Ciclismo
Cadel Evans, siempre en mi equipo
Criticado a más no poder, Cadel Evans supo dar todo lo que tuvo
El ciclismo australiano hoy es una potencia consolidada, una realidad que se mueve a codazos en el pelotón internacional, pero nada de esto se entendería sin la figura de Cadel Evans.
El primer día de febrero, al otro lado del mundo, se disputa la Cadel Evans Great Ocean Race, una prueba que ya cumple diez ediciones y que nació con el propósito de homenajear al hombre que cambió el paradigma de su país en este deporte. L
a historia de Evans es la crónica de una resistencia feroz, la de un corredor que aterrizó desde el ciclismo de montaña, bajo la órbita del equipo Mapei, para escalar cumbres que parecían reservadas a los elegidos de la vieja Europa.
Se le criticó con dureza durante años.
Se decía de él que corría a la defensiva, que era un ciclista de rueda y calculadora, pero la realidad era bien distinta. Evans no era un conservador por gusto, sino un superviviente nato.
Le tocó lidiar con una generación donde nombres como Alberto Contador, los hermanos Schleck, Carlos Sastre o Denis Menchov parecían tener, sobre el papel, una marcha más que él.
Cadel Evans no jugaba a ser el más espectacular, jugaba a ser el último en caer. Esa capacidad de sufrimiento, ese no dar un relevo de más cuando las piernas flaqueaban, fue lo que le permitió alcanzar lo que otros más dotados nunca rozaron.
Su palmarés es el testamento de su tenacidad.
Un Tour de Francia y un Mundial no son botines que se consigan por azar.
Son los hitos de un ciclista que supo exprimir cada gramo de su talento hasta llegar mucho más alto de lo que cualquiera hubiera apostado cuando dejó los senderos del biker por el asfalto.
En las distancias cortas, el relato cambia.
Quienes le trataron hablan de un corredor seco, frío, con un aire de divo que a veces resultaba distante y un carácter algo agarrado.
Fue un profesional acallado, de gestos medidos y poca concesión a la galería, pero en la carretera poco o nada se le puede reprochar.
Evans no fue el pionero que puso a Australia en el mapa del ciclismo mundial, pero la situó más alto que nadie a base de una calidad que, aunque discutida por estética, resultó incontestable por resultados.
Su carrera fue la victoria del método y el aguante sobre la pirotecnia ajena.




