Enric Mas
Enric Mas: “Es la actitud, estúpido”
La nueva actitud de Enric Mas demuestra lo fácil que es de contentar el aficionado ciclista
Permitidnos irnos a la política americana, al tiempo de la campaña entre Bill Clinton y George Bush, para recordar aquello de “es la economía, estúpido” para hablar de Enric Mas y su renovada actitud en esta Vuelta a España.
No es la primera vez que escribimos sobre el que vemos, ahora mismo, rival más directo de Primoz Roglic, y no es la primera vez que hablamos de su carisma y don de gentes.
Incluso llegamos a decir que podía ganar perfectamente la Vuelta.
Lo cierto, y en el documental de Movistar se certifica, es que Enric Mas es un ciclista que rezuma profesionalidad en cada cosa que hace y en todo lo que dice, y cómo lo dice.
Demuestra tal interés y grado de concentración, que a veces nos preguntamos qué disfrute encuentra en el ciclismo, y lo decimos de verdad.
Su forma de correr no es la más bonita que vemos en el pelotón, corre como con el freno de mano, con miedo a perder, cosa que es muy humana, nos sucede a todos, pero ello se traslada en lo que vemos en la carretera.
Apreciamos un ciclista temeroso ante el fallo, quizá alérgico al riesgo, cuyos resultados, sin ser la catástrofe que veces vendemos, estaban alejados de su objetivo.
Ha sido un corredor fijo en los grupos seleccionados, siempre en segunda o tercera posición, sin sentir el aire en su cara, fiándolo a su mejor rendimiento en la tercera semana, cuando todo el mundo amarra lo que tiene y sólo explosiones sonadas pueden dar con un vuelco en la general.
Todo esto ha sido la tónica hasta antes de esta Vuelta a España, a la que llegaba más obligado que otras veces pues el resultado del Tour fue decepcionante.
En esta Vuelta, él y su equipo han entendido que en el riesgo está la posibilidad de éxito, pues al final saldrá bien o mal, pero si no se intenta, es casi seguro que será lo segundo.
Enric Mas ha cambiado el sentido de su actitud, ha dado una vuelta de tuerca y la gente está encantada.
Se cayó Valverde y todos se quedaron quietos en el Balcón de Alicante, cuando la maquinaria azul empezaba a rular, pero en Velefique, Enric Mas exhibió el nervio que tanto le pedíamos.
Tomó riesgos y atacó a Roglic, no le soltó, pero el cambio fue sonado.
Luego en Valdepeñas, se le puso en paralelo y le atacó en llegadas en las que esloveno no falla.
Le ganó, cierto, pero un calambre de satisfacción corrió entre la afición, un sabor dulce al ver que había carrera, que Enric Mas no bajaba los brazos.
Aquellas escenas que seguro le invaden en sus entrenamientos de invierno, imaginándose con Roglic, con Pogacar, mano a mano, fueron reales, tanto, que tocó con la mano la sorpresa, otra cosa es que Roglic sea imbatible en estas lides.
Aunque sucede que uno es imbatible hasta que deja de serlo, y aunque Mas titubeó en algún momento de la rampa de Valdepeñas, llevó el pulso más allá de lo que muchos imaginaríamos el día que la Vuelta arrancó en Burgos.
Fue eso, el cambio de chip lo que nos movió y conmovió, la gente del ciclismo, al final, somos fácil de contentar.
Por ello, nos acordamos de Clinton y su campaña con eso del la actitud, estúpido.







Pablo
29 de agosto, 2021 at 19:48
Una vez un profesional del que no recuerdo el nombre, en una entrevista contaba una anécdota para explicar por qué no atacaba más: explicaba que los integrantes de su grupo de entrenamiento habitual le recriminaban lo mismo, y en una de sus salidas habituales él aceleró el ritmo, puso al grupo en fila de uno y cuando llevaban un rato sufriendo todos para aguantarle la rueda bajó el ritmo y les dijo: “entendéis ahora por qué no ataco”.
Conclusión: es tener buenas piernas no solo actitud.