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Ciclismo antiguo

Aristidis Konstantinidis firmó el oro inaugural olímpico de ciclismo

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Konstantinidis fue el primer campeón olímpico en ciclismo allá en Atenas 1896

Vamos de viaje a la primera vez que hubo un meta olímpico en juego en ciclismo.

Hace más de 2800 años, Grecia albergaba la celebración de los Juegos Olímpicos de la Era Antigua.

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Las olimpiadas, tal y como las conocemos hoy en día, en realidad, nacieron en el año 1896, dirigidas por el Barón Pierre de Coubertin, quien encabezó a principios de la última década del siglo XIX el movimiento de su recuperación.

La sede elegida para esta primera edición de la era moderna no podía ser otra; Atenas

Cabe indicar que solo cuatro años antes había visto la luz la Asociación Internacional de Ciclismo (ICA), que fue el primer organismo internacional de carreras ciclistas, y antecesor de la actual UCI.

Dato que nos indica cuál era la situación del deporte de los pedales en ese momento, que aunque existía desde hacía alguna década, apenas empezaba a dar sus primeros pasos de manera regulada y oficial.

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Concretamente en el país heleno, se calcula que a finales de ese siglo en la capital ateniense habían unos 2000 ciclistas de todas las edades, de los que entre 300 y 400 poseían su propia bicicleta, que utilizaban con asiduidad.

Mientras tanto, las féminas apenas superaban las cincuenta, y la mayoría procedentes de países extranjeros.

Para esta primera cita olímpica, se organizaron un total de seis pruebas diferentes, que se distribuían en cinco de pista, y otra en ruta.

Esta última tuvo lugar el 12 de abril, y comprendía el recorrido de Atenas – Maratón – Faliro, constando de un total de 87 kilómetros

En la línea de salida se encontraban tan solo siete ciclistas, procedentes de tres países diferentes: Alemania, Gran Bretaña y Grecia.

Precisamente de este último era Aristidis Konstantinidis.

Natural de la localidad chipriota Lefkoniko, cuenta la leyenda que fue uno de los primeros en traer una bicicleta al país.

Lo que sí es innegable es que fue uno de los pioneros de este deporte, siendo el fundador de la Asociación de Ciclismo de Atenas en 1891, y la Compañía de Ciclismo de Atenas.

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Desde el comienzo de la prueba, Konstantinidis estuvo comandando la carrera en todo momento, aunque seguido muy de cerca por el austríaco August Gentrich, y el británico Edward Batel, empleado de la embajada británica en Atenas.

El final de la primera mitad se situaba en la ciudad de Maratón, lugar en el que se encontraba el giro de retorno, y el punto de control establecido por el comité organizador, en el que los participantes debían certificar su paso antes de emprender el regreso.

Tras la pertinente firma, y escasos segundos después de iniciar la marcha, la bicicleta de Konstantinidis sufrió una rotura que la hacía totalmente inservible para seguir en carrera.

Es entonces cuando, tras unos minutos de confusión, y cuando ya lo creía todo perdido, finalmente terminó consiguiendo una nueva montura que le prestó un transeúnte.

Todo ese valioso tiempo fue aprovechado por el británico Edward Batel, quien le adelantó, aunque con ello nada se había decidido todavía.

A apenas unos pocos kilómetros de la línea de meta, fue Batel quien tuvo una caída mucho más grave, de manera que estando a punto de ser campeón olímpico, finalmente acabó siendo 3º, al adelantarle Konstantinidis (1º) y Gentrich (2º).

 

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Cuentan algunas crónicas de la época que la entrada de Konstantinidis a Atenas fue recordada muchos años después.

Las magulladuras sufridas en la caída, las escandalosas heridas sangrantes que le habían provocado, y el polvo de las carreteras de la época que llevaba adherido a cada centímetro de piel, ofrecieron a los espectadores una estampa de esfuerzo y épica tal, que convirtieron a esta medalla de oro en una de las más famosas de aquella primera edición de las olimpiadas.

Imagen: Wikipedia

Por Jonathan Martínez

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La explosión de José Pérez Francés

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El ciclismo actual no aguantaría un carácter como el de José Pérez Francés

La imagen me ha prendado, sinceramente, me parece genial, un momento, un instante, una explosión, un ciclismo silvestre, explosivo y abrumador, como el carácter de José Pérez Francés, el genio cántabro que vivió en BCN y que nos dejó hace cuatro meses.

