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Ciclismo antiguo

Aquí están las raíces del Movistar

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Para saber del Movistar y sus raíces hay que irse cuarenta años atrás

Navarra es tierra de ciclismo.

Es una obviedad.

Una afición que se remonta a la propia historia de la bici y que ha dado grandes clubes y corredores.

-Oye… ¿vosotros venís de Sevilla, no?

– No, no, ¿tú crees que con este acento somos andaluces? ¡Nosotros somos navarros!

Esta anécdota es la más repetida entre los integrantes del Club Ciclista Dos Hermanas cada vez que salen de su tierra en las diferentes marchas o excursiones en las que participan.

Hay que dejar claro que estos txirrindularis son de Navarra, concretamente de Irurtzun, a 20 km al noroeste de Pamplona, cruce de caminos, entre San Sebastián y Vitoria.

El nombre de la sociedad es debido al símbolo indiscutible irurtzundarra: el paso de las Peñas de Dos Hermanas (“Bi Aizpe”), en las estribaciones más orientales de la sierra de Aralar, una espectacular entalladura producida por el río Larraun sobre las calizas.

El club, bajo esta denominación, nace en el año 1990 cuando Félix Rubio, Pedro Goñi, Manolo Carrera y Ángel García, su primer presidente, con una pasión en común, el ciclismo, sientan las bases de la nueva sociedad y lo hacen para y por la gente del pueblo.

SQR – Cerdanya Cycle

 

Durante aquellos años prácticamente todos sus habitantes usaban la bici de un modo u otro.

Pero lo que parece la pequeña historia de un modesto club ciclista, como tantas otras, esconde tras de sí una gran herencia, un legado histórico, ya que la entidad recogía el relevo del desaparecido C.C. Irurtzun “Nuevo Legarra”.

Este club ciclista se gestó a primeros de la década de los años 70 dirigido por Jesús y José Legarra, y que, en sus orígenes, era un pequeño equipo de juveniles que fue evolucionando hasta lo que hoy en día conocemos todos como Movistar.

Pero antes fue Caisse d’Epargne, Illes Balears, Banesto y antes Reynolds y, mucho antes, Nuevo Legarra.

 

Así que os podéis imaginar la importancia que tuvo esta primera sociedad, cómo arraigó el ciclismo en esta tierra y en lo que se convirtió después con los éxitos del equipo profesional que surgió con los Perico, Indurain y compañía, al mando de José Miguel Echávarri y Eusebio Unzué.

Pero es que además Eusebio, antes de ponerse al volante en el juvenil del irurtzungo Nuevo Legarra, había corrido en sus filas durante algunos años, del 70 al 73.

Lo dejó de forma prematura y con sólo 18 años pasó directamente a dirigir el equipo.

Él fue quien “cazó” a Indurain para los juveniles, que ya seguía de cerca en el circuito navarro, allá por el año 82 y ya patrocinado por Reynolds.

 

Así que hablar de Irurtzun es hablar de historia viva del ciclismo navarro, aunque la afición por este deporte y en esta tierra se remonte a la propia historia de la bici.

Es a partir de la década de los 80 cuando adquiere una mayor dimensión, mostrando sus resultados con mucha presencia de ciclistas navarros en la carretera.

Es precisamente cuando Reynolds deja de patrocinar el equipo, llevándose entonces Banesto toda la estructura profesional, cuando el Dos Hermanas toma el relevo, pero ya fijando sus objetivos en el cicloturismo puro.

Aún estuvieron un par de años, al principio, formando equipos en infantiles y cadetes, pero que tuvieron que dejar en seguida por falta de patrocinador.

Además los socios de la entidad tuvieron que afrontar una fuerte deuda acumulada en años anteriores.

 

Algo más tarde, y de la mano de Álex Maya, su actual presidente, disfrutaron de la posibilidad de organizar pruebas Máster como la Vuelta a Navarra, satisfaciendo el deseo organizativo que tanto anhelaban.

Actualmente el club es una sociedad familiar, ciclistas que no se ajustan a ningún tipo de calendario de excursionismo como lo puedan conocer otros clubes, ni a estrictos horarios establecidos.

