Ciclistas
Todo condicionado a Pogačar en Flandes
Mantener el jardín de Flandes ante Pogačar es casi imposible
El Tour de Flandes se asoma al calendario con ese aroma a cita definitiva, a juicio final sobre los adoquines donde los sospechosos habituales -como diría Luis Jiménez- miden su poder en un entorno que no admite medias tintas.
Todos vemos un duello Mathieu van der Poel, Wout van Aert, Tadej Pogačar y el debutante Remco Evenepoel, lo que no es otra cosa que la constatación de un instante en el que la especialización ha saltado por los aires, aunque las piedras sigan exigiendo su peaje particular.
La figura de Tadej Pogačar vuelve a proyectar una sombra alargada sobre Oudenaarde.
El esloveno llega con la vitola de quien ya sabe lo que es domar estas cotas, rompiendo esa máxima no escrita de que un escalador, por muy caníbal que sea, siempre tendría las de perder ante los tipos de ochenta kilos.
Pogačar ha demostrado que su potencia peso no solo sirve para grandes puertos, también para martillear a sus rivales en el Oude Kwaremont hasta dejarlos sin aliento.
Desde abajo, incluso, desde antes de empezar.
Su ventaja reside en esa capacidad de convertir cada muro en una cronoescalada individual, obligando a los demás a un esfuerzo agónico para no perder su estela.
Un esfuerzo, otro, otro y otro acaban colapsando.
En la otra esquina, Mathieu van der Poel y Wout van Aert representan la resistencia de la vieja guardia de las clásicas, aunque su guardia sea cualquier cosa menos vieja.
Para el neerlandés, Flandes es su jardín, el lugar donde su técnica y su explosividad fluyen de manera natural. Van Aert, por su parte, sigue buscando esa pieza que complete su puzle en De Ronde, cargando con la presión de un país entero que le exige el éxito en la carrera que define su identidad ciclista.
El duelo entre ambos es ya un clásico del deporte moderno, una vigilancia mutua que a menudo condiciona el desenlace de la prueba.
La gran incógnita, el elemento disruptor, es Remco Evenepoel. Su debut en Flandes genera una mezcla de expectación y escepticismo.
El análisis se centra en si su falta de experiencia en el ratonero pavé flamenco será un lastre insalvable o si su motor infinito le permitirá romper la carrera desde lejos, evitando las emboscadas técnicas de los kilómetros finales.
Remco no sabe correr de otra forma que no sea de frente, y en un escenario tan táctico como este, su presencia obliga a cambiar todos los planes previstos.
El desenlace dependerá de quién sea capaz de imponer su terreno en una batalla que trasciende la simple táctica para convertirse en puro instinto.







