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Ciclismo antiguo

Un Ocaña vs Merckx, cincuenta años después

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Grande Vueltas JoanSeguidor
DT – 2022 post

La etapa maratón del Tour 2021 nos recordó un monumental duelo Ocaña-Merckx

Cuando la escapada que surgió al rebufo de Mathieu Van der Poel y Wout Van Aert a más de 200 kilómetros puso patas arriba la memorable etapa maratón del Tour, nos acordamos de unos pasajes que protagonizaron nada más y nada menos que Luis Ocaña y Eddy Merckx.

Fue hace cincuenta años, Tour de 1971, en un pasaje que fue de Ocieres a Col de Mente, con una etapa memorable, la de Marsella, intrascendente sobre el papel, que propuso una memorable persecución durante todo el día entre grupos, el del belga delante, el del español, atrás.

Recuperamos un pasaje del libro «Secundario de lujo«, en el que Jaime Mir nos contó cómo fue aquel trance…

Sobre Luis, Mir hace cálculos de lo que pudo ser su palmarés. Pudo ganar dos Vueltas, la de Agustín Tamames en 1975, más la que había ganado cinco años antes, y dos Tours, el que ganó y el que se le escapó aquellos días en que enloqueció por no perder nunca de vista a Eddy Merckx, aunque gozara de renta suficiente en la general. Sí, fue en 1971, días en los que se vivió tan peligrosamente que todo acabó en desastre. El Tour era de Ocaña, líder, sólido, siete minutos… todo a su favor. De Muer lo tenía atado como a un caballo adormecido, porque Luis no cabía en sí, henchido por el tremendo palo que había propinado a su rival del alma en la jornada de Orcières-Merlette.

Aquella fue una jornada largamente soñada. En las entrañas del Bic, recuerda Mir, De Muer y Gem especulaban sobre el estado real de Merckx, líder e intocable hasta el momento. Estaba ahí, delante, comandando, pero como acartonado, lento de reflejos. Varios síntomas delataban que no iba al 100%.

Un año antes Goddet entraba un día en la redacción de L’Équipe para afirmar en un editorial que lo de Merckx “era una catástrofe, pues acababa de ganar el Tour tras vencer siete etapas más un prólogo y lanzar a Joop Zoetemelk más allá de los 12 minutos”. El dominio de Merckx molestaba y asustaba, a los organizadores, a los periodistas e incluso a los aficionados. Pero el año 71 las cosas no iban como de costumbre. Los cinco pinchazos que le apartaron de la París-Roubaix fueron premonitorios. No tomó la salida en el Giro, por primera vez en cinco años, y en su lugar corrió el Dauphiné, que logró ganar con grandes apuros ante Ocaña.

Con los años se supo que el belga corría esos días con cambios en los pedales para intentar paliar el hecho de que una pierna fuera un poco más corta que la otra. Esos cambios se percibieron desde el primer día del Tour. Sufría en las subidas por cortas que fueran, echaba de menos el barniz de lucidez que el Giro daba a sus piernas. Era el Merckx de siempre, porque iba de amarillo, pero con pies de barro, como si las musas le hubieran abandonado.

Con esas impresiones, a Ocaña le fueron midiendo en el seno del grupo. El conquense no cabía en sí. Mir le calmaba por las noches en el hotel: “Tu día llegará”. La pareja de directores sabía que el belga estaba más cerca que nunca, pero había que ser muy precavido porque las cartas había que mostrarlas cuando correspondiera. Ocaña corría por sus opciones, para rentabilizar la brutal inversión de Bic y por las ilusiones de los muchos que, como Goddet, estaban hartos del dominio total de Merckx.

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Y llegaron dos etapas: primero en el Puy de Dôme, como Bahamontes una década antes, y finalmente en Orcières, donde aquello reventó. Luis remató un día en que el Bic tiró a morir de salida, corroborando que Merckx no iba bien. Los corrillos de Luis con sus directores en la noche francesa tuvieron su porqué. Mir se explicó al fin tanto secretismo, tanto mimo en los planes.