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Simplemente quedan y salen, todos los fines de semana, sábados o domingos, a disfrutar de la bici, haga frío o calor, llueva o nieva, se apañan sus chubasqueros y ¡a pedalear!

Dependiendo de la época del año no bajarán de sus 100-120 km de excursión, en hermosas salidas ya sea dando una vuelta por el bello Valle de Ultzama, “la Suiza navarra”, por sus verdes praderas, o bien por la Sierra de Aralar, sus prados y hayedos.

 

También pasando por pueblos encantadores como Iraizotz, Larraintzar, Lizaso, Gorrontz o Arraitz y escalando puertos como Madoz, Orokieta o el coloso Santuario de San Miguel de Aralar-Altxueta, de los más emblemáticos de Navarra.

Como ellos mismos explican, su espíritu es el homenaje permanente a aquellos pioneros de los años 70 “que de manera altruista, y sobre todo anónima, sacrificaron gran parte de sus recursos, a favor de una pasión, en este caso, deportiva y más concretamente en el ciclismo”.

 

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4 Comentarios

4 Comments

  1. Pedro

    5 de julio, 2019 En 9:30

    Un artículo sin pies ni cabeza. Que el club Dos Hermanas es el heredero del Irurtzungo/Reynolds? Eso lo dirán ellos que son los que les interesa esta publicidad. Un club que no sobrepasa las 4 licencias…. Se obvia toralmente a los que si estuvieraon dando el empujón definitivo al equipo para que fuese lo que es ahora…. Echavarri? Jose Antonio? Alzueta? Resulta que ahora se homenajea a este equipo, por 4 señores de ese club (por cierto, creo entender que en un principio el club Dos Hermanas no tenía nada que ver, lo iba a organizar otra sociedad del pueblo mucho más numerosa, así lo ponía en los dosieres que repartieron, pero esta sociedad les debió de decir que ellos solo colaboraban, tuvieron que buscarse otro club por el tema de permisos y tiraron de este club porque son parientes del organizador, que es una sola persona la que corta el bacalao) vamos que el pueblo de Irurzun no homenajea a nadie, porque institucionalmente ni en la presentación ni el día de la cicloturistas estaban invitados, incluso en la presentación no se invitó a los homenajeados, Jose Antonio (el chapas) Alzueta (su viuda) José Legarra, Martín Legarra y como digo ni alcalde ni concejal de deportes o cultura.
    El club Dos Hermanas es un club que le ha caido de rebote esto y está ahí porque sus 4 únicos miembros son parientes entre ellos, uno de ellos es el que figura como presidente y el hermano de uno de estos miembros es el único organizador de la marcha, que hace y desace a su antojo.

    • Jordi Escrihuela

      5 de julio, 2019 En 18:31

      Hola Pedro, gracias por tus comentarios, pero no entiendo tanta acritud hacia este artículo. ¿O quizás está dirigida hacia el Club Dos Hermanas? Lo primero, la intención no es darle ninguna publicidad, ni hacerles un homenaje ni levantarles un monumento. No se trata de ninguna de estas cosas.
      Conocimos a Álex Maya hace 10 años y tirando del hilo nos explicó esta historia, un poco los orígenes del entonces Caisse d’Epargne remontándonos hasta Irurzun.
      Por otro lado, en el texto, sí reconocemos de soslayo la labor de Unzúe y Echavarri, entre otros, porque nombrar a todos quizás nos llevaría para escribir un libro sobre esta historia.
      También nos dices que son 4 parientes, algo que tampoco escondemos en el relato porque bien que dejamos claro que es «un club muy, muy, familiar».
      A partir de aquí, sólo hemos pretendido hacer un pequeño guiño a una pequeña parte de la gran historia del ciclismo en Navarra.
      Saludos cordiales.

