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Vuelta España

El perenne espíritu de inferioridad de la Vuelta

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La Vuelta Jesus Herrada JoanSeguidor
Tuvalum

La Vuelta con sus defectos y virtudes ha logrado cincelar su marca más allá de lo que hagan las otras grandes

La cuenta atrás para la Vuelta a España de 2020 empezó en el mismo momento que Roglic y toda la corte de galardonados desfiló en el corazón madrileño, con el ayuntamiento de fondo y cotizadas vistas sobre la Cibeles.

Un premio a tres semanas que pone punto y final a la Vuelta hasta que ésta se ponga en marcha, en agosto, más pronto, a mediados, en Utrech, la región más católica de los Países Bajos, puerta de grandes pasajes de la historia, con espacios compartidos con España y ciudad ejemplo en aprecio por la bicicleta.

Utrech será la primera ciudad del mundo que haya acogido etapas de las tres grandes.

Será una salida singular, muy holandesa, pero sobre todo un test para la Vuelta como competición española.

Porque ya sucedió en 2009, cuando la carrera ya salió de Assen, que la fiesta, algarabía, llenazo de las primeras jornadas no tuvo continuidad en España, a donde aterrizó una carrera sumida en el anonimato, a veces clandestinidad de la ruta, como si la carrera pasara de espaldas en muchas de las zonas que visitaba.

 

Aquella Vuelta, que fue la que ganó Valverde, fue el espejo de que, incluso, en la edad dorada del ciclismo español -el año anterior entre Sastre y Contador se habían ganado las tres grandes, más el oro olímpico de Samuel, más el mismo Tour de Contador ese año- en España el ciclismo interesaba lo justo.

Una realidad que entronca con algunas de las llegadas de la carrera este año.

Al margen de las discusiones que surgieron entre los aficionados y la organización, ver gente, gentío de verdad en España, cuesta horrores.

Euskadi, alguna cima del 20% en concreto y poco más.

Y lleva esta estampa a pensar en clave de inferioridad, un sentimiento muy arraigado a este lado de los Pirineos, que en ciclismo, que en la Vuelta, no podía tener excepción.

 

 

En unos años la Vuelta a España ha creado una marca más o menos reconocible.

Nos podrá gustar más o menos, pero es reconocible, y es diferente a la del Giro y Tour.

Se destacó del amarillo con el maillot rojo, se potenciaron las llegadas de cuestracabrismo, con el tiempo se matizaron con otras más tendidas -más tipo Tour, se repite- y se insertó una crono que atraiga ciertas figuras como Froome, Dumoulin o Roglic.

La concatenación de dureza, la prolongación de los puertos, con la subida a las antenas, a la parte más alta posible, todo eso es marca Vuelta.

 

 

Pero el sempiterno sentimiento de inferioridad siempre se percibe.

Y lo vemos en un caso muy claro, en el que el Tour y el Giro, y diría incluso que franceses e italianos han sabido hacer muy bien: los puertos de montaña.

El Giro y sus cordilleras que abruman, cuestas imposibles, pasos estrechos…

El Tour y su leyenda, puertos que no son puertos son emblemas, franquicias para el uso de quien quiera…

 

De esta manera vemos que Javalambre es el «Ventoux de la Vuelta», que La Cubilla es el «Galibier de la Vuelta», que el Angliru nació para el ciclismo con el fin de rivalizar con el Mortirolo.

El otro día leí que Velefique, un puerto singular por ubicación, altura y dureza, además del paisaje, era el «Galibier español».

Hay dos «Galibiers» en España.

Está bien utilizar la leyenda foránea para fortalecer el ego, pero a veces apena ver que constantemente se mira fuera cuando a este lado de los Pirineos hay materia prima excelente, como reclamaban aquellos locos que decían a Unipublic que había más montaña que la que cada año llenaba la Vuelta.

Así funciona el recomendador de Tuvalum 

Giro y Tour granjearon en el tiempo pero con intención sus mitos, pero ¿qué nombre merecería la etapa de Gredos de la Vuelta?

Un terreno precioso, horrible para el ciclista, sin tregua ni descanso.

