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Vuelta España

“Con Franco, la Vuelta era mucho mejor”

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World Fondo WT – Epic

Aquella Vuelta de Enrique Franco fue el germen de lo que es hoy

No me miréis así que yo también me he asustado, ¿eh?

 

Bromas aparte, la verdad es que cuando leí esta primera frase del tuit que me contestó a esta entrada el bueno de Pello -el gran Pello Ruiz Cabestany– me quedé, en un principio, bastante perplejo.

No sabía si me estaba vacilando o tenía un nuevo hater como seguidor, pero la primera impresión fue la de quedarme a cuadros.

Por suerte, el estado de schock inicial duró muy poco, apenas unos segundos.

Después de tragar saliva, pude seguir leyendo que Pello, como no podía ser de otra manera, se estaba referiendo, claro está, al recordado Enrique Franco, “que fue el director general de la Vuelta, y gran impulsor, antes de que la comprara la empresa organizadora del Tour”.

Recuperado del susto inicial -imagino que como todos vosotros- he querido recordar la memoria del ilustre e histórico director.

 

Su gran trabajo y ambición, su anhelo y deseo fue, desde que se hiciera con sus riendas en el año 1980, la modernización definitiva de La Vuelta.

Y a fe que lo consiguió.

Así fue durante 25 años hasta 2004, temporada en la que tuvo que jubilarse.

 

 

Siempre al mando de su coche rojo y dando el banderazo de salida, agitándolo con ilusión.

Lo hizo con mano firme como cabeza visible de su empresa Unipublic, especialista en organizar eventos deportivos de todo tipo.

Dicen de él, algunos, que quizás lo hizo de manera intransigente y dictatorial.

Otros, le llegaron a recordar hasta su apellido.

La gamma 2020 de Berria ya está disponible… 

Encargo directo, en el año 1979, de la propia Federación Española de Ciclismo, dejaban en sus manos una Vuelta tocada de muerte, con la amenaza latente, incluso, de ser víctima del terrorismo.

Fue una apuesta arriesgada.

Gracias a su obsesión por mejorar una carrera obsoleta y en decadencia, consiguió convencer a Televisión Española para que se interesara por La Vuelta, descubrió Los Lagos y, no lo olvidemos, incorporó el Angliru a su recorrido, después de recibir la famosa carta de Miguel Prieto.

Siempre intentaba atraer a las grandes figuras ciclistas del momento.

Apostaba por la innovación y la sorpresa, por eso a los “palomos mensajeros había que cazarlos”, como él mismo se refería a aquellos que les reventaba las presentaciones de los recorridos con su filtraciones a la prensa.

Algo que a Enrique Franco le enrabietaba y mucho: “La Vuelta para mí es sagrada”

 

Los cuatro sueños de Franco.

Hace 22 años, exactamente un 17 de septiembre de 1997, Enrique Franco fue entrevistado en el programa de radio “El Larguero”, presentado por José Ramón de la Morena.

En él, revelaba que tenía cuatro sueños por cumplir para “su Vuelta”:

-incluir en su recorrido la ascensión al Teide.

-lograr un final de etapa encima del puerto de Navacerrada, en un lugar conocido como “La Bola del Mundo”, un lugar inhóspito, muy poco accesible, casi intransitable, muy difícil de llevar a cabo por no decir casi imposible, donde los vientos juegan a su antojo entre antenas e instalaciones antiguas.

-volver a la montaña cántabra de “Peña Cabarga”, que ya había sido final de etapa en 1979 pero que entonces, claro está, no tuvo la repercusión que en esos momentos se merecía con la llegada de La Vuelta.

-por último, celebrar una contrarreloj individual (una cronoescalada) entre Pamplona y la “Higa de Monreal”, la montaña navarra en forma de pirámide, considerada como una de las más duras de la geografía española, con rampas de hasta el 20%.

 

Cuatro sueños que no pudo ver cumplidos al fallecer, después de una larga enfermedad, en el año 2008.

Parece que fue ayer y ya han pasado 11 años.

Sin embargo, dos años más tarde, en 2010, dos de sus sueños sí iban a llegar a buen puerto.

En aquella edición se tuvo el enorme acierto, primero, de incluir la llegada a “La Bola”, algo que, como comentamos, no debía ser tan fácil cuando Enrique Franco se quedó sin ver cumplido.