      • Pedro

        6 de julio, 2019 En 0:38

        Hola Jordi, acritud ninguna, titular vuestro, para saber del Movistar y sus raíces hay que irse cuarenta años atrás. Resulta que os centráis en un club que se formó como bien dices en 1990, porque se formó ese club?quizás eso Maya lo desconozca. La única acritud es el que se nombre heredero de algo histórico he irrepetible a alguien y aquí quizás es la confusión. Sois vosotros los que los habéis nombrado o son ellos… son ellos los que se auto nombran herederos?
        Otra de las razones de «crítica» sea la forma de hacer las cosas… me explico. Cuando hay que homenajear a alguien, como en este caso algo histórico, no tendría más sentido el que fuese un pueblo entero, como ponéis en el artículo, Irurzun, que un solo club que son 4, quiero decir, darle institucionalidad al evento? En este caso, quienes han homenajeado a quien? No crees que va más por aquí los tiros? En Pamplona y alrededores somos 4 más el gato y nos conocemos todos y los del mundillo de la bici. Maya, por lo que he oído, es una gran persona y siempre dispuesto a ayudar, pero los homenajes históricos se hacen con tacto.
        Resumiendo, titular erróneo, no?
        Quizás me dejé llevar por la melancolía y el recuerdo viendo que fueron tiempos hermosos y ya irrepetibles, que la buena intención siempre está allí, pero deseando que se haga algo no a nivel de unos pocos de Irurzun, sino algo grande de todo un pueblo como Irurzun, o quizás más grande, de Navarra, porque recordemos que ellos llevaron el nombre de Irurzun y Navarra por todo el mundo.

      • Pedro

        6 de julio, 2019 En 0:56

        Por cierto, Indurain corrió en juveniles en el Club Ciclista Villaves y fichó en aficionados por Reynolds.

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Ciclismo antiguo

¿Qué le dio Indurain al ciclismo?

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Indurain fue un referente para una generación de amantes del ciclismo, la mía, que mantiene el convencimiento que nunca verá nada igual

Seguro que en un mes leeremos sobre el día que Miguel Indurain anunció su retirada del ciclismo.

Recuerdo aquel día que seguro muchos de mi generación tendréis también tan presente.

Fue una línea gruesa en la historia del ciclismo español, mundial y si me apuráis de nuestro país en general, pues Miguel Indurain creo que ha sido una figura que ha trascendido más allá de su deporte y lo ha hecho ganando mucho, pero también con gestos y formas que algunos querríamos para nuestros hijos, pues si un deportista pondría como ejemplo de algo a mis hijos, ese sería este navarro de grandes dimensiones y un corazón que no desentona, que fue digno en la victoria, pero más fuera de ella.

La llegada de Miguel Indurain al status que goza en la actualidad provocó movimientos tectónicos en este país, y no sólo deportivos, también sociales y políticos.

Me voy a esta entrevista a José Miguel Echávarri, cuando habló de aquella jornada entre Jaca y Val Louron, hace treinta años, cuando le contactaron desde España para asegurarse de la magnitud del logro de Indurain en la España de Perico.

En ese clima, que rápido se desvaneció, rompió en Miguel una de las maduraciones más medidas que hasta entonces había visto este deporte, que hoy será todo lo tecnológico que queráis, pero que hasta no hace tanto fue de “alpargata y andar por casa” como le gusta decir a nuestros mayores.

Indurain inició con su salto al profesionalismo un proceso de envejecimiento, digno de los mejores caldos navarros.

Bebió del ciclismo de Bernard Hinault, también del de Roche, de Perico, de Lemond y de Fignon, pero trazó una frontera con todos ellos, dio una vuelta de tuerca. Fue más allá.

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Prescindió de la visceralidad de Hinault y Fignon, del foco mediático de Perico, del recalcitrante pragmatismo de Lemond, y construyó un perfil de campeón propio e íntimo, basado, si cabe, en aquel que había cincelado tres décadas antes Jacques Anquetil, el ganador que abría la mano a los demás cuando era menester hacerlo, el campeón que trazaba una línea en el esfuerzo y de ahí no pasaba, el campeón que alargaba el rédito de las cronos hasta hacerlo definitivo en la lucha por los grandes triunfos.

Indurain no fue de alardes, pero sus exhibiciones no fueron gratuitas

Su exuberancia física le servía para abrir huecos imposibles en los rivales y al tiempo dejarles tocados en el ánimo.

Ahí residía la grandeza de sus grandes días, la grandeza de La Plagne, de Luxemburgo, de Lac de Madine, de Bergerac,… el triunfo era doble, tomaba el mando y el desánimo cundía a su alrededor.

