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Ciclismo

Alpecin-Fenix: hay otra manada en el pelotón

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Los resultados de Alpecin-Fenix superan los de muchos equipos World Tour

En ciclismo la definición de»wolfpack», la manada de lobos, ha colgado siempre del maillot azul de Deceuninck, con más de sesenta victorias, el equipo de largo más laureado del ciclismo.

La definición es buena y toma especial relevancia en las clásicas flamencas, cuando todos miramos a un favorito, hasta que desde las huestes de Lefevere empiezan a surgir lobos hacia su presa para acabar sumando para el equipo.

El concepto «manada de lo lobos» podría, sin embargo, ser aplicado a otro equipo, que viste un azul tirando a morado, con un maillot precioso y un grupo de «killers» que han hecho fortuna en este 2021: el Alpecin-Fenix.

El nivel de triunfos y éxitos que ha alcanzado el equipo del crecepelo reforzado con cafeína es equiparable, en la distancia, a sus hermanos mayores.

Su progresión es tal, que el Alpecin-Fenix ya ha despertado ciertos comentarios despectivos e insidiosos del propio Lefevere.

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Quien se imaginara que este equipo era el «cortijo» de Mathieu Van der Poel se equivocó

Sin ir más lejos, para la Roubaix de octubre, el Alpecin-Fenix prevé gente del nivel de Merlier y Philipsen para estar con Mathieu e incluso al suizo Silvain Dillier, una vez segundo en el velódromo, con la bandera helvética en la espalda y superado por el campeón del mundo, en aquel entonces, Peter Sagan.

Ahora mismo, a mes y pico de finalizar la temporada, Alpecin-Fenix, sin formar parte del World Tour -al final la clase y el talento no entienden de rankings «semicerrados»-, figura con 31 victorias, sólo superados por los azules, Ineos y Jumbo, por delante de Bora y UAE y muy lejos, por ejemplo, de Israel y Movistar, entre otros.

Los de Alpecin-Fenix se han convertido en máquinas de ganar pero también de controlar y preparar las victorias, no todo llega por «generación espontánea» o fruto de la suerte.

Mathieu Van der Poel abrió la cuenta del equipo en la primera del UAE Tour, en vísperas del abandono en bloque del equipo por culpa del Covid.

Eso fue en febrero, a partir de ahí un goteo de triunfos incesante en todo tipo de carreras.

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Tim Merlier, uno de los velocistas más en forma de la campaña, mojó en muchas semiclásicas, como Le Samyn, pero se estrenó en Giro y Tour de Francia, a donde el equipo jugó al reparto extremo, buscando que Jasper Philipsen también ganara su etapita, tras lograr otra más el amarillo con Van der Poel.

Philipsen no pudo en el Tour, pero sí en la Vuelta, por partida doble

Todo en la campaña que ha significado el ingreso de inicio a fin de Mathieu Van der Poel en la carretera, sin más excepción que la carrera olímpica de BTT.

El neerlandés no parece llegar a tope al mundial, aunque ojo siempre con él, juega en otra liga y siempre es candidato, o de lo contrario, no concurriría.

Por el camino de esta campaña ha dejado momentos imborrables como la Strade, su omnipresencia en la primavera y el debut amarillo del Tour pero sobretodo la sensación de que, siendo importantísimo, no ha sido lo único bueno de un equipo que sin ser top, se maneja como tal.

Van der Poel eligió este equipo, por encima de otras ofertas y la realidad es que en él ha rendido cuando ha tenido que hacerlo, ha estado bien rodeado y la sensación que cunde es que unos y otros se han hecho mejores en esta simbiosis.