Esa ilusión ya tenía fecha: el sábado 18 de septiembre, la penúltima etapa de la 75ª edición de la ronda española.

El segundo, con la llegada de nuevo de La Vuelta a Peña Cabarga, una ascensión que, posteriormente, ha agrandado su leyenda ya no sólo al ser final de etapa ese año, sino también en 2011 y 2013.

Queda pendiente el sueño de la “Higa de Monreal”, que parece un muro inaccesible, de momento, para las finas ruedas de las bicis de los corredores.

También, la escalada al Teide, un tema en trámite, un reto de futuro que según palabras del propio Guillén: “todo el mundo sabe, no es ningún secreto, que tengo ese deseo de volver a las Canarias”.

La Vuelta ya partió de allí en 1988.

Desde entonces no se ha vuelto.

Podríamos añadir que Enrique Franco tuvo un quinto sueño que tampoco pudo ver cumplido.

Éste no era otro que traer a Induráin después de ganar el Tour.

No lo consiguió nunca.

La Vuelta del 91 (segundo tras Mauri) y la del 96 (obligado a participar a la fuerza por su «no victoria» en el que tenía que ser «su sexto Tour») no servían.

Él quería al Induráin victorioso de julio en el mes de septiembre y eso no podía ser.

No pudo ser.

Leticia Sabater, “la chica de La Vuelta”

Esto hacía enfadar mucho a Enrique Franco que arremetía contra Induráin con estas duras palabras, fiel a su fuerte carácter:

“no le beneficia en nada a su carrera, porque habrá hecho mucho por el deporte español pero no por el ciclismo de este país y en otro sitio, público, políticos y medios de comunicación, no hubieran consentido su ausencia” -sentenció con firmeza.

Antes de retirarse, se encargó personalmente que su Vuelta quedara atada y bien atada durante varios años, como él mismo reconoció.

En su legado, puertos como el Angliru del que llegó a decir «una ronda española sin el muro asturiano es como una maratón de cinco kilómetros”.

Un puerto que cambió para siempre el sino de esta carrera y la de los límites humanos del ciclismo profesional.

Foto: Diario AS

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Ciclismo antiguo

La primera etapa de la primera Vuelta ciclista a España

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World Fondo WT – Epic

Camino de 90 años del nacimiento de la Vuelta ciclista a España

Así conté un día la primera etapa del la primera Vuelta ciclista a España…

El día 29 de abril, a primera hora de la mañana, con el sol asomando sobre la coronilla de la arboleda de la Puerta de Hierro madrileña y una multitud congregada para la ocasión, se dio la salida a la primera edición de la carrera nacional.

Los diarios rezumaban titulares que retrataban el ambiente.

Un fotomontaje ponía en valor los bustos de las esperanzas españolas frente a la pequeña, pero muy experimentada, delegación extranjera. De izquierda a derecha: Federico Ezquerra, faz como desdentada, rehundida, presa de una extrema delgadez, pelo hacia atrás como recién lavado.

Un cadáver sobre la máquina. Luciano Montero, de mirada desconfiada, ceño arrugado y rostro ligeramente escondido, como si una sombra aplacara algún sentimiento frustrado.

Vicente Trueba, como ausente, ido.

Se vio que aquella no fue su carrera.

Mariano Cañardo, esbelto, frente ancha, peinado marcado, gruesa nariz, ojos vigorosos y cara angulosa. Sonriente, fue el único en vestir camisola oscura, como distinguiéndose entre tan mal disimulado blanco.

Porque Mariano Cañardo era el hombre de la afición. Las miradas de la España que entronizaba su primera Vuelta eran para él. Las esperanzas se cernían sobre sus espaldas anchas y delimitadas por aquellos tubulares de recambio que tenían que llevar cual chaleco, en previsión del seguro reventón. El negro asfalto de la ruta lucía a menudo una marca hecha a mano.

Emborronada y tosca, la leyenda no iba más allá del “Viva Cañardo”, así, simple, escrito por miles de carreteras a yeso, con la muñeca en escorzo imposible.

Niños, mayores, todos se desgañitaban al paso del navarro.

