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Ciclismo antiguo

Tour: El amor de Lale Cubino por Luz Ardiden

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Lale Cubino Luz Ardiden Joanseguidor
DT – 2022 post

Recordando el Tour de 1988, Cubino habla de la gloria que encontró en Luz Ardiden

El encadenado Tourmalet-Luz Ardiden es historia del ciclismo, una fórmula ganadora sobretodo en las ediciones del Tour a finales de los ochenta e inicios de los noventa, que también tuvo predicamento en la Vuelta a España de 1992 con un protagonista estelar, un bejarano llamado Lale Cubino

En la historia de cada uno, hay sitios que se quedan para siempre en la leyenda de cada uno, a Lale Cubino le vale el nombre de Luz Ardiden, tanto en Tour, como en Vuelta y Porvenir.

Recordamos esta conversación que tuvimos con él en la sobremesa del lunes de pascua del año pasado, es decir, en pleno confinamiento: Lale Cubino nos guarda un hueco para hablar de su triunfo en Luz Ardiden hace 33 años.

Lale, ¿qué tal llevas estos días?

«Lo llevo bien, me gusta la casa, y estoy a a gusto. preferiría poder salir, pero no lo llevo tan mal

Aprovechas para hacer esas cosillas que…

«Sí claro, he aderezado el jardín que lo tenía abandonado, chapuzillas, he cocinado alguna cosa como lasagna, arroz y bastante pan”

¿Eres cocinillas?

“Me queda lo justo para decir que se puede comer”

Estos días estamos cargados de ciclismo ochentero ¿te gusta verlo?

La verdad es que lo estoy viendo casi todo, como las clásicas de Eurosport, Roubaix del año pasado. También Flandes

Lale Cubino, tres veces ganador en Luz Ardiden, viendo Roubaix

Ni más ni menos

Pero es carrera estaba en tus antípodas

Roubaix era totalmente diferente a mis características, como corredor no quería ni verla, pero me gusta seguir ese tipo de carreras, me gustan mucho, es un ciclismo, para mis cualidades muy complicado, pero que tiene un gran mérito con gran dificultad. Estéticamente, el paisaje, el pelotón, las carreteras de adoquines me atraen mucho

Por eso lo digo

Yo era todo lo contrario a aquello, etapas de montaña y de calor

¿Cómo se vivían las clásicas en tu equipo?

No eran importantes. Yo hice un año la Lieja y Flecha, con mal tiempo, y no me gustaron

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Vemos con ojos vidriosos aquel ciclismo de los ochenta…

En aquella época el ciclismo era muy seguido, era uno de los deportes más televisados, generando una gran afición. El aficionado medio, de la calle, nos conocía. Hoy el ciclismo compite con otros deportes, hay una gran variedad. El espectador es más diverso”

¿Tanto ha cambiado el ciclismo en este tiempo?

No tanto, quizá en lo que rodea a los equipos, los sueldos, los presupuestos, el material, pero en esencia es un deporte en el que el esfuerzo sigue prevaleciendo. Hoy hay mejores carreteras pero la velocidad es más alta. No teníamos el aficionado más cerca, nos movíamos entre ellos y los coches… esto no sucede hoy

¿Podemos decir que aquella fue la mejor época del ciclismo?

A mí me tocó una gran época de ciclismo, desde los ochenta hasta mediados de los noventa fueron grandes años. A partir de entonces, con escándalos de dopaje, la popularidad fue a menos. Ha costado recuperarse, la presión del doping y los castigos fueron muy altos, hubo gente que dejó de ser ciclista y este oficio es por amor y no por dinero. Todo este proceso ha dado sus frutos en cuanto a la limpieza del deporte, no quita que haya cosas como en otros muchos ámbitos

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Vamos a Luz Ardiden

Para mí tiene gran significado, no sólo gané en ese Tour, también en el Porvenir y en la Vuelta del 92

¿Qué estadística tiene Lale Cubino en Luz Ardiden?

Tengo que decir que acabé cinco veces en esa cima y gané tres

Menuda estadística, ni Mathieu Van der Poel

Son porcentajes importantes, aunque no deja de ser casualidad. Era una cima en la que me motivaba mucho. En el 87, por ejemplo, no estaba bien, pero al año siguiente salí con toda la idea. Era una etapa muy fuerte, con seis puertos, por eliminación

¿Cómo fue tu victoria en 1988?

Salí con intención de hacerlo bien, no sé si ganar. Según pasaban los puertos, la confianza iba a más. A partir del tercero, del Pereysourde, muy bien y en el Aspin, iba fácil campándome con la mayoría. Ataqué antes del Tourmalet, en el llano tras el Aspin

¿Cuándo dices que ibas fácil a qué te refieres?