Era una forma de ganar vestida con guante de seda, fina y elegante, que no ofendía, que enamoraba a los menos afines, aunque a veces frustraba un poco a sus acólitos, que esperaban verle amasar un palmarés aún mayor.

Indurain ha acabado segundo o tercero más veces que primero en el Tour 

Leblanc, Bruyneel, Rominger, Chiapucci, Bugno,… han ganado con él a rueda, sabedor de que el premio gordo, el que te hace eterno, estaba a buen recaudo.

Ese ahorro diario de energía le daba esa recompensa, pero también le sirvió para alargarse en el tiempo y conseguir algo que nadie había cuajado hasta el momento, esos cinco Tours que lucen cuales soles, de forma consecutiva y cada uno más contundente que el anterior, pues, si se me permite, para mí su mejor victoria de siempre fue la última, la de 1995, cuando contó con un equipo que en ocasiones se vio superado y él nunca vaciló.

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Indurain fue un referente para una generación de amantes del ciclismo, la mía, con el convencimiento que nunca veremos nada igual.

El día que dijo que lo dejaba se abría un periodo que veinte años después creo que seguía vigente, pues la llamada “edad de oro” del ciclismo español, eso que algunos han llevado por lema en sus editoriales, ha sido ninguneada por los grandes medios, los mismos que lamentaron que no hubiera relevo, a su juicio.

Sin embargo no nos debe extrañar su singularidad, Indurain hay uno cada muchos años, no en cada hornada que surge.

Mirad grandes naciones ciclistas, mirad Bélgica, que aún bebe en la nostalgia de Merckx, mirad los Países Bajos, que no huelen el Tour desde Zoetemelk, mirad Francia, camino de las cuatro décadas sin ganar la carrera que es tarjeta de presentación de un país o Italia, que a pesar de Nibali, sigue nadando en el glamour de los grandes siempre.

Verle en el podio era un protocolo de buenas maneras, lejos de los campeones desaliñados y descafeinados que a veces abordaban el cajón exhibiendo indiferencia o mala educación.

Nunca dejó nadie por saludar, azafatas, políticos, empresarios, todo aquel que le requirió tuvo su gesto, su apretón de manos, a ello se le añadía la presión de torear circunstancias complicadas como la evidente competencia entre el banco que la patrocinaba y el que sigue aún pagando el gran premio del Tour.

Indurain triunfó en una época que con los años saltó por los aires por cuestiones turbias.

Sí, el dopaje campó a las anchas en aquellos años.

Gran cantidad de sus rivales cayó en la acusación o directamente en la admisión de sus pecados.

Punto álgido de lo grotesco que fue aquello recuerdo aquella Flecha Valona del 94, con tres Gewiss andando tres o cuatro puntos por delante del resto.

A Indurain nadie le ha tosido hasta la fecha en este tema, y si se ha insinuado, legiones han salido en su defensa.

Eso es haber calado muy hondo.

Indurain está en ese estadio de los mitos, es inmaterial, su legado nos llena y enorgullece, sobrepasa su tiempo, y veinte años y pico después le seguimos teniendo muy presente, conscientes de que quizá el tiempo no nos regalará otro como él.

Imagen tomada de www.ciclografias.com

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Ciclismo antiguo

Así fue el primer gran ataque de Luis Ocaña

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Viajamos al primer ataque, el momento que cambió la popularidad de Luis Ocaña

Y así, el primer día, casi en el primer kilómetro de su primera carrera con el maillot del Fagor, la Vuelta a Andalucía, el sábado 10 de febrero de 1968, Luis Ocaña dijo quién era con un ataque que nadie se esperaba camino de Nerja. Primero fue Rinus Wagtmans, el holandés del mechón blanco, el acróbata rey de los descensos según consenso universal del pelotón, el que se exhibió.

Fue bajando el puerto de Fuente de la Reina camino de Colmenar, en los toboganes de Riogordo y Alfarnate, donde huele a aceite y a tomillo y a humo de leña de las chimeneas de las casas diseminadas, y donde la luz de la Axarquía no es tan diferente a la luz de las sierras de Cuenca que iluminaron al niño Ocaña. Por allí, cuesta abajo, por su territorio de expresión habitual se lanzó Wagtmans y por allí, por donde nadie le conocía, apareció repentino e inspirado Ocaña. Se habían corrido 50 kilómetros, la mitad justamente, de una etapa corta y sin pausa.