Imagen: A.S.O./Charly Lopez

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Ciclismo de carretera

El ciclismo y Ruanda, una historia de beneficio mutuo

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ciclismo Ruanda

Así ha sido el gran salto de Ruanda en el ciclismo mundial

Ruanda hizo hace un tiempo su apuesta por el ciclismo y el presente habla que ese movimiento empieza a dar sus frutos

Como sabéis el pasado mes de septiembre el país africano fue elegido para acoger los mundiales de dentro de cuatro años, una guinda a una pasión que viene de lejos.

Leemos en L´ Equipe que Ruanda se ha convertido en el paraíso del ciclismo e intentan explicar los motivos de ese presente que describimos.

En 100 ediciones de Campeonato del Mundo, África nunca ha estado en el mapa de anfitriones, siendo el único continente que no los ha acogido, pues uno, que ya tiene una edad, recuerda mundiales en Australia, Japón, Colombia y Estados Unidos, entre los que se celebraron fuera de la vieja Europa.

Ruanda se postuló para 2025 con el objetivo de romper esa tendencia infame, entendemos que esto es un deporte global, y lo hace con grandes mimbres para atraer los mejores ciclistas del mundo en su geografía llamada «el país de las mil colinas».

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Su paisaje y relieve son atractivo de inicio, pero no lo único, la gente se cita en masa en las carreteras cuando rueda el Tour de Ruanda en un país en el que una de cada cinco personas va en bicicleta a los sitios y en especial en la región de los Grandes Lagos.

Hablan de mayor poder adquisitivo del ruandés medio para comprar su bicicleta y del surgimiento de una masa ingente de gente que practica ciclismo, como antesala a tener ciclistas.

Y ahí entró Jonathan Boyer, ciclista americano de los ochenta, el primero en correr el Tour de Francia, quien tras un año en prisión acusado de pedofilia, rehizo su vida en Ruanda, creando el Team Rwanda en 2006, un semillero de buenos ciclistas.

Con ciclistas del país, la explosión del Tour de Ruanda, que existía desde 1988, vino a continuación, la carrera ha crecido en categoría hasta ser el evento ciclista más notable de África, atrayendo al propio Israel Start-Up Nation por su orografía accidentada siempre a unos 1000 metros de actitud.

Ahora con el Mundial, el salto que se espera, es cualitativo…

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Hace unos cinco años, nuestro amigo Jon Hernández nos escribió estas líneas sobre el ciclismo en Ruanda…

De sobra es sabido que el pasado de Ruanda está marcado por un pasado bastante reciente llamado genocidio, una guerra civil que, con más de un millón de personas asesinadas, castigó brutalmente a un país ya muy mermado por su situación económica.

Actualmente, Ruanda es uno de los países africanos más seguro y próspero del continente, dentro de sus limitaciones, por supuesto. Una población que no olvida su pasado, pero que quiere pasar página llenando su futuro de esperanza y prosperidad.

Por todo esto, Ruanda acoge con especial ilusión todos los eventos deportivos que acontecen dentro de sus fronteras. Pero sobre todos ellos, hay uno, concretamente el ciclismo, que destaca por encima de todos. El ciclismo es un deporte que evoca sacrificio, trabajo, superación, constancia y honestidad. Unos valores que la población ruandesa quiere arraigar entre los suyos y transmitir al resto del mundo.

La ruandesa ya no es una población que quiere vivir de la condescendencia internacional sobre su pasado. La población ruandesa quiere demostrar que no son menos que nadie, que ellos también pueden organizar eventos internacionales, participar en otros fuera de su país y encima dar la talla.

El Tour de Ruanda es una prueba por etapas que no se empezó a disputar hace un año, ni dos. La primera edición fue en 1988, se pudieron organizar tres seguidas pero, primero la inestabilidad del país, y después la propia guerra civil y la postguerra, hicieron que la organización del evento se detuviese por diez años.

Fue 2001 cuando la carrera volvió a disputarse, el ganador final fue el local Bernard N’Sengiyumva. Ruanda recuperaba la normalidad y el ciclismo se convertía en el motor anímico del país. Los ciclistas se convertían en héroes, un aire de esperanza para la sociedad.