A ver, fácil nunca se va, hablamos comparado con los demás, cuando vas a 180 pulsaciones y la gente se queda, es perfecto…” 

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¿Cómo fue aquel Tourmalet?

Con mucho calor, lo habían parcheado semanas antes con esa brea que se deshacía con el calor y se pegaba la bicicleta. No sólo era luchar contra la subida, también esquivar el parche de brea porque te frenaba un montón

¿Y la subida final a Luz Ardiden?

En Luz Ardiden, tras seis puertos, iba tocado, Mínguez me apretada, no sabía lo que sacaba. La moto daba referencias al segundo, Duclos Lasalle, respecto al resto. Yo miraba para atrás en las curvas y no veía a nadie. Cuando llegué a meta tuve que esperar seis minutos

Escuchando aquellas narraciones nos impresiona la cantidad de críticas a los franceses ¿había complejo de inferioridad?

Más que complejo de inferioridad nuestra, era de superioridad de ellos. Veníamos de Hinault y Fignon, estaban crecidos se notaba en las carreras y en las retransmisiones. Por ejemplo se dirigían a nosotros con desdén

Tu última victoria en la Vuelta fue bajo un frío tremendo

La Vuelta 92 fue en con un frío que no me iba bien, pero era Luz Ardiden y me motivaba. En Tourmalet había nieve en las cunetas, en la bajada hizo mucho frío pero…

… Lale Cubino volvió a ganar en Luz Ardiden su cima fetiche, un lugar que traemos al recuerdo este lluvioso lunes tras la Semana Santa más atípica, gracias David por el cable 😉

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Ciclismo antiguo

Recuerdos del Txente García ciclista

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DT – 2022 post

Txente García, hoy popular director, fue un ciclista muy interesante

Han pasado once años desde el adiós del ciclismo pro de José Vicente García Acosta, también Chente o Txente, como prefiráis.

Lo hizo semanas después del final de Carlos Sastre, quien se evitó el trago de presenciar cómo un sponsor se esfumaba de un día para otro.

Hoy Txente García Acosta es uno de los directores más populares del World Tour, especialmente en este lado de los Pirineos, con sus sonadas participaciones en los documentales del Movistar, actuaciones que, ya lo dije, caen simpáticas en apariencia, pero que reflejan los tics del equipo, en esencia.

Con entonces 39 años, Txente era uno de los pocos testimonios en activo que convivió con Induráin en la pomada.

Hoy en esa tesitura está sólo Davide Rebellin… 

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Poco a poco se iban yendo los elementos que surgieron de aquella fabulosa época, expresando un adiós que nos dejaba ante la incertidumbre del futuro y eso que el tridente Purito-Valverde-Contador entraba en una fase de gran productividad.

Txente fue un tipo con suerte, lo sigue siendo hoy

Estuvo toda su vida deportiva, diecisiete añitos de pro, nada menos, siempre en la misma estructura, por mucho que ésta permutara su nombre ante las necesidades del patrocinio: Banesto- Illes Balears- Caisse d´ Epargne- Movistar.

Navarro, bonachón, buen ciclista,… tenía todos los números para culminar el tipo de carrera que ha desarrollado.

Siempre fiel al tándem Echávarri & Unzue, emprendió una trayectoria sin estridencias, abonado a la labor de equipo, con contadas perlas en su bagaje personal y ajeno a los muchos problemas que el pelotón español iba acumulando, desde que en 1995 diera el salto a profesionalismo.

Recuerdo la edición del Tour 1998, aquella que acabó con todos los equipos españoles ajenos a la contienda días antes de arribar a París.

Aquella fue una carrera sin victorias españolas.

Txente fue quien más cerca anduvo de ella, pero Danielle Nardello evitó su éxito, en un sprint in extremis que me dejó un mal sabor de boca enorme, pues aquel día Txente fue el más fuerte de la fuga.

Tomó revancha un año después, ganando una jornada antológica en el Macizo Central, con el plus de que aquel era el día nacional de “la France”.

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Ese regusto borró la sinergia negativa de un año antes.

Con el tiempo añadió dos etapas de la Vuelta a su escueto palmarés, que pudo ser un poquito más amplio en el caso de la grande española de no haber mediado aquella increíble jornada con meta en Ciudad Rodrigo, en el año 2000, cuando sus divergencias con Roberto Laiseka cerca del culmen, dieron aire a Vinokourov por detrás.

Esos años, quien más quien menos, soñábamos con aquel armario pamplonés liderando camino de Roubaix.

Pero eso no iba con el equipo y sus mentores.

Txente García Acosta se acopló al perfil de ciclista que querían en la casa,

De hecho Juan Antonio Flecha se había ido, años antes, al Fassa en busca de los estímulos que Banesto no le ofrecía.

Una doctrina que, en mi opinión, adormiló el potencial de Txente en el pavés, para la que muchos pensábamos que había nacido.