¿Y Javalambre?

¿Y las etapas asturianas?

La Vuelta es la Vuelta, no cabe darle mayor rodeo, con sus virtudes y sus defectos, pero una carrera que vista puerto con entidad suficiente para no tener que echar mano de lo foráneo, que está bien, atrae y parece que vende, pero que saca a relucir esa inferioridad que siempre viste todo lo español.

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Ciclismo de carretera

La Vuelta 2021 recupera el equilibrio

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Tuvalum

La Vuelta 2021 presenta el recorrido más compensado de tiempos recientes

Si hay que dar un veredicto sobre el recorrido, a priori, de la Vuelta a España 2021 que se acaba de presentar, es el de que nos gusta, y lo decimos desde una base muy clara, que el organizador puede crear la mejor carrera del mundo, diseñar las etapas más bellas, pasar por bajo el balcón de nuestra casa… que si el ciclista no quiere, poco hay que rascar.

Como decimos, este balance es a priori y la palabra balance, creo que se ajusta a lo que pensamos de la tercera grande del año.

La Vuelta 2021 vuelve a las fechas de agosto y se instala entre dos de los monumentos más bellos de España, las catedrales de Burgos y Santiago

La combinación de Cruz para tu portabicicletas

Pero esto no será una ruta a Compostela al uso, tres semanas les va a llevar y por toda la geografía, esta vez sí, se van a mover, no hablamos de la Vuelta al norte de España.

Este primer punto de equilibrio se extiende a otros campos: las llegadas en alto se reparten mejor, no van todas en tropel, se realiza un guiño al maltratado colectivo de velocistas, hay una crono al final, sin tachuelas ni muros…

En definitiva una Vuelta más equilibrada, que será la de 2021, pero que nos recuerda a aquellas que se celebraban en abril.

Más de 25 años de eso.

Ciclobrava – 400×100 Landing

 

Aunque el camino hacia Santiago parezca la primera premisa al ver el mapa de la carrera, ésta se embarca en una ruta similar al del Cid en su primer tramo, dirección a Levante desde Burgos, premiando llegadas que recordamos míticas, como aquellas del páramo de Albacete y los destrozos que el viento provocaba.

La carrera sabe que una jornada con el Dios Eolo soplando es oro, lo sabe además de tiempos recientes, como aquella de Guadalajara que se corrió por encima de cincuenta la hora y puso al líder Roglic en un brete.

Las etapas llanas salpican el recorrido, en días que invitan a que los velocistas se animen y vuelvan a una carrera que no hace tanto se vanaglorió de tener a Van Poppel, Abdoujaparov, Cipollini y otros grandes de la velocidad.

Pero no sólo eso, cabe sumarle la dosificación de llegadas en alto, con la inserción de jornadas tipo Balcón de Alicante o la de Mos, Pontevedra, en la previa del final, que ponen acento en ese ciclismo de no dar tregua ni al líder ni a sus compañeros.

Jornadas de alta montaña se prevén sobre todo en dos escenarios, el almeriense con Velefique, esa etapa es terrible, y la incorporación del Gamoniteiro, la otra cara del Angliru, en una novedad que maridará con la tradición de los Lagos de Covadonga.

Asturias de ayer y hoy en la misma carrera.

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Nos gusta mucho la elección de Villuercas, una cima inédita que desmonta el cliché de que Extremadura no tiene dureza, y se le otorga al Picón Blanco, donde Evenepoel sacara el rodillo, el papel de «starter» en la montaña.

En definitiva una carrera que dando un paso atrás creo que gana en boca, mucho más que con esa profusión de muros y llegadas en alto que la habían llevado a la nulidad de movimientos entre los grandes, pues al final había tanto para poder atacar que el problema era elegir dónde.

Veremos qué queda y qué disfrutamos de esta Vuelta 2021, para agosto si las cosas no han mejorado, bien jodidos estaremos entonces, en todo caso la carrera que da continuidad a la mágica edición de 2020 merece la mejor de las suertes, porque ha demostrado saber modular un recorrido que sobre el papel pinta bien.

