Ciclismo
Tour: Pogacar, un triunfo más, una oportunidad menos
Posiblemente la victoria más fría de Pogacar en el Tour
Dicen que, en los últimos kilómetros del Mur de Bretagne, Pogacar llegó a los 55 kilómetros por hora para llevarse la segunda etapa de la primera semana del Tour de Francia.
Una aceleración brutal en el momento clave, pero contenida, como focalizada únicamente en lograr la victoria de etapa. Y punto.
Un Pogacar frío, calculador, no sé si afectado por las noticias sobre Joao Almeida o simplemente consciente de que no todo el monte es orégano.
Él y el UAE están trabajando, y mucho. Un desgaste que, aunque invisible en el momento, posiblemente se haga notar más adelante.
Sólo así me explico que Pogacar se limitara a asegurar la etapa —que no es poca cosa: 101 triunfos en seis temporadas y media como profesional—.
También hay que contextualizar el lugar y el momento.
El Mur de Bretagne ha ganado una leyenda que, para mí, está algo sobrevalorada.
El sitio es precioso, un verdadero santuario donde se respira la pasión bretona por el ciclismo. Una pasión que vemos reflejada en sus banderas, quizá junto a las flamencas y las ikurriñas, de las más vistas en las cunetas de medio mundo.
Pero de ahí a llamarlo el “Alpe d’Huez bretón” me parece exagerado. No deja de ser una subida al estilo Amstel: ancha, recta, con buena visibilidad… y poco más.
Todo en un contexto ya conocido: primera semana del Tour, ciclistas más frescos y una igualdad latente.
Claro que esa igualdad la rompen, cuando quieren, los tres del podio del año pasado.
Quizá por todo eso, y sabedor de los problemas de un ciclista clave —no, lo siguiente— como Almeida, Pogacar disputó y celebró lo justo, sin forzar más allá de su umbral habitual.
Y quizá ahí esté otro de los “problemas”: que nos ha deleitado tantas veces, y desde tan lejos, que todo lo que no sea ganar por aplastamiento nos sabe a poco.
Imagen: ASO