Portada de Marca el día que Ocaña se puso líder en el Tour

A continuación, el desastre, que también se escribió en dos entregas. En la primera jornada tras la exhibición alpina, Luis se descolgó un momento del pelotón. Era la salida, no pasaba nada aparentemente relevante. Los micros le solicitaron una entrevista en directo por la radio. Como la prensa no podía entrar en el pelotón, lo hicieron por detrás del mismo. Alguien del equipo de Merckx vio que el líder andaba ocioso. Surgió el caos. Merckx y todos sus muchachos entraron al relevo y rompieron la carrera. La jornada acababa en Marsella, y por el camino llegaron a tener cinco minutos de ventaja. Al final, tras mucho pelear, el Bic y sus oportunísimos aliados, los maletines corrieron, redujeron a poco menos de dos minutos la ventaja del belga.

La consecuencia, al margen del brutal castigo, fue el tremendo adelanto de la carrera en meta. No había literalmente nadie en la tribuna marsellesa; bueno, sí, Mir, que vio aquel tropel entrar en meta como si no hubiera un mañana, con la grada vacía. La guerra sin cuartel de Merckx había descuadrado el horario en tres cuartos de hora. “No había nadie, nen. Ni el alcalde vio el final de etapa, las gradas desiertas”, refrenda Mir.

Luis Ocaña en el suelo del Col de Mente

A los dos días, en la etapa Revel-Luchon, el universo ciclista se paró:

Desgraciadamente ahora ya es todo agua pasada y Ocaña no ganará el Tour 1971 como estaba más que previsto y merecía con todos los honores. La emisora del Tour a través de la voz entrecortada por la emoción de Félix Lévitan nos lo dijo con la brevedad de un disparo, pero nos dejó a todos paralizados por la emoción. No se podía decir más con menos palabras. Hoy estamos a poco más de 300 kilómetros de Barcelona y el corazón nos invita a regresar, porque si nuestro barco se hunde, resulta casi lógico que nos hundamos con él.

Eso, un disparo. Joan Plans no escribía aquella crónica del 14 de julio de 1971 para El Mundo Deportivo, no, Plans, el amigo del primer Tour de Jaime, sollozaba sobre las hojas del diario amargamente, recordando el momento en que Lévitan decía: “Chute d’Ocaña!” (¡caída de Ocaña!) por la radio de carrera.

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Aquella es una historia ampliamente glosada. En las horas previas, en el fortín del hotel, Mir percibió a los dos directores alrededor de Ocaña. Trataban de calmarlo, por querer tenerlo todo excesivamente controlado, especialmente De Muer, que pedía prudencia, porque Gem, más arrojado, entendía aquello como un tema de hombres y de honor. Un angelito a la derecha y un diablillo a la izquierda. Luis se dejó llevar por el segundo. Merckx, que lo conocía bien, lo tentó. “Sabía del carácter de Luis, vaya si sabía”, repite Mir. En el col de Menté, bajo el diluvio más universal, atacó tres veces. No eran ataques a la resistencia del líder, ni siquiera buscaban probar su fortaleza, fuera de toda duda. Eran aguijonazos a sus nervios, auténticos arpones al orgullo del líder.

Luis entró al trapo: “Merckx iba delante de mí. Vaciló, derrapó y yo también. Cuando caí sentí un impacto muy fuerte. Me sentía mal, muy mal. Pero tuve fuerzas para tratar de reincorporarme. De pronto sentí un tremendo golpe y un dolor muy fuerte en el pecho. Y ya no me acuerdo de más. Eso sí, algunas caras en torno mío, gritos y gente que corría”.

Merckx cayó y Ocaña, también. El primero estaba a siete minutos y necesitaba arriesgar, el otro tenía el Tour ganado con aguantar la compostura, pero también arriesgó. Merckx se levantó y prosiguió. Ocaña también, pero cuando se disponía a montar en su máquina llegó Zoetemelk y lo arrolló; al poco le golpeó Agostinho, y finalmente Guimard. Cuatro golpes. Luis ya no se levantaría.

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Desde el segundo coche del Bic, Mir estiraba el cuello en medio de cortinas de agua y nervios, gente corriendo y griterío inhumano. Distinguió a Luis, allí, en los brazos del doctor. También a De Muer con las manos en la cabeza, a Christian Darras, jefe de publicidad de Bic, golpeando el coche. Aquello era dantesco. La imagen era estremecedora: Luis era un Cristo yacente de Semana Santa, moreno, fibrado, finísimo y lacerado de dolor. Adiós al Tour que tenía ganado. Adiós desde el helicóptero que se lo llevó del lugar. De Muer y Darras estaban espantados por los quejidos del maillot amarillo. Luis no paraba de jadear. Pensaron en lo peor.