 

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Ciclistas

#Moment2020 El Roglic vs Carapaz de la Vuelta en Moncalvillo

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Tuvalum

La llegada a Moncalvillo fue uno de los grandes momentos de la Vuelta

Cuando Roglic cruzó la meta de Moncalvillo, inédito en la Vuelta, dijimos
No creo que el Roglic haya llegado a este punto para renunciar a la Vuelta a la que apunta nuevamente, ni que rompa sus principios y distancias para poner en aprietos a Carapaz.
El duelo Roglic-Carapaz de Moncalvillo es de antología, poesía ciclista en luz otoñal por una montaña confinada para todos, salvo para los ciclistas.
Ese mano a mano se verá estos días y sólo la crono de Ézaro lo puede romper y sólo a favor del esloveno, por eso Richard Carapaz tiene que sacar cartas nuevas en Asturias, no esperar al final y confiar que el tiempo enfríe lo suficiente para mojar la pólvora de su rival como en Formiga.
A diferencia del Giro 2019, esta vez Roglic ve venir al ecuatoriano.

Casi dos semanas después de la cima riojana el resultado lo vimos: Primoz Roglic ganó la segunda Vuelta a España.

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En la Vuelta de otoño que guardaremos en la retina, los colores alcanzaron su máxima expresión en la cima riojana que estrenó el Chava.
Veníamos de un mano a mano corto pero intenso, antológico entre el esloveno y Carapaz, un pulso de iguales que decidió Roglic, enjuto en verde para estrechar las distancias que el caos de lluvia y frío de Formigal había generado.
Roglic atacó más de lo que acostumbra, no fue un «pancartazo», expresión que con lo de «fumarse la etapa» se ha adueñado de muchos juicios de este ciclismo que nos ha tocado en suerte.
Carapaz entró al trapo y se dieron hasta en el carnet, hasta que el esloveno, rehecho admirablemente del palo del Tour, marcó puso tierra de por medio.
Moncalvillo fue el descubrimiento de la Vuelta, la llegada de Roglic iluminado por el sol de tarde, el verde de su maillot, los claroscuros que marcaban su rostro, el fondo, una acuarela, una de las muchas que nos dio la edición más singular de la carrera
Imagen: FB de La Vuelta

 

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Enric Mas

Vuelta, no hay que volverse loco con Enric Mas

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La quinta plaza de Enric Mas en la Vuelta es un resultado de doble filo

Cuando hablamos de Enric Mas en la Vuelta o en el Tour se nos olvida una cosa que resulta obvia a la vista, pero invisible en las interpretaciones: lleva el maillot blanco.

En España lo hizo de pleno derecho, en Francia por que el titular de esa prenda, Tadej Pogacar debía priorizar el amarillo, e incluso también tendría el «polka jersey».

El problema de Enric Mas, y en esta Vuelta muchos lo han comentado, es la vorágine de jóvenes que ha tomado el ciclismo de rehén, consiguiendo que un ciclista de 25 años parezca arroz pasado, una sensación que es tan tangible como injusta, pero que se ha impuesto en los últimos dos años.

 

En el balance de Enric Mas cabe por eso ser cuidadoso, como se dice habitualmente somos muy dados a subir y bajar de pedestal corredores que son personas con una velocidad que coquetea con lo obsesivo.

Ni Enric era tan bueno hace dos años, cuando fue segundo en una Vuelta que supo gestionar a la perfección, ni va tan estancado hoy, siendo quinto.

En cualquier trayectoria deportiva, la línea recta es la excepción, en el trazo hay subidas y bajadas, distorsiones que merecen ser matizadas.

En caso del mallorquín, el quinto puesto de la Vuelta es un mal resultado aislado, pero no tanto si lo ponemos con el quinto del Tour.

Si en Francia la sensación fue la de un corredor que sabe sacar la cabeza en la tercera semana, que va a más, mientras otros acaban hincando la rodilla, en la Vuelta, Enric Mas pareció no progresar en la misma dirección olvidándonos que era la primera vez en su vida que corría dos grandes vueltas el mismo año.

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Hablando de la Vuelta, lo cierto es que Mas nunca pareció una amenaza para los primeros.

