Connect with us
Leaderboard 1 XX
Leaderboard XX 2 – 2imagen
Leaderboard 2 XX

Síguenos y subscríbete

Como estar informado y participar en sorteos de carreras y productos, NO TE LO PIERDAS!

Mundo Bicicleta

En Plateau de Beille…

Publicado

en

DT – 2022 post

“À pied, s’il vous plaît, à pied!”. Los gendarmes, con caras de pocos amigos, nos obligaban a desmontar de nuestras bicis. Estábamos a pocos metros del inicio del col, donde la gendarmería francesa había instalado un control con vallas por el que deberíamos pasar todos los que queríamos acceder al puerto para ver el final de etapa. Podíamos entrar con las bicis… pero de la mano. Pensamos que no podía ser que no nos dejaran subir montados. No podía ser, pero de momento así era.

Habíamos llegado al pequeño pueblo de Les Cabannes (Ariège) con nuestras mochilas cargadas de ilusión, además de  bocadillos, bambas y gorras para el sol. Nuestra aproximación había sido en coche hasta la vecina población de aguas termales de Ax-les-Thermes, a unos 16 km del inicio de la subida, donde aparcamos y coincidimos con otros muchos ciclistas, la mayoría de ellos catalanes. El sitio ideal para empezar a pedalear. El tráfico comenzaba a ser bastante intenso y la entrada a la ciudad ya estaba colapsada de buena mañana.

Así, sorteando coches, pudimos salir por fin dirección Les Cabannes junto a otros pequeños grupos de ciclistas que se iban formando. Rodando bastante rápido llegamos en seguida al cruce a la izquierda que en 16 duros kilómetros nos debía de llevar hasta Plateau de Beille, todo un coloso a 1783 m de altitud, una media del casi 8% para salvar 1248 m de desnivel. Bueno, eso creíamos nosotros, que podríamos llegar hasta arriba.

En el pueblo, engalanado para la ocasión, ambiente por todo lo alto: ciclistas de un lado para el otro  o parados charlando animosamente, gente andando también, mucha, y gendarmes, muchos también. Aroma y color de Tour. Pero al llegar al control de acceso nos obligaron a echar pie a tierra, ante la estupefacción de todos los que íbamos en bici. No tendríamos más remedio que hacer toda la subida a pie. “Sí, hombre”, pensamos muchos. Y en cuanto despistamos los primeros gendarmes nos volvimos a subir pensando que ya había vía libre, pero para nada… en seguida nos topamos con otro poli que nos obligó, de nuevo y más autoritario, a bajarnos de  las bicis (“à pied!, à pied!”).

La primera rampa del puerto, delante de nosotros, impresionaba de verdad (12%). No la pudimos atacar en bici y la tuvimos que patear, pero la cuesta se las traía. Cuando los gendarmes quedaron a nuestras espaldas, de nuevo nos subimos a las bicis y aprovechamos para iniciar la escalada. Destacar otra vez el ambientazo, ciclistas de todas las nacionalidades tirando para arriba, destacando algunos noruegos con sus banderas, y de todo tipo: fuertes, altos, bajos, gordos, delgados, jóvenes y no tan jóvenes, chavales y niños. Todos buscando su sitio en la subida, intentando quedarse en alguna cuneta o rampa donde poder ver bien de cerca a los pros.

El puerto, con pocos descansos y rampas muy mantenidas, lo ascendíamos durante estos primeros kilómetros a buen ritmo, con buen desarrollo y tranquilos. No se trataba de subir rápido, si no de intentarlo hasta arriba, disfrutar del ambiente y luego bajar buscando el sitio ideal para ver pasar a los ciclistas. Poco a poco la gente que iba subiendo andando, y que íbamos sorteando, la vamos dejando atrás, quedando la carretera casi en exclusiva para los ciclistas. A estas alturas los gendarmes ya no nos obligan a bajarnos de la bici, de momento, y nos dejan hacer.

Las cunetas, a esta hora, abarrotadas de público, de caravanas, de tiendas de campaña, de aficionados comiendo y bebiendo, divirtiéndose hasta el paso de la carrera. Y ciclistas, muchos. Unos pasando como auténticas motos, otros más pausados, otros más tocados. Y es que el puerto se las trae, con muchas curvas por encima del 12%. Gente haciendo pintadas en el asfalto, otros animando a los que vamos subiendo o haciendo fotos.

En una curva a izquierdas ¡sorpresa! ¡Si es Manolo!, ¡Manolo Saiz! Allí estaba, muy moreno, echado en una tumbona y tomando el sol, viendo pasar el rosario de cicloturistas que ascendíamos con más pena que gloria el tramo más duro de toda la subida:

                                                  -¡Manolo!

                                                  -¿Qué pasa majete? 

Lo había reconocido perfectamente y me dejó una grata impresión verlo allí, en una cuneta, esperando el paso del Tour, como un aficionado  más y en medio del anonimato de los aficionados.

Seguíamos pedaleando y cada vez hacía más calor. Empezábamos a sudar a chorros. Hicimos una parada técnica para rellenar bidones en una fuente que manaba a nuestra derecha. La cola de ciclistas que había esperando para beber agua y refrescarse la delataba.

