Ciclismo
La Sea Otter Europe, Girona y la salud de la bicicleta
La Sea Otter se ha convertido en la excusa anual para visitar Girona
Hemos tenido la suerte, en este mal anillado cuaderno, de estar en todas cada una de las ediciones de la Sea Otter Europe en Girona.
Recuerdo la primera entrega del evento, una feria con buenos mimbres, en junio, antes del verano, temperatura agradable, días largos y un programa deportivo que la hacía diferente, pues antes o después de tu carrera, marcha o salida tenías la opción de visitar las novedades del gremio.
El evento era redondo, a un programa cargado de actividad, la Sea Otter Europe escogía bien, Girona, una ciudad con bicicletas de alta gama pululando por todos los sitios, con ciclistas de todo tamaño y talla, ciclistas venidos de muy lejos y de muy cerca, en un ambiente tan especial y singular que podemos decir que esto sólo lo vemos aquí.
Una peculiaridad de doble filo ojo, lo dijimos hace unos meses, si Girona es el hub de la bicicleta y de muchos ciclistas profesionales, también lo es de la especulación que el turismo y la fama traen consigo, navegando en un difícil equilibrio en el que la bicicleta se percibe en muchos entornos como el kilómetro cero del encarecimiento de la ciudad para los gironins.
En este contexto y con años de crecimiento ininterrumpidos, la Sea Otter Europe superó el socavón de la pandemia para lucir mejor que nunca, como lo hace Girona entre bicicletas.
Una feria que en las dos últimas ediciones ha sido una gozada de gente, de novedades, de marcas yendo y viniendo.
Por sus pasillos te cruzas a Flecha, a Valverde, a Purito, pero también a gente que conoces hace años, que sabes lo que venden y cuánto venden y cómo les va las cosas.
Y podemos decir que el sector de la bicicleta está compuesta de algo muy importante, de gente que ama lo que hace y el ciclismo, de gente que quiere lo mejor para su deporte, oficio y, en definitiva, pasión.
Eso sin ser el trabajo mejor pagado.
El sentir de la feria fue el esperado, hay nubarrones en el presente, todos nos sabemos de resaca tras años de bonanza y no hay una bicicleta eléctrica o un freno de disco para tirar del carro.
Cambios que en el pasado reciente salvaron los muebles cuyo efecto está amortizado.
Problemas para sacar el sobrestock ahora, pero seguridad de que el sector seguirá adelante, que los ciclistas sigue necesitando “peixet” y la situación se estabilizará de años de locura, en lo bueno y lo malo.
Entonces, seguiremos quedando en la Sea Otter tras desayunar por Girona y admirar ciclistas y bicicletas que nos llevarán la mirada, porque aquí estamos en casa.






