Ciclistas
La Vuelta de antes o la Vuelta de ahora
En tres décadas, la Vuelta ha dejado de ser el coto del ciclismo español
Son tiempos, ciclos, lo sé, pero pocas carreras mejores que la Vuelta para demostrar lo mucho que ha cambiado este deporte.
Yo empecé a seguir esta carrera —la edad me delata— con Perico, Marino, Peio Ruiz Cabestany, Laguía, Pepe Recio, Iñaki Gastón, Álvaro Pino, Fede Etxabe… y seguro que me dejo unos cuantos, como quizá Anselmo Fuerte, Eduardo Chozas o Carlitos Hernández.
Eran años, finales de los ochenta, en los que el aficionado español tenía muchos referentes en la Vuelta. Sí, en abril.
Por cierto, Julián Gorospe, que casi se me olvidaba.
Eran tantos los frentes que, sí, la Vuelta era la grande más doméstica frente al Tour —pretendido por todos— y el Giro, con más tradición y un carácter más cosmopolita.
Si no ganaba un ciclista español, lo hacía un internacional en un equipo español, como Sean Kelly en el Kas o Marco Giovannetti con el Seur, en la antesala del dominio de Rominger y Zülle, en las primeras Vueltas de septiembre, con Clas y ONCE respectivamente.
Es más, sólo Luis Herrera, con el Café de Colombia, rompió ese monopolio en aquellos años.
Hoy la Vuelta es un crisol donde todos vienen con lo mejor, muy diferente de entonces, para conquistar plaza en la tercera grande de la temporada.
Ya no es sólo que el ciclismo español apenas pise el podio de la Vuelta —en eso Enric Mas ha sido el baluarte—, es que ganar una etapa es algo excepcional. Mucho más lo es que Pablo Castrillón gane dos etapas, como el año pasado.
La Vuelta es más grande, es una carrera pretendida y codiciada, que sale de Turín y que lo hará desde Mónaco, pero que al mismo tiempo ha perdido sabor local: ya no es el huerto de los españoles, y eso, a nivel interno, seguro que pesa.
¿Qué preferís vosotros?
Yo, sin duda, lo actual, por mucho que el ciclismo español sea importante casi sólo por el mero hecho de ser el anfitrión… y poco más.






Xavier Vàzquez Domínguez
20 de agosto, 2025 at 9:16
Un combo de ambas opciones. Me quedo con el cosmopolitismo actual pero preferría el aliciente de ver una vuelta en plena primavera con lo que conllleva en cuanto a lo metereológico. Qué duda cabe que el paisaje es un estímulo visual para el telespectador, en ese sentido España es un mapa achicharrado y deslucido cuando se lo visita después que el verano haya cuasado sus habituales estragos. A vista de helicóptero la mayoría de regiones de España son más vistosas, y hasta me atrevería a decir más motivadoras para los ciclistas en liza, para propiciar un mayor espectáculo. Como se ha podido observar últimamente, no parece demasiado sensato plantear etapas en según qué regiones azotadas por el rigor de la canícula mesetaria o sureña. Me pongo en la piel del corredor que un día fui y no me puedo imaginar a mí mismo especialmente motivado para afrontar una etapa por el umbrío valle del Gualdalquivir, entiéndase la ironía, cuando la salida es a las 12h del mediodía y el termómetro se acerca a los cuarenta grados. Vuelta en abril aún a riesgo de que alguna etapita pirenaica, quedando cancelada por la nieve, pueda favorecer algún desenlace inesperado en la clasificación general.