Al final de una tremenda rampa se vislumbraba un descanso y llegábamos al rellano de la cabaña Pierrefitte, unos 500 m planos en medio de una enorme campa que se había convertido en todo un recinto ferial, un mercadillo al aire libre, donde no faltaba de nada: chiringuitos donde poder comer y beber, tiendas con ropa y material de ciclismo, stands de importantes marcas,  más caravanas y más tiendas de campaña y hasta música en vivo. Un tremendo espectáculo urbano en pleno Pirineo. Hasta las vacas y los caballos parecían haber huido de allí. Esto es el Tour.

Para pasar por semejante embudo de nuevo los gendarmes nos obligaban a poner pie a tierra, ya que el ir y venir de la gente, cruzando de lado a lado la carretera, hacía muy difícil el poder continuar en bici. Aún y así, al darse la vuelta los gendarmes, intentamos subirnos pero ya no nos dejaron, a ninguno, aunque siempre había alguno que esprintando burlaba el control de la policía y se marchaba como un poseso en busca de la cima. Estábamos a unos 3 km del final y ya barajábamos la posibilidad de quedarnos allí, donde había muy buen ambiente y podríamos tomarnos unas cervezas bien frías.

Decisivo fue el preguntar a  unos ciclistas que bajaban si se podía seguir en bici el resto de la ascensión. Ante su respuesta negativa, de que los gendarmes ya no dejaban subir montados lo que quedaba de puerto, decidimos quedarnos. Así pues, no pudimos cumplir el sueño de escalar todo el puerto y eso que en teoría quedaba lo más fácil, pero nadie nos puede quitar lo ascendido y el hecho de poder estar allí, en medio de aquel precioso paisaje pirenaico, un poco estropeado por las carpas y el tremendo ruido que producía la megafonía que tenían allí instalada.

Aún quedaban unas dos horas para ver el paso de la caravana publicitaria del Tour y otra más para ver por fin a los ciclistas. Era la hora de comernos los bocadillos, bebernos unas cervezas y tumbarnos un rato a descansar viendo como pasaba gente disfrazada de todo tipo: pitufos, policías sexys con tanga, gorra, cinturón y liguero, novias, un Spiderman, luchadores de sumo, una chica tremenda vestida de militar, ¡pero sólo con las botas! En fin, frikis dando el cante, intentando salir por la tele.

También ciclistas de todas las nacionalidades: franceses, ingleses, algún australiano, catalanes, vascos (¡y del Athletic!) que llegados a este punto, y ante la postura de la gendarmería, o bien se quedaban allí o se daban la vuelta. Mucho ambiente, mucho color, sol y calor. Suerte de las gorras, las bambas y la crema protectora que habíamos traído con precaución.

Así se nos pasaron rápidamente las horas de espera, muy entretenidos, hasta que empezaron a subir los primeros vehículos de la colorida y animada caravana del Tour repartiendo sus famosos obsequios. Pues no pillamos ni uno. Un pareja de sexagenarios franceses que teníamos a nuestro lado, y en muy buena forma, se hicieron con un botín ese día porque no pararon de pillar todo lo que tiraban desde los coches, mostrando tener muy buena experiencia ya que llenaron una bolsa entera de regalos.

Por fin el momento esperado, ¡llegaban los ciclistas! Los íbamos siguiendo a través de una pantalla instalada en un stand de una gran casa comercial y ya pudimos comprobar que aquí no se iba a mover nadie, salvo el escapado, y a la postre ganador, el belga Vanendert, perseguido por un gran Samuel Sánchez. Y ya estaban aquí, a nuestra altura. Los aficionados ocupando buena parte de la calzada. El gendarme que controlaba nuestra zona empujando, empujando… Los frikis haciendo de las suyas. Emoción, fotos, gritos de ánimos y detrás el resto de favoritos. No se mueve nadie. Todos a rueda de todos. Voeckler tirando, los Schleck a rueda y Contador que llevaba muy mala cara. Pasaron muy rápido, eso sí. Luego iban llegando el resto que pasaban como una exhalación y después los diferentes autobuses con los sprinters… y se acabó.

En apenas un margen de pocos minutos habían pasado todos, corredores, motos y coches de equipo. La etapa no había sido gran cosa pero habíamos estado allí. Disfrutamos, reímos y vimos a nuestros ídolos por unos instantes. ¿Había valido la pena? Rotundamente sí. El Tour es puro espectáculo, hagan lo que hagan los corredores, un gran circo ambulante. Sólo se puede disfrutar una vez al año y hemos sido espectadores de primera fila de uno de los acontecimientos deportivos más importantes del mundo, según dicen, sólo superado por los Juegos Olímpicos y los Mundiales de fútbol.

Por Jordi Escrihuela 

Imagen tomada de http://www.les-actus-du-cyclisme.com/

Shimano – Leaderboard 1024×300
Continuar Leyendo
Click para Comentar

Dejar Respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Destacado

Vigorelli

Publicado

en

DT – 2022 post

Vigorelli es historia universal del ciclismo, pura y dura

Lo que significa el Vigorelli no es exclusivo de Milán y sí para todo el mundo del ciclismo: es Historia.

