Opinión ciclista
Una enconada defensa de la Milán-San Remo
En la Milán-San Remo se respira trascendencia, algo gordo en juego
Mirad a Vincenzo Nibali ganar el año pasado en la Via Roma.
«Bravo Vincenzo» gritaban.
Vincenzo Nibali ganando la Milán-San Remo salvó una temporada de mierda porque un idiota lo tiró en Alpe d´ Huez en medio del humo de unas bengalas.
No son buenos tiempos para la Milán-San Remo
Dicen que es aburrida, que no pasa nada, que es una carrera de velocistas, que nadie rompe, que nadie se escapa…
Craso error, la Milán-San Remo es un orgullo para el ciclismo, el ciclismo mundial como fuente de inspiración y permanencia.
Ha sobrevivido a Guerras Mundiales, huelgas, cambios de gobierno, crisis económicas.
En las curvas de la costa de la Liguria se acuñó la palabra Primavera vinculada al ciclismo.
La cinceló Fausto Coppi el día que salía solo del túnel del Turchino y el mediterráneo asomaba en el horizonte.
Coppi, como De Vlaeminck, como Merckx, como nuestro Freire, son apellidos que cuelgan de uno de los palmarés más lustrosos del ciclismo.
Porque es el palmarés del primer monumento.
Y un monumento, amigos, es otra cosa, es trascendencia en la historia y ubicuidad en la memoria.
El buen aficionado sólo puede querer San Remo, sus rápidas vías, su sucesión de capos, el poco selectivo Poggio, esa subida que no llega ni a cuarta, pero que al final de 290 kilómetros pesa como las últimas herraduras del Tourmalet.
La comparan con la Strade, cuando son ciclismos totalmente diferentes.
Uno efectista, de fotografía perfecta aunque desenlace incierto.
El otro es un monumento del ciclismo.
«La más fácil, la más difícil» le dicen.
Pero es también la más incierta, donde han ganado Chiapucci, Bugno y Nibali, frente a Zabel, Degenkolb y Cav.
Romperla es muy complicado, irse casi imposible, pero ay como te vayas.
Trasciendes en la historia como Sean Kelly cuando apareció del infierno para amargar a Moreno Argentin, como cuando Jaja dio cuenta de Maurizio Fondriest.
El sprint eléctrico de Kwiato y Sagan, como el día que Gerrans enrojeció a Fabian Cancellara.
Esto es la Milán-San Remo, amigos
El mundial de primavera, la carrera en la que no pasa nada a nuestros ojos, pero en la que están pasando cosas, calvarios interiores, ciclistas que contienen su euforia porque mejoran con los kilómetros…
Una suerte de botella de champagne bien agitada donde todo se precipita en el Poggio, en la curva de la cabina de teléfono -pero ¿quién demonios llama por cabina en 2019?- entre los virajes que sortean invernaderos allí donde la Classicissima compite en importancia con el festival de la canción.
El culotte más ligero de Gobik
Chicos, chicas, esto es San Remo, es un renglón de puntos suspensivos de historia de ciclismo, eso que muchos ignoran pero que hace este deporte adorable.
Mirad la Milán-San Remo con los ojos de un incondicional enamorado, quizá entonces, la Primavera os esboce su cálida sonrisa.