Ocaña sacó la chepa, pasó veloz por los toboganes tan aromáticos, adelantó ligero a Wagtmans, quien intentó seguirle pero cejó impotente en la subida a Periana, y siguió solo Ocaña, como solía siempre en las carreras de su juventud en Francia, sin mirar atrás. Por detrás fue el caos, un totum revolutum de nervios, juramentos, frenazos y amenazas. En el frenesí de la persecución Carmelo Morales despeñó un coche de La Casera y tuvo que ser el jefe del equipo, Bahamontes en persona, el que tomara el mando de las operaciones.

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Chillando a los suyos “¡Echadle huevos!, ¡los campeones se demuestran en la carretera!, el Águila, un director del pasado aún joven, lanzó a Sahagún, Sanchidrián y Martínez por la vieja carretera de Almería tras Ocaña, que ya llegaba a Nerja. Y tal fue el ímpetu de los muchachos de Bahamontes que rompieron el pelotón junto a tres más, pero nunca alcanzaron a Ocaña. El Francés, como le decían, pese a pinchar dos veces, llegó solo a Nerja, con 53 segundos de ventaja.

Ese era él. Y ese volvió a ser él al día siguiente, para desesperación de Matxain, quien aceleradamente empezaba a conocerle. Como a Ocaña, líder hermoso, le atacaban desde todos los lados, alfileretazos agudos dirigidos por Bahamontes y Morales, que compartían coche, qué remedio, azuzando a sus Caseras, Ocaña decidió irse del pelotón y atacó subiendo al elevado Vélez de Benaudalla, en la carretera que de Motril asciende a Granada.

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Demasiado para los nervios fáciles de Matxain, que aceleró juramentando y haciendo rechinar las ruedas, adelantó al pelotón y cruzó el coche delante de su ciclista para obligarle a desistir de su lejano ataque. Contra todo pronóstico, Ocaña pareció aceptar la consigna, puso las manos en la parte superior del manillar y se dejó atrapar. Pero en la segunda ocasión en la que atacó, subiendo el puerto del Suspiro, ya no hubo quien le parara. Ni siquiera quien lo intentara. Ocaña volvió a ganar la etapa, y aumentó su ventaja en la general en 43 segundos más sobre el belga Tony Houbrechts, del Flandria, su principal rival.

Y fue justamente la noche que siguió a esa etapa, en el hotel intranquilo de Granada, cuando Mendiburu le dijo aquello de “eres un elemento con carácter, con mucho carácter”, una frase que no logró interpretar hasta el día siguiente.

El día siguiente era la tercera etapa, la Sevilla-Jerez de la Frontera, solo 100 kilómetros por las llanas campiñas del Guadalquivir, las tierras ricas y los campos de remolacha. Debería haber sido el día más tranquilo, pero para Ocaña fue el día del desastre, y, por ello, el día en el que se le abrieron los ojos, en el que comprendió aquello del “elemento característico”…

Fue el día en el que el Flandria, el equipo belga dirigido por Brieck Schotte, pelirrojo y duro como un ladrillo, dominador del Tour de Flandes durante décadas, escogió para hacer una demostración de su arte. Aprovechando un ligero viento de costado, los belgas, que llevaban arropadito a su líder Houbrechts, empezaron suavemente a meter cuneta y como quien no quiere la cosa enseguida organizaron un abanico que cobró impulso según el viento crecía en fuerza. Ocaña intentó aguantar, pero al final cedió, 200, 300 metros, kilómetros…

Por detrás de él se habían quedado muchos compañeros del Fagor que podrían haberse organizado en la derrota para minimizar sus efectos pues eran grandes rodadores, salvo Mariano Díaz. Allí estaban, además, Ginés García, Otaño y Vélez. Y Ocaña tuvo la impresión de que ninguno le echaba una mano de verdad, y llegó a Jerez  a 9 minutos de los Flandria y los cuatro fuertes que les habían resistido a los belgas.