Además, en el caso particular de Milán, Vigorelli no es sólo algo monumental, también es una historia actual, podríamos decir que una oportunidad. En los últimos 15 anos Milán, como muchas ciudades de Europa, se ha llenado de bicis y en particular las bicis de pista.

Hay un movimiento «fixie» que involucra todo el mundo, con muchos jóvenes (y menos jóvenes) que no quieren competir en critérium, pero les gusta el piñón fijo y la cultura de la pista. El Vigorelli es una oportunidad para ellos, como es una ocasión para dar espacio a los niños y a los ciclistas más pequeños para tener un lugar seguro donde aprender este magnifico deporte. Las carreteras en Milán y alrededores son peligrosas.

Vemos que muchos equipos juveniles han cerrado o están en crisis muy profunda: las familias prefieren que los niños jueguen a fútbol o hagan natación, por el riesgo en las carreteras. Nosotros (y el Comitato Velodromo Vigorelli) siempre hemos visto Vigorelli como a la «casa del ciclismo milanés» por eso: a partir de su magnifica historia, en el futuro el Vigorelli deberá que acoger todos esos ciclistas. Hay mucho hambre de ciclismo en Italia y Milán: Vigorelli es el destino final.

La última vez que unas bicis corrieron por el Vigorelli fue al 11 de septiembre del 2001. Después la pista quedó más o menos abandonada, mientras que la estructura fue utilizada por el fútbol americano (un equipo que juega en este campo desde más de 25 años) y otros eventos. Abandonada sin solución, la pista se degradó, con la madera muy estropeada. Pero lo más grave fue que Vigorelli estaba cerrado al ciclismo, y sin ciclismo no había interés en la pista.

Trek 2022 – Leaderboard Post 728×90

Los ciclistas de Milán llevaban cinco años pidiendo una restauración y una reapertura. Tuvimos que esperar hasta al 2013 cuando una gran empresa de construcción, la que gestiona los rascacielos aledaños al velódromo, ayudó al ayuntamiento para renovar la estructura. El ayuntamiento lanzó una convocatoria publica para los trabajos y premió un proyecto que quería destruir la pista y hacer un pequeño estadio para fútbol americano y rugby, además de competiciones caninas.

Ante estas terribles perspectivas, el ciclismo local se movilizó solicitando que la pista del Vigorelli fuera reconocida como un monumento histórico, sin posibilidades de destruirla. Por suerte, hemos encontrado un ministro que nos atendió, y ahora Vigorelli es un monumento y nadie puede tocarlo para transformarlo en otra cosa. En ese momento, el ayuntamiento empezó a trabajar junto con los ciclistas y puso parte del dinero en un proyecto de restauración que está a punto de acabar.

Salida de la última Milán-San Remo

Ahora mismo queda mucho trabajo: por lo menos un mes de trabajo en la pista, todo el verano para los trabajos en el campo, y luego casi dos años más en las gradas, los vestuarios y el resto.

Lo más importante es que el renovado Vigorelli sea un velódromo abierto a los jóvenes, a los equipos, pero también a la gente que quiere pedalear, entrenarse y divertirse. Claro hay que pensar en las competiciones: como sabéis el Vigorelli es un velódromo «viejo», abierto y con una pista de 397 metros. No puede acoger unos mundiales o unos JJOO, pero es posible hacer todas las otras carreras: locales, nacionales e internacionales.

Tenemos el ejemplo del velódromo de Fiorenzuola, cuyos «Seis Días» siguen desde el 1998 siendo la competición en pista más importante de en Italia habiendo desfrutado de Hoy, Cavendish, Wiggins, Cipollini, Llaneras, Galvez, Risi, Lombardi, Collinelli, Martinello y Viviani. Todos han pasado por ahí. Igual que el Red Hook y otras carreras tipo criterium. El Red Hook de Milán es el segundo más viejo del mundo llevando más de 2.000 personas a la calle.

Gran canaria 400×400
Endura 400×400
Cruz 400×400

Si Milán es la capital italiana del ciclismo de carretera porqué no acoger el Giro del centenario o la salida de la Milán-San Remo. Sólo hay que quererlo.

Como os podéis imaginar, Italia está llena de lugares históricos para el ciclismo. Cada uno tiene su historia. Nosotros tenemos un vínculo muy fuerte con el Museo del Ghisallo, que creemos debe ser uno museos de ciclismo más importantes del mundo. En Ghisallo el Museo está vivo aùn, pero necesita dinero para vivir. Sería suficiente con que los italianos lo vivieran como lo sienten todos los turistas que van allí desde el extranjero.

Nos gustaría que después de Vigorelli otros velódromos volverían a ser abiertos. Hay un montón de velódromos cerrados, y muchos en malas condiciones pero con grandes historias. Hablo de Varese, con un proyecto de demolición encima de la mesa, y el Motovelodromo Fausto Coppi de Turìn, ahora abierto por una asociación pero con la idea de un supermercado en su lugar. Estoy seguro que esto no es un problema solo de Italia, pero creo que la gente tiene ganas de velódromos, de bicis, de pedalear con una joya. Conservar lo que ya tenemos, como nuestros velódromos históricos, mirad lo que hicieron en Herne Hill en Londres. Esta sería la mejor manera para empezar nuestra pequeña revolución.