“Creyeron, literalmente, que se había partido la médula y llamaron rápidamente al helicóptero”, concluye Mir, con la imagen in mente de Roger Rivière, otro mito, inmóvil en una curva del Macizo Central once años antes. “Pero aquello no fue más que un escandaloso golpe en los riñones”, sostiene, que por suerte no pasó a mayores.

Anquetil, que no pertenecía al equipo, pero estaba siempre por allí, lo tachó de “accidente estúpido y desagradable” por haber corrido Ocaña “unos riesgos innecesarios”. Aquella noche la cena fue un funeral. A Mir, de natural dicharachero, le habían arrancado el alma. Nadie levantó la vista del plato. “Nunca hablamos de ese día en el Tour. No es que fuera un tema tabú para él, pero su carácter era cerrado. Había que sacarle las palabras”, recuerda Mir.

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Ciclismo antiguo

Freddy Maertens fue estadística y sentimientos

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DT – 2022 post

Esta es la historia de un ciclista que trasciende su tiempo, Freddy Maertens

Quisiéramos exponer siquiera de una manera sucinta y dedicada a la figura de otros tiempos, el belga Freddy Maertens, un corredor emblemático que cosechó muchos laureles dándole a los pedales y que merece por nuestra parte unas líneas de recuerdo al haber cumplido la edad de 63 años. Tuvimos la suerte de seguir muy de cerca sus pasos en sus épocas de gloria que se decantaron en la década de los setenta.

Nació en el año 1952, en la localidad de Nieuwpoort, localizada en la región de Flandes Occidental, lindante al mar del Norte y junto al río Yser, en territorio belga. Queremos mostrar alguna que otra consideración en torno a este ciclista que en su tiempo catalogamos de fisonomía o silueta un tanto singular, de carácter un tanto chocante, que a través de nuestro trato nos llamó poderosamente a la atención. No se nos escapa  que se comportó siempre con nosotros con mucha educación y evidente caballerosidad. No podemos decir otra cosa.

Shimano Sep 2022 – Post

El trampolín de la Vuelta a España

Era por encima de todo un buen y cotizado velocista. De ahí que conquistara un buen número de etapas en las prueba de largo kilometraje de varios días de duración. Por ejemplo, en la Vuelta a España del año 1977, sí recordamos, que se adjudicó como vencedor absoluto, superando al español Miguel María Lasa y al alemán Klaus Peter Thaler, tomándose el lujo como complemento a su magnífica actuación de ganar en nada menos trece etapas, todas casi de una tacada, un hecho insólito que nadie hasta la fecha ha podido igualar.

Aun siendo un hombre particularmente rápido, también se mostró especialmente belicoso en las competiciones de contrarreloj y en las carreras clásicas de un sólo día. Era un corredor de temperamento atacante por sistema. No se arredraba ante sus adversarios que bien le conocían.

Aclamado en el mundial de Barcelona

Fue campeón del mundo en los años 1976 y 1981, todo un mérito, aunque personalmente recuerdo con especial predilección su brillante exhibición que llevó a cabo en el Campeonato del Mundo celebrado precisamente en Barcelona (1973), en donde se inclinó en última instancia frente al italiano Felice Gimondi, otro ciclista muy valorado.

El malogrado corredor español, Luis Ocaña, que fue muy beligerante a lo largo de la contienda, consiguió en aquella jornada ser el tercero; mientras que Eddy Merckx, el gran favorito, no pudo imponerse en aquel día de tono festivo que se vivió en la popular montaña de Montjuïc, en la cual se dieron cita miles y miles de aficionados. Fue todo el entorno, aquel marco, un escenario majestuoso e inolvidable, que ahora bien recordamos con hasta una especial nostalgia. Ciclísticamente hablando, hay hechos que así como así perduran con más intensidad en nuestros pensamientos, en el común denominador de las dos ruedas.

Importante número de victorias

La carrera deportiva de Freddy Maertens fue más bien fugaz. Tal como se desprende viendo su historial, y que de manera muy somera publicamos en estas columnas. Dentro del profesionalismo, acaparó básicamente el período más destacado entre los años 1972 y 1981, que representaron nueve años de intensa acción, pero que supieron a poco. Siendo corredor aficionado copó nada menos 51 victorias y en el campo profesional cosechó la brillante cifra de 221. Son datos nada desdeñables y que hablan de por sí de su innata capacidad física y de empuje como ciclista. Siendo corredor amateur, es de señalar al consagrarse campeón de Bélgica a la edad de tan sólo 19 años, y, a la vez, alcanzar asimismo el título de subcampeón en el mundial.