Extracto del libro “Ocaña” escrito por Carlos Arribas y publicado por Cultura Ciclista

Imagen: Happy Birthday

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Ciclismo antiguo

El primer récord de la hora de Indurain fue en la carretera

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Una crono del Tour vio un récord de la hora de Miguel Indurain

Debo confesar que estoy contento: Esta vez no me ha pillado” dijo Claudio Chiapucci tras no ser doblado por Miguel Indurain en una crono que cubrió en ritmo de récord de la hora.

El Tour de Francia de 1992, el de hace 25 años y segundo de Miguel Indurain, tuvo grandes momentos, icónicos algunos de lo que fue el ciclo de dominio navarro en la mejor carrera.

Cuando hablamos de ese Tour, lo hacemos de la salida de Donosti, de las etapas del norte, de la contrarreloj de Luxemburgo, nunca hemos visto nada igual, de la maratón hacia Sestriere, y la irrepetible gesta de Claudio Chiapucci….

Un Tour cargado de emociones, un Tour que rompió en los Juegos Olímpicos de Barcelona, que tuvieron un previo, un entremés histórico pero ciertamente “opacado” por el tiempo.

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Fue la crono entre Tours y Blois, dos enclaves hoy famosos por estar en la ruta del Loira, ahora que todo el mundo sale a conocer mundo.

Dos enclaves que pasaron a la geografía de Miguel Indurain como Bergerac, Luxemburgo, Lieja, La Plagne, Hautacam o Lac de Madine.

La prueba era una bestialidad, 64 kilómetros de mano a mano entre los supervivientes de un Tour que pisó varios países por los progresos acaecidos en la Unión Europea.

DT Swiss ARC1400

Kilómetros hora de propina

Tras una semana salpimentada por alguna tormenta y muros del Macizo Central, la obsesión en Banesto era atar lo mejor posible un amarillo que en realidad estaba más que adjudicado.

Prudente, José Miguel Echávarrari fijó los cronos sobre Claudio Chiapucci.

Dos o tres referencias fueron suficientes. 

Cuando vio que la cosa estaba atada, con el diablo más allá de los cuarenta segundos, dio vía libre al potencial de su pupilo.

La igualdad entre Indurain y Bugno, que se movían entre el segundo y los tres, se esfumó.

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Miguel abrió gas y sacó cuarenta segundos al campeón del mundo en los últimos 19 kilómetros. Espectacular.

El navarro ponía la guinda a su segundo Tour y a su primer doblete incluyendo rondas francesa e italiana.

Un premio redondo, una secuela a la gran aventura del 92 y una previa a la inauguración a los Juegos Olímpicos de Barcelona, que recuerdo quiso tener al astro navarro entre sus asistentes.

Sin embargo aquel día hubo otro efecto. 

Indurain marcó aquel día 1 hr 13 minutos y 21 segundos rodando a 52,349 kilómetros a la hora, eso es decir, un kilómetro más rápido que Francesco Moser, ocho años antes en la altitud de México DC, uno de esos logros singulares, que posiblemente pocos valorasen en ese momento, pero que dio la talla del atleta que fue el navarro.

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Ciclismo antiguo

La trágica muerte de Francisco Cepeda

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Francisco Cepeda fue el primer ciclista que perdió la vida en la Grande Boucle

Fue un 12 de julio, han pasado más de 85 años cuando Francisco Cepeda falleció compitiendo en el Tour de Francia, siendo el primer ciclista que perdió la vida en la carrera más importante. Queremos recuperar este extracto de “El primer campeón“, pues Cepeda fue compañero de Mariano Cañardo.

Aquella muerte se produjo en un sitio que muchas veces hemos visto, el descenso del Galibier, por Lauratet, hacia Le Bourg d´ Oisans.

Así fueron aquellos días y la convivencia entre ambos:

Entre Amélie-les-Bains y Barcelona pasaron los meses que dieron la bienvenida a 1931. Mariano arrancó algo más pronto la campaña, un inicio aguado por su amigo y gran velocista José Cebrián Ferrer, quien le ganó el Gran Premio de Calatayud. Aquello fue en marzo. Poco después le reclamaron de Francia para disputar la Mont Faron, donde un choque, literalmente hablando, con Montero durante la salida lo dejó parcialmente fuera de combate, haciéndolo hacer a una posición discreta. A aquella cita, al margen de Montero, viajó con Mariano Francisco Cepeda, a la postre el mejor de los tres.