Por Filippo Cauz

Imagen de Emanuele Barbaro

Shimano – Leaderboard 1024×300
Continuar Leyendo

Mundo Bicicleta

El último kilómetro del Portalet

Publicado

en

DT – 2022 post

En el Portalet el ciclista saborea el paisaje con mayúsculas

Se me acercó y me ofreció una barrita energética. No la conocía de nada, pero allí estaba, a mi lado. Se la acepté gustosamente con un “gracias”, conteniendo casi la respiración y tragando saliva. No debería tener más de 30 años, o al menos eso aparentaba. Su melena rubia se dejaba caer justo hasta media espalda, y el viento jugaba entre sus rizos, al compás de su elegante pedaleo.

¡Vaya clase! Su maillot sin mangas, y su culote ajustado, insinuaba su hermosa figura. Sus piernas, morenas y robustas, eran la admiración de todos los que nos adelantaban. Una chica guapísima que, bajo sus gafas de sol, me esbozaba una tímida sonrisa. Nos encontrábamos a punto de entrar en el último kilómetro para coronar el Portalet. Quizás me había visto algo tocado, por otro lado normal, al menos para mí, a estas alturas de marcha.

Y es que, como cada año, allí estaba, rodeado de miles de cicloturistas que como yo, cumplíamos el sueño de vernos allí, pedaleando por este hermoso collado, bajo los ánimos de cientos de personas, amigos y familiares, que se han instalado en las cunetas, para darnos aliento en estos últimos mil metros de puerto, creando un ambiente festivo como si del mismísimo Tour se tratase. Mis sensaciones son las de siempre: verme allí, ascendiendo el Portalet nuevamente, pero como si el tiempo no hubiera pasado y allí estuviera eternamente escalándolo, echando la vista atrás y contemplando la belleza del puerto con sus hermosas praderas verdes, sus riachuelos, su cielo azul, y al fondo la carretera, abriéndose paso entre las montañas, con un rosario de ciclistas, tanto por delante como por detrás, subiendo muchos a un paso cansino, otros a un ritmo mejor, y algunos, los menos, como auténticas motos.

En este escenario cabemos todos. No sé porqué pero aquella chica no se separaba de mi lado y varias fueron las veces que la animé a que continuara a su ritmo, porque sin duda parecía que iba como un tiro. Pero siempre declinaba la invitación y prefería que coronáramos juntos el puerto. “Así vamos bien” –me decía. Un ángel, eso es lo que era, un ángel en bicicleta… qué estilo, qué elegancia, qué belleza… Y yo llevando como siempre también, el mismo desarrollo con el que había subido el Marie Blanque…

Al pasar por fin por el mojón de “último kilómetro”, me animo algo más, bajo un par de dientes y me incorporo en la bici, pegando algunas pedaladas en “bailón”. No sabía cómo, pero no quería quedar mal delante de la chica… Y así, a un ritmo más alegre, íbamos charlando, “empujados” por el aliento de la afición, en su mayoría vascos, que con sus banderas ondeando al viento, sus colores y sus gritos (“aúpa, aúpa, campeones…”) nos iban dando alas en la ascensión. ¡Qué afición la vasca! Sin duda para mí, la mejor del mundo.

Trek 2022 – Leaderboard Post 728×90

A estas alturas de puerto el gentío es impresionante. Auto-caravanas aparcadas en las cunetas, coches, tiendas de campaña, mesas y sillas de camping, parasoles… todo vale para contemplar uno de los mayores espectáculos cicloturistas del mundo. Alguien se me acerca y me ofrece una ¡tajada de melón! “No, no, gracias” –le digo amablemente, y es que aún recuerdo la última vez que comí melón en una marcha y luego bebí agua, ¡estuve una semana de baja con gastroenteritis! Ahora hay unos cuantos que corren a nuestro a lado (“aúpa, aúpa…”). Desde luego si hay algo parecido al Tour para el cicloturista, sin duda lo encuentra aquí.

2

500 metros y coronamos. Este año parece que en este tramo vamos algo mejor. El viento que tanto nos había castigado en el ascenso al Somport, y el frío, se había puesto de nuestro lado, echándonos una mano en este tramo final, acompañado por un sol que se agradecía, ya que tampoco calentaba demasiado. Estábamos a una temperatura ideal para pedalear, y no como otros años que en el Portalet nos cocíamos vivos. A pesar de esto, los rayos del sol eran lo suficientemente cálidos para que muchos dejaran lucir sus cuerpos al aire, quedando rojos como gambas, sobre todo algunas chicas en bikini que llevaban desde no sé qué hora luciendo palmito, para goce de muchos ciclistas que se entretenían con la bella vista.

Y así seguíamos, mi acompañante y yo, recogiendo muchos de los ofrecimientos de la afición: agua, alguna coca-cola, algún aquarius… todo fresquito, qué bien sienta. Algunos jóvenes, y no tan jóvenes, disfrutan de su particular “botellón”, bebiendo cervezas, pero siempre gritando y animando, animando… ¡no se cansan nunca! “¡Qué espectáculo!”-me comenta la chica, “sólo por disfrutar de este ambiente vale la pena venir aquí”. Y es que se ven escenas de todo tipo, desde el cicloturista que, tumbado en la calzada, le hacen un masaje, desde el que se detiene un momento para saludar a la familia, o para besar a la novia (¡qué bonito!), los que reciben llamadas al móvil (“tranquila cariño, estoy a punto de coronar el Portalet…”), los que, exhaustos, le dicen a su bici “mírate bien el paisaje, porque es la última vez que pasas por aquí”.