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Su carrera deportiva siguió una línea ascendente y hasta fulgurante. Los asesores técnicos en la materia llegaron a creer, a vaticinar, que iba a ser el sucesor o sustituto idóneo de nada menos el famoso y popular Eddy Merckx, que ganaba en el año 1975 su última carrera importante y que acabaría retirándose definitivamente en 1978. Por otra parte, la triste realidad es que Maertens no logró cumplir con las esperanzas o señuelos de los forofos del deporte de la bicicleta. Fue un espejismo que la realidad truncó con todas las esperanzas que se habían depositado en torno a él.

Un historial rico, pero corto

Cabe señalar los últimos pasos que asolaron la carrera de Maertens y que incluso supusieron una luz en su firmamento. En el Giro de Italia de 1977, sufrió un aparatoso accidente que le ocasionó una fractura de la muñeca y la obligación de abandonar la prueba por etapas. Con todo pudo sobreponerse ante la adversidad. Con cierta continuidad, pudo conquistar la clasificación por puntos en el Tour de Francia en los años 1976, 1978 y 1981, además de reconquistar, por segunda vez, el título mundial de carretera (1981), vistiendo en consecuencia la camiseta irisada, cosa que redondeó transcurridos cinco años después.

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Punto final e historial  

Podríamos escribir algunas cosas más sobre este tema que nos ocupa, pero hemos preferido realizar una simple síntesis acerca de este corredor un tanto llamativo que los buenos aficionados disfrutaron de sus actuaciones sobresalientes. Siempre es bueno el poder rememorar o traer a la memoria ciertos pasajes del pasado que constituyen un eslabón de interés para comentar en justa medida y merecimiento. Siempre nos satisface el poder exponer esa clase de relatos que ensalzan a fin de cuentas las grandezas que encierra nuestro ciclismo.

  • Palmarés abreviado

Campeonato del Mundo de fondo en carretera 1976 y 1981; Vuelta a España de 1977; Vuelta a Bélgica de 1975; París-Niza 1977; París-Bruselas 1975; Tours-Versailles 1975; Gran Premio de las Naciones contrarreloj individual 1976; Trofeo Baracchi por parejas 1976; Amstel Gold Race 1976; Flecha Valona 1977; Maillot Verde Tour de Francia 1976,1978 y 1981

Por Gerardo Fuster

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Ciclismo antiguo

La Vuelta que Melchor Mauri ganó a contrapié

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DT – 2022 post

Aquella Vuelta de Melchor Mauri siempre tuvo la duda de la etapa de Pla de Beret

Hace más de treinta años la Vuelta impuso una costumbre efímera, la crono por tríos que en 1991 empezó a enfocar a un ciclista hacia la victoria ya de inicio: a Melchor Mauri.

Cada equipo se partía en tres unidades y las situaba a su capricho en la parrilla horaria de salida, una salida que se hacía desde Mérida, desde la escena del teatro romano, donde los ciclistas desfilaron el día de antes que el pañuelo cayera.

De la ciudad romana que acogió parte de los jubilados de las grandes campañas del imperio, como digo salió de líder Melchor Mauri, ciclista catalán, de la bella Vic, la cuna de Osona, en el valle de piaras y nieblas casi perennes. Mauri, acompañado de Herminio Díaz Zabala y Anselmo Fuerte, cogía un maillot amarillo, que compartió con sus compañeros de trío los días siguientes y que parecía tan evanescente como la niebla de su querida tierra.

Shimano Sep 2022 – Post

Los días pasaron, paulatinamente se quemaban etapas y la situación seguía siendo la misma.

La antesala del primer ciclo clave fue más proclive al líder, Mauri ganaba la crono de Mallorca y las diferencias empiezan a ser significativas.

Mauri literalmente volaba contra el crono.

Esos días era inalcanzable para todos y para uno en especial, Miguel Indurain, quien perdía esos días las ultimas cronos clave de su carrera, pues el navarro se hallaba en los días previos a su gran dominio en el Tour.