Espachurraban tiza en el suelo como quien empuja sus sueños hacia el cielo.

Casi de forma premonitoria, las portadas avanzaron lo que el sentir de la gente y la suerte de la competición corroborarían.

Mariano, dorsal uno a la espalda, era el hombre a seguir de salida, y lo fue a cada paso hasta Madrid, esa Madrid que rezumaba obras de Federico García Lorca por los carteles de sus teatros.

Las razones de aquella pasión de Semana Santa por Mariano derivaban de una excelsa lista de victorias en el panorama nacional desde el mismo momento en que decidió ser ciclista y se colgó un dorsal.

Aquel fornido ciclista de Olite, aunque instalado en Barcelona, desde su mayoría de edad presentaba credenciales sobradas en el panorama doméstico, tales como la Volta a Catalunya, la carrera que entonces marcaba el paso, que había ganado cuatro veces, sumada a campeonatos de España y la Vuelta al País Vasco.

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Harina de otro costal era hablar de sus activos más allá de los Pirineos, esa extraña frontera para los ibéricos de la época que Mariano sí que había osado cruzar, pues un año antes había sido noveno nada menos que en el Tour de Francia, en una edición ganada por Antonin Magne, con Vicente Trueba décimo.

No obstante correr en suelo no español, para aquella generación de ciclistas que, más que aprender el oficio, tuvieron que inventarlo, fue un cénit no solo físico sino también mental que habría que trabajar con calma, tiempo y pasión para superarlo.

La carrera partió muy temprano dirección Valladolid.

En el alto de los Leones el suizo Leo Amberg soltó el primer ataque de la primera etapa en la primera edición.

Pronto Mariano se erigió en protagonista. El navarro-catalán se soldó a la rueda del belga Antoon Dignef.

El infortunio quiso que los pinchazos hicieran acto de presencia bien pronto.

Los tubulares de Mariano parecieron de mantequilla durante toda la carrera, cosa que ya se vio en la primera jornada.

Varios pinchazos, y Dignef voló. El belga ganó en Valladolid una etapa para la historia, lo que le supuso ser el primer líder de la carrera.

Se vistió de naranja, algo que por mucho que lo intentara, Mariano no lograría jamás, aunque portara el dorsal uno en tan singular ocasión.

No obstante su historia mereció ser plasmada en los anales del ciclismo. Estuvo llena de grandes gestas, heroicidad y grandeza sin igual.

Pocos días antes de empezar, Cañardo manifestaba un disimulado optimismo ante la Vuelta.

No quiso entrar en el detalle de su estado de forma, no quiso concretar rivales, pero sí puso de relieve que los malos momentos del Gran Premio de la República, disputado poco antes, ya eran historia. Su ambición se tapaba a duras penas.

Confiado en sus posibilidades, la modestia solapaba lo que sus piernas le daban a entender.

Mariano quería ganar, y la magullada teoría de la superioridad foránea no iba a detenerlo.

Texto de libro «El primer campeón, el mundo que vio Mariano Cañardo«

 

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Ciclismo de carretera

La Vuelta 2021 recupera el equilibrio

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World Fondo WT – Epic

La Vuelta 2021 presenta el recorrido más compensado de tiempos recientes

Si hay que dar un veredicto sobre el recorrido, a priori, de la Vuelta a España 2021 que se acaba de presentar, es el de que nos gusta, y lo decimos desde una base muy clara, que el organizador puede crear la mejor carrera del mundo, diseñar las etapas más bellas, pasar por bajo el balcón de nuestra casa… que si el ciclista no quiere, poco hay que rascar.

Como decimos, este balance es a priori y la palabra balance, creo que se ajusta a lo que pensamos de la tercera grande del año.

La Vuelta 2021 vuelve a las fechas de agosto y se instala entre dos de los monumentos más bellos de España, las catedrales de Burgos y Santiago

La combinación de Cruz para tu portabicicletas

Pero esto no será una ruta a Compostela al uso, tres semanas les va a llevar y por toda la geografía, esta vez sí, se van a mover, no hablamos de la Vuelta al norte de España.

Este primer punto de equilibrio se extiende a otros campos: las llegadas en alto se reparten mejor, no van todas en tropel, se realiza un guiño al maltratado colectivo de velocistas, hay una crono al final, sin tachuelas ni muros…

En definitiva una Vuelta más equilibrada, que será la de 2021, pero que nos recuerda a aquellas que se celebraban en abril.

