Ciclismo
Mundial: Los padres del ciclista
Los padres del ciclista están antes, durante y después de la carrera
Pocas veces he visto un mundial como éste en el que los corredores acabaran la carrera tan destrozados y en la mayoría de los casos, llegando de uno en uno.
Sucedió también en el Mundial sub 23, con el francés Axel Laurance vomitando literalmente una vez se acababa de proclamar campeón del mundo.
Me llamó la atención, en ese momento, que lo asistieran un par de personas que no estaban identificadas com staff de la selección francesa, pues eran sus padres.
Lo cuenta Photo Gomez Sport en su Instagram.
La imagen es tremenda y se complementa con lo que vimos por televisión, cuando el francés cruzó la meta roto por una cabalgada de más de veinte kilómetros a cara perro con cuatro gallos persiguiéndole por el ratonero circuito de Glasgow.
Había ganado una carrera terrible, acertando en el movimiento ganador, tras lluvia y giros de guión en una prueba marcada por los pinchazos.
Cuando pasó solo con muy poquita pero suficiente renta por el murito de Montrose supo que lo tenía a tocar.
Axel había sido, como Cavendish, un damnificado de la precipitada salida de B&B del ciclismo, corre para el Alpecin de desarrollo y ahora logra una victoria de valor incuestionable.
Todo este tiempo, desde el principio, sus padres han estado ahí, hasta el preciso instante de socorrerle al cruzar la meta de su mejor éxito.
Los padres del ciclista son esa figura que damos por descontada, pero que está ahí, siempre, en lo bueno, lo malo y lo peor.
Hace un tiempo escribí sobre la angustia de la madre y del padre que ve a su hijo ciclista partir, quedándose en casa cruzando los dedos para que en la ruta todo vaya bien y el chaval vuelva.
Es una labor muda, que todos damos por descontada, pero que está, en éste y todos los deportes.
“Esto es el ciclismo de bambalinas. No lo conocemos, pues lo padecen en silencio sufridos padres que asienten ante las obligaciones de sus chavales para con la bicicleta, la carretera y el ciclismo. Suena duro. “Respiras hondo, menos mal”. Momento en que ves al chaval tras llegar de entrenar o cuando le recoges en la carretera porque ha pinchado en medio de la nada.
Así es la rutina en la casa de muchos de los críos que salen diariamente a intentar ganarse la vida sobre una bicicleta. Los que somos padres nos estremecemos cuando oímos relatos así. La carretera, el vivero de ciclistas, se ha convertido en territorio hostil. Quedan otras opciones, surgen circuitos cerrados, pero no son más que apaños para intentar retrasar lo inevitable, que no es otra cosa, que un día cojan su máquina y se lancen al asfalto a hacer kilómetros.
Semanalmente, casi como en la violencia de género, oímos sobre la muerte de un ciclista. El caso de Víctor Cabedo emerge por su condición de ciclista profesional, pero también por los muchos buenos amigos que dejó por el camino. Sin embargo, la cantidad de ciclistas anónimos que alimentan la mortandad es alarmante”
Yo he conocido muchos padres de ciclistas en mi vida y puedo decir que no está escrito lo que sufren desde la lejanía, in situ, viéndolo por la televisión o esperando una llamada de teléfono.
Este deporte que tanto nos emociona es terrible, es muy duro, y muy pocas veces agradecido pero cuando te da algo, un poco que sea, te llena como nada en el mundo.