La consabida debilidad de Mauri en las montañas era la moneda de cambio para que muchos pronosticaran su ocaso en la punta de carrera, pero hete aquí que la Vuelta en primavera tenía esas cosas, que un día amanecía y resultaba que el cielo había roto sobre tu cabeza y había dejado caer toda la nieve del mundo, esa nieve que dejó impracticable la Bonaigua y el posterior ascenso a Pla de Beret. La etapa para muchos clave no se podía hacer.

“Etapa corrida, etapa perdida”

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Al día siguiente, entre restos de la nieve que anuló la etapa reina, la carrera subió a Cerler de donde el líder sale vivo, muy vivo, a pesar del acoso de Indurain e incluso Marino Lejarreta, compañero del maillot amarillo, que en verdad era la baza de su equipo, como con los días se empezaba a astibar.

Pero Mauri estaba de dulce, y cada vez que la carrera entraba en la lucha individual, tomaba las riendas, incluso en terrenos sobre el papel hostiles, como la cronoescalada de Valdezcaray, donde el catalán seguía incrementando la cuenta y dejando a sus rivales con la responsabilidad de hacer todos los deberes entre los Lagos de Covadonga y El Naranco.

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En las cumbres astures, se comprobaron dos cosas, que el líder encajaba con éxito todos los golpes y que en la ONCE el cuadro si no de guerra civil, era próximo a ella, pues Lejarreta actuaba como jefe en una situación que invitaba a la prudencia por respeto a quien llevaba la casaca amarilla.

El acoso alcanzó su cénit en las tierras donde Pelayo empezó la reconquista, pero de ahí no pasó, no había más terreno, no más que otra crono, por Valladolid, donde Mauri acabó la faena que había iniciado tres semanas antes en Mérida, una Vuelta, toda una Vuelta a España que en Catalunya sigue siendo la última desde entonces y la segunda de la historia, tras que se llevó el discreto Josep Pesarrodona años antes.

Imagen tomada de Parlamento Ciclista

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Ciclismo español, 68 años para ganar el mundial

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Alejandro Valverde arcoiris JoanSeguidor
DT – 2022 post

Vamos a por el mundial, la gran asignatura pendiente del ciclismo español

Ayer lo dejamos en la antesala del mundial, una carrera que al ciclismo español tardó 68 años para ganar un Mundial..

Si en los años 50, un español ya vistió el maillot jaune en París, como síntoma del gran amor por las grandes vueltas a este lado de los Pirineos, tuvimos que esperar al cambio de milenio para estrenarnos en  carreras como Giro de Lombardía, Flecha Valona, Lieja- Bastogne- Lieja, Campeonato de Zurich, Giro de Lombardía o Gante- Wewelgem.

Un palmarés asimétrico entre clásicas y vueltas  que parece camino de corregirse.

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Sin embargo, un hito algo lejano en el tiempo quiso darle, aunque de forma esporádica, continuidad a la obra de Poblet.

En 1992, Federico Echave ganaba el lejano Gran Premio de las Américas en Canadá, logrando así la segunda victoria española en los años de la Copa del Mundo. Si Miguel Indurain había abierto este capítulo en Donostia, un par de años antes, la del corredor de Kortezubi era la primera en terreno foráneo.

En la extinta Copa del Mundo, que la UCI dio sepultura en 2004, hubo otros tres triunfos españoles, los tres precisamente el año del sepelio de este ranking. En 2004 ganaban Oscar Freire, Miguel Ángel Martín Perdiguero y Juan Antonio Flecha, San  Remo, San Sebastián y Zurich, respectivamente.

Sin embargo para muro infranqueable, ninguno como el del Campeonato del Mundo.

No fue hasta Colombia en 1995 que el ciclismo español no inició la cuadratura del círculo en la que se halla inmerso.

Si Wewelgem necesitó de 70 años para ser española, el mundial necesito 68.

En 1935, en la novena edición, la localidad belga de Floreffe era escenario de un desenlace que ubicó a Luciano Montero en la segunda plaza.

Luego llegarían las preseas de Ramón Saez, Luis Ocaña, en la olímpica montaña de Montjuïc, y Juan Fernández.

Medallas todas ellas importantes, pero ninguna de matiz dorado y huérfanas de arco iris. En 1995, Abraham Olano, segundo en la anterior Vuelta a España, visitó por fin el preciado maillot acompañado por Miguel Indurain, portador al final de dos platas en esta cita, y Marco Pantani.

Luego vendrían tres títulos de Oscar Freire y otro de Igor Astarloa más el de Alejandro Valverde en Innsbruck, cuatro años han pasado.