En los años venideros, Abraham Ruhumuriza se convertía en el dueño y señor de la carrera con cinco victorias en seis años, sólo en 2006 el keniata Kamau fue capaz de quitarle la victoria. El 2008 llegó la victoria para el deportista más popular del país, Adrien Niyonshuti. Referencia del ciclismo y deporte: olímpico en MTB en Londres 2012 y en ciclismo en ruta en Rio 2016, es el único ciclista del país que corre en el World Tour, enrolado en el equipo sudafricano Dimension Data, estructura en la que en 2017 cumplirá nueve años. Ha vivido el crecimiento desde este equipo, desde que arrasaba en las pruebas africanas como equipo continental al impecable Tour que se marcaron el año pasado.

La victoria de Adrien supuso un antes y un después para ronda por etapas africana. El impulso de Jock Boyer con su Team Rwanda y la implicación de la UCI hizo que la carrera fuese elevada a categoría UCI en 2009. Todo un boom para el ciclismo local y para el país en general. Toda la población se volcó con la carrera, con el objetivo de enseñar al mundo que era un país en vías de recuperación, con mucha ilusión y ganas por evolucionar dejando atrás el jodido genocidio vivido.

Tanto la organización de la carrera como la UCI tienen sendos planes para hacer crecer la ronda por etapas ruandesa, el siguiente paso que se han propuesto es elevar el nivel de la carrera de 2.2 a 2.1, si todo sigue la hoja de ruta marcada llegará en 2018 como muy tarde. Vivimos en un ciclismo, una sociedad, en la que las noticias negativas ocupan portadas, telediarios, entrevistas y conversaciones.

Sin duda, Ruanda, el Tour du Rwanda y las imágenes del mismo son un aire de ilusión que necesitamos.

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Ciclismo de carretera

Las Tres Cimas de Lavaredo rozan lo irreal

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La historia ciclista de las Tres Cimas de Lavaredo viene del mismísimo Merckx

Es mirar las Tres Cimas de Lavaredo y ponerse a hablar de los Dolomitas, esa maravillosa y venerada cordillera de los Alpes italianos que debe su nombre al característico color de sus rocas y en honor a su estudioso el geólogo francés Dolomieu, puede resultar una tarea sencilla… o complicada.

Sencilla porque es fácil llamar la atención entre los cicloturistas el simple y mero hecho de pronunciar su nombre: Dolomitas. La tarea se complica cuando se trata de aportar algo nuevo entre tanto “gurú” de la alta montaña, pero lo voy a intentar.

Y si hablamos de Dolomitas, lo primero que se me viene a la cabeza es la figura inequívoca de las Tres Cimas de Lavaredo.

Esas tres rocas que emergen de la Tierra, esbeltas, bellas: la Cima Grande (3003 m), la Cima Ovest (2973 m) y la Cima Piccola (2857 m), componen esta tríada dolomítica. Suena a épica, mito, historia –dada su importante posición estratégica en estas montañas se produjeron furiosos asaltos militares y cruentas batallas entre italianos y austriacos durante la 1ª Guerra Mundial-, alpinismo –Paul Grohmann fue el primero en escalar la Cima Grande el año 1869-, geología –estas rocas se formaron hace 230 millones de años- y por supuesto ciclismo y por extensión, cicloturismo del bueno.

Siempre había querido ascender en bicicleta a las Tres Cimas de Lavaredo y comprobar por mí mismo la extraordinaria belleza del Lago Misurina o sufrir en mi propia carne esa rampa tan dura mantenida al 16% donde atacó Merckx en el Giro del 68 y desde luego disfrutar arriba de un entorno genuinamente dolomítico.

Este mes de julio he podido cumplir uno de mis sueños cicloturistas y así os puedo explicar mi experiencia en persona, de primera mano, paso a paso, kilómetro a kilómetro, pues cada uno que se pedalea constituye en sí mismo toda una aventura, un reto casi artesanal, al borde mismo de lo irreal y fantástico.

