Ciclismo
O Gran Camiño: Las cosas bien hechas merecen más y mejor cartel
Desde el inicio teníamos claro que Adam Yates ganaría O Gran Camiño
A estas alturas, con el telón de O Gran Camiño recién bajado, la sensación que nos deja la ronda gallega es encontrado, no por el fondo, sino por la forma que el ciclismo actual impone a los proyectos que nacen del rigor.
La quinta edición ha cumplido el anhelo de Ezequiel Mosquera y su equipo: sacudirse el estigma de la nieve y el frío de febrero para mudarse a un abril que, sobre el papel, debía ser el bálsamo definitivo.
Ha sido la edición del cambio de fechas, pero también la de la confirmación de una brecha que amenaza con convertir las carreras de este nivel en monólogos de una aristocracia muy reducida frente a una clase media que llena el resto de la escena.
Desde que echó a andar, O Gran Camiño ha sido un soplo de aire fresco en la puesta en escena.
No se le puede poner un pero a su estética, a esa infografía propia que rompe el molde estándar o a una realización televisiva que le saca los colores a pruebas con mucho más pedigrí y presupuesto, incluyendo a citas del World Tour, como Itzulia o Volta sin ir más lejos.
Han sabido vender Galicia, su patrimonio y sus trampas, como esa emboscada donde Adam Yates sentenció la carrera el viernes.
La pasión de la organización se palpa en cada montaje de salida y meta, destilando un mimo que pocos mantienen tras años de brega.
Sin embargo, el palmarés de la carrera, que ya cuenta con los nombres de Alejandro Valverde, el querido Derek Gee o los dos años de Jonas Vingegaard bajo el diluvio, nos muestra este año una realidad descarnada. Adam Yates se va con el título, pero con una sensación de dos velocidades más acentuada que nunca.
Mientras celebramos el alegrón de Carlos Canal ganando en su casa, la progresión de Iván Romeo o la icónica estampa del pavé en el Monte Trega, el análisis frío nos dice que el cartel se queda corto para el esfuerzo que hay detrás.
El ciclismo actual es un calendario saturado donde las piezas encajan a martillazos y donde, a pesar de hacer las cosas de forma excelente, es casi imposible atraer a esa clase media-alta que antes daba lustre y mérito a las victorias de los capos.
O Gran Camiño merece más nombres que eleven la apuesta, porque el escenario ya es, de largo, de categoría superior.
Imagen: Rodrigo Rodrigues- O Gran Camiño