Más de 25 años de eso.

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Aunque el camino hacia Santiago parezca la primera premisa al ver el mapa de la carrera, ésta se embarca en una ruta similar al del Cid en su primer tramo, dirección a Levante desde Burgos, premiando llegadas que recordamos míticas, como aquellas del páramo de Albacete y los destrozos que el viento provocaba.

La carrera sabe que una jornada con el Dios Eolo soplando es oro, lo sabe además de tiempos recientes, como aquella de Guadalajara que se corrió por encima de cincuenta la hora y puso al líder Roglic en un brete.

Las etapas llanas salpican el recorrido, en días que invitan a que los velocistas se animen y vuelvan a una carrera que no hace tanto se vanaglorió de tener a Van Poppel, Abdoujaparov, Cipollini y otros grandes de la velocidad.

Pero no sólo eso, cabe sumarle la dosificación de llegadas en alto, con la inserción de jornadas tipo Balcón de Alicante o la de Mos, Pontevedra, en la previa del final, que ponen acento en ese ciclismo de no dar tregua ni al líder ni a sus compañeros.

Jornadas de alta montaña se prevén sobre todo en dos escenarios, el almeriense con Velefique, esa etapa es terrible, y la incorporación del Gamoniteiro, la otra cara del Angliru, en una novedad que maridará con la tradición de los Lagos de Covadonga.

Asturias de ayer y hoy en la misma carrera.

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Nos gusta mucho la elección de Villuercas, una cima inédita que desmonta el cliché de que Extremadura no tiene dureza, y se le otorga al Picón Blanco, donde Evenepoel sacara el rodillo, el papel de «starter» en la montaña.

En definitiva una carrera que dando un paso atrás creo que gana en boca, mucho más que con esa profusión de muros y llegadas en alto que la habían llevado a la nulidad de movimientos entre los grandes, pues al final había tanto para poder atacar que el problema era elegir dónde.

Veremos qué queda y qué disfrutamos de esta Vuelta 2021, para agosto si las cosas no han mejorado, bien jodidos estaremos entonces, en todo caso la carrera que da continuidad a la mágica edición de 2020 merece la mejor de las suertes, porque ha demostrado saber modular un recorrido que sobre el papel pinta bien.

 

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Ciclistas

#Moment2020 El Roglic vs Carapaz de la Vuelta en Moncalvillo

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La llegada a Moncalvillo fue uno de los grandes momentos de la Vuelta

Cuando Roglic cruzó la meta de Moncalvillo, inédito en la Vuelta, dijimos
No creo que el Roglic haya llegado a este punto para renunciar a la Vuelta a la que apunta nuevamente, ni que rompa sus principios y distancias para poner en aprietos a Carapaz.
El duelo Roglic-Carapaz de Moncalvillo es de antología, poesía ciclista en luz otoñal por una montaña confinada para todos, salvo para los ciclistas.
Ese mano a mano se verá estos días y sólo la crono de Ézaro lo puede romper y sólo a favor del esloveno, por eso Richard Carapaz tiene que sacar cartas nuevas en Asturias, no esperar al final y confiar que el tiempo enfríe lo suficiente para mojar la pólvora de su rival como en Formiga.
A diferencia del Giro 2019, esta vez Roglic ve venir al ecuatoriano.

Casi dos semanas después de la cima riojana el resultado lo vimos: Primoz Roglic ganó la segunda Vuelta a España.

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En la Vuelta de otoño que guardaremos en la retina, los colores alcanzaron su máxima expresión en la cima riojana que estrenó el Chava.
Veníamos de un mano a mano corto pero intenso, antológico entre el esloveno y Carapaz, un pulso de iguales que decidió Roglic, enjuto en verde para estrechar las distancias que el caos de lluvia y frío de Formigal había generado.
Roglic atacó más de lo que acostumbra, no fue un «pancartazo», expresión que con lo de «fumarse la etapa» se ha adueñado de muchos juicios de este ciclismo que nos ha tocado en suerte.
Carapaz entró al trapo y se dieron hasta en el carnet, hasta que el esloveno, rehecho admirablemente del palo del Tour, marcó puso tierra de por medio.
Moncalvillo fue el descubrimiento de la Vuelta, la llegada de Roglic iluminado por el sol de tarde, el verde de su maillot, los claroscuros que marcaban su rostro, el fondo, una acuarela, una de las muchas que nos dio la edición más singular de la carrera
Imagen: FB de La Vuelta


