Tadej Pogacar
La sentencia del Tour de Pogacar sigue en la Planche des Belles Filles
No veo otro ganador moral y real que Pogacar en la Planche des Belles Filles
Estas son las sensaciones antes que Pogacar ponga en juego su amarillo en Planche des Belles Filles…
A ver, a diferencia de los dos otros Tours, la sentencia del que creo va a ser tercer triunfo de Tadej Pogacar en Francia no será algo tan brusco como hace un año, cuando salió de la primera semana con la carrera decantada en dos actos, crono y primera etapa de montaña.
En este Tour, según está planteado, las cosas serán más sutiles, menos traumáticas, la sentencia llega poco a poco, de forma suave, pero como esa lluvia que cala pero no empapa aunque acaba mojando.
Si algo veo en este Tour, y con el margen de error que seguro me daréis, es que la conquista de Tadel Pogacar es paulatina, en capítulos mordisqueando cada uno de los resortes de la resistencia de los rivales, sabiendo que cada gesto y pequeño triunfo cuenta.
Desde la crono de Copenhague, Tadej Pogacar ha ido dejando señales.
Ha corrido bien situado siempre, con ese maillot blanco que da risa verle puesto, pues no es el mejor de los jóvenes, es el mejor de todo y de todos.
Sólo tuvo un momento de debilidad en el final de Calais, cuando Jumbo armó el taco que sirvió para el deleite de Van Aert, la confirmación del gran estado de Vingegaard y las dudas que vuelan sobre Roglic.
Le pillaron a contrapié, algo impropio en un aspirante top, pero creo que habrá tomado nota.
Fue eso, sólo eso, lo que se le puede achacar a Tadej, porque el resto ya lo habéis visto.
Es casi imposible encontrarle defectos.
En la crono inicial salió en medio de la lluvia, como otros favoritos, corrió los riesgos justos en las curvas pero marcó un tiempazo, evidenciando el ritmo que alcanzaría en los tramos donde había que meter tuerca.
El pavés no fue problema, salvado el susto del día anterior, se puso a ello y se alió con un especialista como Stuyven para sacar unos segundillos, sí, pero transmitir la sensación de que es complicado, casi imposible encontrarle un defecto.
La llegada a Longwy vino precedida de un frenético inicio de etapa, en la que él, en primera persona, le hizo saber a Van Aert que eso de irse solo y con margen, nada de nada.
Ahora llega al lugar de autos, a la Planche des Belles Filles, el muro en el que dio la vuelta a un Tour que todos veíamos en la mano de Primoz Roglic.
Diría que Pogacar podría sentenciar la carrera hoy mismo, en la Planche des Belles Filles, si la etapa no presentase ese perfil, si hubiera alguna suerte de encadenado en el que el esloveno pudiera desplegar la magia que el año pasado sacó a relucir en los Alpes, pero la jornada será rápida, por terreno pestoso y patapúm para arriba.
Eso puede salvar a los rivales de una sentencia tipo la de Froome en la Pierre de Saint Martin.
Todo lo que no sea un golpe en la mesa de Tadej Pogacar en la Planche des Belles Filles sería una sorpresa mayúscula.
Imagen: A.S.O./Pauline Ballet