Rara vez se alcanza tanta perfección para describir un genio, un ciclista que gente que ha convivido con él, me define como uno de los corredores con más clase y talento que jamás hayan visto.

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Es más, y aunque suene a exageración, me lo han situado, y lo leeréis en próximos meses, en la línea que va de Anquetil a Merckx pasando por Ocaña.

Es José Pérez Francés, de quien todos recuerdan esa etapa del Tour que acabó en Barcelona, sus triunfos en el otrora prestigiado Campeonato de España, el Giro que perdió por su temple, las etapas en la Vuelta,… su palmarés no lo describiremos ahora porque es enorme, queremos recordar el personaje que cuando el Tour volvió a Barcelona muchos años después declinó todo homenaje pues tenía que hacer su ración diaria de kilómetros.

Personaje duro y fuerte, pisó el podio del Tour al cobijo de dos leyendas como Anquetil & Bahamontes.

No escatimaba mal humor cuando las cosas no salían como él esperaba y algunos compañeros tuvieron que encajar sus reflexiones en voz alta, muy alta.

Eso sí, en carrera era un volcán, un tipo capaz de contener un temple que le rebosaba, para lo bueno y lo malo.

En la línea de sucesión de ciclistas de raza en España se puede decir que Luis Ocaña bebió de sus fuentes.

Corredores que salían, rompían con lo establecido y punto, sin término medio, ni opción a rectificar.

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Tormentos para quienes llevaban el coche de equipo.

Genios, corredores con un áurea imperial que no necesitaron un grandísimo palmarés para traspasar los tiempos y hacernos imaginar cómo encajarían en el ciclismo presente.

Por todo eso, por todas las veces que hemos oído hablar de él, al ver esta foto, nos han venido estas andanas a mente.

El chaval corría para Ferrys, donde dirigía Damian Pla, pero mandaba él.

Ojalá un José Pérez Francés pisara por nuestro ciclismo de vatios y potenciómetros.

Imagen tomada de As Ciclismo

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Ciclismo antiguo

Charly Mottet, el hombre de las victorias singulares

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En el ciclismo de los 80-90´s Charly Mottet fue omnipresente

En la historia del ciclismo que cabalgó entre los ochenta y noventa hubo un ciclista que posiblemente hoy hubiera sido muy valorado, pero que entonces, con todos mucho más centrados en el rendimiento de las grandes vueltas, pasó más de puntillas, hablamos de Charly Mottet.

El de Valence acumuló un palmarés de más de sesenta victorias, algunas muy destacadas, en medio de dos generaciones que acapararon el trono ciclista durante casi veinte años.

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Charly Mottet no fue de la quinta de Perico, Roche, Fignon y Lemond, ni perteneció a la de Indurain, Breukink, Bugno y Raúl Alcalá.

Ni en una, ni en otra, entre dos mares, pero ello no le impidió tener brillo propio, incluso en un ciclismo, el francés, en el que el rey sol era rubio con gafas redondas y que respondía al nombre de Laurent Fignon.

Ambos compitieron juntos con los colores del Systeme U, hasta que Mottet decidió por dejar «chez Guimard» y emprender la aventura del RMO.

En sus diez años de profesional se aupó al podio no pocas veces y en carreras del nivel de Dauphiné, Lombardía, Romandía y una que dominó hasta tres veces, el Gran Premio de las Naciones, el oficioso mundial contrarreloj.

Fue podio en el Giro que dominó Bugno más dos etapas en la Vuelta y tres en el Tour.

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Pero entre esa tela de triunfos que le situó tan arriba, hay uno que queremos destacar, una que le llevó a decir: «He llegado más alto que el Montblac, he ganado tras 4800 metros de desnivel«.

Lo comentó sonriente y feliz tras ser el primer ciclista en inscribir su nombre en la historia de la Clásica de los Alpes.

Eso fue una tarde de mediados de mayo del 91, en la primera edición de una carrera que con los años sería un buen termómetro para el inminente Dauphiné, a la corta, y el Tour de Francia a la larga.

Mottet logró ese triunfo en las montañas que rodeaban la ciudad alpina y termal de Aix-les-Bains tras escaparse con Robert Millar.