Sereno, dotado, fuerte, corpulento, forjado,… son algunos de los adjetivos que grandes del infierno del norte culminaron con el éxito final en el velódromo.

Como Txente coincidieron otros como Tchimil, Duclos Lasalle, Madiot, Tafi,…  que escribieron su fortuna en base a los mismos argumentos que siempre movieron al navarro.

Sin embargo éste nunca optó por ese camino de recompensa personal.

Nos quedará el beneficio de la duda en este tema, en el resto, haber sido leal a los mentores del equipo le ha resultado, como bien vemos.

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Ciclismo antiguo

Este sábado, una maravilla llamada Giro dell´ Emilia

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DT – 2022 post

Aunque no esté en el WT, en el Giro Emilia siempre hay mucho prestigio en juego

Este sábado, una semana después del mundial, viene el Giro dell´ Emilia, una de esas joyas que pervive en el tiempo y sobre los tiempos.

Todo en Bolonia, donde no hay momento que no suceda bajo una arcada.

Una ciudad bajo arcos, de espacios interiores, ajenos a la intemperie.

Un urbanismo paralelo, íntimo, a veces oscuro, testigo de negros eventos y peores presagios.

El Giro dell´ Emilia no es ajeno a esa estampa: Allí donde la ciudad pierde su nombre, trepa un tentáculo de ese pulpo callejero en forma de arcada, desde Porta Saragozza, no lejos de San Petronio y los grandes templos de la gastronomía boloñesa.

Una arcada que al principio es llana, paralela a la vía y que, en el espectacular Arco del Meloncello, corre montaña arriba para concluir en San Luca, iglesia que por fuera promete una belleza que no se corresponde con el interior.

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De entre los lugares que el ciclismo marca en la geografía, éste de San Luca no es el más conocido, pero aquí siempre lo hemos tenido como un sitio especial, muy especial.

Porque en pocos sitios el ciclismo entra en comunión con el entorno como aquí, con la carrera, los ciclistas subiendo paralelos a una arcada barroca que cobija peregrinos desde el siglo XVII hacia las entrañas de la basílica de arriba.

Una basílica que es un teatro, el escenario de una de esas carreras que perviven, a pesar de los tiempos del ciclismo superprofesionalizado.

Hablamos del Giro dell´ Emilia.

Recuerdo una vez que escribimos de ellos, y cómo desde un humilde despacho boloñés consiguen sacar adelante una competición que es un oro, un asidero a donde agarrarse porque todo es pequeño, cercando y amigable, como era el ciclismo que movía masas en la belle époque.

El pasillo hacia San Luca tiene, desde abajo, desde el tramo llano, 666 arcos, la cifra de la bestia, y acoge llegadas del Giro della Emilia desde hace unos años, los suficientes para ver ganar a Jan Ullrich, Gilberto Simoni, Michael Boogerd, Nairo Quintana y Esteban Chaves.

San Luca también ha visto el Giro de Italia, con triunfos de Moreno Argentin y Simon Gerrans.

El último de Primoz Roglic hace tres años, siendo el primer líder del Giro de Carapaz.

El esloveno es además el vigente ganador de la clásica.

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El Giro dell´ Emilia nació en 1909, es una carrera más que centenaria con Constante Girardengo en lo más alto.

Cinco triunfos le avalan.

En el lugar, antes que los citados, ganaron Moser, Coppi, Bartali, Motta, Leoni… hasta Eddy Merckx no ganó un internacional, y eso fue en 1972

Italia es esto, el sitio que se creó para que el ciclismo fuera más bello, el envoltorio perfecto para que este deporte encuentre donde hacerse grande, pero también cercano, un país que sigue presentando un calendario de final de temporada riquísimo, denso y variado, con un muestrario de carreras que ha sobrevivido a los tiempos de la crisis, que por esos lares fue también cruda.

Y todo porque al final del camino hay un monumento, está Lombardía con sus pocas hojas muertas.

Imagen: FB Giro dell´ Emilia 

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Criquielion en la llegada más dramática de un mundial

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DT – 2022 post

El Mundial de Renaix coronó a Fondriest pero condenó a Criquielion

No he hablado mucho en este mal anillado cuaderno de Claude Criquielion, uno de los primeros apellidos que me suenan en mi infancia ciclista, ni siquiera había recordado ese mundial que un día perdió ante los suyos, en los confines de Flandes, en el límite con Valonia, en las calles que le vieron crecer.

Pero así fue, Claude perdió la opción de renovar el irisado de la forma más cruel y truculenta que uno puede imaginar.

Renaix es el nombre que suele salir en el palmarés de los mundiales, aunque si digo Ronse, quizá os suene más.

Al sur de Oudenaarde, esta ciudad es punto de paso de no pocas carreras de la primavera flamenca, siendo presente del ciclismo, pero también pasado con historias potentes.

