Ciclismo
Alpecin-Fenix: hay otra manada en el pelotón
Los resultados de Alpecin-Fenix superan los de muchos equipos World Tour
En ciclismo la definición de”wolfpack”, la manada de lobos, ha colgado siempre del maillot azul de Deceuninck, con más de sesenta victorias, el equipo de largo más laureado del ciclismo.
La definición es buena y toma especial relevancia en las clásicas flamencas, cuando todos miramos a un favorito, hasta que desde las huestes de Lefevere empiezan a surgir lobos hacia su presa para acabar sumando para el equipo.
El concepto “manada de lo lobos” podría, sin embargo, ser aplicado a otro equipo, que viste un azul tirando a morado, con un maillot precioso y un grupo de “killers” que han hecho fortuna en este 2021: el Alpecin-Fenix.
El nivel de triunfos y éxitos que ha alcanzado el equipo del crecepelo reforzado con cafeína es equiparable, en la distancia, a sus hermanos mayores.
Su progresión es tal, que el Alpecin-Fenix ya ha despertado ciertos comentarios despectivos e insidiosos del propio Lefevere.
Quien se imaginara que este equipo era el “cortijo” de Mathieu Van der Poel se equivocó
Sin ir más lejos, para la Roubaix de octubre, el Alpecin-Fenix prevé gente del nivel de Merlier y Philipsen para estar con Mathieu e incluso al suizo Silvain Dillier, una vez segundo en el velódromo, con la bandera helvética en la espalda y superado por el campeón del mundo, en aquel entonces, Peter Sagan.
Ahora mismo, a mes y pico de finalizar la temporada, Alpecin-Fenix, sin formar parte del World Tour -al final la clase y el talento no entienden de rankings “semicerrados”-, figura con 31 victorias, sólo superados por los azules, Ineos y Jumbo, por delante de Bora y UAE y muy lejos, por ejemplo, de Israel y Movistar, entre otros.
Los de Alpecin-Fenix se han convertido en máquinas de ganar pero también de controlar y preparar las victorias, no todo llega por “generación espontánea” o fruto de la suerte.
Mathieu Van der Poel abrió la cuenta del equipo en la primera del UAE Tour, en vísperas del abandono en bloque del equipo por culpa del Covid.
Eso fue en febrero, a partir de ahí un goteo de triunfos incesante en todo tipo de carreras.
Tim Merlier, uno de los velocistas más en forma de la campaña, mojó en muchas semiclásicas, como Le Samyn, pero se estrenó en Giro y Tour de Francia, a donde el equipo jugó al reparto extremo, buscando que Jasper Philipsen también ganara su etapita, tras lograr otra más el amarillo con Van der Poel.
Philipsen no pudo en el Tour, pero sí en la Vuelta, por partida doble
Todo en la campaña que ha significado el ingreso de inicio a fin de Mathieu Van der Poel en la carretera, sin más excepción que la carrera olímpica de BTT.
El neerlandés no parece llegar a tope al mundial, aunque ojo siempre con él, juega en otra liga y siempre es candidato, o de lo contrario, no concurriría.
Por el camino de esta campaña ha dejado momentos imborrables como la Strade, su omnipresencia en la primavera y el debut amarillo del Tour pero sobretodo la sensación de que, siendo importantísimo, no ha sido lo único bueno de un equipo que sin ser top, se maneja como tal.
Van der Poel eligió este equipo, por encima de otras ofertas y la realidad es que en él ha rendido cuando ha tenido que hacerlo, ha estado bien rodeado y la sensación que cunde es que unos y otros se han hecho mejores en esta simbiosis.
Imagen: A.S.O./Charly Lopez