Gran canaria 400×400
Endura 400×400
Cruz 400×400

Exagerados… seguro que cuando lleguen a casa ya están deseando volver el año que viene. La gente nos sigue llevando en volandas y empujando hacia arriba, cada vez animando más (“venga, venga, doscientos metros y ya estáis”, “venga campeones”, “aúpa, aúpa…”, “venga valientes, no queda nada”…). La gente nos sigue ofreciendo de todo: periódicos para la bajada, más melón, más agua… Algunos incluso nos quieren “empujar” literalmente: “no, no, por favor…”. Ni sabemos la de veces que habremos dado las gracias hoy, a toda esta gente que nos anima.

Es impresionante. Y efectivamente, ya no queda nada, y aquí sigo al lado de este ángel que me está robando el corazón y el de la gente que la jalea: “¡guapa, guapa! ¡neska polita!”. 100 metros y arriba. Ya se ve el final. Pedaleamos por un pasillo humano y, como no podía ser de otra manera, un hermoso ejemplar de quebrantahuesos planea, majestuoso, sobre nuestras cabezas. Un entorno idílico. Aceleramos, avivamos el ritmo y… se acabó. Hemos coronado.

Hay un gentío enorme. Estamos en la frontera. Paro un momento a ponerme el chubasquero pues se intuye que en el descenso hará fresco. Me giro para darle las gracias a mi fiel acompañante, en estos maravillosos mil metros de ascensión, y que no hubieran sido lo mismo sin su compañía. Lo hago para ver también si se va a abrigar o no. Me giro y no la veo. La busco y nada. No está. Tal y como apareció se ha desvanecido. ¿Habrá iniciado ya el descenso? Imposible… ¿Habrá sido todo un espejismo? ¿Un sueño? ¿Una aparición? ¿O quizás un ángel? Lástima, yo que quería haberle pedido su número de móvil y ni siquiera me ha dicho su nombre.

Por Jordi Escrihuela

Imagen tomada de www.lespyrenees.net

 

Shimano – Leaderboard 1024×300
Continuar Leyendo

Mundo Bicicleta

El padre de la Quebrantahuesos

Publicado

en

DT – 2022 post

El creador de la Quebrantahuesos es Luis García Landa

Si hay alguien en este país responsable de que año tras año miles de ciclistas nos hayamos ilusionado por el cicloturismo y aceptado el reto de finalizar una de las marchas con más renombre mundial, no es otro que Luís García Landa. Y es que este deportista altoaragonés de Biescas, pero residente en Sabiñánigo, es el auténtico padre de la Quebrantahuesos junto a su esposa Tere, su amigo José Antonio Ferrer y el entonces presidente de la peña J. Navasa.

Luís llevaba varios años participando en la Marmotte y siempre había pensado para su tierra el trasladar la idea: organizar algo bonito, no sólo en el aspecto cicloturista, sino también para sacar de la profunda crisis en la que había quedado inmersa la comarca. Estamos hablando de principios de los 90 y en cuanto arreglaron las carreteras, se lanzó a completar su sueño, porque además el recorrido ya lo tenía claro, tantas veces sufrido y disfrutado por los pocos integrantes, por entonces, de su peña Edelweiss, cuando en una de aquellas “excursiones” a algún miembro de la grupeta se le ocurrió la feliz idea de volver a España, después de haber superado el Somport y entrado en el país vecino, “acortando” por el atajo del Marie Blanque: “¡Por aquí!”.

Así nacía una de las rutas más bellas, más famosas, reconocidas y recorridas por miles y miles de cicloturistas cada año, bien “solos” o en “compañía”, en modo “turista” o “competición”, con dorsal o sin él, a “disfrutar sufriendo” o “sufrir disfrutando” que de todo hay en el extenso abanico de perfiles ciclistas de este bendito país.

Los inicios fueron difíciles y él mismo Luís nos explica que la primera oficina de la organización fue el comedor de su casa, donde trabajó duro para enviar 3000 cartas informativas a todos los clubes de España y a 700 del sur de Francia.

El premio a ese esfuerzo todos lo conocemos: en cinco ediciones se llegó a los dos mil participantes y hoy ya son más de diez mil.

Luís nos podría explicar miles de anécdotas sobre la QH, pero… ¿sabías que estuvo a punto de llamarse la Sarrio – el rebeco del Pirineo Aragonés-? Pero finalmente Luís, ecologista recalcitrante y miembro fundador de ADEPA, la Asociación para la Defensa del Pirineo Aragonés, y ya que en aquel entonces se ocupaban de cuidar y alimentar a un quebrantahuesos malherido, pensó… ¿y por qué no llamarla así?

