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Ciclismo

Dos sitios ciclistas que podrían competir con Andorra

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La promoción ciclista de muchos destinos está a años luz de Andorra

Cuando hablas de ciclismo y Andorra por separado no sucede nada especial, cuando hablas de ciclismo en Andorra, o ciclistas en Andorra, se disparan las alarmas.

Es un tema recurrente, circular, que sinceramente creo que no nos debería preocupar en exceso, pues al final los que viven allí, que unos cuantos habrán por el Tour, pueden hacer con su dinero lo que buenamente quieran.

De hecho algunos, un saludo a Edu Prades, nos aseguran que están en el país de los Pirineos por su pasión por la naturaleza y el estilo de vida, y sinceramente le creo, no habría de pensar otra cosa, por mucho que el tema de la pasta, que seguro que pesa, siempre salga a relucir

Sea como fuere, Andorra en promoción e infraestructura ciclista le lleva mucha ventaja a muchos sitios de este lado de los Pirineos, eso es una verdad tan tangible como el darse un paseo por el Principat.

Nuestro amigo Jaume Rue nos dio una descripción de lo que allí se respira: ambiente ciclista 7 x 24 x 365

DT – Swiss 400×400
Cambrils 400×400
Cruz 400×400



Sí, sabemos que hay épocas del año que la climatología no es benigna, pero eso no les saca del mapa, el país ha hecho una apuesta tremenda, y le saca rédito, demostrando que apostar por el cicloturismo es rentable… y sostenible.

descripción no escribió un día tres propuestas de lugares que lo tienen todo para el ciclista, pero que me temo están a años luz de Andorra.

Empezó por Castellón:

¿Por qué Castellón y no Andorra? Por todo, por dónde empezar…

Primero el clima, aquí se entrena todo el año de corto.

Luego la orografía, estamos ante la segunda provincia más montañosa de España.

Rocacorba – 1024×300

Salvando la costa, que es llana, todo lo demás es montañoso, no son los Pirineos por altitud pero en etapas de poco más de cien km salen fácilmente dos mil metros acumulados.

El encadenamiento de puertos es constante, con finales en auténticos muros tipo Mas de Costa o etapas rompepiernas con final en Vistabella, tras pasar puerto del Vidre, la Bassa, Benafigos o Coll del Port… Finales en Desert o en la propia ciudad de Castellón, a escasos diez kilómetros.

Las carreteras del interior están vacías de coches y suelen estar muy bien asfaltadas.

Luego está la oferta hostelera: Barata, variada y muy extensa.

Voy con un otro sitio para competir con la Andorra ciclista…

Plasencia, al norte Extremadura, a menos de dos horas autovía de Madrid con buen clima, hostelería y restauración muy baratas, oferta cultural inigualable, carreteras sin coches y bien asfaltadas, y paisajes de ensueño desconocidos, cosas que, lo siento, Andorra no ofrece.

Lo normal es llegar allí con la bici a cuestas y olvidarte de ella por la cantidad de alicientes que hay, pero si se resiste, ahí van varias propuestas.

Primer día de rodaje, que menos que recorrer la dehesa extremeña dirección Trujillo, atravesando el Parque Natural de Monfragüe.

Carretera estrechas con curvas, bien asfaltadas con un paisaje increíble.

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Segundo día: Se pilla la nacional dirección Béar, vacía de coches completamente, y ya en Baños de Montemayor nos desviamos hacia Candelario, que nos deja en las faldas de La Covatilla, final de la Vuelta del pasado año.

El regreso a Plasencia se puede hacer por el valle del Jerte al que se llega a través del Puerto del Tremendal.

Tercera etapa: Valle de la Vera por la misma carretera del Jerte y desvío hacia la Vera por el puerto del Piornal (1269m) o la opción del Puerto Honduras (1430m) por la famosa villa de Hervás.