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De entre las posibles vertientes que yo conozco, a saber la de la olímpica Cortina d’Ampezzo (1224 m) y la de la hermosa Auronzo (864 m), me quedo con ésta última. Supongo que el hecho de que la carretera de Cortina soporta mucho más tráfico y que además se tiene que salvar antes del lago Misurina el Passo Tre Croci, fue lo que hizo inclinarme por la segunda opción.

Auronzo es una bella población en pleno Parque Natural del Lavaredo junto al lago Santa Caterina, aunque decepciona un tanto enterarse que es artificial, pero rodeado de magníficos bosques de abetos.

Al inicio de la subida la carretera va ascendiendo primero suavemente y sin demasiada historia durante unos 6 kilómetros, para inmediatamente después afrontar los siguientes siete mucho más duros con hitos enteros a una media de entre el 8 y el 9 % salpicados por numerosas rampas al 12 (según señales existentes).

Estos kilómetros nos irán muy bien para coger ritmo de ascensión y para ir probando sensaciones ante la tremenda pared que se nos avecina y que ya sentimos próxima.

Sobre el km 11 de ascensión pasaremos por el cruce que viene de Cortina y afrontaremos otro kilómetro entero al 8% para desembocar en un llano que agradeceremos tremendamente y en seguida aparecerá ante nosotros una estampa de postal, de ensueño: la imagen del lago Misurina con las Tres Cimas de Lavaredo recortadas al fondo.

Disfrutaremos de un par de kilómetros y medio de descanso bordeando la parte izquierda del hermoso lago –éste sí, natural-. Estamos ya a 1700 metros de altura, rodeados de un marco de fantasía donde podremos montar a caballo, practicar alpinismo, escalada, senderismo –hay un camino que progresa hasta el Refugio Col de Varda a 2115 m de altura, aunque si lo prefieres puedes subir en telesilla, eso sí “san paganini” de 9 euros-, piragüismo, mountain-bike, camping… y si no siempre te puedes tumbar en un verde prado y contemplar y dejarte llevar por los sentidos.

Pero dejemos el bucolismo y concentrémonos en la escalada porque una vez que dejemos el lago atrás iniciaremos la subida definitiva a las Tres Cimas: 7 km al 8 % -los 4 últimos al 10- salvando 576 m de desnivel.

Un desvío a la derecha con un cartel indicador nos señala el camino: es igual, tampoco hace falta y la carretera no engaña porque se eleva ya muy seriamente tras salvar una serie de dobles curva derecha-izquierda primero e izquierda-derecha después, para darnos de morros con “la pared”: el muro de 900 m al 16 % donde según dicen atacó Merckx, en el mencionado Giro, moviendo la bicicleta con increíble facilidad.

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Por si el porcentaje de semejante rampa no la delatara lo suficiente, en la calzada hay unas pintadas que lo recuerdan: 18 % marcado con un triángulo, así como restos del paso del Giro de aquel año: “Gibo” -Simoni-, Piepoli… incluso hay una que se acuerda de Patxi Vila, pero la más curiosa es una que dice en italiano más o menos que en ese punto empieza el Giro.

Salvada esta increíble cuesta donde pones todo lo que hay que poner, encontraremos un tremendo alivio en el llano y siguiente bajada a la altura del Refugio y Lago de Antorno. Muy bonito.

Así nos dejaremos caer hasta el “peaggio”. Sí, has leído bien, si quieres seguir ascendiendo tienes que pagar, como en el peaje de Martorell, eso sí, si vas motorizado: 20 euros del ala.

Pasando en bicicleta, ni qué decir tiene que no pagaremos un duro y que cruzaremos con una media sonrisa burlona mirando al vigilante de turno.