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Esos odiados adoquines

Cuando Igor –por Astarloa- y yo veíamos ciclismo por la tele siendo amateurs, disfrutábamos mucho más viendo la Roubaix que la Vuelta a España”.

Estas palabras de Pedro Horrillo, uno de los “abogados del diablo” por las grandes clásicas, resumen perfectamente el carácter universal de la generación que finalmente ha tomado las riendas del ciclismo en España. El cambio más sustancial ha sido sin duda, la variación de actitud ante las grandes citas del pavé.

En torno al Tour de Flandes y la París- Roubaix, creció durante muchos años una leyenda negra que alejaba los primeros espadas el ciclismo español de sus cunetas. Ahora parte de esos primeros espadas se atreve con el reto.

Hasta que Juan Antonio Flecha no probó los cajones de Roubaix y Flandes, sólo el legendario Poblet había estado en uno de ellos.

El mito catalán fue segundo en 1958 y tercero en 1960 en el “Infierno del Norte”.

Cuando Flecha se fugaba junto a Tom Boonen y George Hincapié en 2005 y arribaba tercero al velódromo, se zanjó una ausencia de nada menos que 45 años.

Un par de años después, el catalán oriundo de Buenos Aires, volvió al podio para ser segundo.

En 2008 Flecha rompió el maleficio flamenco logrando la tercera plaza en la Ronde.

Hasta esa fecha, el mejor resultado de un español en los muros de Flandes lo había firmado Jesús Del Nero sin pasar del top ten. Si Luis Otaño, 35º en 1963, hubiera levantado la cabeza. Con todo los larguísimos palmarés de Flandes y Roubaix carecen de nombres españoles entre sus ganadores.

En las semiclásicas belgas cabe anotar presencia española y también reciente.

La  Gante- Wewelgem cayó en saco hispano de la mano de Oscar Freire.

Hasta 2005, una vez vista la vergonzosa “persecución tras moto” protagonizada por Nico Mattan, ninguno había estado en el podio.

Entonces tuvimos a Flecha segundo, quien en 2010 rompió la squía en la antigua Het Volk, hoy Het Niueuwsblad.

Siguiendo con el calendario belga, originales han sido las tres victorias seguidas de Oscar Freire en la Flecha Brabanzona.

Tres triunfos que contrastan con la ausencia total de resultados en el  E3. Fran Ventoso logró en 2010 inaugurar el casillero en la París-Bruselas.

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Italia y Ardenas, pocas pero buenas

A pesar de haber sido siempre mucho más afines, las clásicas de las Ardenas junto a las grandes italianas habían ofrecido hasta hace bien poco un balance más bien pobre. E

n el caso de las transalpinas, existe un tremendo vacío desde las dos victorias en San Remo de Miquel Poblet, prolongadas por Freire hasta en tres ocasiones. Por el medio, muchas y meritorias actuaciones de corredores como Pérez Francés, Perurena, Juan Fernández e incluso Angel Edo, pero ningún podio y mucho menos, ningún éxito.

Para ausencia de triunfos por eso, el Giro de Lombardía, donde resaltaron los podios de Marino Lejarreta y Samuel Sánchez hasta que Joaquim Rodríguez hizo diana en la última edición. En otra de las citas notables, tradicionalmente en el otoño, del calendario italiano, la Milán- Turín, se impuso Poblet en 1957. Marcos Serrano lo haría en 2004, mismo año de la victoria de Juan Antonio Flecha en el Giro del Lazio.

Las Ardenas siempre han sido, dice la leyenda, un territorio más apropiado para el corredor español, históricamente agonístico, buen “grimpeur” y osado bajador, que los adoquines de la primera parte de la primavera. Eso es lo que dice el mito, por que la realidad ha sido más bien cruda.

Hasta 2003, con Igor Astarloa, no se logró mediar con éxito en la Flecha Valona. Y hasta 2006, con Alejandro Valverde, no se ganó la decana por excelencia, la Lieja- Bastogne. Lieja. ¡104 años después de su creación!.

A todo esto, la Amstel Gold Race sigue sin ganador español, aunque sí integrantes en el podio…

 

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Grandes victorias y asignaturas pendientes del ciclismo español

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Recordamos las primeras victorias del ciclismo español en las carreras de referencia

Aprovechando días de descanso ciclista, con los equipos repensando volver a la actividad de invierno, quería echar cuentas sobre algunas de las cositas que el ciclismo español ha logrado y otras que quedan por lograr.