Cuarta etapa: por la Sierra de Francia, carretera preciosa hasta Zarza de Granadilla y Montemayor, también fue etapa en la pasada Vuelta, y de allí hasta la Alberca, un auténtico paraíso de puertos y bosques: Las Mestas, Peña de Francia, El Portillo, Sotoserrano,… todo en un radio de 25km.

El último día se puede hacer un rodar tranquilo por la dehesa extremeña hacia Cáceres, rectas interminables sin tránsito ninguno de coches para ir almacenando lo vivido días atrás .

Como veis material hay, sólo hemos hablado de dos sitios, norte de Extremadura y Castellón ¿qué no hacen muchos destinos ciclistas españoles para no estar al nivel de Andorra?

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Ciclismo de carretera

Las Tres Cimas de Lavaredo rozan lo irreal

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La historia ciclista de las Tres Cimas de Lavaredo viene del mismísimo Merckx

Es mirar las Tres Cimas de Lavaredo y ponerse a hablar de los Dolomitas, esa maravillosa y venerada cordillera de los Alpes italianos que debe su nombre al característico color de sus rocas y en honor a su estudioso el geólogo francés Dolomieu, puede resultar una tarea sencilla… o complicada.

Sencilla porque es fácil llamar la atención entre los cicloturistas el simple y mero hecho de pronunciar su nombre: Dolomitas. La tarea se complica cuando se trata de aportar algo nuevo entre tanto “gurú” de la alta montaña, pero lo voy a intentar.

Y si hablamos de Dolomitas, lo primero que se me viene a la cabeza es la figura inequívoca de las Tres Cimas de Lavaredo.

Esas tres rocas que emergen de la Tierra, esbeltas, bellas: la Cima Grande (3003 m), la Cima Ovest (2973 m) y la Cima Piccola (2857 m), componen esta tríada dolomítica. Suena a épica, mito, historia –dada su importante posición estratégica en estas montañas se produjeron furiosos asaltos militares y cruentas batallas entre italianos y austriacos durante la 1ª Guerra Mundial-, alpinismo –Paul Grohmann fue el primero en escalar la Cima Grande el año 1869-, geología –estas rocas se formaron hace 230 millones de años- y por supuesto ciclismo y por extensión, cicloturismo del bueno.

Siempre había querido ascender en bicicleta a las Tres Cimas de Lavaredo y comprobar por mí mismo la extraordinaria belleza del Lago Misurina o sufrir en mi propia carne esa rampa tan dura mantenida al 16% donde atacó Merckx en el Giro del 68 y desde luego disfrutar arriba de un entorno genuinamente dolomítico.

Este mes de julio he podido cumplir uno de mis sueños cicloturistas y así os puedo explicar mi experiencia en persona, de primera mano, paso a paso, kilómetro a kilómetro, pues cada uno que se pedalea constituye en sí mismo toda una aventura, un reto casi artesanal, al borde mismo de lo irreal y fantástico.

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De entre las posibles vertientes que yo conozco, a saber la de la olímpica Cortina d’Ampezzo (1224 m) y la de la hermosa Auronzo (864 m), me quedo con ésta última. Supongo que el hecho de que la carretera de Cortina soporta mucho más tráfico y que además se tiene que salvar antes del lago Misurina el Passo Tre Croci, fue lo que hizo inclinarme por la segunda opción.

Auronzo es una bella población en pleno Parque Natural del Lavaredo junto al lago Santa Caterina, aunque decepciona un tanto enterarse que es artificial, pero rodeado de magníficos bosques de abetos.

Al inicio de la subida la carretera va ascendiendo primero suavemente y sin demasiada historia durante unos 6 kilómetros, para inmediatamente después afrontar los siguientes siete mucho más duros con hitos enteros a una media de entre el 8 y el 9 % salpicados por numerosas rampas al 12 (según señales existentes).

Estos kilómetros nos irán muy bien para coger ritmo de ascensión y para ir probando sensaciones ante la tremenda pared que se nos avecina y que ya sentimos próxima.

