Ciclismo antiguo
Cuando Virenque hizo de la París-Tours un monumento
Hace veinte años Virenque firmó su triunfo más singular en la París-Tours
“Le Nouveau Virenque” titulaba L´ Equipe su preciada portada el día siguiente de ganar la París-Tours, la carrera más antagónica que podíamos encontrar para el escalador francés.
Qué ciclista Richard Virenque, protagonista estelar de una época de auténticos personajes a los que hoy recurrimos muchas veces, ciclistas tipo Chava, Pantani, Ullrich o Vandenbroucke.
En medio de esa constelación de personajes, el francés brilló con luz intensa, cosa nada sencilla.
Sin embargo fue por cosas como esa París-Tours que Virenque ha pasado a la eternidad.
En octubre de 2001, el mundo estaba aún frotándose los ojos ante las imágenes del 11S…
Pero la vida seguía, el ciclismo también.
En la París-Tours, entonces aún en la Copa del Mundo concurre lo mejor para luchar por el entonces maillot blanco que distinguía al mejor clasicómano de la temporada.
Ahí estaban Erik Dekker, Eric Zabel, Romans Vainsteins incluso el inminente campeón del mundo en Lisboa, Oscar Freire.
Por delante más de 254 kilómetros para la 95 edición de una de las carreras más antiguas del calendario, una travesía hacia el sur que rendía visita a uno de los sitios más icónicos del buen gourmet ciclista: l´ Avenue Grammont de la ciudad de Tours, cita obligada en cualquier recorrido por el Loira.
A los doce kilómetros de marcha, Jacky Durand y Richard Virenque se escapan
“Movimiento de relleno” se pensó, ahí estaban, sin embargo, dos ciclistas muy importantes, ganadores de monumentos y etapas en grandes vueltas, incluso Virenque había sido dos veces podio en el Tour.
Ese Virenque tomaba la salida en la París-Tours tras haber cumplido medio año de sanción un par de meses antes, ese Virenque no ganaba desde la etapa de Morzine en el Tour 2000, aquella que tuvo en su mano Roberto Heras hasta hacer un recto en un viraje del Joux Plane.
Pasan los kilómetros y la diferencia se va por encima de los 18 minutos en el kilómetro cincuenta.
Sigue la carrera y las diferencias se estacan, el viento no frena la marcha de Virenque que quema distancia a su favor, mientras por detrás se suceden algunos intentos infructuosos, como el de Andrea Tafi, por hacer de puente.
La carrera entra en zona roja, Durand revienta en una pequeña cota a ocho de meta y todo queda en manos de Virenque quien nada y nada para llegar con dos segundos sobre Freire y Zabel, ni Javier García Sánchez habría firmado desenlace más taquicárdico para su “Alpe d´Huez”…
Dentro del mundo coral de Virenque, ese día es sin duda una cita escrita en grueso, color rojo y con lucecillas, una gesta que sólo podía conseguir él.
Locuras que hoy nos siguen quintando el sueño.