Vamos a por ello…

Década de los 50. Años en los que la España de la época dura de la dictadura generaba su debate favorito entorno a dos de los grandes ciclistas de nuestra historia.

Unos apostaban por Bahamontes, los otros querían a Loroño.

Entre el toledano y vizcaíno, ese país recuperándose de las heridas de una tremenda guerra encontraba distracción ante males mayores e imponderables.

En esa España, como en la de ahora, aunque no en la misma medida, interesaban principalmente las grandes vueltas.

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En el ocaso del citado decenio, el águila toledana ganó el primer Tour de Francia.

Hablamos de la edición de 1959.

Ese año el ciclismo español se graduaba entre las grandes potencias.

Y lo hacía en el único foro donde las podía igualar, en el terreno de las tres semanas y 21 etapas.

Antes de la victoria de Bahamontes en Francia, ya se contaban algunos podios en la más grande de las carreras, e incluso se había probado el sabor de los laureles en la Vuelta a España, como buenos anfitriones.

Sin embargo, en esos tiempos, un aislado halo de modernidad recorrió nuestro pelotón cuando en un par de ocasiones, Miquel Poblet hacía historia ganando la Milán- San Remo de los años 57 y 59.

La causa del catalán respondía a cánones excepcionales para el ciclista español de la época. Enrolado en un equipo italiano, el sprinter de Montcada surcó de cierta originalidad la evolución del ciclismo español. A sus éxitos en San Remo, unía otros hitos, como ganar numerosas etapas en el Giro o pisar el podio de Roubaix. Antes de él nadie lo había hecho y pasarían muchos años para ver algo igual.

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Pequeñas y grandes vueltas, territorio amigo 

El ciclismo nacional no tardó en probar los laureles en la grande de casa.

En la Vuelta, con tres de sus ediciones consumidas, llegó el primer éxito de los anfitriones por medio de Julián Berrendero en 1941. Luego vendrían los éxitos de los hermanos Rodríguez, Delio y Emilio, Langarica, Ruiz,….

En el Tour de Francia, Bahamontes ganó al medio siglo de historia. No ha ocurrido lo mismo en el Giro de Italia. A pesar de los memorables momentos ofrecidos por personajes casados con el espectáculo, como el caso de José Manuel Fuente, se tardó la friolera de 83 años en ganarlo. En la olímpica edición de 1992 Miguel Indurain puso cerco a tal maleficio. Un año después repetiría.

Realizando un repaso a las principales carreras por etapas, salvado el capítulo de grandes vueltas, una vez más Miguel Indurain marca puntos de inflexión.

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En la París- Niza de 1989, mismo año en el que ganó el Criterium Internacional, el navarro sería el primer español en hacerse con el triunfo toda vez se habían quemado unas 60 ediciones.

No ocurrió lo mismo en la Tirreno que hasta 1991 no se la llevó para España Hermino Díaz Zabala, aunque con sólo 25 ediciones desde su inicio.

En la tradicional previa del Giro, el Tour de Romandía, a pesar de un podio de Bahamontes, allá por el 63, la primera victoria española la lograría Francisco Galdós en 1975. Un par de años antes, José Manuel Fuente zanjó la sequía en la Vuelta a Suiza, mientras que en su gemela alpina, la Dauphiné, Valetín Uriona halló fortuna en 1964, a los 17 años de su creación.

Esta revista repaso incluye carreras modernas por mucho que ofrezcan no ofrecen la perspectiva histórica de otras.

A las tres ediciones el Eneco Tour ya estuvo en manos de un cántabro, Iván Gutiérrez.

El Tour Dowm Under vio el éxito de Mikel Astarloza en 2003 con cinco ediciones a sus espaldas.

En la Vuelta a Alemania, una de las carreras más antiguas del calendario internacional, a pesar de ser pocos quienes lo saben, tuvo a David Plaza como ganador en 2000, es decir casi 90 años después de su inicio.

Ion Izagirre tiene en la Vuelta a Polonia una de sus grandes piezas, si bien carreras como los Cuatro Días de Dunkerque y Tres Días de La Panne, pruebas que vistas sus afinidades con las clásicas adoquinadas, han sido tradicionalmente ajenas a los calendarios de los nuestros.

Imagen: Aventura de la historia

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