor Antón en la Vuelta 2010.

Por lo demás, un equipo de impresión.

Empezamos por el propio Igor Antón, un ciclista que puso su nombre en cimas del tamaño del Zoncolan y que creo que tuvo que haber ganando la Vuelta de 2010.

Está claro que no sabíamos qué podía haber pasado, pero la primera Vuelta de Vicenzo Nibali estaba en manos del vizcaíno hasta que en la base de Peña Cabarga se fue todo al traste.

Si tiramos de históricos del inicio deberíamos irnos a uno que no estuvo mucho tiempo, pero que marcó el camino.

Iñigo Cuesta era un burgalés de fortuna en Euskadi que firmó cuando la Vuelta se corría en abril la primera actuaciones de mérito -con el permiso de Sagasti- de un equipo cuya salida a carrera ya era un éxito.

El éxito de un milagro entre mil penurias y números que no salían

De esa época surgió el tipo gruñón y distante que parece Roberto Laiseka, pero que en las distancias cortas gana, y mucho.

Laiseka partió de cero con el equipo y en él hizo toda su carrera, abriendo horizontes en Vuelta y Tour, demostrando que aquella masa naranja que llenaban las cunetas de los Pirineos de pasión y ruido llevaban en volandas a los suyos.

Seguimos con Mikel Nieve, austeridad navarra, un ciclista que siempre habló en la carretera, iniciando aquí una de las carreras más valiosas que visto, con ciertas perlas en un palmares que no están reñidas con una utilidad apreciada por grandes líderes.

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Los aros olímpicos del Euskaltel los pone obviamente Samuel Sánchez 

Como Iñigo Cuesta un ciclista no vasco, aunque muy apegado a Güeñes, con toda la trayectoria en la zona y uno de los mejores palmarés de alguien vestido de naranja.

Al margen del oro olímpico, sumadle etapas en la Vuelta, aquella de Cuenca del descenso temerario, y en el Tour sumados algunos podios en grandes vueltas.

En ellos podría haber estado el que considero ciclista más espectacular que dieron los naranjas, Iban Mayo y su loco año 2003, cuando nos hizo creer que podría ser una amenaza real al propio Lance Armstrong siendo partícipe de dos momentos singulares para el equipo.

Iban Mayo Alpe d´ Huez JoanSeguidor

El primero ganando en Alpe d´ Huez, el otro coronando el Tourmalet con Ullrich y el mentado Armstrong más Haimar Zubeldia, el campeón más discreto pero a la vez regular que dio el Euskaltel.

Un tipo que sin hacer ruido ha reunido una intensa colección de participaciones y top ten en grandes, especialmente en el Tour, pero que no le hizo ascos trabajar para otros cuando se terciaba la necesidad.

Sobre remozada versión de Euskaltel, Haimar Zubeldia nos admitió que «es ilusionante. Desde la parte que me toca, desde Etxe Ondo, ves que las cosas vuelven a salir, poco a poco. Que Euskaltel volviera nos saco una sonrisa a todos»

¿Volverá a ser lo que fue? le preguntamos.

«¿Por qué no? entonces ya llegamos» concluyó

Y el octavo hombre quizá no sea el más sonoro, pero su corazón y omnipresencia le valieron subir al podio de París: hablamos de Amets Txurruka, un ciclista que sólo podías querer y un símbolo.

Cuando prescindieron de él, la presión sobre el equipo se redobló de tal manera, que muchos vieron una inaceptable pérdida de esencia e identidad.

Ahora que ya les hemos normalizado en la carretera de nuevo, comprendemos si una cosa tuvo aquel equipo fue que muchos aspectos no se explicaban por la razón y sí por una emoción que sigue erizando la piel cuando te acuerdas de ellos.

Imagen: @Orbea

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Ciclismo antiguo

La Vuelta 1991 por Melchor Mauri y Marino Lejarreta

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World Fondo WT – Epic

Vuelta de 1991, frío, relojes, zozobra y… Melchor Mauri

Sucede algo curioso con la Vuelta a España 1991, una carrera que, a pesar de la trascendencia que le atribuimos a la suspensión de la etapa de Pla de Beret, cuando escarbas un poquito ves que el triunfo de Melchor Mauri fue inapelable.

Una edición histórica que cayó en manos del catalán que luego lograría repetir top ten un par de veces, más su sexto puesto en aquel Tour que voló con Jalabert camino de Mende.

La Vuelta 1991 esconde muchos matices, desde el «partido a partido» que se impuso Melchor Mauri, al cambio de líder en ONCE y uno de los desenlaces más inesperados de los tiempos modernos.