Su proverbial motor diesel le juega malas pasadas en llegadas tipo Arrate o Laguna Negra frente a ciclistas de rush final tipo Roglic, Martin o Carapaz.

El problema es que con un sistema de bonificaciones como el actual eso abre una sangría en su contra de segundos y segundos que en el ciclismo actual suponen una losa, ya lo vemos, estamos en las diferencias más pequeñas de la historia, que parecen nimias pero son muros infranqueables, para sacarle medio minuto a tu rival hay que echar instancia, los puertos duros, tipo Angliru, no permiten abrir grandes distancias, las llegadas al sprint en subida, dígase Arrate, se llega en grupo, y en las etapas de dureza encadenada, los grandes equipos le pasan lija a los rivales.

Medio minuto hoy es un mundo.

 

Ese motor diésel que tanto le sirve en el gran fondo queda penalizado en esas etapas que si un día salva, podrá aspirar a más en la semana final.

Pero para ello hay que tener la frescura que Mas lució en Francia y no apareció en este lado de los Pirineos.

La crono de Ézaro y la Covatilla en tono menor demostraron que el balear iba pidiendo la hora, y no pudo disputarle la cuarta plaza a un ciclista veterano pero nuevo en estos niveles como Daniel Martin.

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A todo ello se le añade la actitud y lo que transmite el corredor, Enric Mas será un ciclista que bien pulido podrá dar más de sí, pero su carisma está lejos de iluminar, cada uno es hijo de su padre y su madre y el carácter viene de serie, pero la gravedad que transmite en cada palabra que suelta frente a un micro no es el mejor aliado.

Al menos le honra pedir perdón y recular, cuando es necesario, como cuando dijo que una etapa de 230 kilómetros no era necesaria, y cuando no lo es tanto, como cuando se disculpó por no ganar en el Angliru.

Cuando sales a jugar la derrota entra perfectamente dentro de lo posible.

 

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Portada

El segundo puesto de Carapaz no es suficiente

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Carapaz Vuelta
Tuvalum

El sabor dulce que se lleva Richard Carapaz de la Vuelta pudo ser mucho mejor

Cuando Richard Carapaz ondeaba la bandera de Ecuador en La Castellana durante el epílogo de la Vuelta, algunos comentarios emergían en las redes sobre la cacareada ambición del ecuatoriano.

Estaba en definitiva celebrando un subcampeonato en la Vuelta a España que venía a conquistar, y que en términos absolutos debería haber sido suya sin bonificaciones de por medio.

Nosotros estamos a favor de las mismas, de su uso y profusión por las tres semanas de carrera, incluso en la fórmula de ponerlas en puertos intermedios, pues activan al corredor y sus equipos.

Normalmente las carreras no se ganaban por ellas, pues las diferencias eran grandes, pero en este ciclismo ajustado, cuatro triunfos de etapa como los que se llevó Roglic te dan un plus que ayuda, ya lo creo que ayuda.

 

Pensamos que Richard Carapaz tiene motivos para sentirse feliz de esta Vuelta a España. 

Ser segundo no es desdeñable, además este podio reafirma que lo que vimos en el Giro del año pasado tuvo un factor sorpresa en su momento, pero que ello se prolonga en el tiempo.

Carapaz no vino de tapado a esta Vuelta, desde el primer día estaba señalado y corrió de forma consecuente.

Para el ecuatoriano las cosas han cambiado mucho en un año, cuando fichó por Ineos veíamos complicado su encaje en una estructura tan cargada de estrellas, un paisaje complicado que se ha ido aclarando con los meses.

Ahora mismo Carapaz es top 3 en Ineos Grenadier, hace un año no lo veíamos así sólo con Froome, Bernal y Geraint en nómina.

Esa plaza se la ganó con un Tour excelso, siempre escapado, y la ha ratificado en la Vuelta, donde ha sido el único ciclista en vestir el rojo al margen del ganador.

Castelli: Elegir un culotte de invierno

Hasta el mismo momento de La Covatilla y el final de infarto, la Vuelta de Carapaz había ido muy de la mano de Roglic, pero el esloveno siempre un punto por encima, lo suficiente para tenerlo más allá del medio minuto.