Porque eran muchos que en un principio, en sus primeras ediciones, pensaban que el nombre se debía a cómo se quedaba el cuerpo después de completar el duro trayecto de 205 kilómetros en bici, nada que ver, por supuesto, con la idea de hacer un llamamiento para proteger esta especie en extinción.

Nuestro protagonista de hoy daría para escribir un libro, y a mí se me acaba el espacio, pero vamos a añadir, si cabe, que fue el ganador (o como él mismo dice, “el que llegó en menor tiempo”) en la Madrid-Gijón-Madrid (MGM), y como también siempre nos comenta “lo hice sin pájaras”.

Randonneur, corredor, cicloturista… tiene en su palmarés pruebas tan dispares como dos victorias en la carrera de las 24 horas de Pomps (Francia), subcampeón de la Copa de Europa en Mallorca el año 94 y décimo del Mundo en el Tirol en 2001 como Máster 30, como Máster 40 subcampeón de Europa en Torres Vedras (Portugal) en el 2004 y es un habitual, por ejemplo, de la Vuelta a Maspalomas, del Tour de Flandes y, por supuesto, de su Quebrantahuesos, en la cual ha participado en todas sus ediciones menos en dos ocasiones.

Como buen amigo ciclista que es, siempre podremos pedirle sus sabios consejos, sobre todo en alimentación, para poder acabar una MGM “de la cual te puedo asegurar que acabé fresco, y eso que no soy de Bilbao”.

Por Jordi Escrihuela

Shimano – Leaderboard 1024×300
Continuar Leyendo

Destacado

El último quebrantahuesos

Publicado

en

DT – 2022 post

Así es la Quebrantahuesos de un ciclista como cualquiera de nosotros

Soy una especie en extinción. Un superviviente del grupo que hemos sobrevolado juntos durante muchos kilómetros todas estas magníficas montañas, donde venimos año tras año miles y miles de ejemplares que como yo anidamos en sus cimas nuestras ilusiones. Unos lo conseguirán. Otros las irán enterrando por el camino. Yo hoy me he quedado solo, no he podido seguir el ritmo de la bandada en la que viajaba. Voy a llegar el último a destino.

Ya sobrevuelo la recta de llegada. Estoy agotado del viaje. Un último esfuerzo para recibir al menos el calor de la gente que me va a recibir con todos los honores. Es lo bueno que tiene el ser una especie protegida, a los más débiles se les cuida más. No en vano vengo muy bien acompañado: ambulancia, policías haciendo sonar sus sirenas y coches de asistencia. Me siento mimado por el recibimiento. Aplausos, vítores, gritos de «campeón, campeón». Esto es lo mejor. Y por fin he llegado. He sobrevivido a una enorme bandada de depredadores que han intentado devorarme. Soy el último quebrantahuesos.

Esta mañana, hace tan «sólo» 12 horas, me las prometía muy felices. Contento por estar de nuevo aquí, en la línea de salida junto a otros «rapaces». Me encontraba fuerte, con ganas de liarla. Para eso este año había entrenado sobrevolando carreteras, puertos y más puertos. Estaba bien preparado. Había espabilado para llegar pronto y colocarme justo detrás de los ejemplares más feroces, los que llevaban en su dorso marcas de pintura amarilla, rosa o verde. Señales de guerra. Los mejores especímenes, de rostros afilados, los que volaban más rápido y más alto. No me intimidaban. Yo quería estar ahí y aprovechar el rebufo de este enorme grupo de élite. Al menos lo quería intentar.

Pistoletazo de salida. Salimos escopeteados, como una bandada de pájaros asustados por un potente petardo. Volamos. Circunvalamos Sabiñánigo a no menos de 45-50 km/h. Aguanto bien, a rueda del grupo de cabeza. No distingo bien a la gente que nos anima y nos aplaude. Vamos muy rápido. El pueblo se ha volcado, como siempre. Afrontamos las interminables rectas de los llanos de Jaca, cada vez más deprisa. El pulso se me acelera. No bajo el ritmo. Este año voy a por todas y quiero el oro. A velocidad de vértigo nos plantamos en Canfranc. Hasta aquí he llegado. Ahora empieza a endurecerse el puerto y ya no puedo seguir más este ritmo infernal. Levanto el pie y dejo escapar no menos de 500 fenómenos que no corren, vuelan dirección a la primera cima del día. Serán los quebrantahuesos que se jugarán entre ellos la victoria. Me despido de ellos. Ya no los volveré a ver en todo el día.

Subo dos piñones. Me dejo alcanzar por un segundo grupo. Enorme también. A ver si me acomodo entre ellos. Me meto. Me pongo a rebufo. El ritmo también es muy alto. Algunos me miran de reojo como diciendo «¿a dónde ibas pájaro?». Veo que tampoco voy cómodo. Sigo con las pulsaciones por las nubes. No hay manera de estabilizarlas. Esta gente también tira mucho. No puedo aguantar en los repechos. Van a bloque. Y yo que creía que iba bien. Me van pasando y poco a poco voy perdiendo posiciones del numeroso grupo. Calculo que debemos ser unos mil ahora mismo los que viajamos juntos. Me siguen adelantando y yo en vez de avivar el ritmo lo voy perdiendo, voy a menos. Este tampoco es mi grupo. Me voy rezagando y ya voy el último. No puedo seguir ni siquiera al que me precede. También lo voy perdiendo. Me quedo un momento solo en tierra de nadie. Sólo serán un par de minutos. En seguida veo cómo se acerca otro gran pelotón, más grande aún si cabe que el que me acaba de dejar. Me alcanzan. Sigo con ellos un buen rato. Van rápido pero puedo seguirles, aunque en ello me va el ir a tope. Llego con este grupo como puedo a Candanchú. Aún y así estoy contento de cómo he subido. La vez que más fuerte y más rápido lo he hecho.