Aunque, si hacemos memoria recordaremos que aquella carrera tuvo 100 kilómetros de contrarreloj llana, más otra de tríos, una por equipos y la cronoescalada de Valdezcaray.

¿Qué sería hoy de Mauri en las grandes? le preguntamos al ganador de aquella carrera, acompañado de Marino Lejarreta para recordar aquellos maravillosos años en los que hacíamos tretas mil para saber de la carrera mientras estábamos en clase…

Antes, un par de pronósticos, el de Antonio Alix (Eurosport) sobre Remco Evenepoel y Nacho Labarga (Marca) sobre Tadej Pogacar

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Ciclismo antiguo

Charly Mottet estaba en todas las batallas

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World Fondo WT – Epic

En todas las fotos de mi ciclismo de adolescencia salía Charly Mottet

Tiempos lejanos, pero tiempos guapos, en la historia del ciclismo que cabalgó entre los ochenta y noventa hubo un ciclista que hoy hubiera sido muy valorado por estar siempre ahí presto, pero que entonces, con todos mucho más centrados en el rendimiento de las grandes vueltas y entre grandes figuras de siempre, pasó más de puntillas, hablamos de Charly Mottet.

Más de sesenta victorias le contemplan y algunas muy destacadas, en medio de dos generaciones que acapararon el trono ciclista durante casi veinte años.

Charly Mottet no fue de la quinta de Perico, Roche, Fignon y Lemond, ni perteneció a la de Indurain, Breukink, Bugno y Raúl Alcalá.

Remó en medio de todos, en un país que no era consciente de la sequía que se le venía encima en el Tour, hoy aún dura la misma.

Ni en una, ni en la otra barca, entre dos mares, pero ello no le impidió tener brillo propio, incluso en ese ciclismo, el francés, en el que el rey sol era rubio con gafas redondas y que respondía al nombre de Laurent Fignon.

Ambos compitieron fueron avispillas en el Systeme U, hasta que Mottet decidió dejar «chez Guimard» y emprender la aventura del RMO.

En sus diez años de profesional se aupó al podio no pocas veces y en carreras del nivel de Dauphiné, Lombardía, Romandía y una que dominó hasta tres veces, el Gran Premio de las Naciones, el oficioso mundial contrarreloj que ponía el colofón a cada final de temporada como si fuera un pase de modelos, con cascos, bicicletas y skinsuits que adelantaban la moda que habría de venir.

Fue segundo en el Giro que dominó Bugno de inicio a fin, y logró dos etapas en la Vuelta y tres en el Tour, una de ellas aquella famosa de Jaca, en 1991, en la víspera de Val Louron y con la prensa española cabreada por la actitud de Banesto en carrera.

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Pero entre esa tela de triunfos que le situó tan arriba, hay uno que queremos destacar y que le permitió proclamar: «He llegado más alto que el Montblanc, he ganado tras 4800 metros de desnivel«.

Lo dijo exultante tras ser el primer ciclista en inscribir su nombre en la historia de la Clásica de los Alpes, una carrera que con el tiempo se erigió como efímero test para el Tour entre grandes nombres.

Eso fue una tarde de mediados de mayo del 91, en la primera edición de una carrera que con los años sería un buen termómetro para el inminente Dauphiné, a la corta, y el Tour de Francia a la larga.

Mottet logró ese triunfo en las montañas que rodeaban la ciudad alpina y termal de Aix-les-Bains en escapada junto a Robert Millar.

Ambos llegaron solos al final para jugarse el triunfo de una forma increíble para una carrera alpina, en un sprint con sur place incluido a trescientos metros de meta

Mottet, más rápido, acabó con las opciones del escocés de larga coleta y violenta pedalada.

Cómo zarandeaba la bicicleta el ciclista que hoy se llama Philippa York y firma artículos ciclistas en la prensa anglosajona.

Aquella edición inaugural sólo acabaron unos treinta ciclistas de los ciento veinte que salieron.

En esos contextos de dureza extrema, Mottet también era un maestro.

Imagen: CapoVelo.com

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Ciclismo antiguo

El día de ciclismo más duro de la historia: Hampsten en el Gavia

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World Fondo WT – Epic

Para Hampsten el agujero blanco del Gavia fue la catapulta a su Giro de Italia

En días de frío, vamos a irnos a los extremos, a Hampsten, el Gavia y el Giro, y todos tenemos claros esos días que los ciclistas excedieron sus funciones en el pelotón y se adentraron en las tormentas más terribles de la historia de este deporte que rara vez se paraba ante algo o alguien.