Mención especial la crono de Ézaro, donde se vació tanto y tan bien en el llano, que la subida se le llegó a atragantar algo.

Y recuerdo en Formigal, en medio de la tormenta, sacando su genio y los ataques siempre a punto, pillando a Roglic entretenido con la chaqueta y poniéndole en presión.

Su pulso en Moncalvillo está en los anales.

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¿Pudo haber hecho más Carapaz para ganar la Vuelta?

Dada la igualdad entre los dos mejores de la carrera, siempre puede quedar la duda de si se pudo hacer más.

Leí mucha gente lamentando que Carapaz atacara tan cerca de la cima de la Covatilla, pero es que igual no tenía para hacerlo de más lejos e igual de haberlo hecho, Roglic hasta le acababa cogiendo.

Pasando del tema de si Movistar fue decisivo, yo creo que el esloveno tuvo la situación relativamente controlada, Carapaz atacó donde le dieron las fuerzas y la mente, sin embargo en lo sucesivo deberá asegurarse de los equipos que Ineos le pone en las grandes carreras, por que es un hecho que el ecuatoriano corrió la Vuelta con un apoyo muy alejado al que tuvo, por ejemplo, su rival.

 

Que el Grenadier con el presupuesto que maneja disponga de un bloque así para disputar la Vuelta no es de recibo, ya sabemos que entre bajas y otros compromisos había lo que había, pero la campaña ha sido igual para todos y Jumbo además de dominar el Tour, supo gestionar una armada para la grande española, teniendo a Kruijswijk de líder en Italia hasta el abandono del equipo.

Así las cosas, y a pesar de la admiración que nos despertó Chris Froome, cabría preguntarse por la conversión de su trabajo en favor de Richard Carapaz, quien sólo tuvo ayuda real en Andrey Amador y la presencia imponente de Dylan Van Baarle como apoyos más obvios.

El sabor dulce que se lleva Richard Carapaz de la Vuelta no debe esconder cuestiones que en el futuro pueden serle clave, tanto en saber si pudo haber probado a Roglic más lejos de la cima de la Covatilla como en exigir en su equipo que le rodeen como merece.

Por que los trenes para ganar una grande no pasan todos los días por la puerta de casa.

 

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Ciclistas

El ocho de la Vuelta a España 2020

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Tuvalum

Queremos daros ocho nombres que explican la Vuelta 2020

El reto de llegar a Madrid se alcanzó con Pascal Ackermann ganando por nada a Sam Bennett para poner guinda a una Vuelta 2020 que nos deja un interesante sabor de boca repartido en los ocho competidores que componen nuestro equipo titular.

Empezamos por Tim Wellens, un ciclista que sigue con los guarismos de siempre pero más viejo, más pellejo, con más poso y por tanto mejor pegada.

Y así se ha anotado dos etapas, un registro nada desdeñable en un corredor que si una cosa tenía es que le costaba horrores rematar, a veces por exhibir tanto poder que intimidaba a los demás.

Su resolución en Sabiñánigo y Orense, haciendo suya sendas llegadas tras una fuga de nivel Tour, habla de la versión mejorada de Wellens, versión Vuelta 2020, un corredor que a los halagos suma victorias.

 

Marc Soler es uno de los nombres de la carrera

El ciclista de Vilanova i La Geltrú ha sido omnipresente, el verso suelto en un equipo caracterizado por correr al ralentí y fuego lento.

Tuvo la suerte de descargarse de presión muy pronto, ya en Lekunberri, con una victoria que surgió del momento ése en el que descolgado, tras hacer la selección en Aralar, decidió no esperar a nadie en el descenso y adelantar a los mejores.

Sacudido por la electricidad del triunfo, Soler hizo de la Vuelta 2020 su escaparate, cazando la fuga buena varias veces, batiéndose con gente de mucho nivel y dando batalla hasta el final.

Nos preguntaban ayer en Rac1 (escuchar en tramo 20-21 horas) si le veíamos para generales, sinceramente no, pero claro este año es raro, no cuenta del todo, llegó corto al Tour, debió estar en el Giro y fue comodín en la Vuelta.

