Ciclismo antiguo
Jalabert en 5 esenciales
Pocos ciclistas ofrecen tantas aristas como Laurent Jalabert
Laurent Jalabert, Jaja, un francés del sur muy querido en España, un ciclista icónico de los noventa, en todos los sentidos además, despertándonos un cariño y simpatía perennes al tiempo que decepción cuando, años después, rajó por esa boquita sobre lo podrido que estaba el ciclismo en su época.
Muchas veces decimos que el ciclismo son sentimientos, sensaciones e instantes, y esos que nos dio Jaja quedarán siempre en la memoria y el corazón
Lo que vino después ya no es nuestro negociado.
Por eso, vamos con cinco brochazos para definir a Laurent Jalabert, uno de los mejores ciclistas que he tenido la suerte de ver siempre.
El ciclista renacentista
Todo sabía hacerlo, subir, bajar, sprintar, hasta fue campeón del mundo contrarreloj.
Su polivalencia era su baza ante los grandes monstruos con los que le tocó competir, entre ellos el mismo Miguel Indurain en el Tour.
Por encima de ese nivel de dificultad no veo nada más.
Inteligencia a la máxima expresión
Nunca me pareció Jalabert el ciclista con el motor más excelso del pelotón.
En su antagonismo histórico, podemos decir que en la ONCE de los tiempos dorados, él era la cabeza y Alex Zulle el pulmón, el motor y la fuerza.
El ciclista total habría sido la suma de ambos, y por eso, cuando fueron de la mano fue complicado pararles, incluso para el citado Indurain.
Laurent Jalabert cuajó grandes triunfos a base de calidad y talento, pero también unos cuantos por su privilegiada mentalidad combinada con una cabeza privilegiada en los momentos de presión.
Clase sobre la bicicleta
El Jalabert de los grandes días, e incluso el de los no tantos, era una cara de póker sobre la bicicleta, una máscara entera, que nunca se descomponía, que nunca mostraba su estado real.
Ello acompañado por un pedaleo uniforme, rítmico y eficaz cuando se ponía de pie daba con un ciclista total en muchos pasajes de la campaña.
Elegancia total.
Jalabert, la ambición amable
Poco o nada dejaba para los demás.
Jalabert iba con todo siempre, daba igual que fuera Mallorca, Itzulia o Lombardía.
Ganaba, ganaba mucho, pero no humillaba, vestía de cercanía su éxito perenne, casi eterno, sin ofender y eso que dejó poco o nada a sus rivales cuando competía.
Su celebrada cesión ante Bert Dietz en la cima de Sierra Nevada fue un honroso paréntesis en esa “tiranía” bien ejercida, lo demás era correr para ganar siempre.
Un día, Armentières, Tour 1994
Día horrible en la historia moderna del ciclismo: en la primera etapa del Tour 94 el pelotón llega al sprint y un gendarme asoma la mano para hacer una foto provocando la hecatombe.
Entre los más perjudicados, Laurent Jalabert que sufre una caída tan bestia que en medio de sangre y susto debía dejar la carrera.
Cuando Jaja vuelve a competir es un ciclista total, del buen velocista que había recalado en la ONCE aun corredor que lo gana TODO, desde París-Niza y Milán-San Remo hasta la Vuelta a España.
Él mismo nos contó su loco 1995 hace unos años, nunca se cansaba de ganar… y es que los que vimos al francés sabemos que con él tenemos la medida más ajustada al ciclista que todo lo corría y nada dejaba de disputar.
139 victorias le contemplan.






Deté Suiss
3 de agosto, 2023 at 19:56
¿Y qué conclusiones podemos sacar de que un durante años sprinter, de un día para otro se convierte en el ciclista total?
Yo esto solo se lo vi a un americano que por esta época del artículo fue doblado en contrarreloj en el Tour por Miguel Indurain, y 4 años después se había transformado y ganaba el primero de 7 tours…