Ambos llegaron solos al final para jugarse el triunfo de una forma increíble para una carrera alpina, en un sprint con sur place incluido a trescientos metros de meta

Mottet, más rápido, acabó con las opciones del escocés de larga coleta y violenta pedalada en las subidas.

Aquella edición inaugural sólo la acabaron unos treinta ciclistas de los ciento veinte que salieron.

En esos contextos de dureza extrema, Mottet también era un maestro.

Imagen: CapoVelo.com

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Así sobrevivió Andy Hampsten al desastre del Gavia

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Para Andy Hampsten el infierno blanco del Gavia fue la puerta de la gloria

¿Qué pudo haber sucedido en aquella tarde de mayo en el Gavia cuando la gran nevada sobrevino sobre un pelotón del que emergió un ciclista americano con gafas de esquiador llamado Andy Hampsten?

Lo cierto es que en tiempos modernos, los que nos ha tocado vivir, cuando vemos una jornada en el alambre de la suspensión o recorte por mor de la meteorología, siempre nos acordamos de Giro 1988 para agarrarnos a eso de que «cualquier tiempo pasado fue mejor».

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Lo hicimos el día que el Giro recortó la etapa de Cortina de la pasada edición o aquella que llovía tanto hace un año largo y el pelotón presionó para que se acabara recortando.

El ciclismo actual, puesto negro sobre blanco sobre el que un día conocimos, no sale bien parado en este campo, pero a veces nos preguntamos si no hubo días en los que se jugó con fuego.

Nos pasó el día que Visconti ganó en el Galibier bajo una tremenda nevada en el mismo Giro, a los pocos días Nibali hacía lo propio en Lavaredo bajo un manto.

También cuando Nairo se vistió de azul «Tirreno» en la cima del Terminillo.

Sin embargo, el día que el ciclismo pudo rozar la calamidad fue ese del Giro de 1988 y la famosa etapa del Gavia.

Fue un cinco de junio, primavera en los Dolomitas, a sabiendas de lo que ello puede conllevar, más cuando la tarde antes a esa jornada todos los informes apuntaban a un tiempo apocalíptico en la subida al Gavia.

Por la mañana, a sabiendas que la cosa se iba a poner fea, Mike Neel, director deportivo del Seven Eleven, planea una logística especial.

A trescientos metros de la cima del Passo di Gavia, sitúa un coche con bebidas calientes para los corredores

Arriba del todo, aposta un segundo vehículo cargado de ropa seca.

Antes de llegar allí, el fin del mundo.

Ya en el tramo sin asfaltar del principio, el escapado Johan Van der Velde trepa en medio de una nevada que convierte la ruta en un lodazal.

La suya es una aventura feroz, que ha pervivido en el tiempo y el recuerdo del aficionado, pero no tendría el final perseguido, pues en el grupo de contraataque salieron los capos, con Erik Breukink en cabeza, y Andy Hampsten con él para conquistar el Gavia más indomable de la historia.

 

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Aunque Van der Velde fue el primero en coronar, sería cazado por neerlandés y americano al pararse en la cima para abrigarse ante un descenso que se anunciaba horrible

Perico no trató ni ponerse los guantes ante la inutilidad de sus manos ateridas de frío y humedad, lo hizo en medio de aficionados que prestaron -no creo que con acuse de recibo- sus anoraks a los ciclistas.

La bajada presentaba curvas cerradas con pendientes del 16%, un reto que dejaba la monstruosa subida en una anécdota, una cuestión de supervivencia que los del Seven Eleven supieron prever mejor que otros.

Al margen de los coches en la cima del Gavia, Andy Hampsten se había untado de vaselina de la cabeza a los pies, sabedor que iba a soportar un poquito mejor el frío que los demás.

El resultado lo vimos, Hampsten llegó con Breukink escapado a la meta de Bormio para empezar a encarrilar un Giro histórico, pues sería el primero que ganaría un estadounidense, algo tan único que no hemos visto repetirse.

A media hora de los ganadores llegaron los preferidos de la afición, Visentini & Saronni, como muestra de las diferencias que se abrieron ese día.

El Gavia, un puerto con más de sesenta años de tradición en el Giro había pasado a la historia para ser recordado anualmente, cada vez que el pelotón afronta una jornada que entra en los cánones de los extremos del frío.

«Poco sabíamos del Gavia y ni si siquiera quisimos reconocerlo por adelantado. De repente me vi en pistas de tierra y en medio de paredes de seis metros de nieve. Me sentí como Fausto Coppi» dijo Imerio Massignan, el primero en coronarlo el año 1960.