Marc Soler Vuelta

Le asiste el beneficio de la duda.

David Gaudu evitó que Soler ganase en la Farrapona. 

Ese día el francés dio el salto adelante que hacía tiempo le presumíamos a todo un ganador del Porvenir.

Sin Thibaut Pinot, Gaudu voló solo en la Vuelta 2020 y se llevó dos etapas de calidad y calibre, viendo la gente que ha concurrido las escapadas en esta carrera: tanto en Farrapona como en Covatilla el francés tiró de confianza en sus posibilidades.

En un ciclismo donde cada vez triunfan más jóvenes está bien que los corredores que quedan en medio de los de siempre y los nuevos, tipo Gaudu, tipo Soler, tengan su cuota.

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Ahora dos de la general.

Hugh Carthy rodeó para llegar a buen puerto

La suya ha sido la carrera de la Vuelta 2020, por que Carapaz y Roglic podían estar en los pronósticos, pero el balance de Hugh Carthy es excelente, pues demostró no ser humo de la enésima fanfarronada de Jonathan Vaughters y aguantó hasta el final.

Ciclismo en el norte de Gran Canaria, un viaje al fin del mundo

Su momento de gloria pareció ser el Angliru, sobreviviendo a una subida infernal, sin público y muy metidos ya en noviembre, sin embargo su explosión se produjo donde debe producirse, fuera de la zona de confort, en la crono de Ézaro donde se marcó un tiempazo que se aseguró el podio pero sobre todo dio una lección de rodar acoplado y eficiente, cuando creíamos que no iba a pasar el test.

El otro de la lista en este orden es Daniel Martin, el ciclista cuyo cuarto puesto fue el motivo de todas las batallas en la Covatilla.

A sus treinta largos, nueve años después de ganar en la cima salmantina, que Daniel Martin se casque esta Vuelta es admirable, como él en general, por su forma de competir y mantenerse delante tanto tiempo después-

Photo by David Ramos/Getty Images

«Cuando estoy delante soy consciente que no puedo ganar sprints, por eso me gusta improvisar, hacer algo diferente» explica Rémi Cavagna, coronado como el ciclista más combativo de la Vuelta 2020, y no lo tuvo sencillo con otros como Wellens, Martin, Soler o Gaudu en liza.

 

Rémi Cavagna cuenta seis escapadas en su Vuelta 2020, una menos que las que contó Guillaume Martin, pero su sola presencia ya iluminaba la ruta, con su clase y entrega y lección de rodar por donde pasa.

En la llegada a Ciudad Rodrigo llegó a soñar con el triunfo, pero el pelotón no estaba para perdonar una llegada en grupo.

El suyo es el espíritu del Deceuninck, el equipo con más victorias en el casillero de esta temporada tan singular.

© BORA – hansgrohe / Bettiniphoto

Un equipo, el belga, que no necesitó más que una victoria de Sam Bennett, pues Pascal Ackermann le adelantó por la derecha.

Primero en el sprint en el que el irlandés fue desposeído del triunfo y finalmente en Madrid, donde el alemán se impuso de forma limpia, saliendo el primero y manteniendo la primera plaza por un aliento hasta la victoria.

Y cerramos la lista con el gregario más valioso del ganador, al menos sobre el papel de inesperado actor, como fue el danés Jonas Vingegaard, el lazarillo de Roglic durante gran parte de la subida al Angliru, el ciclista cuya permanencia ahí tanto rato fuera el más evidente síntoma de que el maillot rojo no iba sobrado.

En un equipo con Kuss, Gesink, Bennett, incluso de partida con Dumoulin, el nórdico se postuló para el futuro, aunque de momento para el presente ha ejercido la maniobra de cierre en este top 8 tan particular que hemos hecho de la Vuelta 2020.

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Ciclistas

La admirable Vuelta de Guillaume Martin

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Guillaume Martin ha cazado una fuga de la Vuelta cada dos o tres días

Oí el jueves pasado que le preguntaban a Guillaume Martin en una salida de la Vuelta qué pitufo sería él.