Llegamos al avituallamiento y veo que la mayoría de los que íbamos juntos ni paran («¡Eh! ¿Dónde vais chicos?»). Del gran grupo que éramos solo quedamos unos pocos. La mayoría ha emprendido el vuelo. Yo tengo que parar. Creo que me he pasado. No me empiezo a encontrar demasiado bien. Como y bebo algo. Tengo que llegar arriba lo antes posible porque por aquí no paran de pasar y nadie para. Han debido pasar más de mil en unos pocos minutos. Tiro para arriba con otro grupo que no ha parado. Coronamos en medio de un ambiente excepcional. Mucha gente, muchos ánimos («aúpa, aúpa»). Y mucha niebla y frío. Paro a ponerme el chubasquero porque la bajada además está húmeda. ¿Qué pasa? ¿Aquí tampoco para nadie? Los que venían conmigo han recogido periódicos de la gente y se los han colocado en el pecho y se han tirado para abajo. ¡Qué valientes! De esta manera, de nuevo, vuelvo a perder otro tren. Ataco la bajada, con más miedo que otra cosa. Me giro y otro numeroso grupo viene decidido a por mí. Me pasan por todos lados, por la izquierda, por la derecha… Me han pasado muchísimos que no sé cómo tienen narices de bajar así. Sigue habiendo mucha niebla. Los abnegados voluntarios hacen sonar pitos avisando de los peligros de la carretera. Son geniales, de verdad.

Finalizamos el descenso y tiramos con decisión hacia el Marie Blanque. Voy en un grupo mucho más cómodo, pero que también tira fuerte. Van por faena. Iniciamos la subida a la Dama Blanca. Las sensaciones no son buenas. Paro, pero esta vez para quitarme el chubasquero. Como la mayoría de los que venían conmigo llevaban periódicos que, por cierto, los han tirado al suelo (¡muy mal!) pues me quedo solo de nuevo. Por poco rato, por eso. Sigo con la escalada. Nada, no voy fino. No tiro. Me siguen adelantando algunos como auténticas motos por ambos lados. Yo sigo a mi ritmo. Llega la parte dura. Meto todo y para arriba. Voy muy despacio. Por suerte la temperatura es buena, pero yo «no voy». Me siguen pasando. Mi corazón quiere pero mis piernas no pueden. Me bajo de la bici. Ando un rato con ella al lado. Soy de los pocos que lo hacen. La gente sigue subiendo a muy buen ritmo. Ya oigo el griterío de la cima. Estamos cerca. Me subo de nuevo a la bici. No quiero ni pensar en toda la gente que me ha pasado. Aquí me olvido del oro, de la plata y de hacer buen tiempo. Ya sólo pienso en acabarla. Llego arriba. Chubasquero y para abajo, con más motivo, ya que ahora se ha puesto a llover. Paro en el avituallamiento que está petado de gente. Intento comer, beber y recuperarme. Una voluntaria, muy amable y con una sonrisa, me da dos plátanos («te irán bien»). Me los como sin rechistar.

Descenso, lluvia y pinchazo. Al llegar al cruce dirección Laruns me encuentro que voy “blando”. Miro la rueda trasera. ¡He pinchado! Indico con la mano al numeroso grupo en el que ahora estaba inmerso de que me voy a parar a mano derecha. ¡Qué mala suerte! Ahora que había pillado un pelotón “cómodo”. Miro de cambiar la cámara rápidamente pero con la lluvia se me antoja si no complicado al menos molesto. Siguen pasando grupos y grupos que me miran algunos con lástima y otros ni me miran. Pero ninguno para. Sigo adelante. Se está haciendo tardísimo.

Me engancha otro pelotón bastante majo y vamos haciendo. Llegamos al cruce del Portalet. Sigo sin ir bien. Cruzamos el túnel y me doy cuenta que hace bastante rato que no como nada. Echo mano de una barrita. La mordisqueo e intento tragar. No puedo. No me entra la comida. Guardo el resto en el bolsillo de atrás del maillot mientras veo como mis compañeros de ruta en aquel momento se van alejando poco a poco y yo no puedo seguirles ni siquiera el suave ritmo que van imponiendo.

Trek 2022 – Leaderboard Post 728×90

La pájara y el tío del mazo. Las piernas no me van. La cabeza me da vueltas. Sigue pasando gente que para mí, tal y como voy, me producen auténtico vértigo. Pero sigo pedaleando, muy despacio. Ya no miro ni el reloj. Las pulsaciones hace rato que ni me suben. Llevo un globo de cuidado. No sé qué tiempo debo de llevar pero me está cayendo un verano, como diría el Butanito. Hace rato que no veo a nadie ni por delante ni por detrás. La presa de Artouste se me presenta como un muro infranqueable. Paro un momento. Respiro. Vuelvo a intentar comer algo. Nada, no puedo. Parece que a lo lejos viene alguien. Detrás una ambulancia. ¡Deben ser los últimos!