Sobre el km 11 de ascensión pasaremos por el cruce que viene de Cortina y afrontaremos otro kilómetro entero al 8% para desembocar en un llano que agradeceremos tremendamente y en seguida aparecerá ante nosotros una estampa de postal, de ensueño: la imagen del lago Misurina con las Tres Cimas de Lavaredo recortadas al fondo.

Disfrutaremos de un par de kilómetros y medio de descanso bordeando la parte izquierda del hermoso lago –éste sí, natural-. Estamos ya a 1700 metros de altura, rodeados de un marco de fantasía donde podremos montar a caballo, practicar alpinismo, escalada, senderismo –hay un camino que progresa hasta el Refugio Col de Varda a 2115 m de altura, aunque si lo prefieres puedes subir en telesilla, eso sí “san paganini” de 9 euros-, piragüismo, mountain-bike, camping… y si no siempre te puedes tumbar en un verde prado y contemplar y dejarte llevar por los sentidos.

Pero dejemos el bucolismo y concentrémonos en la escalada porque una vez que dejemos el lago atrás iniciaremos la subida definitiva a las Tres Cimas: 7 km al 8 % -los 4 últimos al 10- salvando 576 m de desnivel.

Un desvío a la derecha con un cartel indicador nos señala el camino: es igual, tampoco hace falta y la carretera no engaña porque se eleva ya muy seriamente tras salvar una serie de dobles curva derecha-izquierda primero e izquierda-derecha después, para darnos de morros con “la pared”: el muro de 900 m al 16 % donde según dicen atacó Merckx, en el mencionado Giro, moviendo la bicicleta con increíble facilidad.

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Por si el porcentaje de semejante rampa no la delatara lo suficiente, en la calzada hay unas pintadas que lo recuerdan: 18 % marcado con un triángulo, así como restos del paso del Giro de aquel año: “Gibo” -Simoni-, Piepoli… incluso hay una que se acuerda de Patxi Vila, pero la más curiosa es una que dice en italiano más o menos que en ese punto empieza el Giro.

Salvada esta increíble cuesta donde pones todo lo que hay que poner, encontraremos un tremendo alivio en el llano y siguiente bajada a la altura del Refugio y Lago de Antorno. Muy bonito.

Así nos dejaremos caer hasta el “peaggio”. Sí, has leído bien, si quieres seguir ascendiendo tienes que pagar, como en el peaje de Martorell, eso sí, si vas motorizado: 20 euros del ala.

Pasando en bicicleta, ni qué decir tiene que no pagaremos un duro y que cruzaremos con una media sonrisa burlona mirando al vigilante de turno.

Es lo que hay: o pasas en bici o andando, si no, a rascarte el bolsillo para admirar un entorno natural ¿de todos?

El hecho de que exista este filtro, hará que sean pocos los vehículos a motor que nos podamos encontrar, aunque si lo hacemos en pleno mes de vacaciones, no podremos evitar el encuentro, y susto añadido, con algún “loco” del volante o algún autocar en alguna curva. Así pues, ojo.

Al salir de la zona del peaje y siempre con la vista entretenida en el hermoso paisaje, iniciaremos la última parte, y más dura, de la subida. Quizás los cuatro kilómetros más duros e increíbles que haya escalado nunca, –Angliru y Marie Blanque a parte, aunque no sabría qué deciros-.

Las curvas y los muros “imposibles” se van sucediendo sin tregua en una concatenación de rampas al 12, 14 y 16%, sin descanso alguno. Si vas mirando hacia abajo contemplarás con admiración cómo vas dejando atrás la serpenteante carretera, y en una de estas curvas fue dónde me encontré con el único ciclista en toda la ascensión, o mejor dicho la única ciclista: una chica con muy buena planta que estaba descansando y bebiendo sentada al borde de la carretera.

La saludé con un “hola, buongiorno” invitándola a continuar, aunque no sé exactamente si subía o bajaba, me miró y sonrió pero el caso es que ya no la volví a ver ni arriba ni abajo.