Si nuestro viaje a de ir a un extremos, vamos al Giro 88, 35 años van a pasar ya, al Gavia y a la gesta de Andrew Hampsten, el ciclista se conoció como «el conejo», aunque fuera un poco peludo y muy huesudo escalador.

Hoy nos preguntamos qué pudo haber sucedido, qué desgracia podríamos haber leído sobre aquella tarde de mayo de 1988 en el Gavia, cuando la gran nevada sobrevino sobre un destrozado pelotón del que emergió un ciclista americano con gafas de esquiador llamado Andy Hampsten.

Lo cierto es que en tiempos modernos, los que nos ha tocado vivir, cuando vemos una jornada en el alambre de la suspensión o recorte por mor de la meteorología, siempre nos acordamos de ese para agarrarnos a eso de que «cualquier tiempo pasado fue mejor».

Lo hicimos el día que el Giro recortó la etapa de Cortina hace dos años o aquel del 2020 que llovía tanto y el pelotón presionó para que se acabara recortando.

El ciclismo actual, puesto negro sobre blanco sobre el que un día conocimos, no sale bien parado en esta comparación, pero a veces me pregunto si no hubo días en los que se jugó con fuego.

El Giro de hace diez años tuvo un par de jornada comprometidas: el día que Visconti ganó en el Galibier bajo una tremenda nevada, y a los pocos días Nibali hacía lo propio en Lavaredo.

El Giro 2023 vuelve a Lavaredo

También cuando Nairo se vistió de azul «Tirreno» en la cima del Terminillo.

El día que el ciclismo rozó la calamidad fue ese del Giro de 1988 y la famosa etapa del Gavia

Fue un cinco de junio, primavera en los Dolomitas, primavera a medias -como cuando Perico y Carlos de Andrés hablan del verano francés-, más cuando la tarde antes a esa jornada todos los informes apuntaban a un tiempo apocalíptico en la subida al Gavia.

Por la mañana, a sabiendas que la cosa se iba a poner fea, Mike Neel, director deportivo del Seven Eleven, ya planteó una logística especial.

A trescientos metros de la cima del Passo di Gavia, situó un coche con bebidas calientes para los corredores

Arriba del todo, aposta un segundo vehículo cargado de ropa seca.

Antes de llegar allí, el fin del mundo.

Ya en el tramo sin asfaltar del principio, el escapado Johan Van der Velde trepaba en medio de una nevada que convierte la ruta en un lodazal, pues el Gavia tiene tramos sin asfaltar.

La suya fue una aventura feroz, que ha pervivido en el tiempo y el recuerdo del aficionado, que no tendría el final perseguido, pues en el grupo de contraataque salieron los capos, con Erik Breukink en cabeza, y Andy Hampsten con él, para conquistar el Gavia más indomable de la historia.

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Aunque Van der Velde fue el primero en coronar, sería cazado por neerlandés y americano al pararse en la cima por abrigarse ante un descenso que se anunciaba horrible

Perico no trató ni ponerse los guantes ante la inutilidad de sus manos ateridas de frío y humedad, lo hizo en medio de aficionados que prestaron sus anoraks a los ciclistas.

La bajada presentaba curvas cerradas con pendientes del 16%, un reto que dejaba la monstruosa subida en una anécdota, una cuestión de supervivencia que los del Seven Eleven supieron prever mejor que otros.

Al margen de los coches en la cima del Gavia, Andy Hampsten se había untado de vaselina de la cabeza a los pies.

El resultado lo vimos, Hampsten llegó con Breukink escapado a la meta de Bormio para empezar a encarrilar un Giro histórico, pues sería el primero que ganaría un estadounidense, algo que no hemos visto repetirse.

A media hora de los ganadores, llegaron los preferidos de la afición, Visentini & Saronni, como muestra de las diferencias que se abrieron ese día.

El Gavia, un puerto con más de sesenta años de tradición en el Giro había pasado a la historia para ser recordado anualmente, cada vez que el pelotón afronta una jornada que entra en los cánones de los extremos del frío.

«Poco sabíamos del Gavia y ni si siquiera quisimos reconocerlo por adelantado. De repente me vi en pistas de tierra y en medio de paredes de seis metros de nieve. Me sentí como Fausto Coppi» dijo Imerio Massignan, el primero en coronarlo el año 1960.

Imagen: Ciclismo épico

 

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