Imagen: Ciclismo épico

 

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Pero ¿cómo no vamos a guardar un buen recuerdo de Indurain? Copia

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Con el recuerdo Indurain viajamos al ciclismo que nos enamoró

Cada dos de enero, un cierto grupo de nostálgicos empedernidos trae al recuerdo que se trata del día de la retirada de Miguel Indurain.

En ese recuerdo anual, este 2022 nos traía la cifra redonda de su anuncio, han pasado 25 años, un cuarto de siglo que nos pone frente al espejo de nuestra realidad: el paso del tiempo cae a plomo sobre nosotros.

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En todo caso me ha hecho gracia ver este titular en la entrevista que le realizando en el Diario de Navarra al calor de dicha efeméride…

Me choca que se extrañe, y lo digo de verdad.

En un mundo que se mueve a través de apariencia y cada vez menos en la esencia, ver a Miguel Indurain hacer con la misma normalidad las cosas, como las ha hecho siempre, siendo fiel a sus raíces, encontrando «La gran belleza» en ellas, es inspirador.

Y lo digo de verdad, sin peloteo ni ansia de ser complaciente.

Como nos dijo un día uno de sus mejores admiradores en Facebook, Manuel Pérez:

«No tengo ni la más remota idea si dentro de 200 años aparecerá en algún laboratorio de Francia, un doctor o un investigador con una micro muestra de un pis que dejó Induráin en no sé qué sitio, ni si ese pis tendrá un nanogramo de una sustancia que tenía uso terapéutico u otro… Me daría igual, le he visto atender a todo el mundo siempre con una sonrisa; tener detalles personales que te dejan boquiabierto, miles de cosas que darían para un libro. Pero me quedo con una sola cosa. Miguel Induráin es de verdad, es real. Fue, es y será el mejor«

Y no podríamos estar más de acuerdo, con él recordamos que un día todo esto fue sencillo, sin complicaciones, ni nadie que estropeara la realidad con postureos baratos y gestos vacíos.

Leer la entrevista es una delicia, un recuerdo de quienes somos a través de un paisano de Villaba que sale y pasea con su bicicleta como cuando era ciclista profesional, o como antes de serlo.

Que mantiene una relación cordial con quienes fueron sus directores y compañeros de viaje -nunca le he oído o leído nada sobre los motivos que le empujaron a su ruptura con Echávarri y Unzué-, que va probando las cosas según le llegan -los cambios eléctricos, las novedades de Campagnolo…-, que no le cuenta «batallitas» a su hijo pues creo que es consciente que otros lo harán por él…

El Cuaderno de JoanSeguidor: La Revista 

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Mira que le hemos contactado veces para traerlo a nuestro podcast: «Gracias, pero no«.

No hay manera, por nuestra parte seguiremos insistiendo, pues hablar con él, traer el recuerdo de Indurain es viajar a lo que fuimos cuando justo empezábamos a descubrir de qué iba esto que llamamos mundo.

Su recuerdo es perenne -y no sólo el deportivo, que también- y por tanto en un mundo de «last call» y redes sociales vacías, leerle es un placer, aunque nos asombre que le extrañe que nos acordemos de él.

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Charly Mottet sería un ciclista muy apreciado en la actualidad, con muchas virtudes en todo tipo de terrenos. No ganó una grande, pero sus más de 60 triunfos hablan de un peso pesado de tiempo

https://joanseguidor.com/charly-mottet-ciclista/

Si queréis un libro bueno de ciclismo, el de Tyler Hamilton, un thriller sobre ruedas con buenos, feos y malos tipo Riis, Armstrong, Bruyneel, los médicos pululando por este circo ambulante.

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Untado en vaselina y coches con bebida caliente y ropa seca hicieron menos infierno el desastre del Gavia para Andy Hampsten

https://joanseguidor.com/andy-hampsten-giro-1988-gavia/

Con un capo como Pogacar, a Marc Soler no le va a tocar otra que tirar mucho y bien de carro en las grandes que compita este año.

https://joanseguidor.com/marc-soler-ciclista-uae/

Dice esto Indurain y me pregunto ¿cómo no vamos a acordarnos de él?

https://joanseguidor.com/recuerdo-miguel-indurain-dia-retirada/

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