Ciclistas
Michael Matthews sin monumento, increíble pero cierto
El palmarés de Michael Matthews es un suculento pastel sin la guinda de un monumento
Qué cara de Michael Matthews al rebasar segundo la meta de la Vía Roma de San Remo.
Un disgusto de plata, superado in extremis por Jasper Philipsen, que le duró poco, pues la siguiente imagen fue verle felicitando al belga con Pogacar.
Pero que no nos confunda ese buen rollo, porque para Michael Matthews la historia pasa cruel en lo que a monumentos se refiere.
Desde bien temprano el australiano ha sido un ciclista de éxito, con buena punta de velocidad e instinto, ha sido uno de los ciclistas más presentes en la última década de ciclismo.
Él ha sobrevivido a generaciones muy potentes, desde la de Sagan, Van Avermaet, Degenkolb y cía a la presente.
Ha nadado entre grandes ciclistas y ello no le ha impedido cosechar más de 40 triunfos, entre ellos diez etapas en las tres grandes, siendo partícipe de ese exclusivo club de corredores con hitos en todas las vueltas de tres semanas.
Viendo su perfil, su carácter en carretera, cómo se desenvuelve, por eso, echamos en falta un monumento.
A pesar de su prolífico palmarés, no ha tenido muchas veces en su mano ganar una carrera de este tamaño.
La Milán-San Remo ha sido de hecho la clásica que mejor se le ha dado, con tres podios y otras plazas en el top ten.
Fue tercero dos veces: hace nueve años superado por Degenkolb y Kristoff y en 2020 encabezando por delante de Sagan el sprint de los perseguidores de Van Aert y Alaphilippe.
En la Lieja, quedó a un paso del podio en una de las victorias de Alejandro Valverde, en 2017, y en Flandes concluyó sexto dos años después, el gran día de Alberto Bettiol.
He ido citando los rivales de Michael Matthews para saber con quién se ha jugado los cuartos antes de coincidir con Pogacar, Philipsen, Van der Poel, Mohoric y Pidcock, entre otros.
Un corredor excepciona, con un gran palmarés, pero que seguramente se quede si ese monumento que sin duda le quitará el sueño.
Y es que ganar Bretagne, Montreal y Quebec está bien, pero un monumento es meter tu nombre entre los grandes de siempre, cosa que Matthews sabe y valora como merece.