Es lo que hay: o pasas en bici o andando, si no, a rascarte el bolsillo para admirar un entorno natural ¿de todos?

El hecho de que exista este filtro, hará que sean pocos los vehículos a motor que nos podamos encontrar, aunque si lo hacemos en pleno mes de vacaciones, no podremos evitar el encuentro, y susto añadido, con algún “loco” del volante o algún autocar en alguna curva. Así pues, ojo.

Al salir de la zona del peaje y siempre con la vista entretenida en el hermoso paisaje, iniciaremos la última parte, y más dura, de la subida. Quizás los cuatro kilómetros más duros e increíbles que haya escalado nunca, –Angliru y Marie Blanque a parte, aunque no sabría qué deciros-.

Las curvas y los muros “imposibles” se van sucediendo sin tregua en una concatenación de rampas al 12, 14 y 16%, sin descanso alguno. Si vas mirando hacia abajo contemplarás con admiración cómo vas dejando atrás la serpenteante carretera, y en una de estas curvas fue dónde me encontré con el único ciclista en toda la ascensión, o mejor dicho la única ciclista: una chica con muy buena planta que estaba descansando y bebiendo sentada al borde de la carretera.

La saludé con un “hola, buongiorno” invitándola a continuar, aunque no sé exactamente si subía o bajaba, me miró y sonrió pero el caso es que ya no la volví a ver ni arriba ni abajo.

Las pintadas en el suelo como testimonio del paso del Giro continúan, y muchas recordando al llorado Pantani: los tifossi aún no lo han olvidado, tanto es así, que el Refugio de Auronzo (final “reglamentario” de la ascensión a 2300 metros) lo conocen como el “Refugio del Pirata”.

Seguí subiendo por esta interminable pared y lo debí pasar realmente mal, pero ahora, escribiendo estas líneas, no lo recuerdo exactamente, el dolor de piernas, el corazón a mil, sudando a borbotones, deseando acabar este sufrimiento pero a la vez no queriendo terminar, por temor a saber cuándo podré volver a sentir esta emoción.

Lo que sí recuerdo, es que en un momento de la escalada, el pedaleo se automatizó y mi cabeza paró, de algún modo, el dolor y pude continuar salvando curvas hasta que por fin pude ver al fondo de la carretera, y en lo alto, el ansiado refugio.

Una vez arriba la vista es impresionante, fantástica: la visión de las montañas dolomíticas hacen del entorno un lugar casi irreal, de ciencia-ficción, a la sombra de las ya muy próximas Tres Cimas.

En el bar podréis avituallar y comprar unos recuerdos y si queréis agua tendréis que comprarla porque además de que yo no vi ninguna fuente subiendo, en los lavabos hay un cartel que pone que el agua no es potable, y no me lo creo, sobre todo en un país como Italia que tiene unas aguas buenísimas, pero por si acaso la compré.

Tampoco vi españoles, la mayoría de turistas eran franceses, alemanes, ingleses y lógicamente italianos, y es que detrás de las Tres Cimas nos encontramos ya en Austria, concretamente en el Tirol.

Como ascendí con una bicicleta de ruedas gordas, aún me pude permitir el lujo de subir por un camino de piedras –frecuentado por muchos senderistas- un centenar de metros más arriba hasta el Refugio de Lavaredo, para poder seguir disfrutando del entorno y comprobar lo ya comentado de la primera Gran Guerra al ver un par de monolitos erigidos en una ladera en honor a los caídos.

Y allí me quedé más de media hora, en actitud contemplativa, rindiendo pleitesía a nuestros queridos Dolomitas y pensando cuándo volveré…

Imagen: Infobici

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Ciclismo

El palmarés no hace justicia a Van der Poel & Van Aert

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Tanto Van der Poel como Van Aert dan mucho más de lo que reciben

Ya hay calendario de ciclocross marcado para Mathieu Van der Poel y Wout Van Aert, incluso para Tom Pidcock…

Ya existen fechas marcadas en rojo por la coincidencia o no de tres ciclistas que, por suerte para la carretera, un día decidieron no ceñir su clase al barro o las ruedas gordas.