Las pintadas en el suelo como testimonio del paso del Giro continúan, y muchas recordando al llorado Pantani: los tifossi aún no lo han olvidado, tanto es así, que el Refugio de Auronzo (final “reglamentario” de la ascensión a 2300 metros) lo conocen como el “Refugio del Pirata”.

Seguí subiendo por esta interminable pared y lo debí pasar realmente mal, pero ahora, escribiendo estas líneas, no lo recuerdo exactamente, el dolor de piernas, el corazón a mil, sudando a borbotones, deseando acabar este sufrimiento pero a la vez no queriendo terminar, por temor a saber cuándo podré volver a sentir esta emoción.

Lo que sí recuerdo, es que en un momento de la escalada, el pedaleo se automatizó y mi cabeza paró, de algún modo, el dolor y pude continuar salvando curvas hasta que por fin pude ver al fondo de la carretera, y en lo alto, el ansiado refugio.

Una vez arriba la vista es impresionante, fantástica: la visión de las montañas dolomíticas hacen del entorno un lugar casi irreal, de ciencia-ficción, a la sombra de las ya muy próximas Tres Cimas.

En el bar podréis avituallar y comprar unos recuerdos y si queréis agua tendréis que comprarla porque además de que yo no vi ninguna fuente subiendo, en los lavabos hay un cartel que pone que el agua no es potable, y no me lo creo, sobre todo en un país como Italia que tiene unas aguas buenísimas, pero por si acaso la compré.

Tampoco vi españoles, la mayoría de turistas eran franceses, alemanes, ingleses y lógicamente italianos, y es que detrás de las Tres Cimas nos encontramos ya en Austria, concretamente en el Tirol.

Como ascendí con una bicicleta de ruedas gordas, aún me pude permitir el lujo de subir por un camino de piedras –frecuentado por muchos senderistas- un centenar de metros más arriba hasta el Refugio de Lavaredo, para poder seguir disfrutando del entorno y comprobar lo ya comentado de la primera Gran Guerra al ver un par de monolitos erigidos en una ladera en honor a los caídos.

Y allí me quedé más de media hora, en actitud contemplativa, rindiendo pleitesía a nuestros queridos Dolomitas y pensando cuándo volveré…

Imagen: Infobici

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Ciclismo

El palmarés no hace justicia a Van der Poel & Van Aert

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Tanto Van der Poel como Van Aert dan mucho más de lo que reciben

Ya hay calendario de ciclocross marcado para Mathieu Van der Poel y Wout Van Aert, incluso para Tom Pidcock…

Ya existen fechas marcadas en rojo por la coincidencia o no de tres ciclistas que, por suerte para la carretera, un día decidieron no ceñir su clase al barro o las ruedas gordas.

Por que el nuevo ciclismo que tanto nos llena la boca tiene, sin duda, dos actores clave en Mathieu Van der Poel y Wout Van Aert, dos personajes que han pasado a la carretera su duelo de ciclocross, planteando la ruta como si de una campa se tratara, corriendo muchas veces a a todo o nada, cosa que para el espectador es una bendición, aunque no sé si tanto para sus respectivos palmarés.

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Si vamos al detalle de ambos, veremos que sus resultados, contados en victorias, no acaban de hacer justicia a una merecida fama

Cuando acabó la Strade Bianche, muchos pensamos que Van der Poel se convertía en favorito, por unanimidad, a todo lo que se presentara a partir de ahí.

Fue tan contundente aquella victoria, tan espectacular, contra los mejores del mundo en lo suyo, entre ellos Van Aert, que no veíamos otros aspirante a monumentos que el mismísimo Van der Poel.

Sin embargo, si una cosa tiene el ciclismo de carretera es que los mejores no siempre ganan, los más fuertes tampoco y que el diablo se esconde en la letra pequeña.

Lo que Van der Poel convierte muchas veces en un paseo en ciclocross, está lleno de trampas en carretera, juegan muchas cosas, especialmente rivales molestos con los que quizá no cuentas al 100% pero que acaba sacándote los colores.