 
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Enric Mas

Vuelta, no hay que volverse loco con Enric Mas

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World Fondo WT – Epic

La quinta plaza de Enric Mas en la Vuelta es un resultado de doble filo

Cuando hablamos de Enric Mas en la Vuelta o en el Tour se nos olvida una cosa que resulta obvia a la vista, pero invisible en las interpretaciones: lleva el maillot blanco.

En España lo hizo de pleno derecho, en Francia por que el titular de esa prenda, Tadej Pogacar debía priorizar el amarillo, e incluso también tendría el «polka jersey».

El problema de Enric Mas, y en esta Vuelta muchos lo han comentado, es la vorágine de jóvenes que ha tomado el ciclismo de rehén, consiguiendo que un ciclista de 25 años parezca arroz pasado, una sensación que es tan tangible como injusta, pero que se ha impuesto en los últimos dos años.

 

En el balance de Enric Mas cabe por eso ser cuidadoso, como se dice habitualmente somos muy dados a subir y bajar de pedestal corredores que son personas con una velocidad que coquetea con lo obsesivo.

Ni Enric era tan bueno hace dos años, cuando fue segundo en una Vuelta que supo gestionar a la perfección, ni va tan estancado hoy, siendo quinto.

En cualquier trayectoria deportiva, la línea recta es la excepción, en el trazo hay subidas y bajadas, distorsiones que merecen ser matizadas.

En caso del mallorquín, el quinto puesto de la Vuelta es un mal resultado aislado, pero no tanto si lo ponemos con el quinto del Tour.

Si en Francia la sensación fue la de un corredor que sabe sacar la cabeza en la tercera semana, que va a más, mientras otros acaban hincando la rodilla, en la Vuelta, Enric Mas pareció no progresar en la misma dirección olvidándonos que era la primera vez en su vida que corría dos grandes vueltas el mismo año.

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Hablando de la Vuelta, lo cierto es que Mas nunca pareció una amenaza para los primeros.

Su proverbial motor diesel le juega malas pasadas en llegadas tipo Arrate o Laguna Negra frente a ciclistas de rush final tipo Roglic, Martin o Carapaz.

El problema es que con un sistema de bonificaciones como el actual eso abre una sangría en su contra de segundos y segundos que en el ciclismo actual suponen una losa, ya lo vemos, estamos en las diferencias más pequeñas de la historia, que parecen nimias pero son muros infranqueables, para sacarle medio minuto a tu rival hay que echar instancia, los puertos duros, tipo Angliru, no permiten abrir grandes distancias, las llegadas al sprint en subida, dígase Arrate, se llega en grupo, y en las etapas de dureza encadenada, los grandes equipos le pasan lija a los rivales.

Medio minuto hoy es un mundo.

 

Ese motor diésel que tanto le sirve en el gran fondo queda penalizado en esas etapas que si un día salva, podrá aspirar a más en la semana final.

Pero para ello hay que tener la frescura que Mas lució en Francia y no apareció en este lado de los Pirineos.

La crono de Ézaro y la Covatilla en tono menor demostraron que el balear iba pidiendo la hora, y no pudo disputarle la cuarta plaza a un ciclista veterano pero nuevo en estos niveles como Daniel Martin.

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A todo ello se le añade la actitud y lo que transmite el corredor, Enric Mas será un ciclista que bien pulido podrá dar más de sí, pero su carisma está lejos de iluminar, cada uno es hijo de su padre y su madre y el carácter viene de serie, pero la gravedad que transmite en cada palabra que suelta frente a un micro no es el mejor aliado.

Al menos le honra pedir perdón y recular, cuando es necesario, como cuando dijo que una etapa de 230 kilómetros no era necesaria, y cuando no lo es tanto, como cuando se disculpó por no ganar en el Angliru.

Cuando sales a jugar la derrota entra perfectamente dentro de lo posible.

 

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