Me subo a la bici e intento ir un rato con ellos. Me dicen que aún queda gente por detrás, poca, pero aún vienen ciclistas. Estos chicos con los que ahora pedaleo un rato en su compañía van tocados, bastante, pero van haciendo, a ritmo de caracol pero van superando rampa tras rampa. Yo voy tan mal que incluso me cuesta seguirles. Los excesos se pagan y yo lo estoy haciendo con creces. En mi cabeza un único pensamiento: intentar pasar el control de las 6 de la tarde arriba del puerto y dejarme caer y finalizar.

Llegamos al avituallamiento. Aquí casi no hay nadie. Paramos todos a rellenar bidones y a comer algo. Seguimos. El puerto se abre. Precioso. La parte más bonita de la marcha. Con mucho dolor y muy despacio, avanzamos. No me puedo poner de pie, me dan amagos de calambre. Digo adiós de nuevo a mis compañeros de viaje y dejo que se marchen. Veo cómo se van alejando. Cómo me duelen las piernas. Y el pecho. El pulso no me sube. Me giro en una curva y ya veo cómo ascienden tres o cuatro grupos pequeños de ciclistas. Les siguen las últimas ambulancias y unos cuantos policías en moto. Éstos sí que son los últimos. Me dan alcance. Me dicen que me ponga a rueda.

¿Dónde está la gente? Por fin, con mucha más pena que gloria, entramos en el último kilómetro de ascensión. No queda casi gente. ¿Dónde están los ánimos? Aquí ya se ha marchado todo el mundo. Apenas quedan dos o tres autocaravanas. Sus propietarios cuando nos ven, salen e intentar darnos el último aliento (“aúpa, aúpa”). Coronamos por los pelos a las seis menos cinco minutos. Nos dejamos caer justo hasta el cruce donde los voluntarios nos vuelven a desviar.

Gran canaria 400×400
Endura 400×400
Cruz 400×400

La hoz y el martillo. Giramos los 8 integrantes del último pelotón de la marcha. Llaneamos e iniciamos la tachuela de Hoz. Aquí mis amigos se vuelven a distanciar. Quedamos un señor mayor y yo. Me bajo de la bici y continuo andando. No puedo más. Estoy al borde del abandono. Pero no lo voy a dejar ahora cuando tengo casi finalizada la marcha. Oigo el ruido de los motores de las ambulancias… y el de las motos. Sigo con mi particular procesión. El veterano ha seguido pedaleando firme hacia arriba. A veces se gira y me mira. Creo que quiere esperarme. Le digo que no, que siga adelante. Aunque no sé si lo hace por eso o para quedarse él el último. Siempre había oído de la gloria al héroe del farolillo rojo. Hasta me hacía ilusión.

Ya está, ya lo he perdido de vista. Ya soy definitivamente el último. Corono. Bebo agua. Este pueblo es una pasada. Aún queda gente aquí animando. Con fuerzas renovadas me veo con ganas de acabar por fin. Afronto las pestosas rectas en dirección Sabiñánigo. Viento en contra. Voy llaneando bien pero no voy muy deprisa. Voy solo, en bicicleta. Las ambulancias, coches de la organización, motos de la guardia civil me acompañan. Soy el último quebrantahuesos.

Por Jordi Escrihuela

Shimano – Leaderboard 1024×300
Continuar Leyendo

TWITTER

Nairo pita y tengo mensajes hablándome de Rafa Nadal y de conspiraciones junto a acusaciones de morboso y repartir mierda.
Amig@s que el que se ha equivocado es el corredor, y además él paga las consecuencias.
De momento, adiós a #LaVuelta22

https://joanseguidor.com/nairo-quintana-comparacion-rafa-nadal/

No es raro oír padres neerlandeses decirles a los niños desobedientes: "Que viene el duque de Alba"

#LaVueltaparacuriosos con @TuristaVuelta y @FAremberg

https://www.ivoox.com/vuelta-para-curiosos-vol-i-audios-mp3_rf_91110661_1.html

#PodcastJS
#LaVuelta2022

La vida que queda fuera del ciclismo, prospecciones interminables para objetivos inciertos, los viajes y la familia que se queda en casa, los sacrificios en la mesa...
Davide Formolo nos lo cuenta en compañía de Juan Antonio Flecha

https://go.ivoox.com/rf/90827909

😱¿Sabéis qué día es hoy? Sólo queda 1 mes para una experiencia de puro ciclismo entre Encamp y Pas de la Casa 😎🔥

#GranFondoEPC #wearegranfondo #ciclismo #cycling #cyclinglife #bike #granfondoworldchamp

📢📢📢
"Movistar sabe que tiene nuestro apoyo y el de todo un país para seguir en el WT" Javier Guillén

https://ivoox.com/director-vuelta-espana-javier-guillen-motivos-audios-mp3_rf_90824770_1.html

#LaVuelta22
#PodcastJS

Load More...

Lo + leído

X