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A la que protagonizaría el personaje de este artículo, cabría añadirle el polémico sprint mundialista que habían disputado muchos años antes Beheyt y Van Looy, con triunfo para el primero.

Aquello había sido 25 años antes de esta historia que nos lleva al año 1988, el mismo del Tour de Perico, de la etapa del Gavia en el Giro.

Aquella carrera era el típico mundial celebrado en Bélgica, con una expectación fuera de norma y una emoción que iba a más con el paso de cada giro.

En el penúltimo, el pelotón había dado cuenta del ataque de Laurent Fignon, quien no contento con el destrozo hecho, buscó la aventura de nuevo en la vuelta final, hasta que una rampa en el pie le dio la señal de que el físico no le daba para más.

No era el caso de Claude Criquielion.

Motivado por correr en casa, Criqui atizó fuego en la última vuelta, sacando de rueda a todos en el Kruisberg, con excepción hecha de un joven llamado Maurizio Fondriest, italiano de 23 años llamado a cosas grandes, como habríamos de ver.

Por cierto, que ver al trentino hoy en día es un espectáculo, Maurizio creo que está más flaco ahora que en su época de ciclista activo.

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Criqui, campeón años antes en Barcelona, volaba hacia meta con el italiano al son de los «Claudy, Claudy» que chillaban los suyos desde la cuneta.

El ritmo era fuerte, pero no suficiente como para evitar que Steve Bauer, líder aquel año en el Tour justo antes del asalto de Perico, les diera caza a medio kilómetro de meta.

El canadiense se fue cerrando de cara a meta, delante del trío, yéndose hacia su derecha para dejar un pequeño pasillo por el que Criqui quiso pasar sin que hubiera espacio físico.

El belga hacía el afilador, se iba al suelo, Bauer se descentraba y Fondriest tomaba el mando para celebrar su título de campeón.

La desgracia de Criquielion, cruzando a pie la meta de aquel mundial, fue legendaria, formando parte de uno de los episodios más recordados de la historia de la carrera más bonita del año.

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A mí me gustaba Voeckler

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Ciclistas como Thomas Voeckler levantaban a la afición

Aunque Thomas Voeckler es historia pasada del ciclismo desde hace más de cinco años, su figura emerge al primer plano en cada mundial.

El otro día, tras la competición australiana, hizo un ejercicio de autocrítica sobre la estrategia francesa que habla bien del personaje.

Habían logrado la plata con Laporte y sido una de las mejores selecciones en el tapete austral, pero no le resultó deficiente.

El palmarés del Thomas Voeckler ciclista no fue el más amplio del pelotón.

No se midió con el de Fabian Cancellara o Purito, otros dos grandes que lo dejaron más o menos cuando él, pero su bagaje manejó dosis calidad y simbolismo.

Voeckler convivió con la peor crisis de la historia del ciclismo francés, durante esos años que el mejor “enfant de la patrie” en el Tour se iba más allá del top ten, años en los que ganar una etapa era un imposible para el 99% del pelotón francés.

Voeckler, como Sylvain Chavanel, esquivó esa realidad.

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Fue en 2004, en aquel Tour de meteorología de perros, por entre los chapiteles de la enorme catedral de Chartres, cuando Voeckler dio el paso al frente.

Cogió un amarillo que defendió hasta la extenuación, una extenuación alicatada en caras extrañas y poses maniqueas.

Lo defendió hasta las entrañas de los Pirineos, mientras Armstrong y Basso se daban hasta en el carnet y dejaban víctimas a su paso.

Aquella numantina resistencia le situó en el imaginario.

Pasaron los años, y sus actuaciones se contaban por la cantidad de teatro que era capaz de desplegar, podía gustar o no, pero era lo que había, ni más ni menos.

Y casi suena la flauta, en el Tour de 2011 cuando alargó su periplo en amarillo, iniciado en aquella famosa etapa que vio como un coche enviaba a Hoogerland a un alambrado, hasta los mismísimos Alpes.

Su antológico cabreo en el Galibier fue una de las postales de la edición.

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Quedó cuarto, pero no satisfecho.

Al año siguiente, más teatro del bueno, por los Pirineos, ganando dos etapas, metiéndose la hinchada en el bolsillo en el Tour que marcó el plomo del Team Sky sobre la carrera.

Ese fue Voeckler, ambición en estado puro, un ciclista que no escondía amargura cuando perdía, que no acudió al podio de una París-Tours, porque la segunda plaza le reconcomía, en el sumum del paroxismo.

Su personalidad, su “carácter pestoso” en el pelotón, todo, se echará de menos, pero son los tiempos, nada es eterno, aunque el recuerdo de este singular ciclista perdurará mucho tiempo en el ánimo.

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