Obviamente salió la figura del «pitufo filósofo», no podía ser de otra manera.

Lo cierto es que viendo la Vuelta de Guillaume Martin, siempre en escapada, sentenciando la montaña lejos del final, nos vienen a la mente la buena química que los ciclistas franceses han tenido con la carrera en los tiempos recientes.

 

La imagen de Martin disputando los altos de la Vuelta refresca la figura de otro Cofidis que hizo fortuna en España, lejos de presión del pentágono y el Tour.

David Montcoutier no fue el francés con mejor palmarés, pero su figura enamoraba, era seda sobre la bicicleta, firmeza y resolución en la máquina, perfectamente acoplado, limpio y elegante.

Ganó alguna etapa y el reinado de montaña abriendo un capítulo reciente en la Vuelta en la que los franceses han sido protagonistas.

De esta manera está la curiosa historia de Alexander Geniez, ganador de dos etapas aquí, de Lilian Calmejane, Kenny Elisonde en el mismo Angliru o el mismísimo Thibaut Pinot, que tiene el singular hito de haber ganado en Alpe d´ Huez y Lagos de Covadonga.

Incluso el propio Rémi Cavagna, ansioso en Ciudad Rodrigo por repetir lo de Toledo, dándonos un manual para rodar y rodar.

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Con estos antecedentes, Guillaume Martin se presentó en la Vuelta con el sabor mixto de un Tour que empezó bien pero que no acabó de la mejor forma.

En Francia experimentó lo que implica ser francés y estar en primera línea del Tour, durante varios días soñó, junto al propio Romain Bardet, en cosas grandes, pero la marcheta del Jumbo se cobró muchas víctimas, entre otros él.

Llegó a la Vuelta y lo ha bordado.

 

Ha sentenciado un gran premio de la montaña que llegó a tener a gente como Tim Wellens o Richard Carapaz delante, y lo ha sentenciado a días del final, en base a una presencia infinita en la carrera.

El otro día camino de Puebla de Sanabria escribió que había protagonizado su sexta escapada de la Vuelta, hecho que, si pensamos que la carrera se compone de 18 etapas, si le quitamos la crono y Madrid, podemos decir que ha pillado la fuga buena cada dos o tres días.

Por cierto, añadidle la escapada hacia La Covatilla.

Esto en el ciclismo actual tiene un mérito terrible, hoy que  vemos muchas salidas y apreciamos en directo a la castaña que se va hasta que el corte bueno toma distancia.

Un nivel que se marca en cada fuga de la Vuelta, llena de estrellas y nivel y entre todos Guillaume Martin, un personaje perenne en las escapadas de una carrera que, como comentaba en ese mismo tweet le supuso llegar con hipotermia.

Un ciclista que sólo puedes admirar, por haber llegado a este nivel en su profesión y desarrollado un ingente acerbo cultural que plasma con su carrera de filosofía y los libros que ha escrito, ya sabéis que los ciclistas con inquietudes más allá de la bicicleta son objeto de admiración.

En fin, que si muchas de las figuras foráneas que vienen a la Vuelta, y de las que casi no hemos sabido, vinieran con este ánimo, lo que veríamos sería sencillamente inenarrable.

 

 

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Ciclistas

Para el Movistar llueve sobre mojado

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Tuvalum

Si miramos atrás se nos hace imposible entender la pizarra del Movistar

Seamos serios, y veamos lo que sucedió en La Covatilla, entre Marc Soler, Enric Mas y el líder Roglic y las órdenes que surgieron ayer del coche de Movistar en ese momento.

Si en el ciclismo hubiera una caja negra con todas las grabaciones, por esa más de uno pagaría dinero.

Me cuesta creer que la acción de los telefónicos tuviera Richard Carapaz como objetivo, otra cosa es pensar que era realista remontarle todo el tiempo a Daniel Martin por la cuarta plaza, un objetivo se provocó la risa en directo de Perico, con la M en el costado de su polo.

¿Por qué tiraron?

Ellos sólo lo sabrán, otra cosa es que fue la guinda a un despropósito de etapa y estrategia para un equipo que, nunca como antes, ha sido atacado por una amplia mayoría de aficionados y no aficionados al ciclismo.