Mirad los podios de Flandes y Roubaix para Mathieu como síntoma de lo que decimos.

En el caso del neerlandés vemos que su casillero es jugoso pero no enorme: a esa Strade le añadió la semana fantástica en el Tour, con etapa y general, más parciales en Suiza, Tirreno y UAE.

Es un buen balance, pero lejos del que nos podíamos imaginar en marzo, eso sí, cada victoria que firma este monstruo parece valer por tres, por lo que implica y juega cada vez que sale a competir.

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Apunte similar para Wout Van Aert, en algunos rankings mejor ciclista del mundo, en otros segundo mejor, en todo caso un corredor que ha mejorado, yo creo, el bagaje de Van der Poel en 2021.

Ha sido un espectáculo sin paliativos, mirad esas etapas del Tour, prolongación de lo que hizo en Tirreno, ganando un sprint a Ewan y crono a Ganna, más dos clásicas como Wevelgem y Amstel.

Pero si hasta le puso una guinda llamada Tour de Gran Bretaña.

Sin embargo no han sido pocas las veces que Van Aert ha salido de favorito y no ha conseguido ganar, desde los monumentos a Tokio y el Mundial.

Su problema es muy similar al de Mathieu, todos le miran cuando la carrera se va de madre y todos buscan sorprenderle, una cábala diabólica que ha acompañado a otros grandes en el tiempo y que seguro trabajarán en deshacer el año que viene.

A su condición de favoritos absolutos tienen que sumarle anticipación y un buen equipo, ambos ya han hecho movimientos en ese sentido.

Entre tanto, les veremos volar por la campaña de invierno, pues ellos con culpables en gran medida de que el ciclocross interese a mucha otra gente.

Imágenes: A.S.O./Pauline Ballet

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Ciclismo

Lloret de Mar cultiva su “cultura ciclista”

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Melcior Mauri nos invita a conocer la versión ciclista de Lloret de Mar

El inventario ciclista de Lloret de Mar es grande. Sólo cabe ver dónde está emplazado, mecido por el Mediterráneo, en el corazón de un territorio tan ciclista como Girona y sus mil paisajes, con el Montseny a tiro, los grandes llanos del Empordà e incluso la propia ciudad de Girona, lugar donde viven tantos ciclistas profesionales de medio mundo.

Por su situación y servicios al ciclista, Lloret de Mar es una ventana a las mil opciones que la Costa Brava le ofrece al buen amante de la bicicleta. Así nos lo cuenta Melcior Mauri: “Es un sitio excelente para sacarle partido a la bicicleta, quedan cerca muchos paisajes y muy diferentes. Desde la media montaña de La Selva, por la zona de Sant Hilari, al mismo Montseny, muy exigente, sin obviar las carreteras de la Costa Brava hacia Tossa…”.

Melcior Mauri fue ciclista entre las décadas de los ochenta y noventa. En su haber reluce una Vuelta a Ciclista a España, hace veinte años, y una infinidad de triunfos, muchos de ellos logrados en la disciplina contrarreloj, la forma más objetiva de medir el esfuerzo y progresos de un ciclista.

Él es asiduo a Lloret de Mar, por varias razones. Organiza su Campus en el municipio y es embajador de una de las cadenas hoteleras especializadas en cicloturismo de Lloret de Mar.

Un destino como Lloret de Mar le ofrece grandes opciones al ciclista. Se puede salir dirección Vidreres, también hacia Blanes o para Tossa, siguiendo la línea de la costa” prosigue Melcior.

Melcior Mauri en la charla de Campus Costa Brava con Laurent Jalabert y el periodista Sergi Valdivieso

Melcior Mauri en la charla de Campus Costa Brava con Laurent Jalabert y el periodista Sergi Valdivieso

La Costa Brava y montaña más auténticas

Aquí el perfil de la costa es excelente -describe Melcior-. Puedes llegar por Tossa hasta Sant Feliu de Guíxols, incluso probarte en el alto de Sant Grau. Es un entorno visual brutal y muy recomendable para la época más ciclistas, eso es en primavera y otoño, pues en verano, al ser una ruta de accesos a las playas suele tener bastante tráfico. Para estas fechas hay otras vías más idóneas”.