Por que el nuevo ciclismo que tanto nos llena la boca tiene, sin duda, dos actores clave en Mathieu Van der Poel y Wout Van Aert, dos personajes que han pasado a la carretera su duelo de ciclocross, planteando la ruta como si de una campa se tratara, corriendo muchas veces a a todo o nada, cosa que para el espectador es una bendición, aunque no sé si tanto para sus respectivos palmarés.

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Si vamos al detalle de ambos, veremos que sus resultados, contados en victorias, no acaban de hacer justicia a una merecida fama

Cuando acabó la Strade Bianche, muchos pensamos que Van der Poel se convertía en favorito, por unanimidad, a todo lo que se presentara a partir de ahí.

Fue tan contundente aquella victoria, tan espectacular, contra los mejores del mundo en lo suyo, entre ellos Van Aert, que no veíamos otros aspirante a monumentos que el mismísimo Van der Poel.

Sin embargo, si una cosa tiene el ciclismo de carretera es que los mejores no siempre ganan, los más fuertes tampoco y que el diablo se esconde en la letra pequeña.

Lo que Van der Poel convierte muchas veces en un paseo en ciclocross, está lleno de trampas en carretera, juegan muchas cosas, especialmente rivales molestos con los que quizá no cuentas al 100% pero que acaba sacándote los colores.

Mirad los podios de Flandes y Roubaix para Mathieu como síntoma de lo que decimos.

En el caso del neerlandés vemos que su casillero es jugoso pero no enorme: a esa Strade le añadió la semana fantástica en el Tour, con etapa y general, más parciales en Suiza, Tirreno y UAE.

Es un buen balance, pero lejos del que nos podíamos imaginar en marzo, eso sí, cada victoria que firma este monstruo parece valer por tres, por lo que implica y juega cada vez que sale a competir.

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Apunte similar para Wout Van Aert, en algunos rankings mejor ciclista del mundo, en otros segundo mejor, en todo caso un corredor que ha mejorado, yo creo, el bagaje de Van der Poel en 2021.

Ha sido un espectáculo sin paliativos, mirad esas etapas del Tour, prolongación de lo que hizo en Tirreno, ganando un sprint a Ewan y crono a Ganna, más dos clásicas como Wevelgem y Amstel.

Pero si hasta le puso una guinda llamada Tour de Gran Bretaña.

Sin embargo no han sido pocas las veces que Van Aert ha salido de favorito y no ha conseguido ganar, desde los monumentos a Tokio y el Mundial.

Su problema es muy similar al de Mathieu, todos le miran cuando la carrera se va de madre y todos buscan sorprenderle, una cábala diabólica que ha acompañado a otros grandes en el tiempo y que seguro trabajarán en deshacer el año que viene.

A su condición de favoritos absolutos tienen que sumarle anticipación y un buen equipo, ambos ya han hecho movimientos en ese sentido.

Entre tanto, les veremos volar por la campaña de invierno, pues ellos con culpables en gran medida de que el ciclocross interese a mucha otra gente.

Imágenes: A.S.O./Pauline Ballet

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Ciclismo

Lloret de Mar cultiva su “cultura ciclista”

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Melcior Mauri nos invita a conocer la versión ciclista de Lloret de Mar

El inventario ciclista de Lloret de Mar es grande. Sólo cabe ver dónde está emplazado, mecido por el Mediterráneo, en el corazón de un territorio tan ciclista como Girona y sus mil paisajes, con el Montseny a tiro, los grandes llanos del Empordà e incluso la propia ciudad de Girona, lugar donde viven tantos ciclistas profesionales de medio mundo.

