Ciclistas
¿Qué sería del Tour sin Jonas Vingegaard?
Si Vingegaard no estuviera, este Tour sería un monólogo
Yo sé que Jonas Vingegaard no tiene el magnetismo de Tadej Pogacar, lo sé y lo entiendo, es imposible medirse con el que va de blanco.
Pogacar llena la pantalla, las carreteras, por donde pasa, lo llena de ciclismo excelente, ambición que intimida y un palmares brutal.
Pero lo hace con una sonrisa latina, una actitud juvenil y una naturalidad bruta, demostrando, una vez más, que el carisma ni se compra ni se vende, simplemente se tiene.
En cualquier otro escenario, hace dos años por ejemplo, Pogacar tendría el Tour decantado desde la salida de los Pirineos, eso hubiera sido el primer viernes de competición, con más de dos semanas de carrera por delante.
Lo que digo no es una suposición, no es una utopía, es algo que si miramos la general podremos comprobar con certeza empírica.
Hablo así de Pogacar porque desde aquella tarde de la Planche des Belles Filles, quien más quien menos imaginó un “paseo” triunfal y rutilante hacia la historia del mejor ciclismo del mundo.
Pero se cruzó Jonas Vingegaard, primero de forma tímida, siendo segundo hace dos años, sin salir a aquel ataque de Richard Carapaz en el Col de Rome, el que desencadenó la contra letal de Pogacar.
Lo que veíamos un abismo entre ambos, hace dos años, hoy es una igualdad superlativa.
Lo que ha tenido que trabajar Vingegaard para acometer esta empresa, se está enfrentando a un monstruo del presente y seguramente de la historia del ciclismo y lo hace de tú a tú, estudiándolo en cada movimiento, en cada circunstancia, es brutal, sencillamente demente.
El Tour que ha propuesto Jonas Vingegaard, y con él todo su equipo, nos es la diana de nuestras emociones, si él esto, lo dicho, habría sido un monólogo.
Me da exactamente igual quién gane de los dos, pero admito dos cosas.
Cada vez que ha habido una caída, he respirado al no verles entre los caídos.
Y cada vez que Pogacar ha tenido a Vingegaard en el alambre -Joux Plane y Puy de Dôme, especialmente- he suspirado para que ese hilo no se rompiera, pues entramos en la semana final del Tour con diez segundos entre los dos.
Ahora a disfrutar, dejar atrás todos esos menosprecios de marzo, cuando la París-Niza y que gane el mejor, pues ganara el ciclismo.
Imagen: A.S.O./Pauline Ballet