Para rutas más tranquilas, el interior ofrece una red de pequeñas y encantadoras carreteras: “La zona del Baix Empordà no queda lejos y ofrece muchas vías para rodar fuerte, incluso para entrenar con viento. Podemos acceder al interior por varios sitios, encontrando buenos repechones donde limar las piernas”.

Si se quiere volar alto: el Montseny. “Está ahí con el Turó de l´ Home Collformic y Santa Fe, es duro y salen kilómetros yendo y viniendo desde Lloret. Tenemos otras subidas con su miga como Santa Pellaia, la Ganga, Sant Grau y otras” añade Melcior.

Todo lo mencionado anteriormente puede implicar un total de 600 kilómetros repartidos por rutas secundarias

 

Lloret tiene todo lo que necesita el ciclista

El municipio de Lloret de Mar es un entorno tranquilo y sosegado en los periodos más habituales para viajar para practicar ciclismo, como son la primavera y el otoño. De esta manera se puede disponer de una gran infraestructura hotelera y de servicios centrada en el cliente ciclista.

Los hoteles han sabido ver que el ciclismo es una buena fuente de ingresos fuera de temporada y se han equipado muy bien. Hay hasta 14 certificados que demuestran el nivel de especialización del municipio. Deben disponer de una bike station muy útil en la que puedes guardar tu bicicleta con toda tranquilidad, junto a un pequeño taller y zona para limpiar la bicicleta” propone Melcior.

En los hoteles se encuentra todo tipo de gastronomía necesaria para el ciclista, gastronomía internacional que incluye pasta y arroz, como principales fuentes de hidratos, sumadas a todo tipo de carnes y pescados a la plancha.

El ciclista que busca el rendimiento y mejorar tiene aquí su lugar, quien rueda por placer y con el ánimo de descubrir, también

Un sitio que además crece poco a poco entre los círculos ciclistas logrando algo que Melcior Mauri considera muy importante en un destino “la aparición de una cultura, un ambiente ciclista en el que los que viajamos con nuestra bicicleta nos sentimos cómodos”.

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Ciclismo de carretera

S-Sphire by Shimano: Las zapatillas voladoras de Roglic

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Así es la sensación de potencia en cada pedalada con las zapatillas S-Sphire de Shimano

En un azul impecable, casi hipnótico, salimos con las zapatillas S-Sphire, versión RC902,de Shimano, las mismas que hemos visto volar en jornadas tan señaladas como la de Lagos de Covadonga en los pies del maillot rojo Primoz Roglic.

A grandes rasgos hablamos de una zapatilla racing, para rendimientos elevados en carretera que ajustan a la perfección y transfieren toda la potencia que el ciclista le aplica al pedal.

En la descripción, Shimano nos habla del empeine 360 de esta versión en las zapatillas S-Sphire, con su refuerzo de talón, de las zonas pensadas para transferir todo el rendimiento en el pedaleo, de sus tecnologías…

Sin el motoraco de Roglic en los Lagos o en la jornada de Mos, la escabechina final de la Vuelta, nosotros hemos salido con ellas y hemos sacado varias conclusiones, la principal es la sensación de rendimiento que saben transmitir, un percepción que no queda en el terreno de lo subjetivo, se nota durante la marcha en la carretera y en los números que arroja el Strava, qué seríamos sin el Strava.

Pero la sensación de ir guapo, a la moda, ser el foco de las miradas, esto es algo impagable.

Ahí van más detalles de nuestra experiencia con estas S-Sphire, las zapatillas de Shimano para llegar a casa con la sensación del trabajo bien hecho…

Acceder a la review en El Velódromo Magazine by JoanSeguidor 

Imagen: Unipublic / Photogomez Sport

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