Ciclistas
Sonny Colbrelli no merece ser el ganador más odiado
El año que ha completado Sonny Colbrelli no entraba en los moldes
Dice Sonny Colbrelli desde la sede central de Sidi, su proveedor de zapatillas…
“El día de los Campeonatos de Italia algo cambió en mi mente. El maillot tricolor es un honor para cualquier corredor y estaba orgulloso de poder llevarlo, recogiendo los frutos de muchos meses entrenando en la montaña, lejos de mi familia y había logrado el éxito por el que tanto había esperado”
“Unos meses después escuché el himno de Manlli en el Europeo y luego en la París-Roubaix. Cuando veo esos videos no puedo creerlo. Es muy especial”
Esto es también Sonny Colbrelli, trabajo y emoción a partes iguales, un ciclista “self made” que nada en medio de la indefinición, es rápido, pero no el que más, sube bien, pero no es escalador, rueda fuerte pero no es rodador… una indefinición que le hace ser cómo es, un auténtico genio en las situaciones adversas, nadando entre rivales definidos y especialmente una marea de haters que nunca le reconocerán sus méritos.
Y que conste que no es ni de largo mi ciclista favorito.
Algunas consideraciones antes de entrar a valorar el final de temporada de Colbrelli.
Por un lado la forma en la que se mostraba ya desde el Tour de Francia, entrando en las escapadas, causando cortes y provocando filtros, una carrera en la que rodó como los ángeles, y de la que se fue de vacío sin saber que estaba sembrando para lo que venía, el BinckBank Tour en bandeja y un final de campaña inmejorable.
En este periodo Sonny Colbrelli ha estado en todas las pomadas, también en el Mundial, aunque aquí Alaphilippe corrió a parte, y ha podido batir a dos cocos del tamaño de Evenepoel y Van der Poel tras sendas lecciones cómo encarar y disputar las grandes carreras.
Por que donde la gente ve “catenaccio” ciclista, nosotros siempre apreciamos un ciclista con el horizonte claro y los objetivos bien marcados.
El Colbrelli que le gana el europeo a Evenepoel es un libro abierto de cómo afrontar la carrera, sufriendo hasta el límite en la subida, agarrándose a lo que le quedaba y remachando en meta.
Ya puede el niño prodigio hacer aspavientos en ruta, poner caras y dedicar peinetas, Colbrelli le pintó la cara en Trento y le facilitó interesantes lecciones para el futuro: correr a lo bruto te ofrece menos opciones de éxito que correr inteligente.
Lo mismo cabría decir de la París-Roubaix más dantesca que hemos visto en dos décadas.
En una maraña de barro y suciedad, que causaba problemas para identificar a los ciclista, Sonny Colbrelli le propinó idéntica lección a Van der Poel, quien encuentra en este tipo de ciclistas su rival más peligroso, incluso por encima de los propios Alaphilippe y Van Aert, más de su estilo.
La sarta de barbaridades que se soltó contra Colbrelli el día que se rebozó de felicidad en el césped del velódromo de Roubaix fue brutal, creo que indigna para alguien que no se encontró la carrera hecha, al contrario, hizo bien lo que muchas veces echamos en falta en otros, anticipó lo suficiente como para contener el ciclón Van der Poel y llegar a meta con mecha para ganarle a él y la tremendo belga Vermeersch.
La mejor campaña de Sonny Colbrelli se enmarca en la investigación con pocas certezas del Bahrain.
Podremos hacernos mil preguntas, sobre si fue o no ético lo que se les encontró en el Tour, pero es lo que hay, no está prohibido, si bien más de uno atribuirá su estratosférico rendimiento a una substancia con la misma ligereza que cuando se dice que no mereció ser campeón europeo o ganador de Roubaix.
Las cosas no llegan porque sí y sólo Sonny Colbrelli sabrá el esfuerzo y sacrificio que le ha costado el estado de forma de su vida más allá de los beneficios de chupar rueda y la tizanidina.
Imagen: A.S.O./Pauline Ballet