El Movistar Team atravesó en La Covatilla un punto de no retorno, tanto en España como el Latinoamérica, un suflé que se relajará en unos días, aunque seguro no habrá gustado nada en las entrañas de la misma empresa.

 

Si lo que pretenden con el ciclismo es crear una complicidad con el usuario, en La Covatilla ese entramado que cuesta tanto levantar, se tambaleó, en lo que al menos hace referencia a aquellos que son aficionados al ciclismo.

No sé si Carapaz hubiera ganado la Vuelta, pero está claro que la interferencia de Movistar ha dejado la duda y el malestar se disparó entre los que, en esos momentos, queríamos ver dónde acababa el mano a mano que llevábamos horas esperando y que esta rara temporada había puesto como el momento cumbre de toda la campaña.

En todo caso, para Movistar ésta es una gota más el vaso de los despropósitos que se ha ido marcando en los tiempos recientes.

Y es que cuando escribimos estos artículos, donde muchos ven desagradecimiento hacia una estructura histórica y sus mentores, nosotros apreciamos una falta total de autocrítica que lleva a situaciones como la del sábado, que vistas en contexto no son más que un eslabón de la misma cadena.

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Si miramos atrás, ya desde aquella memorable travesía por los Pirineos en la que los azules perdonaron la vida a un Froome aislado del Team Sky, Rubén Plaza, entonces en Movistar, aún lo lamentaba seis años después, la historia se ha repetido.

Nunca un equipo fue tantas veces mirado por escoger siempre la elección más complicada de todas las posibles.

Como la opción de correr a por el podio de Nairo y Valverde en el Tour, sin inquietar el liderato de Froome hasta muy al final.

O el Giro 2016, donde la secuencia perfecta de movimientos de Astana el día que Nibali desplazó del liderato a Kruijswijk, fue un desastre entre los telefónicos con idea de ayudar a Valverde a subir al podio.

O la Vuelta de aquel mismo año, donde ciclistas como Dani Moreno no eran parados en el momento necesario para ayudar a que Nairo desbancara a Froome: tuvo que llegar Contador en Formigal con un movimiento casi suicida a romper lo que los azules fueron incapaces de romper a su favor.

O las muchas veces que Nairo nadó en tierra de nadie, como el año pasado, en el Tour o en la Vuelta, un talento que floreció y se apagó en esa casa, no sabemos si por culpa de unos o de otros.

La jugada del Tourmalet, el masaje en el bus entre Nairo-Landa-Valverde… siempre dijeron no querer ser protagonistas, pero acaban siéndolo y no por algo que hable de la estrategia y brillantez de la misma.

 

La Vuelta 2019 nos dejó la imagen de Marc Soler mosqueado en Andorra, la del cabreo de los rivales camino de Toledo… entre ellos Miguel Ángel López que los retrató en meta.

En fin, que llueve sobre mojado, y decirlo no es ser desagradecido, es reflejar la realidad, una realidad cambiante, que no omitimos cuando el equipo carbura y lo hace bien, para muestra el Giro del año pasado.

Si el año que viene tenemos como parece otro documental, espero que pagado por la compañía y no por el equipo, el capítulo de La Covatilla será el más esperado.  

Quizá le dediquen una entrega entera.

Imagen: FB de La Vuelta

 

 

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Mathieu Van der Poel nunca va de farol

https://joanseguidor.com/strade-bianche-2021/ by @JoanSeguidor #StradeBianche2021

Mathieu Van der Poel nunca va de farol...

https://joanseguidor.com/strade-bianche-2021/ by @JoanSeguidor #StradeBianche2021

Esta carrera queda en los anales
Siete monstruos la disputaron, fueron cayendo uno a uno y Mathieu Van der Poel no dejó ni las migas

https://joanseguidor.com/strade-bianche-2021/
#StradeBianche2021

Esta carrera queda en los anales
Siete monstruos la disputaron, fueron cayendo uno a uno y Mathieu Van der Poel no dejó ni las migas

https://joanseguidor.com/strade-bianche-2021/
#StradeBianche2021

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