Por su situación y servicios al ciclista, Lloret de Mar es una ventana a las mil opciones que la Costa Brava le ofrece al buen amante de la bicicleta. Así nos lo cuenta Melcior Mauri: “Es un sitio excelente para sacarle partido a la bicicleta, quedan cerca muchos paisajes y muy diferentes. Desde la media montaña de La Selva, por la zona de Sant Hilari, al mismo Montseny, muy exigente, sin obviar las carreteras de la Costa Brava hacia Tossa…”.

Melcior Mauri fue ciclista entre las décadas de los ochenta y noventa. En su haber reluce una Vuelta a Ciclista a España, hace veinte años, y una infinidad de triunfos, muchos de ellos logrados en la disciplina contrarreloj, la forma más objetiva de medir el esfuerzo y progresos de un ciclista.

Él es asiduo a Lloret de Mar, por varias razones. Organiza su Campus en el municipio y es embajador de una de las cadenas hoteleras especializadas en cicloturismo de Lloret de Mar.

Un destino como Lloret de Mar le ofrece grandes opciones al ciclista. Se puede salir dirección Vidreres, también hacia Blanes o para Tossa, siguiendo la línea de la costa” prosigue Melcior.

Melcior Mauri en la charla de Campus Costa Brava con Laurent Jalabert y el periodista Sergi Valdivieso

Melcior Mauri en la charla de Campus Costa Brava con Laurent Jalabert y el periodista Sergi Valdivieso

La Costa Brava y montaña más auténticas

Aquí el perfil de la costa es excelente -describe Melcior-. Puedes llegar por Tossa hasta Sant Feliu de Guíxols, incluso probarte en el alto de Sant Grau. Es un entorno visual brutal y muy recomendable para la época más ciclistas, eso es en primavera y otoño, pues en verano, al ser una ruta de accesos a las playas suele tener bastante tráfico. Para estas fechas hay otras vías más idóneas”.

Para rutas más tranquilas, el interior ofrece una red de pequeñas y encantadoras carreteras: “La zona del Baix Empordà no queda lejos y ofrece muchas vías para rodar fuerte, incluso para entrenar con viento. Podemos acceder al interior por varios sitios, encontrando buenos repechones donde limar las piernas”.

Si se quiere volar alto: el Montseny. “Está ahí con el Turó de l´ Home Collformic y Santa Fe, es duro y salen kilómetros yendo y viniendo desde Lloret. Tenemos otras subidas con su miga como Santa Pellaia, la Ganga, Sant Grau y otras” añade Melcior.

Todo lo mencionado anteriormente puede implicar un total de 600 kilómetros repartidos por rutas secundarias

 

Lloret tiene todo lo que necesita el ciclista

El municipio de Lloret de Mar es un entorno tranquilo y sosegado en los periodos más habituales para viajar para practicar ciclismo, como son la primavera y el otoño. De esta manera se puede disponer de una gran infraestructura hotelera y de servicios centrada en el cliente ciclista.

Los hoteles han sabido ver que el ciclismo es una buena fuente de ingresos fuera de temporada y se han equipado muy bien. Hay hasta 14 certificados que demuestran el nivel de especialización del municipio. Deben disponer de una bike station muy útil en la que puedes guardar tu bicicleta con toda tranquilidad, junto a un pequeño taller y zona para limpiar la bicicleta” propone Melcior.

En los hoteles se encuentra todo tipo de gastronomía necesaria para el ciclista, gastronomía internacional que incluye pasta y arroz, como principales fuentes de hidratos, sumadas a todo tipo de carnes y pescados a la plancha.

El ciclista que busca el rendimiento y mejorar tiene aquí su lugar, quien rueda por placer y con el ánimo de descubrir, también

Un sitio que además crece poco a poco entre los círculos ciclistas logrando algo que Melcior Mauri considera muy importante en un destino “la aparición de una cultura, un ambiente ciclista en el que los que viajamos con nuestra bicicleta nos sentimos cómodos”.

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