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Cepeda fue un ciclista vizcaíno, buen profesional, con palmarés eminentemente doméstico. Sin embargo su recuerdo se asocia con el descenso del col del Galibier, y más exactamente en la carretera que desciende del Lautaret a Bourg d’Oisans, trecho donde se dejó la vida en el Tour de Francia de 1935. Cepeda fue el primer ciclista que perdió la vida en la Grande Boucle. Con Vietto y compañía bajando temerariamente, Cepeda se dispuso a darles caza, hasta que un coche le atropelló provocándole una caída que le hizo imposible continuar.

Los sanitarios le atendieron sobre el mismo arcén pero no hubo manera, el corredor no presentaba signo alguno de recuperación y se lo llevaron con urgencia al hospital de Grenoble. Allí las horas iban pasando sin síntomas de mejoría. A última hora de la noche, con el corredor aún sin conocimiento, se decidió practicarle una trepanación, pero su suerte estaba echada.

Cepeda falleció aquel 12 de julio. Sus compañeros, los pocos españoles que quedaban en carrera, quisieron estar con él en un momento donde la victoria que se disputaban Romain y Sylvère Maes, Ambrogio Morelli y Félicien Vervaecke, quedaba convertida en una nimiedad. 

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La muerte de Cepeda fue un antecedente doloroso y gravísimo en la historia del ciclismo. El pelotón ya no soltaba un genérico “sois unos asesinos”, como el de Lapize veinte años antes, cuando les hicieron atravesar los Pirineos a merced de los lobos; ahora se hablaba de materiales deficientes, de seguridad precaria y de condiciones míseras. Los artistas del circo eran, paradójicamente, los peores tratados. Eran la purria del negocio, cuando efectivamente eran la clave de bóveda de todo.

Cepeda tuvo una amplia relación con Mariano, de hecho compitieron en pista haciendo pareja en alguna ocasión y ambos estaban juntos en aquel Tour de negro recuerdo. La edición de 1935 del Tour fue la vigesimonovena de la carrera más prestigiosa. España se presentó con un combinado interesante que estaba formado por Trueba, Ezquerra, Cardona, el mentado Cepeda y Mariano, entre otros. Un buen plantel a priori, pero un desastre desde el primer minuto de competición.

Mariano lo dejó en la quinta etapa, sumido en un mar de anonimato en el que nunca llegó a estar por encima de la quincuagésima plaza. Se dijo mucho y se escribió más. “Son tantas las cosas que he leído que ya ni me enfado”, dijo en un primer momento. Luego argumentó: “No es cierto que Trueba nos indujera a abandonar. Trueba no carbura y decidió dejar la carrera. Ezquerra perdió en la etapa del Ballon d’Alsace toda confianza en lograr una buena clasificación y eso le desmoralizó. Yo no podía con mi alma y de un momento a otro esperaba que me pusieran la linterna. Ya veía la llave cerrando el control. Cuando uno no marcha no es necesario que vayamos malgastándonos inútilmente por la ruta”. Mariano supo del terrible desenlace para su compañero Cepeda, el peor de los posibles, cuando aún se albergaban esperanzas de recuperación.

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⁣En unas horas, 𝐆𝐑𝐀𝐍 𝐂𝐀𝐍𝐀𝐑𝐈𝐀 vuelve a convertirse en la sede oficial del 𝐂𝐈𝐂𝐋𝐎𝐓𝐔𝐑𝐈𝐒𝐌𝐎.⁣
Tras el pistoletazo de salida en el Faro de Maspalomas, nuestros bikers recorrerán 110 km. con un desnivel de 1.500 m. 🚴🚴‍♀️💨

El primer récord de la hora de Indurain fue en carretera abierta y vestido de amarillo

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El camino a Lavaredo compensa cuando llegas arriba y ves uno de los paisajes más irreales del ciclismo

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Entre los hobbies de Freire se cuentan montar muebles, construir altavoces, conducir coches clásicos de carreras...
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